Anatomía de una vacío

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Anatomía de un vacío de Paolo Astorga

 

 

 

Augusto Rodríguez*

 

 

Siempre he creído que la poesía es un estado o una posición ante la vida. Y que cada poeta con su propia mirada crea un mundo dentro de este mundo. Los poetas tienen en la poesía un gran instrumento para ser escuchados por la manada pero no desean ni les interesa ser la manada. Eso y más es el poemario Anatomía de un vacío del joven poeta peruano Paolo Astorga que se lee con disfrute, con furia, con una secreta perversidad.

 

Sus versos transcurren en el gran mapa-imaginario de la ciudad donde el poeta sigilosamente viaja por sus calles, disfruta de sus inconsecuencias, de sus banalidades, de su hipocresía, de sus falsedades, y con un bisturí en mano, se va adentrando en las heridas nocturnas más profundas de nuestra urbe, nos enseña cuales son sus dilemas más absurdos, sus mentiras piadosas, sus risas sin sentido y nos recalca:

 

Calles invisibles, ciudades fantasmas clavando tus espaldas.
Sólo recuerdos que se erigen sobre la farsante alegría
que brota de las paredes, una bola de estambre que se mancha de sangre
una historia frustrada que recorre tus manos frías,
tus pies disueltos en el alcohol de un tibio vaso de cerveza
mientras ya no es un trozo de carne lo que encuentras,
sino simples sombras,
simples sombras que se van con tu cuerpo
muriendo sobre la mano que se entrega
a una palabra mutilada por la nieve.

 

Astorga con este poemario va creando un gran inventario de sus visiones personales y cuestiona el mundo que lo rodea. Que por supuesto son las mismas preocupaciones de la generación de poetas latinoamericanos que le precede y de todo ser humano que se ve encerrado en un tiempo y espacio determinado (que muchas veces no desea ni quiere vivir) y se asume como un crítico- observador de su realidad, y lo hace a su corta edad, pero de una forma desenfadada, directa y con el arma de la ironía como su bien más preciado:

 

En medio de la pista de baile
donde morimos lentamente,
el dolor es un espectáculo divertido,
una paloma blanca olvidada en la inmensa soledad
de una falda rasgada en medio de inútiles calles
mudas ante el eterno llanto de una niña
enterrada en el asfalto.

 

No hay que olvidar que Anatomía de un vacío es el primer libro virtual de Astorga pero ya parece un poeta que ha vivido mil luchas y mil vidas y ha sabido construir con sus palabras, un mundo muy propio y ya eso es bastante para su edad y nos dice:

 

El hombre calla
y acaricia al buitre que lo espera
siempre entre la lluvia
con las alas rotas
moviendo sus ojos hacia el cielo.

 

El poeta como cualquier mortal disfruta de la ciudad, del baile, de las discotecas, se enamora, se desamora, ríe y es pisoteado por las horas del día, por el consumo, por lo superficial, pero esto no quita que pierda la utopía de que todo cambie para mejor. Siempre lo he dicho: el poeta no debe dar las respuestas pero sí generar las preguntas, y Astorga se da tiempo para esto y más, y hasta no pierde la ilusión y la esperanza ante la crueldad de la cotidianidad y  así escribe su poema Guerra en el espejo:

 

A veces cuando escribo entre luciérnagas
una canción me toca el cuello
y me desnudo ante una mosca,
le cuento mis lamentos
el porqué de mis lágrimas.
La mosca siempre vuela indiferente
se va por la ventana.
Duermo entonces
otra vez feliz
sobre un trozo de vidrio ensangrentado.

 

De esta forma quiero cerrar este breve viaje y mirada por la poesía de un poeta peruano como lo es Paolo Astorga. Lo aliento para que siga, pues el camino es largo y eterno en la poesía, pero desde ya puedo decir que estamos ante uno de los jóvenes poetas más valiosos y prometedores del Perú actual.

