O
autor do plano de intervenção — que culminou com a derrubada
de Juan Manuel de Rosas, em 1852 - foi Paulino José Soares de Souza,
futuro Visconde do Uruguai, figura fundamental na construção
da política externa brasileira do período. Em maio de 1852,
expunha os motivos que teriam levado o Brasil a intervir na região
do Prata: "Os esforços feitos pelos generais Rosas e Oribe para
separar do Império a província do Rio Grande do Sul; a maneira
pela qual cortejaram a rebelião de 1835, e contribuíram para
que engrossassem as exageradas pretensões de fazer reviver o nulo
tratado de 1777, e de recobrar os povos de Missões que conquistamos,
e dos quais há tão largo tempo estamos de posse; as continuadas
tropelias, violências e extorsões cometidas sobre súditos
e propriedades brasileiras no território Oriental e na fronteira,
pondo em agitação a província do Rio Grande do Sul,
e tornando iminente um rompimento de um dia para o outro, são circunstâncias
que nos deviam fazer desejar e empenhar todos os esforços para uma
solução definitiva dessas questões, que, arredando
os perigos iminentes da posição em que se achava o Império,
nos oferecessem garantias e nos permitissem viver tranqüilos". Afirmava
ainda que Rosas pretendia acabar com a monarquia, "planta exótica"
no solo americano e promover uma rebelião de escravos. A luta contra
Rosas e Oribe também tinha como justificativa o embate contra "a
opressão dos ditadores", idêntica à empregada, alguns
anos, depois contra Solano López no Paraguai. Note-se, ainda, a
importância dada no texto às ligações entre
o Uruguai e a província do Rio Grande do Sul que "havia sido pacificada"
fazia apenas sete anos.
O
Visconde do Uruguai também resumia a política externa do
Brasil no período do Império. O país deveria ter um
lugar hegemônico na América do Sul, mantendo distância
de seus vizinhos, não considerados como "iguais". A monarquia brasileira
havia demonstrado, na ótica desses políticos e publicistas,
sua "natural" superioridade. O Brasil continuava a olhar para a Europa,
vale dizer Grã Bretanha e França, fonte irradiadora da "cultura,
do progresso e da civilização". Tais valores não poderiam
ser encontrados nos vizinhos que nos rodeavam.
As
ligações entre os acontecimentos das duas primeiras décadas
posteriores à independência e os textos dos historiadores
citados anteriormente — Varnhagen e von Martius — parecem-me bastante fortes.
Os argumentos que ganharam sua plena forma com esses autores já
vinham sendo gestados desde a emancipação do Brasil.
Maria Ligia Coelho Prado em O Brasil e a Distante América do Sul
Departamento de História
Universidade de São Paulo
En 1830 una Asamblea electa aprobó la Constitución del nuevo
país, llamado oficialmente, "Estado Oriental del Uruguay". El régimen
jurídico aseguraba, en apariencia, el orden interno inspirándose
en modelos europeos y norteamericanos. El nuevos estado sería republicano
y garantizaría los derechos individuales mediante la separación
clásica de los tres poderes. El derecho del sufragio se impedia
a los analfabetos, peones, sirvientes y vagos, la mayoría de la
población. En principio, una minoría acomodada elegiría
a diputados y senadores que permanecerían 3 y 6 años, respectivamente,
en sus funciones. Estos a su vez, y cada 4 años, designarían
al Presidente de la República que no podría ser reelecto,
sino una vez transcurrido un período de gobierno. Esta Constitución
rigió los destinos del Uruguay hasta 1919.
El país real, sin embargo, se salteó este orden jurídico
europeizado. Las guerras civiles dominaron el escenario uruguayo hasta
por lo menos 1876. En ellas se gestaron los dos partidos que pasaron a
la modernidad y sobrevivieron en el siglo XX: el blanco y el colorado.
Una breve crónica de los principales hechos mostrará las
etapas políticas y revelará la "anarquía", expresión
que apareció en los escritos de los intelectuales que integraron
los efímeros gobiernos, y que afloró en las quejas de las
clases poseedoras de riqueza.
El primer presidente constitucional, Fructuoso Rivera (1830-1834) debió
soportar tres alzamientos del otro caudillo rural, Juan A. Lavalleja.
Su sucesor, Manuel Oribe (1835-1838), tuvo que combatir dos alzamientos
del ex-presidente Rivera. En 1836, en la batalla de Carpintería,
los bandos usaron por primera vez las dos divisas tradicionales: el blanco
distinguió las tropas del gobierno que se titularon "Defensores
de las Leyes", y el celeste primero - el otro color de la bandera uruguaya
- y el colorado después, fueron usados por los fieles de Rivera.
