El pueblo peruano ya sabe que Alan García es un buen orador  pero un pésimo estadista.

Alan García  ha comenzado su campaña electoral, seguro de ganar la segunda vuelta en mérito a su oratoria. Olvida el caudillo aprista que una cosa es  pronunciar discursos y otra gobernar. Esto debió aprender  por  experiencia propia, puesto que de nada le sirvieron sus balconazos.

 

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El pueblo peruano ya sabe que Alan García es un buen orador  pero un pésimo estadista. La historia le dio una brillante oportunidad  para  demostrar, en la práctica, lo que el APRA  puede hacer para “salvar al Perú”, y lo que hizo fue castigarlo con la hiperinflación  y la corrupción generalizada.

 

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Alan García puso en práctica el terrorismo de Estado en gran escala. Nadie a olvidado las monstruosas masacres del Frontón y Lurigancho. Ante la historia estos  casos de eliminación masiva de presos políticos, no están cerrados. Ante  ella, Alan García  no es otra cosa que un masacrador  de tipo hitleriano.

 

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Como todo caudillo, Alan García  se exhibe  con aires propios de todo ególatra. Tiene  la seguridad de que nadie podría polemizar con él. Confunde  la oratoria con el debate principista y doctrinario. Como todo demagogo Alan García es un buen orador. Pero en una polémica  sobre problemas serios y cuestiones doctrinarias, todo demagogo sucumbe tristemente.

 

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La egolatría y engreimiento de Alan García ha llegado a tal punto, que  pide a gritos y con el pecho hinchado, que Ollanta  no “debe esconderse detrás de mamá  para no debatir”. ¿Sobre qué tema quiere debatir Alan García? Esto no le importa porque lo que quiere es hacer gala de su oratoria, esa oratoria de agitador y demagogo que le enseño su jefe. Pero esa oratoria  solo puede servir para arrancar aplausos  pero no para gobernar.

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Lo que el pueblo peruano  necesita saber es  la posición de APRA  y  de UPP, frente a cuestiones de enorme importancia nacional, como el neoliberalismo en nuestra economía; las consecuencias de la globalización. Tales cuestiones están íntimamente ligadas a la dominación imperialista  que sufre nuestro país.

 

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¿Se atreverá Alan García a defender  las tesis  del libro de Haya titulado “El antiimperialismo y el APRA? Es seguro que no. Preferirá hablar  del “interamericanismo democrático sin imperio”. Y quizá ni siquiera de este invento hayista, porque  no quiere saber nada de imperialismo ni de Imperio.

 

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Olvidándose de su esperpento teórico denominado “espacio tiempo histórico”, Alan García  ha “modernizado” la doctrina aprista,  inventando un  nuevo “modo de producción” al que le llama”modo de producción global”. Este imaginario y absurdo “modo de producción” es producto de la globalización, dice Alan García, con poses de teórico. De aquí deduce que la lucha contra el imperialismo pasó a la historia, es un “salto en el vacío”, una “aventura”.

 

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Como todo demagogo, Alan García es también un sofista, diestro en enredar  principios, teorías  y doctrina. El modo de producción es una categoría del materialismo histórico, que no tiene ninguna relación con el espacio tiempo histórico de Haya de la Torre, jefe del actual caudillo aprista.

 

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El pueblo peruano ya experimentó y sufrió en carne propia lo que significa  el famoso  SEASAP (solo el aprismo salvará al Perú). La revolución aprista, se convirtió en una verdadera ROBOLUCION APRISTA. La corrupción y el “reparto del botín”, y encima el terrorismo de Estado, fueron  las características principales del gobierno alanista. El pueblo peruano debe aglutinarse para  cerrar el paso  a los que se preparan para  una nueva ROBOLUCION y un nuevo  reparto del botín.

 

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