 

 

 

*(Guayaquil, Ecuador, 1979) Ha publicado los poemarios Mientras ella mata mosquitos, Animales salvajes y La bestia que me habita. Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía David Ledesma Vásquez, el Premio Nacional Universitario de Poesía Efraín Jara Idrovo y Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesía César Dávila Andrade. Es fundador del grupo cultural guayaquileño Buseta de papel. Poemas suyos han salido en antologías, periódicos y revistas de Hispanoamérica. Editor de la revista literaria El quirófano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Paolo Astorga, palabras y caminos plurales

 

 

 

Lic. Miguel Fajardo Korea

Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica

 

 

 

            (Correo de Costa Rica).-La poesía seguirá siendo el estandarte más certero contra las insanias  Un estadio de certitud  ante la pobreza material o espiritual.  Sirve para ganar el espíritu,  proponer una fe acendrada o creer en el ser humano desde la aldea global de la que formamos parte, en este acerbo proceso de mundialización.

 

            En la era digital, uno recibe impactos de sobriedad, de imágenes, de trabajo.  A mi correo electrónico llegó la revista digital “Remolinos”, que dirige Paolo Astorga Requena.  En esta era de la información, nos vemos asediados con la existencia de infinitos medios.  En muchos casos, la opción eliminar es la respuesta; en otros, como en esta ocasión, abrirla fue descubrir un abanico de posibilidades expresivas desde el ámbito cultural sin fronteras.

 

Paolo Astorga Requena (Lima- Perú 1987) estudia Literatura – Lengua Española en la Universidad Enrique Guzmán y Valle. Es técnico en Diseño web y computación. Sus  poemas iniciales aparecieron en la antología  “Reflejos del Alma”. Es Director y Editor de la revista “Remolinos”. En el 2006 fue Finalista del II Premio Internacional de Poesía "Desiderio Macías Silva" y, recientemente, obtuvo el segundo premio del III Concurso Internacional "Revista Hybrido", en poesía. Su trabajo creativo, se encuentra en revistas literarias, tanto físicas como digitales.

 

Me propongo una aproximación interpretativa a su poemario “Anatomía de un Vacío” (editorial electrónica Lulú, 2006). El texto contiene epígrafes de diversos escritores, a saber: Julieta Valero, Cristian Cruz, Lilia Díaz, José Watanabe, Luis Luna, Blanca Varela o Inés Cook, entre otros. Dichos paratextos se comportan como parte de las afinidades electivas del autor, en el entramado  de su tejido textual.

 

Desde el incipit, el poemario, que contiene 24 textos, establece un objetivo: desnudar los vacíos, porque “el dolor es un espectáculo divertido/ ante el eterno llanto de una niña enterrada en el asfalto”, es decir, el hablante increpa a quienes llenan de dolor la vida de los seres en cualquier parte del planeta.  La muerte, uno de los vacíos humanos, se enquista como “invisibles cuchillas”.  Ya no es la muerte natural, sino la provocada por la incomprensión y la maldad. Hoy, nuestra vida depende de los otros.

 

El concepto de lo vacío implica la presencia por negación, pues “volviste de tu propio laberinto / y entonces nos miraste contra la luz”.  Véase que no es a favor de la luz, sino contra ella, su vacío, su opuesto. Ese será el clima de su textualidad.

 

El simbolismo de la burbuja es un refuerzo semiótico del vacío “una burbuja, una triste burbuja inocente / y llena de voces ajenas”, sin embargo, dicho elemento se humaniza, adquiere voz, pero deja de pertenecerse, porque es ajena. Además,  hay “una campana a punto de surgir sobre un cuerpo ajeno”.  La ajenidad es otro vacío, porque dejamos de ser nosotros, en función de los otros. Por ello, somos seres de incompletitud.