Un segundo alzamiento de este derrocó al gobierno de Manuel Oribe
en 1838. Rivera, auxiliado por la escuadra francesa que deseaba acabar
con Oribe, el aliado del gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas,
ocupó Montevideo y se hizo elegir presidente por segunda vez en
1839. Ese año se inició la "Guerra Grande" cuando Rivera
declaró la guerra a Rosas quien seguía reconociendo a Manuel
Oribe como presidente constitucional del Uruguay. Los dos bandos uruguayos
se internacionalizaron. Rivera contó con el apoyo de los enemigos
unitarios argentinos y las escuadras francesas e inglesa. Las dos naciones
europeas temían que Rosas anexara al Uruguay y deseaban además
terminar con el monopolio que sobre la navegación del Paraná
ejercía el gobernador de Buenos Aires. Oribe se apoyó en
Rosas y puso sitio a Montevideo durante 9 años. (1843-1851).
El conflicto se resolvió cuando se retiraron los europeos e intervino
el Imperio del Brasil a favor del Montevideo Colorado. Oribe y Rosas fueron
derrotados. A pesar de ello se firmó una paz entre los orientales
el 8 de octubre de 1851 por la cual se declaraba que no había ni
vencidos ni vencedores.
La atmósfera que siguió a este conflicto fue de fusión
entre los partidos. La ruina de la ganadería, el comercio y las
fortunas privadas por la larga lucha, ambientó esa política.
Pero los dos bandos habían encarnado en la memoria colectiva y la
lucha civil se reanudo.
El presidente Blanco Juan F. Giró (1852-1853) fue derribado por
un motín del ejército colorado. El nuevo caudillo de este
partido, el General y caudillo rural Venancio Flores, gobierno como presidente
hasta 1855. En 1856 la fusión y el pretendido olvido de los rencores
del pasado llevaron al poder a Gabriel A. Pereira (1856-1860). Bajo su
mandato, una fracción del Partido Colorado, llamada Partido Conservador,
se alzó en armas y sus jefes fueron derrotados y fusilados en Quinteros
por las tropas del gobierno. Entre 1860 y 1864 gobernó el presidente
Bernardo P. Berro. Este pretendió continuar con la política
de fusión pero los partidos renacieron. En 1863, el General Flores
invadió el Uruguay con el apoyo del presidente argentino Bartolomé
Mitre y la colaboración final del Imperio del Brasil. Bernardo P.
Berro buscó apoyo en el Paraguay para restablecer así decía,
el equilibrio en el Río de la Plata. Luego de la caída en
manos de Flores de la ciudad de Paysandú (enero de 1865), uno de
sus generales mandó fusilar a los más destacados jefes blancos.
De este modo ambos partidos tradicionales tuvieron sus mártires
y una carga de emotividad que les aseguró larga permanencia.
El triunfo de Flores culminó con su dictadura (1865-1868) y la intervención
del Uruguay en la guerra de la Triple Alianza junto a Brasil y Argentina
contra el Paraguay. En febrero de 1868, Venancio Flores, que había
despertado rencores apasionados, fue asesinado. El mismo día fue
ultimado el ex-presidente blanco Bernardo P. Berro. Las tradiciones partidarias
se nutrieron de nuevos mártires.
Fonte: www.rau.edu.uy em abril de 2001.
A questão platina
A Argentina, assim como o Brasil passou por uma serie de conflitos internos.
De um lado, as elites de Buenos Aires queriam o estabelecimento de um Estado
nacional forte e centralizado. Do outro lado, as elites de províncias
distantes da capital lutavam por federalismo e autonomia.
A nação Argentina, liderada pelo maior defensor do Estado
centralizado, o presidente Juan Manuel Rosas, conseguiu anexar todo centro
sul do país, praticamente dizimando os indígenas, dando a
configuração da Argentina atual.
Rosas e seu grupo buscavam também resgatar a unidade do antigo vice
reinado do rio do Prata, em outras palavras procuravam a anexação
do Uruguai a Argentina. As pretensões de Rosas não eram pequenas,
pois na realidade queria ele um pais que controlasse toda bacia platina.
Naquela época a disputa pelo controle da navegação
e do comercio na região platina, era provavelmente o mais importante
conflito latente, envolvendo não só os interesses internos
a Argentina como todos os paises da região, incluindo o Brasil.
