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Flora, una ladrona y juglar de 25 años, viaja junto a tres hombres más desde Valencia hasta Toledo. Al anochecer llegan a un pueblecito que tiene un castillo cerca. El cortesano y su criado Blas se dirigen al castillo para pedir hospedaje. Flora y Paco, el retaco, de profesión cazador, van al pueblo en busca de una posada. En el pueblo se dan cuenta de que la gente les mira desconfiadamente. Flora dice ser vendedora de vino y se pone a discutir con un pueblerino, al que atiza diciendo que le ha llamado prostituta. Flora no logra alojamiento y se va a la iglesia para dormir. El cura es un vago y hay una beata rezando. Aprovechando que el cura está durmiendo, le roba 15 monedas, unos pergaminos y dos mitades de velas. En una conversación para besugos convence a la beata para que le de alojamiento. Cuándo se dirigen hacia la casa de la beata, Flora ve a Paco y le tira una piedra (¿?). Los separan y se le ocurre lanzarle una daga a Paco. Vuelven a enzarzarse en una trifulca, en la que cae la beata al suelo. Flora huye amparándose en la oscuridad. El jefe de la guardia toma declaración a Paco que le dice que es posible que Flora vaya a la posada para robarle sus posesiones. Un grupo de guardias van a la posada donde se enteran que Flora ha estado allí intentando forzar la puerta del establo. La buscan con ahínco y la encuentran. Finalmente se entrega. Después de la cena en el castillo llegan los guardias con Paco y Flora. El barón demuestra su preferencia con las mujeres en el juicio y condena a Paco al cepo, aunque dentro del castillo, para que no se moje. Una muchacha ha desaparecido cuando fue a buscar bayas. Se organiza una búsqueda en el bosque cercano, con Paco, atado a un guardia, a la cabeza. No se encuentran rastros. Al día siguiente unos leñadores van al castillo anunciando que han encontrado el cadáver de la muchacha. Los leñadores dicen que en el bosque vive un ermitaño pérfido y solitario. El cura y su ayudante descubren el robo de Flora y la denuncian ante el barón. Flora lo niega, pero va al cepo y le confiscan el dinero. El cortesano informa al barón sobre sus deducciones contra el ermitaño. El barón organiza una turbamulta para acabar con él. Paco dice que va a la posada y se dirige hacia el bosque, en busca del ermitaño. Una vez allí escucha unos ruidos y descubre a un hombre camuflado con vendas. Dice ser el ermitaño y que es inocente, que el asesino es uno del pueblo. Paco le avisa que el pueblo viene a por él. Vuelve al pueblo y descubre a todos los pueblerinos armados con guadañas y antorchas. Les dice que el ermitaño le influyó, convenciéndole de sus mentiras y que tiene el poder de no ser encontrado si él no quiere. Ante esa noticia se organiza una expedición santa, apoyada por los rezos del cura, las beatas, el ayudante del cura y el cortesano. La comanda Paco, seguido a 20 metros de los subnormales (CUL 1-2) del pueblo, luego los zopencos (CUL 3-5) y por último las gentes comunes y otros paletos (CUL 6-10). El ataque es un desastre táctico: Mueren dos pueblerinos de dos flechazos y todos salen huyendo. El cortesano descubre algo ilegal en uno de los criados del barón y Paco desconfía del ayudante del cura. Flora sigue en el cepo y Paco se aprovecha para torturarla. El barón planea para el día siguiente otra expedición contra el ermitaño Cthulhu, con Flora, desarmada, a la cabeza, Paco y el ayudante del cura. Al día siguiente, el ayudante ha desaparecido (se ha fugado). Aún así, la expedición parte. Cuando aparece el ermitaño, Flora se tira al suelo intentando no parecer peligrosa, pero tiene la mala suerte de llevarse el primer flechazo, y vaya flechazo (ni Cupido). Muere maldiciendo su mala suerte. Paco huye cobardemente y se oculta. Los soldados se desbandan e informan al barón que sólo han tenido dos bajas, Flora y Paco. Dos horas después aparece Paco con un golpe en la cabeza (que se ha dado él mismo) y contando una historia increíble. Le toman preso porque nadie le cree y le informan que al día siguiente vendrán unos expertos en tortura para hacerle confesar. Lo confiesa todo, cobardía, falsedad, y le acusan de demoniaco. Le cortan la lengua y la oreja, y sus posesiones se las reparten entre el barón y su apoderado, el cortesano. El ataque final (y tercero) contra el ermitaño Cthulhu lo comandan la comisión especial de torturadores y a cambio de grandes bajas consiguen acabar con él. Finalmente se descubre que el monstruo era un andrógino, que había tenido un hijo consigo mismo y que se ocultaba de las hordas infernales. Y la vida continua...
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