 

La asimilación de elementos inanimados refuerzan la rotundidad de los desplazamientos “un espejo calcinado/ otra vez / tendido en el piso, / invadido por estatuas”.  Es decir, en este mapa lírico, hay rupturas de sistema, con lo cual, su poesía gana en profundidad expresiva, por ello, “las manos / están llenas de lágrimas rojas”, o bien, “El niño / le mira el rostro al ángel / grita un nombre desconocido / y se mata de risa”.  Puede advertirse, entonces, la exigencia creadora para alcanzar los índices de las nuevas construcciones lingüísticas. Su empeño establece una especie de sistemas recolectivos que totalizan sus presupuestos estéticos.

 

Lo desconocido, lo inmaterial sirve como estera, por ello, “Duermo entonces/ otra vez feliz/ sobre un trozo de vidrio ensangrentado”.  Los símbolos del rompimiento como el vidrio establecen un discurso de enajenación, a pesar de ello, se puede dormir feliz.   Esa ruptura gana en profundidad constructiva.

 

La anatomía implica un proceso sistemático, sin embargo, es una especie de vivisección  “y tu sombra/ atrás/ ya se ha aventado al vacío”. En otro apartado endiña “Por fin uno puede llorar simples sombras que se van con tu cuerpo/ (…) a una sombra mutilada por la nieve”.  La composición discursiva de sombras en la nieve sostienen una gran categoría estética, implican ahondamiento expresivo y profundización del elemento eje: el vacío. Borrar las sombras de la nieve signa, desde luego, un vacío estelar. Otro más, pero en ningún caso el único.

 

Dos de los elementos naturales eternos, el fuego y el agua, se confabulan para una actuación poética “mientras arden las hogueras/ y el mar se hace perfecto”. Estos versos sostienen una gran categoría poética.

 

El vacío puebla las instancias personales, sin embargo, el olvido es un vector semiótico desolador que se equipara con el vacío “te das cuenta por fin/ que eres sólo un simple pronombre/ que se olvida sin descanso”.  Muchas veces, las personas ni siquiera alcanzan a ser un pronombre, porque la sociedad los tiene innominados, su única referencia es la de seres extraños en su propio mundo, desclasados, entre otras marcas.

 

El silencio es un símbolo emblemático para reforzar la aniquilación del vacío “eres una roca/ la memoria de todos los amores que se han lanzado hacia el abismo/ acariciando tu silencio”. El silencio es un vacío, donde opera lo no dicho.

 

Igualmente, es fuerte el símbolo de la devoración que signa el buitre “el hombre calla/ y acaricia al buitre que lo espera (…) moviendo sus ojos hacia el cielo”.  El yo lírico se adentra en los resquicios naturales, como una onda expansiva “Estoy programado para estallar (…) al conocer el infinito”.  Uno piensa en el silencio del infinito; en lo infinito del silencio y nos aturde, como el vacío, como símbolo totalizador que campea en este espacio expresivo.

 

Paolo Astorga es uno poeta que maneja presupuestos estéticos en las imágenes y las aniquilaciones “Solo su triste imagen (…) me hace desnudarla otra vez / (…) ante una piedra/ donde arrojo mis vacíos”. Sobran los comentarios, sus imágenes atrapan al lector y lo dejan en honda reflexión.

 

En este universo del autor sudamericano, asistimos a una lectura de visiones laberínticas que, intrínsecamente, abren vías de exploración del quehacer humano más auténtico “Sólo salgo de la escena corriendo en círculos/ buscando mi alma entre las piedras/ antes de morir”.  La muerte como respuesta y camino ineludible ha sido poetizada desde una cumbre dolorosa.  La búsqueda de su alma, entre piedras, condiciona un dolor inédito, antes del golpe final que, muchas veces, es signo liberador.

 

El tópico laberíntico es un asedio, un vacío. Es difícil no encontrar laberintos, ahora. “Y ya nadie, detrás y delante, ya nadie”.  No tener compañía implica, un vacío.  La inmensa soledad hastía. Se trata de buscar asideros “sus manos ya cansadas de recorrer el laberinto”, aunque su empeño es impreciso, pues  “sólo salgo de la escena corriendo en círculos”.  El espacio recurrente es una asfixia “Derrota en todos los ojos (…) / si sus manos fueran como las mías (…)/ No volveríamos a ver aquella sombra”.

