| Una educación de alto nivel no es posible en un país dependiente y atrasado |
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Nada
nuevo han dado los resultados de la evaluación al magisterio. Esperar que
un país sumido en el atraso y la dependencia, con un población campesina
mayoritariamente analfabeta, pueda darnos maestros de alto nivel académico,
es una verdadera aberración. 1 Un
país oprimido por el imperialismo, cuya población es
mayoritariamente campesina, y que no ha superado formas
típicamente semifeudales de explotación de la tierra, solo puede
dar de su seno maestros que corresponden a su propia situación económico
social. 2 El
maestro rural es quechua o aymara hablante, y la enseñanza la
imparte a un estudiantado que tiene iguales dificultades en el
aprendizaje, por razones de idioma. Esta es la realidad que debe
tenerse en cuenta para explicar, en parte, la situación de la
educación en el país, en lugar de hacer reproches y lanzar
condenas irresponsables contra el magisterio. 3 El
maestro es producto de nuestra propia realidad, una realidad que hace
tiempo exige cambios de fondo, de carácter estructural. NO se
produce un desarrollo económico y seguimos como país
tercermundista, nuestros maestros también son
“tercermundista”. Nuestro país está retratado en su magisterio. 4 Atención
especial debe merecer el maestro rural. El profesor de las más alejadas
comunidades, está desprovisto de los elementos e instrumentos
más elementales para impartir una enseñanza eficiente. A
esto se agrega un sueldo diminuto, que lo obliga a realizar
labores ajenas al magisterio para poder subsistir. 5 La
evaluación no debe servir para hacer depuraciones que ha nada conducirían.
Hace tiempo que sabemos cómo es nuestro magisterio. Lo que tenemos que
aceptar y decir es que la causa está en la realidad del
propio país. ¿Y quienes son responsables de esta realidad? Un país
que sigue sometido a la dominación imperialistas, con una burguesía
intermediaria, que defiende los intereses de las grandes transnacionales,
no está en condiciones de impulsar su desarrollo independiente,
económico, cultural ni educativo. 6 Sobran
razones para sustentar que el bajo nivel pedagógico y cultual
de nuestros maestros, no tiene como causa alguna deficiencia
de sus propias personas (indolencia, raza. etc.) Reiteráramos: son
causas que trascienden las aulas escolares y tienen sus raíces en
nuestro país, como totalidad. Esta es la base sobre la cual se
elabora nuestra cultura en general. 7 El
progreso de nuestros centros de enseñanza, desde la Escuela
Primaria hasta la Universidad será el resultado de una cambio completo de
la estructura económica, social y política de esta
envejecida República, que esta exigiendo cambios radicales. 8 Adquiere
gran actualidad, la advertencia que hizo José Carlos Mariátegui en
sus célebres “7 Ensayos de Interpretación de la Realidad
Peruana”: “El problema de la enseñanza no puede ser bien
comprendido en nuestro tiempo, si no es considerado como un problema económico
y como un problema social. El error de muchos reformadores ha estado en su
método abstractamente idealista, en su doctrina exclusivamente pedagógica.
Sus proyectos han ignorado el íntimo engranaje que hay entre la economía
y la enseñanza y han pretendido modificar esta sin conocer las leyes de
aquella”. 9 En
conclusión debemos decir que un país económica y
socialmente atrasado no puede exigir la presencia de una docencia
de alta calidad pedagógica, académica y cultural, en ninguna de
sus niveles. Este es un axioma que tiene especial validez y fuerza en
las bastas zonas rurales de nuestro país. Y es allí donde hay que
poner mayor atención para resolver los problemas de la escuela y el
maestro, ahora que se habla de sierra exportadora. El
maestro debe ser recibir capacitación permanente, teniendo en
cuenta las grandes diferencias de orden geográfico, étnico y
de otra índole que existe en el país. Hay que tener en cuenta, en primer
lugar al niño de nuestras diferentes etnias.
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