O principal ponto de tensão encontrava-se nas margens de Buenos
Aires, O estuário do rio do Prata, porta de entrada e saída
para todo o interior da América do Sul. A disputa pelo controle
dessa região já haviam suscitados conflito entre o antigo
Império espanhol e português, provocando a guerra cisplatina
e agora, na década de 1850, eles voltavam a tona.
A intervenção do governo argentino na política interna
do Uruguai não repercutiu nada bem no Rio de Janeiro. O Estado brasileiro
considerava o Uruguai uma zona de influencia fundamental ao nosso pais
e segundo nossa diplomacia, a liberdade de circulação pela
bacia platina só seria garantida ao Brasil com a manutenção
no Uruguai de um governo contrario a Argentina e favoravel ao Império
brasileiro. Em outras palavras Brasil e Argentina brigavam de Imperialismo
e agrediam a soberania uruguaia.
O apoio de Rosas ao Partido Blanco ( sob a liderança de Oribe )
e de ouro lado o apoio de D. Pedro II ao Partido Colorado ( liderado por
Rivera ) Tensionaram a questão platina ao máximo, levando
a guerra em 1851. A guerra contra Rosas e contra Oribe, como ficou conhecida
no Brasil, foi na realidade um conjunto de intervenções do
Brasil na política interna da Argentina e, como de costume, do Uruguai.
O Estado brasileiro apoiou militar e economicamente os movimentos contrários
a Rosas em varias províncias argentinas, levando o general Urquiza,
líder dos federalistas do norte da Argentina, a presidência
da Republica. No Uruguai, os colorados apoiados pelo Brasil voltaram ao
poder.
A Política interna do Uruguai nos anos seguintes continuaram tensas,
os conflitos entre Blancos e Colorados acirravam-se ainda mais. No começo
da década de 1860, os Blancos liderados por Aguirre, questionavam
não apenas os Colorados, mas também as constantes intervenções
brasileiras. Tornaram-se comuns ataques dos Blancos à fazendas gaúchas
em toda região fronteiriça. Em 1864, Aguirre chegava ao poder
do Estado uruguaio, provocando a ira do governo Brasileiro. Dessa vez os
Blancos subiram ao poder sem o apoio argentino, mas com um novo aliado:
O Estado paraguaio, sob a liderança de Solano Lopez.
A aproximação do Estado paraguaio não agradava ao
Estado argentino e muito menos ao brasileiro, pois representava uma nova
força na luta pelo controle da região platina. Naquele momento
o equilíbrio da região estava dividido entre Argentina, Brasil
e Inglaterra e nenhuma outra nação era bem vinda.
A intervenção brasileira e argentina no Uruguai, que ficou
conhecida como a guerra contra Aguirre (1864) promoveu a derrubada dos
Blancos e o retorno dos Colorados ao poder. Provocou também uma
imediata resposta por parte do Estado paraguaio: A guerra.
A Guerra do Paraguai
Um questionamento que deve estar passando pela sua cabeça é
o motivo pelo qual o Paraguai se meteu em guerra com os dois maiores países
da América do Sul.
O motivo principal era sem dúvida a conquista de uma saída
garantida para o oceano. O Paraguai naquela época vivia em situação
atípica em toda América Latina: possuía uma economia
forte, estável e com significativo desenvolvimento industrial. Buscava
naquele momento se lançar ao comércio internacional para
dar continuidade ao seu desenvolvimento econômico, daí a importância
de uma saída para o oceano.
O Paraguai havia conseguido chegar em uma situação em que
a miséria e o analfabetismo foram praticamente erradicados. Apesar
dessas conquistas econômicas e sócias evidentes, politicamente
o Paraguai vivia a décadas uma ditadura bastante violenta, comandada
nesta época por Francisco Solano Lopez.
O Estado paraguaio visava, ao apoiar Aguirre e o partido Blanco Uruguaio,
controlar indiretamente o estuário do Rio do Prata. Quando o Brasil
e a Argentina se negaram a permitir a intermediação paraguaia
no Uruguai e recolocaram os Colorados no poder. Solano Lopez determinou
a invasão do norte da Argentina e da província do Mato Grosso
no Brasil. Estava iniciada a guerra.
Brasil, Argentina e Uruguai firmaram uma aliança militar. Essa Tríplice
Aliança tinha como objetivo unir as forças militares dos
três países para derrubar Solano Lopez do poder e, principalmente
inviabilizar a formação de uma nova potência regional
industrializada: O Paraguai. Presumi-se que aqui portanto que a Inglaterra,
então o maior fabricante de produtos bélicos e detentora
quase absoluta dos mercados sul americanos apoiaria a guerra do lado da
Tríplice Aliança.