 

Anatomía del vacío”, de Paolo Astorga establece la desnudez del olvido, el descanso de las piedras, la mercancía de la materialización globalizada “no llores porque estás sonriendo al jurado que aúlla a tus ovarios”. La figura humana se vende al mejor postor, se canjea como si fuese objeto y, cada vez, somos menos sujetos de nuestro propio destino.

 

En un mundo desangelado, Astorga Requena grita contra los signos de la infelicidad, en un mundo de “lágrimas rojas”, donde campea la tristeza, el llanto, el dolor, lo desconocido, el silencio, el laberinto, las piedras, la muerte, en suma, las  apuestas aniquiladoras, esto es, el vacío sin cuerpo, su propia anatomía que se pierde.

 

En síntesis, “Anatomía de un vacío”, de Paolo Astorga, poeta peruano, es un poemario de honda expresión discursiva.  Incorpora una innumerable cantidad de símbolos, tanto cortantes como de índole devoradora, los cuales establecen una incidencia en el ámbito de la rotundidad, de marcar el vacío como elemento eje del poemario. El vacío ahonda la coyuntura de un orbe desigual, conflictivo. El vacío es la ausencia de compañía, la sombra derritiéndose en la nieve, la oscuridad  de los secretos, los cuerpos de la soledad para llorar en las hogueras, los encerramientos o los exilios.

 

Enhorabuena, Paolo Astorga.  Tu libro cala hondo.  Su lectura ha de ser morosa, para advertir los peligros del vacío, incluso en la propia lectura. Con tu libro demuestras que le has estado leyendo al mundo todas sus comedias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HERIDAS NOCTURNAS

 

 

 

Te aplicas a olvidar y lo consigues;
el dolor, un velero que se aleja.

Andrés Neuman

 

 

cuando cierras la puerta sobre mi espalda
todas las luces se apagan.

Carlos Wertheman

 

 

Pero fue un instante
que estuvimos ilesos.
Julieta Valero


 

DISCO

 

En medio de la pista de baile
abres abruptamente los ojos,
y tu cuerpo desaparece entre las sombras verdes
forzada a mirar hacia un espejo.

En medio de voces lacerando tus piernas
bajas la mirada hacia el piso lleno de lamentos,
invisibles cuchillas se hunden en tus labios
y escapas ocultándote el rostro
con tus manos heridas.

En medio de la pista de baile
donde morimos lentamente,
el dolor es un espectáculo divertido,
una paloma blanca olvidada en la inmensa soledad
de una falda rasgada en medio de inútiles calles
mudas ante el eterno llanto de una niña
enterrada en el asfalto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL RETORNO

 

he vuelto por una tarde al pueblo
y mi fervor del regreso se cae a pedazos.

Cristian Cruz

 

 

 

 

Fueron tus lágrimas duplicando la antigua tristeza de esta urbe,
de estos hombres piratas obligados a vaciar sus pupilas a un vaso
y beberse a sí mismos, como un trago de veneno.

Tus lágrimas que caían al piso e incineraban las huellas puestas
sobre el rencor de tus lamentos.
Tu llanto desgarrando las paredes donde buscabas tu silueta,
tu rostro aún intacto.

Nunca supiste hacia donde quedaba el horizonte.

Volviste de tu propio laberinto
y entonces nos miraste contra la luz
y solos, sin pronunciar una palabra,
vimos un puñado de arena, un reflejo,
un tétrico reflejo,
tentando un espejo agrietado
acariciando tu rostro.

Sólo eso,
sólo tu tristeza volviéndose inocente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

POEMA A UNA FÁBULA VACÍA  

 

 

Convulsionadas piernas se acercan,
la flama está en la inútil soledad que encontramos al bajar las escaleras
y volver la mirada hacia el amanecer
cuando aúllan nuestros pechos
y desfallecen las aves paralíticas en las ciudades de barro que caen
y contemplan nuestros pies
y muerden nuestras huellas,
por sus bocas preñando un eclipse de fuego.

