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Sin premeditación ni alevosía llegó la Propuesta del Lehendakari después de un año de embarazo público. Al final del parto tenemos ante nuestras manos un proyecto nuevo cuya aprobación definiría un cambio de las relaciones Euskadi-Estado español apoyándose en el concepto de ciudadanía por encima del de nacionalidad. Cierto es que se puede estar, o no, de acuerdo con dicho proyecto, pero no menos cierto es que en contra de las manifestaciones de políticos que se escuchan hoy en día, el final del proceso abierto por el Lehendakari tendrá que ser refrendado por la mayoría de los ciudadanos de la Comunidad Autónoma, por lo que habrá que calificar la propuesta de democrática y no de impositiva en tanto y cuanto jamás tendría éxito sin el ansiado apoyo popular. Estamos acostumbrados, y en esto la prensa sumisa juega un papel fundamental, a la ausencia de debates de pura naturaleza política entre nuestros representantes públicos. Aplicando la máxima de que en política todo vale, escuchamos hablar a los miembros del Gobierno Vasco en boca de los constitucionalistas (así se definen ellos mismos) que son quienes nos cuentan qué es lo que dice el susodicho plan. Paradójico es que cuando los que hablan son los promotores del proyecto y nos cuentan lo que allí está escrito ¡porque es que está escrito y se puede leer!, el Plan sea otro. Unos ejemplos: desde el constitucionalismo se habla de que el Lehendakari quiere imponer la nacionalidad vasca cuando el sujeto pasivo de la propuesta es la ciudadanía. Se habla de "las dos comunidades con distintos derechos" cuando la propuesta dice "mismos derechos y obligaciones de todos los ciudadanos de Euskadi". |
Se habla de la imposición de una lengua cuando el proyecto expresa claramente que es un derecho el conocer y hablar euskera; recordemos que la Constitución Española, sin embargo, habla de la obligación de conocer y hablar el castellano; si lo que se pretende es comparar normas ese es un buen ejemplo del talante de cada cual. Y así un largo etcétera. En resumen, en vez de hablar de los contenidos políticos de la propuesta, en vez de discutir el calado político de su articulado lo que se hace desde Madrid es mentir descaradamente sobre el contenido de la misma y para ello se utilizan los medios de incomunicación públicos y privados (del amiguete) como altavoz. ¿Por qué usar el lenguaje de "aunque ponga esto lo que realmente usted quiere hacer es aquello" (¿tengo que decirle a usted constitucionalista lo que quieren decir sus palabras?), y no se habla de lo que está escrito? Es por ello que desde aquí invito al ciudadano a leerse la Propuesta de Libre Adhesión del Lehendakari Ibarretxe y luego que cada cual extraiga sus legítimas opiniones. Bien es cierto que mucho me temo que cada vez son menos los que leen libros y más los que van al cine a que se los cuenten, creyéndose a pies juntillas la versión filmada por el director importando poco que el autor del texto original, en muchos casos, renuncie a identificarse con el resultado final de la obra. En
definitiva animo al ciudadano al sencillo y útil ejercicio de visitar
la página web |
No quiero finalizar el presente artículo sin una mención especial al tema jurídico. Se insiste en la inviabilidad legal si quiera de plantear un referéndum. Quien quiera entenderlo que lo entienda: inviable e imposible con las leyes existentes hasta la aprobación de la Ley de Partidos era "ilegalizar" Batasuna y tras un acuerdo político se creó la norma jurídica que lo facilitó. Dejemos a un lado pues el debate jurídico sobre la legalidad o ilegalidad de la Propuesta (sólo pensar que el proponer que los ciudadanos acudan a las urnas a validar, o no, un proyecto para "los demócratas" es ilegal, realmente da pánico), y busquemos un acuerdo político que las normas jurídicas ya se modificarán si fuese necesario. Todo acuerdo político lleva explícito una modificación o creación de una nueva norma jurídica. De ello saben muy bien quienes hablan de modificar el Código Penal para "defenderse" del ataque del nacionalismo vasco, quienes ven en la Constitución y leyes orgánicas principios estancos y sagrados, vírgenes, intocables e inmutables pero a su vez no les tiembla el pulso en desvirgar cuanta norma sea necesario en aras de que prevalezca la Indisoluble Unidad de la Patria sustentada constitucionalmente, no lo olvidemos, por el ejercito de ocupación, o no, hondureño o salvadoreño, digo español, que actualmente se encuentra en territorio Iraquí bajo auspicio yanki y a las órdenes polacas. Un último apunte: desde que comencé la primera línea hasta estas últimas que escribo, sigo preguntándome qué constitución tenemos que impide que el pueblo vasco pueda acudir libremente a las urnas simplemente a opinar. Si desde Madrid se coarta esa libertad constantemente no me extraña que sean más cada vez los vascos que legitiman planes como el de Lizarra y el Pacto para la Convivencia elección tras elección, porque hasta hoy los partidos que han sustentado dichas propuestas han ganado en las urnas siempre 6 a 4. Getxo a 12 de noviembre de 2003. |
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