Durante os primeiros tempos de guerra, por incrível que pareça,
a hegemonia foi paraguaia. Os bem treinados soldados paraguaios impuseram
pesadas derrotas ao exércitos inimigos. Com o passar do tempo, o
desgaste paraguaio provocado pelo completo bloqueio comercial ocasionou,
além de crise econômica, isolamento militar.
Enquanto isso, Brasil, Argentina e Uruguai faziam enormes empréstimos
junto à Inglaterra e compravam o que havia de mais sofisticado em
termos bélicos na época. No Brasil, especificamente, as forças
armadas aumentaram drasticamente o número de soldados, como os chamados
"voluntários da pátria". Reestruturadas as forças
da aliança militar, as primeiras vitórias começaram
a acontecer já no ano de 1866, mas foi a partir de 1867, quando
o comando da Tríplice Aliança passou para as mãos
do Marques de Caxias, que elas se multiplicaram. Em 1869 os aliados invadiram
assunção. Solano Lopez morreu em batalha.
O resultado da guerra não foi nada bonito. Para o Paraguai, a morte
de quase 75% da população pode dar a medida do grau de violência
utilizado na guerra. De uma sociedade estimada em quase 1 milhão
de pessoas antes da guerra, restaram por volta de 250 mil homens, a grande
maioria deles eram meninos e velhos. Todas as estruturas produtivas do
país foram destruídas. O Paraguai perdeu parte de seu território
e teve a sua população colocada na miséria. Nunca
mais conseguiu se reconstruir.
Para o Brasil, o fim da guerra trouxe um aumento significativo na crise
do Império. A morte de quase 100 mil homens, o agravamento da situação
financeira do Estado pelas dívidas contraídas com a Inglaterra
e principalmente com o enorme fortalecimento do Exército brasileiro
são algumas das principais causas dessa crise.
www.multirio.rj.gov.br
La batalla de Caseros
Derrota de don Juan Manuel de Rosas que significó el fin de su gobierno
y su exilio en Inglaterra. La batalla estaba perdida de antemano; las fuerzas
de la Confederación enfrentaron al "Ejército Grande" comandado
por Urquiza y Caxias, que contaba con un total de 28.149 plazas formadas
por correntinos, entrerrianos, uruguyos, exiliados unitarios y brasileños
pertenecientes al ejército imperial. Los brasileños habían
apostado, además, 12.000 hombres en Colonia -el "ejército
chico"- como refuerzo. Tenía 45 cañones modernos y una batería
de cohetes. Rosas tenía 22.000 hombres -12.000 de caballería
y el resto de infantería- pero muchos eran bisoños , sin
ninguna experiencia de guerra. Sus 60 cañones viejos casi no tenían
munición. La batalla presentada fue ante todo una cuestión
de honra; no en vano en la parte final, cuando era evidente la derrota,
Rosas centró la lucha contra las tropas imperiales (también
la inició contra ellas) marcando así el concepto que le merecía
su enemigo, que se había aliado con el imperio de Brasil para derrotar
a la Confederación. La batalla comenzó a la nueve de la mañana
y terminó al comenzar la tarde; Rosas, herido en una mano de un
balazo, se alejó acompañado de un auxiliar. Bajo un ombú
situado en Hueco de los Sauces (actual Plaza Garay) redactó su renuncia
que encomendó a su ayudante, quien inmediatamente la hizo llegar
a la Junta de Representantes. Luego, cubierto por un poncho, durmió
-llevaba tres noches en vela- una hora. A las cuatro de la tarde llega
a la embajada inglesa; esa misma noche, con el auxilio de Manuelita, el
embajador inglés, Gore lo convence de la necesidad de refugiarse
en el buque de guerra Centaur, anclado en la rada. Rosas lo hace finalmente
y junto con algunos miembros de su gobierno navega, días después,
hacia el exilio en la nación que él mismo, años atrás
obligara a agachar su altivez imperial ante la denodada defensa de la soberanía
argentina. El 20 de febrero las tropas vencedororas de Urquiza,, Caxias
y Márquez de Souza entraron en Buenos Aires y desfilaron por sus
calles.
Fuente:Nuestra Historia Argentina Tomo 3. Pág. 96 Editorial Oriente S.A. Buenos Aires. 1981