La
estrella echa al entrenador.
Una
situación por desgracia, demasiado habitual.
El
jugador "hace la cama" al entrenador, o en otros
casos, en lugar del jugador es un directivo, otro entrenador,...
Leía
estos días este artículo, de Enero del 95, cuando
las broncas con Jordi Villacampa, fueron el detonante
de la dimisión de Pedro Martínez, en
aquel momento en el Joventut, quien estos días ha firmado
por el Tau.

El
jueves 8 de Diciembre se inició la cuenta atrás
definitiva. En el vestuario del Wilhelm Dopatka Halle de
Leverkusen, los ánimos estaban encendidos. El Joventut
había perdido el tren de Europa al caer estrepitósamente
ante el Bayer anotando tan sólo 50 puntos.
Pedro
Martínez, y Jordi Villacampa tuvieron
un fortísimo intercambio de palabras, gritos
incluídos, que sólo fue el inicio de otros posteriores
enfrentamientos muy agrios que llevaron al entrenador a pensar
que si era esa la actitud del capitán y emblema del
equipo, poco tenía que hacer en el vestuario verdinegro.
La
estrella que había hipotecado al club al renovar por
cuatro años a razón de 80 millones por temporada,
impidiendo así la continuidad de Ferrán Martínez,
y el fichaje de extranjeros de calidad, comenzaba también
a hipotecar deportivamente al equipo
con su actitud. A partir de ese momento se iniciaba
una cuesta abajo que acabó con la renuncia de Pedro
Martínez. La estrella, había
echado al entrenador.
Para
un equipo que vivía una situación complicada
debido a una serie de derrotas, los enfrentamientos
que llegaron a alcanzar niveles realmente graves, fueron
factores decisivos en la renuncia de Pedro Martínez
a seguir entrenando al Joventut.

El
propio Pedro, explicaba así su salida del club:
"He
exigido a los nacionales más de lo que quizás
eran capaces de hacer en la pista, y por lo tanto, me he quemado".
El
técnico renunció a su cargo, y su contrato,
al considerar que "era la única solución
para que el equipo reaccionase favorablemente".
Todas
las explicaciones de Pedro escondían un descontento
que él se ha preocupado en no desvelar. De hecho, comenzó
su exposición con una frase cuya lectura cabía
analizar "no he dimitido por
los resultados, sino por las circunstancias que los han motivado".
Esas circunstancias a las que aludía de pasada,
fueron una serie de actuaciones y actitudes
negativas con las que se encontró desde que
se hizo cargo del equipo, y que perduraron hasta su despedida.
Jordi
Villacampa, como capitán, y jugador más
emblemático de la entidad, debió asumir un papel
de liderazgo. Debió arrastrar al resto de sus compañeros
a la búsqueda de soluciones antes las dificultades
evidentes.
Pero
él, y otros jugadores, acababan de vivir etapas gloriosas,
y por lo tanto, existía el riesgo de encontrarse con
jugadores demasiado acomodados, con poca "hambre"
de triunfos.
Esa
actitud, chocó frontalmente con la de un técnico
joven y ambicioso. En lugar de producirse una coincidencia
de ilusiones, el conflicto entre el capitán, un poco
de vuelta de todo, y técnico, muy motivado con el reto
de sacar adelante al Joventut, arrastró al equipo a
una espiral negativa de resultados ilógicos, que denotaban
esa crisis interna.
El
líder del grupo había fallado. Basta un repaso
al vídeo del partido que en aquellas fechas jugaron
contra el Madrid, donde fueron apalizados, para apreciar una
actitud de "pasotismo" poco justificable en un profesional.
No era ese el mejor momento para sacar sonrisas irónicas.
Dejó
al técnico en una situación de total indefensión
ante no solamente los malos resultados sino, también,
ante la negativa actitud del capitán del equipo.
Tras
el desenlace, y conociendo más datos sobre las interioridades
del vestuario, es evidente que el entrenador tenía
que perder ese pulso con la estrella. Las
cartas (más de 80 millones contra 15), estaban marcadas.
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