La oposición en Euskadi ante el Plan IbarretxeDescarga el artículo en formato WORD
Como ejercitar la política sin argumentos.

La ofensiva constitucionalista contra el Plan Ibarretxe da risa y recuerda a la pataleta del niño mimado que ve como el becado de familia pobre en el Instituto Católico de pago saca mejores notas sin que sus padres gasten una fortuna en comprar al profesor, al director y hasta la secretaria de turno. Es eso lo que están haciendo los miembros de la oposición en Euskadi en un estado como el español en el que el control de los medios y de la justicia es total: patalear.

            El Plan Ibarretxe saldrá adelante, o no, en función de lo que decidan los ciudadanos porque es democrático, ni más, ni menos y por mucho que les pese a “nosotros los demócratas” que en vez de dejar que el pueblo decida y opine, sobre todo si tan seguros están de lo que ellos han elegido es lo que el pueblo realmente ansía, insisten una y otra vez en negar la voluntad de los vascos expresada libremente en las urnas. ¡ Cuán fácil sería convocar un referéndum y dar con el resultado en las narices al Gobierno Vasco si tan seguros están de defender los intereses de la mayoría de los ciudadanos de Euskadi ¡

            Sin embargo se enredan en darle propaganda al Plan sin ser capaces de dar un argumento sólido que deslegitime el paso libre y democrático por las urnas.

La Diputación Alavesa argumenta que abandonará Euskadi si el plan se lleva a cabo. Vuelven a caer en el error de no saber escuchar a su oponente, al del Plan, que ha insistido por activa y por pasiva que sin el refrendo de Alava no seguiría adelante. Habrán de explicar entonces qué es lo harán si los ciudadanos del menos poblado de los Territorios Históricos aceptan el nuevo marco y en contra de dicha voluntad popular deciden salirse unilateralmente que Araba deje de ser Euskadi. Ciertamente no hay explicación posible ni se entiende que se hagan acreedores de ejercer cierta independencia negando tal derecho al prójimo.

Del recurso planteado ante el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco mejor no hablar para evitar reírnos del niño pijo y mimado de la pataleta: hacia falta cuanto antes un titular.

 Del resultado del recurso sabremos como de la libertad de los nueve últimos detenidos en relación con el Egunkaria, con nocturnidad y alevosía a los que se les aplicó la ley antiterrorista y se les privó de libertad y derechos durante cinco días, que es tanto como decir que le dedicarán una columna en la página menos trascendental de la prensa española.

De las declaraciones Institucionales del Gobierno de Navarra, aquel que niega el pan y la sal a la “lengua navarrorum”, también podemos decir que son propaganda barata. Todo lo que dice el Sr Ibarretxe en su propuesta es que si los navarros libre y democráticamente quieren subirse al carro serán bienvenidos pero claro el simple hecho de ceder la palabra al pueblo es tachado por la clase política como antidemocrático e anticonstitucional y requiere de plenos extraordinarios en ayuntamientos y gobiernos navarros.

Otra ofensiva contra el Plan es la económica: encuestas telefónicas a 70 empresarios de 7000 sin control alguno, convertir en titulares a cuatro columnas la opinión política de una asociación privada y minoritaria de empresarios que se enriquecen a la sombra del poder establecido en Madrid, o la decisión de la CEOE de trabajar junto con el Gobierno español en contra de la Propuesta. Y digo yo que si una de las consecuencias fatales de la aprobación del nuevo status, como se insiste en esta ofensiva de desgracias económicas que asolarían Euskadi, es que las sedes sociales de Iberdrola, BBVA, etc. se trasladarían a Madrid, ¿no debiera estar el alto empresariado español frotándose las manos y loco de contento?. ¿No será la auténtica verdad que la economía española necesita de la vasca más que la vasca –ampliamente abierta al mundo-  de la española?

Y luego está Europa. Primero dicen que el Lehendakari quiere convertir Euskadi en una nueva Cuba, Albania o qué se sabe qué, cuando resulta que su propuesta habla de todo lo contrario y su intención, y vieja ansia del nacionalismo vasco, es tener representación directa en el parlamente europeo.

 Si para argumentar en contra de la idea política del adversario se ha de mentir descaradamente en relación a lo que éste propone es que sencillamente se carece de argumentos y se da muestra de una catadura moral y ruindad lamentables dignas de la clase política que gobierna de espaldas a los ciudadanos que dice representar (Irak, Prestige...). Paralelamente, y continuando con el chiste, se amenaza con expulsar al supuesto nuevo Estado Vasco de la Comunidad Económica Europea (¿pero no quedamos en que lo que se propone es ser la Cuba de Europa?). Llegado el caso esa expulsión resultaría amoral, carente de ética, en contra de la justicia social y sería como si el boxeador tumbado en la lona, en el momento en que el juez alza la mano del vencedor, se levantase y golpease a éste por la espalda. Esas amenazas son propias de quien no sabe ganar..., ni perder.

El otro gran valor de la Propuesta del Lehendakari es que, como muchos sospechamos –incluidos los constitucionalistas-, acerca el fin de ETA. Aquél que jamás ganó una elección en Euskadi –y eso que se presentó a todo: lehendakari, diputado, alcalde, etc.-, plantea que se ha pactado un reparto de poder entre ETA y el PNV. Como siempre, olvida que serán los ciudadanos los que con sus votos elijan a sus representantes políticos y que el gobierno resultante sería aquel que emanase de la voluntad popular del pueblo vasco. Vuelve a resultar evidente que a “nosotros los demócratas” la libre expresión del ciudadano vasco en las urnas les dan mucho pero que mucho miedo.

Conseguir el fin de ETA y dar la voz al pueblo son argumentos contra los que la oposición constitucionalista española patalea y patalea, no pueden hacer otra cosa porque el pueblo vasco sabe muy bien lo que quiere: la consecución de la Paz (Bakea behar dugu) y decidir libremente su futuro; deseos opuestos a los todos aquellos que piensan únicamente en clave de Moncloa.

Por todo ello, insisto: la Propuesta del Gobierno Vasco saldrá adelante, o no, guste o no a la oposición constitucionalista española, por el deseo libre, o por el no deseo, de los ciudadanos vascos.

Getxo, a 29 de octubre de 2003.

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