E Ibarra habló...

 ... de nuevo.

No me llaman la atención ni me sorprenden las palabras del presidente extremeño solicitando modificar la ley electoral con el fin de dejar el congreso en manos de dos, o a lo sumo tres, fuerzas políticas. No me indigna siquiera el fin de tal proposición que ateniéndonos a sus palabras, no es otro que acabar con los partidos nacionalistas que irían desapareciendo paulatinamente según pierden fuerza al no tener votos en el congreso con los que negociar sus reivindicaciones. Creo que Ibarra no sorprende a nadie, ni a Rodríguez Zapatero que en un alarde del más fácil todavía para el adversario político, le instala entre su consejo de notables para torpedearlo desde dentro.

Ibarra ni sorprende ni asusta y está a un pasito de acabar siendo un dinosaurio que va de cacería en cacería con su amigo Manolo el galleguillo. Lo que asusta es que el Sr. Zapatero sea tan… (dígase lo que se quiera), de auparlo a su club de notables entre los notables: en el PSOE sobresalientes no debe haber ninguno. ¿Acaso no era esperable una salida de pata de banco como la del extremeño? ¿Será ésta la última? El zapatero intenta coser una bota al gusto de todos dentro de su partido cuando ni siquiera sabe si su destinatario final es hombre o mujer. Hace tiempo que insté a una solución sencilla a los problemas de unidad del PSOE, que es tanto o menos que lo que haría cualquier líder de un partido serio de ámbito estatal: ponerse a régimen y acabar con los michelines antes de que los michelines acaben con uno. El Sr Mujica o Jon Juaristi son un claro ejemplo de que con un empujoncito hacia la derecha se van solos.

Ibarra, como Nico el hijo del de la naval, la Rosa de Zalla, Gotzone Mora, y un corto etcétera, son la voz discordante con el sentir y el ser socialista y el tener una idea social y progresista de lo que debe ser España. Señores como estos optan por un ataque feroz y frontal, a la vez que poco inteligente, contra el nacionalismo vasco primero, luego el catalán y después los que vengan. Nos hablan de una grande y libre y aplauden la labor de mantenimiento del orden constitucional que llevan a cabo aznares (no confundir con el rebuzno de un asno, por favor, no insultemos a tan inteligente animal), Orejas o Villares, consiguiendo así un buen puñado de votos para éstos.

Este club, que se permite el lujo de acallar a Patxis y Pascuales, o al menos de intentarlo, goza de todos los beneplácitos de la brunete mediática española y es sencillamente así porque ayudan a que su partido vuelva a perder las elecciones dando muestras de división y de un liderazgo falso que no es capaz de mantener en orden ni su propio pensamiento. Además, por si ese no fuese mérito bastante, son el azote del nacionalismo y mucho me temo que también son culpables de que éstos ganen elección tras elección en Euskadi y en Catalunya.

Pero ya no sorprende ni la torpeza zapateril.

Lo que molesta de las palabras de Ibarra son  sus consecuencias. Molesta que el PP no haya necesitado hasta la fecha ni presentar su programa para volver a ganar las elecciones. Les basta con dejar hacer a su rival político y estar callados; porque en el colmo de la estupidez política el pobre Ibarra no recibe el apoyo ni los que verdaderamente le apoyan: las mentes del PP, políticos y votantes, que de buen gusto cambiarían la ley electoral a modo y semejanza del propuesto desde la Extrema y dura.

Y nos molesta a aquellos que no deseamos cuatro años más de lo mismo: de guerras, de contaminación, de  inmigrantes muertos,  de mentiras, de seis visitas al tejano en menos de un año, de la ausencia de un  ministerio de cultura, de paranoias de grandeza, de no dialogo, de imposición de las ideas, de reírse de la separación de poderes, de que lo hagan tan bien que mientras lloran les pedimos a gritos que no se vayan.

Getxo, a 14 de enero de 2004.

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