 

Ruidos fétidos huyen de tu piel anaranjada
y raspan tus pómulos rosados con la misma mañana
que sonríes mientras los fierros se retuercen.

 

Un humo negro
no es visto por tus ojos aún inocentes.

Grita una piedra en medio de la pista
y nace tu voz.

El viento sopla los vidrios
y allí no vemos más que cualquier cosa;
                                    un gusano regordete que se mezcla
                        entre palabras sin seducción.

 

Ahora volando desde la nada,
no estoy desnudo
no estoy con los ojos cerrados,
pero te veo
desde aquella hoja marrón que siempre baja hasta tu cuello
y te duerme en la arena como

una burbuja, una triste burbuja inocente
y llena de voces ajenas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PUCCA (FUN LOVE)  

 

 

Cenizas en mi boca derraman la tristeza de mi polo
una foto en el poste y mi voz como danza rota
escondida en un cadáver a la moda.

Vacía estás como el abismo que se oculta en el sudor de tus manos
quemadas por la indiferencia de aquellos ojos desconocidos
donde no se puede llorar porque está prohibido mientras bailas
en esta discoteca.
Y deseas los bailes cortados con cuchillas eléctricas
mientras arrancan tu voz que grita en el silencio de un baño maloliente
perdidas lágrimas arañando tu cuerpo
perdidas entre la multitud de cadáveres improvisados llenos de sudor
mientras sus rostros desaparecen en un mar de eructos cerveceros
y disparos al aire.

Sonríe. Y detrás de ti
diluye las miradas en tu cara blanca y en tu piel garabateada
por las mismas sombras de donde escapas
y te mueves haciendo sueños
como un niño que hace una burbuja
y llora al estallar. Sonríe, porque tus dientes prueban el piso
mientras te mueves sin compasión
por la soledad de algún espejo, por las calles arremolinadas a un perfume
desasido por las formas que te invaden,
cuando de pronto te das cuenta
que tú también sientes frío
y que tus manos
están llenas de lágrimas rojas,
mientras te vuelves a convencer
que es tu sangre

tu sangre.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MEMORIA  

 

 

Una imagen que golpea las paredes,
un roedor sin nombre que se esconde en nuestras sombras
inútilmente buscando
otro roedor entre los fragmentos de un vidrio hecho pedazos.

 

Un retrato que traza tu mano,
una balsa que se aleja para siempre
como un campo de batalla abandonado.

 

Sólo el fuego que dejaron dos puertos,

un espejo calcinado
otra vez
tendido en el piso,
invadido por estatuas.

 

 

 

 

 

 

 

ANATOMÍA DE UN VACÍO

 

Despierto
En el cuerpo que al centro es una luz.
Lilia Díaz C.

 

deambulo entre las cosas
con un báculo roto
Ignacio Miranda

 

Algún día, Dios mío, alcanzaremos a decirte
de qué materia estamos hechos.
José Watanabe

 




 

 

 

 

 

FIEL REPRODUCCIÓN DE UN HARAKIRI

 

Un niño mira un ángel caer a la vereda

 

Se acerca desesperadamente
un hombre
coge al ángel entre sus hombros
y le arranca una pluma de las alas

 

El niño
le mira el rostro al ángel
grita un nombre desconocido
y se mata de risa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

GUERRA EN EL ESPEJO

 

A veces cuando escribo entre luciérnagas
una canción me toca el cuello
y me desnudo ante una mosca,
le cuento mis lamentos
el porqué de mis lágrimas.

La mosca siempre vuela indiferente
se va por la ventana.

