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¿Dónde vas Javier Sardá? |
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Hace escasos días tuvo lugar el programa 1000 de crónicas marcianas. Andaban los marcianos de marte revueltos desde hace días con tal evento. Antiguos admiradores del programa, mejor dicho, aquellos que nos enganchamos a los debates puros sin tapujos, al humor de Mariano-Mariano, Fuentes, Galindo, Paz Padilla & cía, a Susana Reche, etc., esperábamos la llegada del programa mil ansiosos, queríamos que Sardá recordase aquellos tiempos, los tuviera bien presentes y tal vez volviera en su largo camino hasta el programa dos mil recuperando la calidad perdida. Gran admirador del Sardá ocurrente, ingenioso, astuto, comunicador, inteligente, perspicaz y, según todas ellas dicen: guapo, nos dispusimos mi Susanita Reche particular y el que escribe, tumbaditos en el sofá y bien arrejuntaditos, a ver el anunciado episodio mil de la saga marciana. No tardamos en dormirnos. No quisimos faltar al respeto de todos aquellos que hacen el programa pero no pudimos evitarlo. Esperábamos algo distinto y no más de lo mismo; y es que el actual formato donde se habla casi en exclusividad del Gran Hermano y del patético mundo rosa, a muchos ya no nos interesa. Nos acostumbramos pronto a cierto marujeo izagirriano como parte de una fiesta, de una orgía televisiva que nos mantenía en vilo hasta altas horas de la madrugada. Pronto empezamos a rechistar un poco con el llamado “tamarismo” cuando empezamos a darnos cuenta que Sardá usaba a patéticos personajillos de la tragicomedia anónima española cual bufones de la corte marciana. Algunos llegamos a pensar que era parte del espectáculo y lo permitimos. Por medio debates, rosas o no, en el que se vislumbraba inteligencia y genialidad por parte de los contertulios, sobrados comentaristas y expertos, normalmente, en la materia. La actualidad se mezclaba entre tamaras y seniles –perdón, quise decir geniles-, y bueno, la bacanal nos seguía “poniendo”…, algo. |
Pero poco a poco llegaron los hermanitos y los triunfitos, muchos de ellos con Sardá como propio representante, siendo grave que algunos de esos muchachitos saliesen de un invento producido por el propio cuñado de Sardá y que sin duda también le reportara curiosísimos monumentos. Mientras tanto entre programas Sardá ha seguido lanzando sus puyas y críticas sutiles hacia la clase política dominante y hacia sus actos-lo cual dicho sea de paso está muy bien-, pero sin darse cuenta, y eso espero, de que hace tiempo que forma parte de todo aquello que critica. Forma parte de la sociedad que evoluciona del debate ágil y culto al tamarismo. Forma parte de una sociedad a la cual se nos quiere inculcar (como en Irak) el grandioso sueño americano que te hace pasar de David a Bisbal. Forma parte de una sociedad que prefiere tratarse a gritos a dialogar. Forma parte de una sociedad que olvida la realidad mientras escucha las andanzas de periodistas fallecidas, folklóricas sin glamour englamouradas o simplemente chiquilicuatres de tres al cuarto. Forma parte de una sociedad que evoluciona hacia la incultura o hacia la cultura basura que es peor. Podrá justificarse tal cambio diciendo que las audiencias mandan y demandan. La realidad es que las televisiones y los medios en general ofertan y nos dejan poco a elegir. Si se decide potenciar la basura rosa se potencia, consumimos y consumimos televisión sin control; es más: los padres que gustaban de que sus hijos creciesen con Barrio Sésamo ahora aceptan sin rechistar consumir esta televisión carente de ética, nada educativa y carente de valores. ¿dónde iremos a parar? ¿Dónde acabarás, Sardá? ¿Estás seguro que volver al pasado te haría perder audiencia? ¿Serías capaz de buscar la “calidad” perdida aún a riesgo de perder un par de espectadores? Un saludo desde Getxo, a 2 de diciembre de 2003. |
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