Crónica de muerte anunciada.Descarga el artículo en formato WORD

 Morir en Irak sin sentido

Aznar no supo embaucar a su pueblo. Bus y Blair al menos algo más. Aznar, así pues, envió a soldados del ejercito español a Irak. Su misión colaborar en instaurar la democracia y guiar al país a lo largo del lento caminar entre Sadam y un estado a saldo de los yankis.

 Como misión para luchar contra el terrorismo internacional envió también a agentes de CNI, y lo que habría allá. Ya son 8 los caídos. ¿Quién sabe si sus muertes son actos terroristas o actos de la resistencia iraquí?

 En cualquier caso las imágenes de sus cadáveres yaciendo en el suelo, en la cuneta de una carretera polvorienta, están ahí, la invasión de Irak llevada a cabo y la guerra, se dijo rápidamente, finalizada. El mismo día de las muertes de los 7 agentes del CNI la CIA publicaba en su página web una nota en la cual, desmarcándose de la Whitehouse, hacía ver que ellos tuvieron pruebas concluyentes de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak y que así lo hicieron saber. ¿Un lavado de imagen? En cualquier caso lo que es evidente es que las premisas o excusas que nos llevaron a esa guerra eran, son y serán falsas; trágicamente falsas.

Ni Sadam era una amenaza para la paz mundial –para los europeos lo es más Israel-, ni había armas de destrucción masiva, ni el interés principal de la invasión era devolver la auténtica democracia, -o lo más parecido a ella, al país.

  No sé si los agentes muertos en Irak lo sabían o lo creían. Desconozco el sentir de sus familias con las cuales me solidarizo y a las que envío un cálido y sincero abrazo. Son las víctimas las que han de abrir el camino lógico y verdadero: que los dirigentes políticos que sirven al pueblo no sirvan nunca a espaldas de él. Sus muertes y probablemente la de miles de ciudadanos iraquíes, se hubiesen podido evitar.

No quiero finalizar sin hacer una breve reflexión sobre unas lejanas palabras de Aznar, cuando dijo que la oposición, “la de la pancarta”, esperaba ansiosa el primer muerto. Ya van 8 ¿hasta cuantos habrá que esperar? Porque yo espero, que vuelvan pronto, todos vivos.

Un saludo desde Getxo, a 2 de diciembre de 2003.

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