Duermo entonces
otra vez feliz
sobre un trozo de vidrio ensangrentado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DESPUÉS DE 50 AÑOS DE NEGACIÓN

 

Entonces
mis manos cayeron y no vieron sus tristes recuerdos
ahogados en el río.
Una fotografía
que se olvida en el tiempo
y que notas en tu espalda mojada,
todos los días de tu vida.
Viejas canciones que palpitan labios pintados,
y tú
al borde, siempre al borde de un mar que encadena tus costillas,
y que te absorbe
el ave blanca de tu pecho
hasta olvidar
que eres una roca
la memoria de todos los amores que se han lanzado hacia el abismo
acariciando tu silencio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


OTRO

 

 

 

Otro hombre se mira en el espejo
y dice que hay un bastardo que le tapa su reflejo.

Sale fuego por su nariz
y una muchacha que esparce agua por sus pechos,
detrás de las puertas llenas de balas
detrás de la Luna cortada con tijeras
el viento
le hace una seña al hombre,
le señala una caja negra
y un coro de señoras que sonríen
a una hormiga suicidada,
sobre el nombre de su lápida.

El hombre calla
y acaricia al buitre que lo espera
siempre entre la lluvia
con las alas rotas
moviendo sus ojos hacia el cielo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 


EXTRAÑO

 

 

Vuelvo al bastión de inocentes
y me duermo sobre el pecho de una mujer de piedra
mientras le pregunto si tiene un cigarrillo.

La mujer me regala su mirada
y yo
no tengo escapatoria.
Estoy programado para estallar
como una paloma
al conocer el infinito.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


LA SENDA AL CENAR A LAS 8:35 pm

 

Derrota en todos los ojos
fauces violentas que se acercan.

 

Mi hermano no puede hacer nada,
yo tampoco.

Si su piel fuera como la mía
si sus ojos fueran como los míos
si sus manos fueran como las mías
nada cambiaría en nuestras entrañas

                                   No volveríamos a ver aquella sombra

                                   No tendríamos porqué comer en el piso
como perros.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



EL REGRESO DE UN ÁNGEL DE BATALLA

 

 

Y recordé sus alas
y la abracé como un niño, indiferente de las historias de los búhos
o de los párpados que estallan.

La miré sólo a los ojos
para compartir sus lamentos. La acaricié con mis labios
para sentir sus manos ya cansadas de recorrer el laberinto.

He tocado sus alas
y he logrado ver sus ojos débiles y casi partidos
por el murmullo prematuro de un pájaro amarillo.

He dormido esta noche abrigado por su voz suave
y un eclipse nos ha cubierto
con la piel que hacemos al pisar sobre el concreto.

Y he despertado,
y ya no la he visto.

Sólo su triste imagen que se ha robado mis ojos,
me hace desnudarla otra vez
ante una flor recién nacida,
ante una piedra
donde arrojo mis vacíos.



 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


ANATOMÍA DE UN VACÍO

 

Una chica me mira y está parada en medio de la calle.

Soy el único que se ha salvado de besarla
soy el único
que no se atreve a ver sus cabellos y silbar su sombra.

Una palabra rueda por los charcos de mi estómago
y la chica parada en medio de la calle
no se mueve y me mira.

Los gatos se le acercan con guitarras eléctricas a cantarle una balada.

Un perro le tira un hueso hasta sus piernas.

Un hombre le ha tomado una fotografía.

Soy el único que la mira y no le silba al cuello.

Soy el único que no vuela entre sus ojos,
sólo salgo de la escena corriendo en círculos
buscando mi alma entre las piedras
antes de morir
antes de morder el anzuelo
y enterrar la garza amada de mi vientre,
esperar a la luna anciana otra vez abriendo su pecho interminable.

La chica ha muerto me dice un ciego tocándome el bolsillo.

Yo orgulloso corro a perseguirla

Escarbo sobre una pared su efímero perfume
y sólo humo
sólo barro y cemento
me muestran su cuerpo,
el que nunca deseé como ahora.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CONFESIONES A UN ABISMO

 

 

 

 

 

Hay derrumbes de sombra en nuestra casa
Y cuartos silenciosos donde el sol nunca llega.
Luis Luna

 

 

 

Mentira.     No matan
el tiempo:
el tiempo es el que los mata.

