Los
porros entre menores.
Artículo
aparecido en el Correo Digital, el 16 de Diciembre del 2003.
Es una noticia, y unos datos de la ciudad de Vitoria.
Supongo que no somos tan raros ;D y que, por tanto, se puede
extender esta situación a los jóvenes de otras
ciudades.
La
Policía sorprende a 30 menores que fumaban porros a
las puertas de colegios.
La
Policía Local está «sorprendida»
y «muy preocupada». Hace dos meses estrenó
una campaña de vigilancia contra el tráfico
y consumo de hachís sin precedentes en la ciudad. Varios
agentes empezaron entonces a controlar las puertas de los
colegios para descubrir a los camellos y disuadir a los consumidores.
Estas actuaciones se iban a prolongar hasta las vacaciones
de Navidad, pero tal es la «magnitud» del problema,
que el Ayuntamiento ha decidido ampliar las inspecciones hasta
Semana Santa. «Hemos detectado cómo casi
el 10% de los chavales que fuman porros tiene menos de quince
años, un dato muy preocupante que debe hacer
reaccionar a los padres», apunta un portavoz.
En estos sesenta
días de estrecha vigilancia, cerca de treinta
menores han sido sorprendidos en las puertas de sus
centros escolares liando o fumando un canuto. La mitad
tiene de 14 a 16 años, y el resto, 17 y 18 años.
Pero lo que más inquieta a los agentes no es el número
de expedientes abiertos, sino el tipo de consumo. «No
se trata de algo puntual y ligado al tiempo de ocio del fin
de semana. Estamos hablando de que empieza a ser bastante
habitual ver a menores fumando hachís
o marihuana a primera hora de la mañana, antes de ir
a clase», apunta el responsable de la campaña.
El problema afecta por
igual a todos los escolares, aunque son más proclives
aquellos que manejan dinero, apenas son controlados por sus
padres y carecen de límite horario. «Lo
mismo fuman adolescentes que residen en las zonas del más
alto nivel, que en las más deprimidas. Los padres
lo deben saber y estar en alerta si ven cualquier cambio importante
en la conducta de su hijo».

Usar la cabeza.
No pretendo de ninguna
manera relativizar la gravedad de los problemas relacionados
con el consumo de drogas entre los más jóvenes:
sería un insensato si lo hiciera. Pero hay que admitir
también que quizá se esté exagerando
un poco esa gravedad y que puede darse el caso de cierta incitación
al alarmismo. Lo digo porque algunas de las estadísticas
promulgadas por la autoridad competente rozan lo inverosímil.
Una vez escrito lo anterior,
no queda más remedio que reconocer que nos encontramos
ante un problema importante, muy importante.
Las posibilidades de que un chaval tan lejos de la madurez
como la tierra de Plutón empiece a consumir drogas
ya en el colegio o en el instituto y destroce su vida sin
remedio en su inmediato futuro son tan altas que la prevención
del mal es tarea urgente.
Sin embargo, me temo
que los métodos utilizados hasta
ahora para disuadir a los más jóvenes han fracasado
con rotundo estrépito. De todos es sabido, salvo
de los que nunca han sido jóvenes realmente salvo en
los guarismos del Registro Civil, que basta castigar o prohibir
algo a un adolescente para que éste encuentre en lo
prohibido un aliciente insuperable. Si usted no se acuerda
de sus edades más tempranas y de lo que hacía
entonces, hágaselo mirar.
En la
tarea de convencer a las nuevas generaciones de que se están
jugando la salud y el futuro por meterse en el cuerpo sustancias
perniciosas han de implicarse primero, y por supuesto, los
padres. Pero resulta
que según los últimos estudios, los padres dedican
sólo 5 minutos diarios de su precioso tiempo a charlar
con sus retoños. Después están los docentes,
que con datos en la mano y sin incurrir en soflamas incendiarias,
han de informar con rigor de los peligros
que puede acarrear la droga. Pero resulta que los docentes
no suelen sentirse concernidos por esta labor pedagógica
y pasan de largo a la hora de emprenderla. En cuanto a las
tareas policiales, pueden ser muy meritorias, pero ese no
es el camino. Y por lo que se refiere a las campañas
disuasorias, parecen diseñadas por un comité
de marcianos. Enfrentémonos al
asunto usando el único instrumento válido: la
cabeza.
El 8 de Enero
del 2005, aparecía un nuevo reportaje... los
números, siguen creciendo:
La
Policía Local sorprende a un escolar cada 3 días
fumando porros cerca del colegio
En el último
año multó a 112 menores y a 7 hosteleros que
permitían el consumo de drogas en sus locales Continuará
la vigilancia ante el «aumento» de casos
La campaña
de vigilancia de colegios y bares cercanos a los centros escolares
emprendida por la Policía Local de Vitoria para prevenir
el consumo de drogas entre los menores continuará a
lo largo de este año. ¿La razón? El «preocupante
aumento» del número de casos detectados por los
agentes. De hecho cada tres días se sorprende
a un escolar -la mayoría de entre
14 y 16 años- fumando porros antes o después
de salir de clase.

Según el
balance de 2004, al que ha tenido acceso este periódico,
la Guardia Urbana sancionó el último año
a 112 menores por llevar a cabo esta práctica en las
inmediaciones de alguno de los doce colegios e institutos
que se vigilan. Además, siete hosteleros han sido multados
por permitir el uso de estupefacientes en sus locales, ubicados
en las inmediaciones de escuelas.
El procedimiento
de actuación es siempre el mismo. Cuando el policía
de turno localiza a un grupo de menores en actitud que juzga
sospechosa, se acerca a ellos, les pide que se identifiquen
y si les encuentra droga, se la requisa. Lo habitual es que
los menores, además de consumir, lleven
encima pequeñas dosis de hachís, marihuana y,
en ocasiones, anfetaminas o cocaína, por ese orden.
La obligación
del agente es acompañar a los jóvenes hasta
su domicilio y comunicar a sus familias lo sucedido, una misión
que en muchas ocasiones se vuelve incómoda. «Casi
todos los padres no sólo lo ignoran sino que lo niegan.
A veces comprobamos que el chaval lleva más dinero
de lo que recibe de paga y ésto nos sirve para convencer
a los padres», explican desde el Departamento de Protección
Ciudadana.
«Perciben
normalidad»
La Policía
no siempre está sola en la detección de estos
casos. «Ha habido profesores y directores de centros
que nos han llamado para avisarnos de grupos de chavales que
fumaban porros en el recreo y luego llegaban 'colocados' a
clase», agregan las mismas fuentes.
Los responsables
de la campaña lamentan que los ciudadanos «no
se impliquen y no nos avisen cuando ven a menores que realizan
estas prácticas en la calle y a plena luz del día.
No es bueno que perciban tanta normalidad.
Estamos hablando de algo ilegal».
Un mensaje similar
transmiten a los dueños de bares, en donde se refugian
los escolares para consumir droga cuando la presencia de agentes
junto a los colegios se vuelve habitual. «No deben permitirlo»,
aseveran.
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