De ERC al futuro del PSOEDescarga el artículo en formato WORD
Consejos doy que para mí no tengo

Ha comentado el señor Robira en su reciente visita a Bilbao, donde por cierto ha alabado el Plan Ibarretxe, y respondiendo a las acusaciones desde las filas de CiU en relación al nombramiento de un no nacionalista como President de la Generalitat, que un gobierno PSC-ERC siempre será más nacionalista que el formado por CiU-PP.

Ciertamente puede que no le falte razón en tanto y cuanto era difícil entender como un partido como CiU era sostenido por los diputados del PP en Catalunya. De esta manera, y van…, los populares sellaban la boca del nacionalismo moderado que durante estos años atrás ha exigido bien poco, a la vez que se producía lentamente el desgaste político de CiU y un importante trasvase de votos hacia el Sr. Robira.

Lo evidente  es que uno de los pilares que mantiene al presidente del gobierno sobre el pedestal en que cree encontrarse, ha sido la defensa de la Unidad de España y la Constitución. A más nacionalismo más nacionalismo es una formula que ha rendido sus  frutos.

Pues bien, en Madrid han de enfrentarse a la nueva ofensiva que,  sin  duda alguna, llegará desde Catalunya donde, como se ha podido escuchar estos días, “el PP no tiene la excusa de las pistolas”. Pero mucho me temo que no la van a necesitar mientras ERC permanezca en el gobierno catalán. ERC es un partido independentista y por tanto con un ideario que atenta indiscutiblemente contra la unidad patria, es un enemigo al que sólo con un  gobierno popular en Madrid se podrá hacer frente pues ha pactado con el PSOE en Catalunya. Estamos ante una nueva batalla política en un escenario en el que hasta hoy cada cual mantiene sus posiciones y sus conquistas, perdón quise decir mayorías: el nacionalismo catalán y vasco en sus respectivas comunidades y el PP en el resto de España. ¿Dónde queda el PSOE entonces?

ERC tiene que prepararse para el ataque mediático que sin duda sufrirá desde Madrid y hemos de suponer que ha medido bien las consecuencias de enfrentarse al gigante Goliat pero que esta vez va acompañado de la prensa-infante, marina y aérea. El PSOE seguirá sufriendo los daños colaterales de una guerra que se disputa sobre sus dominios, digo sus votos, y habrá que ver cuantos de los ganados, se supone, gracias al Prestige e Irak, es capaz de mantener. No hay que olvidar que mientras en las últimas elecciones municipales aventajaron al partido en el gobierno por 200.000 votos, las últimas encuestas, hasta las propias, le sitúan bien lejos de la Moncloa y que uno cuando escucha a líderes tan importantes como Maragall e Ibarra, o López y Elorza, hablar sobre lo humano y lo divino, no es capaz de creerse que pertenezcan al mismo partido o sigan al mismo líder.

Ciertamente el PSOE habría de apostar nuevamente por el cambio, por el cambio de régimen. Apostar más abiertamente aún si cabe por la modificación de la Constitución, de los estatutos, por ceder la palabra al pueblo, por no huir de referéndums populares (que no de “los populares”) y plantar cara así al gobierno dictatorial de la Grande y Libre. Tan gobierno y tan dictatorial que legisla a la carta y modifica, entre otras muchas leyes, el código penal al antojo propio y pasando del santificado por la santa sacra constitución española, parlamento nacional. Plantar cara a un gobierno que les ha convertido en marionetas y tras el que solo han sabido ofrecer lo mismo pero peor (vease el escalofriante fracaso de Redondo Terreros en Euskadi a la sombra del fracasado Mayor Oreja).

Se acusa al PSOE de falta de unidad y liderazgo y razón no les falta a los que señalan a Zapatero como un líder poco sólido, y aquellos que le acusan y señalan con el dedo le instan a eliminar, además, ciertos “michelines”: el PSC, Elorza & Cía. Desde estas humildes líneas, sin embargo, apuesto por que el camino correcto es eliminar a aquellos que dentro de su partido se alinean una y otra vez con las tesis populares: los Ibarra, Rosa Díez & Cía.

No piense usted señor lector que deliro –que por otro lado es algo que hago, gracias a dios, a menudo-. Piense en el mapa electoral español: un partido, el PP, sostenido por un 40% de votos válidos en mayoría parlamentaria y mediática contra el 60% restante e, imagino, una parte igual de importante o más de la abstención. Total que con el voto de unas 28 de cada 100 personas con derecho a depositar el papelillo dichoso en la urna, legisla y ejecuta (y juzga) para continuar en la Moncloa el Sr Aznar y su delfín.

Me podrán decir entonces que lo mismo sucedió con el Señor González; cierto, pero hay una sutil diferencia respecto a lo que ocurría hace 15 años: el Partido Popular es el único de los grandes partidos que aboga por mantener la Unidad Patria bajo el yugo de una Constitución Sagrada, o lo que es lo mismo, el 60% de los españoles que votan eligen opciones políticas dispuestas a superar ese marco.

Propóngalo el PSOE abiertamente; devuelva el sentido y la ideología a un partido que se manifiesta contra un nacionalismo vasco y arropa al independendismo catalán; evite tener en sus filas a “líderes” que endiosan al rival político por su política de no-cambio, que no pueden evitar pedir a Aznar que no se vaya o que piden a Mayor Oreja que presente el último libro escrito por algunos de aquellos que se llaman socialistas.

Es curioso, empecé hablando de Robira y acabe con consejos al PSOE, tal vez el pacto catalán me ha gustado demasiado… sí y sólo sí CiU no se convierte en la salvaguarda de Rajoy en Madrid después de compartir con él la oposición en el parlament. Ese es el grave riesgo que corre Zapatero.

 

Getxo a 20 de diciembre de 2003

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