Alberto Guillén

 

 

 

cuál es la luz
cuál la sombra

Blanca Varela

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MISS UNIVERSO

 

Aún sin estrellas
se sientan a escribir
constelaciones
Ines Cook

 

 

 

 

Debes estar limpia, con la cara plástica y tu vestido
de hilos morados, las sandalias de cuero de elefante
y el brillante collar de perlas azules.

No, no lloriquees, debes caminar por esa pasarela de fuego rojo
y sonreír a un par de buitres de madera, mover tus manos
hasta acariciar las luces que incineran tus ojos.

Tus cabellos no deben sentir el dolor de la calle, y tu corona
no debe caer en el espejo de tus palabras
contra la guerra en Irak.

Resiste toda la saliva que araña tu garganta
y tus entrañas vacías, mientras un látigo te azota las piernas,
y no llores porque estás sonriendo al jurado que aúlla a tus ovarios
y te escupe desde sus máscaras
y te despedazas en silencio
y te atemoriza morir de sobredosis,
pero no puedes hacer nada
la corona es más fuerte que todas las sombras
que detrás de ti te piden perdón y tratan de acariciar
el moretón de tu rostro que no deja de fingir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VELO

 

 

 

A él lo imaginabas sin manos ni piernas
como un poema que se recuesta entre la luna estéril
que se hunde bajo las lágrimas de un niño iraquí.

Veías sus heridas
a su madre muerta a su costado
a su padre preso por un plato de comida
a su abuelo, la caja negra donde colecta
las fracturas de su voz.

 

Y ya nadie, detrás y delante, ya nadie.


Aún el aliento que huye por las ventanas
y las moscas que regresan a su piel,
gritos que ahogan sus entrañas,
debajo muy debajo
una tierna palabra derrotada
que parece hacerlo dormir.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TANGO MALVA

 

 

Copas estallando eternamente en silencio.

Mil bocas soplan tus cabellos y mis vacíos se llenan de ceniza.
Tus brazos se alzan y brota un bosque triste ascendido en la memoria
del piso secreto
sobre la oscura danza eterna que te mueve los pies,
que te hace gritar las llamas que arden los trajes
que arden las sombras que se pierden en tus ojos malva
que nunca te han dejado respirar.

Son una utopía tus labios, mientras las bestias queman sus gargantas
y borran tus huellas,
tus palabras asechando una copa vacía en el cemento.

Bailas, bailas, caes al piso,
y tu sombra
atrás
ya se ha aventado al vacío, y no has podido llorar
no has podido oír siquiera la infinita acequia que recorrió en algún momento
tu ternura.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA REALIDAD DE UNA ENREDADERA

 

Una quinceañera todos dicen,
siempre alegre
de blanco, siempre de blanco
a las doce
una chica feliz, que todo lo puede,
nuestra reina

 

En la soledad
sin embargo
todo lo contrario, todo lo contrario

 

Por fin uno puede llorar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA CIUDAD FANTASMA

 

 

Sólo encuentras aquí carne
un amargo trozo de carne que se ofrece sobre troncos secos
y llora mientras ríe
mientras su cartera se llena
y sus ojos se hunden en los ceniceros.

Sentías que tu cuerpo tenía un nombre
pero aquí no había más que caminos enrejados e infinitas faldas,
aquí sólo viste espejos esparcidos al azar,
miles de ratas lastimándote los ojos.

Calles invisibles, ciudades fantasmas clavando tus espaldas.

Sólo recuerdos que se erigen sobre la farsante alegría
que brota de las paredes, una bola de estambre que se mancha de sangre
una historia frustrada que recorre tus manos frías,
tus pies disueltos en el alcohol de un tibio vaso de cerveza
mientras ya no es un trozo de carne lo que encuentras,
sino simples sombras,
simples sombras que se van con tu cuerpo
muriendo sobre la mano que se entrega
a una palabra mutilada por la nieve.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

UNA PUERTA QUE SE CIERRA

 

Sólo cae una cuerda,
y todo el universo abre nuevamente sus heridas.
Formas desnudas atraviesan su lengua
y ciegos retratos se abstraen en una sílaba.

Sólo cae una cuerda
y todo el humo de su cara se desprende de nuestras tristes bocas desgarradas
por un tornado amarillo
un río que se posa en tus rodillas
que se seca entre cáptus agitados por la enfurecida caricia de una mano.
Ramas llenas de recuerdos atraviesan tus oídos
te besan los pies,
cuando empiezas a sonreír con inseguridad,
cuando abres los ojos sentada sobre una piedra
y piensas
y piensas
si será rápida tu muerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TÚNELES

 

 

Fueron años para locos
estos serán para recuerdos
José Antonio Rodriguez Valero

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INSTINTO

 

Aquí no queda nada,
no hay más que plumas de un cisne hambriento de belleza
no hay más que palabras
estrelladas contra la pared.

Pero aún así, hay siempre una marca,
una pequeña mancha que arde en la piel,
siempre
el inútil secreto
para no dejar de lanzar piedras al río.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ALBA

Dos venas cortadas
en medio de las calles
mientras arden las hogueras
y el mar se hace perfecto,
perfecto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NO SÉ SI SOY YO EL QUE TE LLEVA DE LA MANO

 

No sé si soy yo el que te lleva de la mano
hasta aquella montaña en llamas.
No lo sé hasta llegar a sangrar mis lágrimas
y ver tu rostro jugar a buscar una palabra
para abrir una ventana rota,
y ver tus rodillas dañadas por la sombra que revela tu distancia.

No sé si aún respiras
o si ya has acabado de pintar con tu sudor las figuras verdes
que volaron cual palomas vencidas hacia un árbol.
Aún no entiendo tu silencio que aprieta mi correa.
No sé por qué no vuelas
por qué no puedes caminar por estas calles
sin mirar hacia atrás y recoger eternamente tus huellas.

No sé si te estoy tomando de la mano, ni si soy yo
el que se está disolviendo en esta nube de polvo.
Mis ojos parecen ceder otra vez
a la misma tonada que enfría tus pómulos,
mientras caminamos desnudos y con hambre
hacia la orilla salvaje de un dedo.

 

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MIRANDO EL HORIZONTE

 

Héroes ebrios e inocentes duermen sobre las esquinas,
abrazando fuertemente sus sueños.

Miro acercarse el perfume baldío de la pólvora,
intocables caminos de arena que cubren tus cabellos
una fuerte roca en medio de la calle
que nos señala a los ojos la pequeña flama que aviva en nuestros vientres.

Miro a los locos burlar la realidad
y hacer un reino debajo de los puentes.
Camino perdido por la ciudad que me arranca las manos.
Miro a un perro persiguiendo su cola,
un ave que agoniza en el césped,
y detrás de una torre embarrada de plástico
una campana a punto de rugir sobre un cuerpo ajeno.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BOCACALLE

 

La luz no se extiende
es como una montaña lejana desde nuestras manos.
Un cuerpo que asciende entre nosotros
un pequeño tiritar del agua del río
donde no hay sino palabras
y nuestras antiguas voces que queremos atrapar nuevamente.

Dos maderas cruzadas
son como una señal
que nos llega a abrir los ojos
y que luego se consume en el fuego de la hoguera solitaria, fría.
Dos hombres
se miran apuntándose con dos revólveres.
Saben que uno debe morir
que las lágrimas
ya no volverán a hacer crecer las flores nuevamente,
porque de sus hombros nacen los hilos invisibles
que todos notan
pero que callan por temor a ser expatriados hacia
los basurales.


Pues, desde esa espada de plástico,
bajo esta ciudad,
te das cuenta por fin
que eres sólo un simple pronombre
que se olvida sin descanso.

 

 

 

 

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