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ANTROPOGÉNESIS
La Doctrina Secreta (Volumen III) H.P. Blavatsky Extractos |
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ÍNDICE TEMÁTICO
VOLUMEN III NOTAS PRELIMINARES sobre las Estancias Arcaicas y los Cuatro Continentes Prehistóricos.................... 3 La Doctrina Secreta postula tres Proposiciones nuevas: a) La Evolución simultánea de Siete Grupos Humanos en Siete Distintas Partes de nuestro Globo; b) El Nacimiento del Cuerpo Astral antes del Nacimiento del Cuerpo Físico; c) El Hombre en esta Ronda precedió a todos los Mamíferos en el Reino Animal - Razas sin Sexo y Bisexuales - Los primeros Arquetipos Masculinos en los Dioses del Misterio de los Fenicios, etc. - Alegorías Exotéricas basadas en Misterios Esotéricos - Siete Dioses, cada uno de los cuales crea un Grupo de Hombres - El Significado de las Dos “Creaciones” - Los Cinco Continentes: 1) La Tierra Sagrada e Imperece- dera; 2) La Hiperbórea; 3) Lemuria; 4) Atlántida; 5) Europa - El Hombre existía hace 18.000.000 de años - Períodos Geológicos - Los Trópicos en el Polo.
Parte Primera
DOS ASTRÓNOMOS ANTEDILUVIANOS: Nârada y Asuramaya El Espejo del Futuro - Datos sacados de los Libros Secretos del Ocultismo.
OBJECIONES QUE PUEDEN HACERSE A LO QUE ANTECEDE .
120
UNA VISTA PANORÁMICA DE LAS PRIMERAS RAZAS
LOS MANUS PRIMITIVOS DE LA HUMANIDAD ....
195
El Gran Dragón y las Serpientes de la Sabiduría - Las Pirámides, un Recordatorio de la Gran Inundación Atlante - Los Polos han sido Invertidos.
El Nombre del Dragón en la Caldea y el Décimo Signo del Zodíaco - La Serpiente simboliza al Iniciador - Los Dioses a quienes los Hombres llaman Dragones El Dragón de San Juan es Neptuno, el Símbolo de la Magia Atlante.
LOS SIGNOS SIDERALES Y CÓSMICOS
LAS TRADICIONES PERSAS MÁS ANTIGUAS ACERCA DEL POLO Y DE LOS
CONTINENTES SUMERGIDOS
ESPECULACIONES OCCIDENTALES FUNDADAS EN TRADICIONES GRIEGAS Y
LA “MALDICIÓN” DESDE UN PUNTO DE VISTA FILOSÓFICO ...... 259
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| H. P. BLAVATSKY
Síntesis de la Ciencia, la Religión y la Filosofía
Traducción de Varios Miembros de la Rama de la S. T. E. Segunda Edición Argentina cotejada con la 4ª Edición Inglesa
JUAN VII, 16. La ciencia moderna insiste en la doctrina de la evolución; lo mismo hacen la razón humana y la Doctrina Secreta, siendo corroborada esta idea por las antiguas leyendas y mitos, y hasta por la Biblia misma, cuando se lee entre líneas. Vemos a la flor desarrollarse lentamente del vástago, y al vástago de su semilla. Pero ¿de dónde viene esta última, con todo su programa trazado de transformaciones físicas y sus fuerzas invisibles, y por tanto, espirituales, que gradualmente desarrollan su forma, color y aroma? La palabra evolución habla por sí sola. El germen de la raza humana presente ha debido de preexistir en el padre de esta raza, como la semilla, en donde yace escondida la flor del próximo verano, y fue desarrollado en la cápsula de su flor padre; el padre puede que sólo se diferencie ligeramente, pero sin embargo difiere de su futura progenie. Los antecesores antediluvianos del elefante y del lagarto actuales fueron, quizá, el mamut y el plesiosauro; ¿por qué no habrían de ser los progenitores de nuestra raza humana los “gigantes” de los Vedas, el Volüspa y el Génesis? Si bien es verdaderamente absurdo creer que la “transformación de las especies” ha tenido lugar con arreglo a las opiniones más materialistas de los evolucionistas, es natural pensar que cada género, principiando con los moluscos y terminando con el hombre-mono, se ha modificado de su forma primordial y distintitva. (ISIS SIN VELO, I.) NOTAS PRELIMINARES SOBRE
SPINOZA
En medio de la tierra crecieron y se hicieron grandes. Estos son los siete Reyes de Edom a quienes se hace referencia en la Kabalah; la Primera Raza, que era imperfecta, esto es, nació antes de que existiese la “balanza” (sexos), y que, por lo tanto, fue destruida (4). Aparecieron siete Reyes hermanos y tuvieron hijos; el número de sus gentes era 6.000. El Dios Nergas (la muerte) los destruyó. “¿Cómo los destruyó?” Poniendo en equilibrio (balanza) a los que no existían todavía (5).
Fueron “destruidos”, como raza, por transfusión en su propia
progenie (por exudación); es decir, la Raza sin sexo reencarnó
en la (potencialmente) bisexual; esta última en los andróginos,
y estos, a su vez, en la sexual, o sea período de la más
reciente Tercera Raza. Si las tablas estuviesen menos mutiladas, se
vería que contienen, palabra por palabra, la misma relación
que se da en los Anales Arcaicos y en Hermes, al menos en lo que concierne
a los hechos fundamentales, ya que no en lo que respecta a los detalles
minuciosos; pues Hermes ha sido bastante desfigurado por malas traducciones. La palabra Adán, aplicada en esas leyendas al primer ser humano, no es evidentemente un nombre propio, sino que sólo se usa como un término que significa la Humanidad. Adam aparece como nombre propio en el Génesis, pero seguramente en algunos pasajes sólo se emplea en el mismo sentido que la palabra asiria (9).
Por otra parte, ni el Diluvio caldeo ni el bíblico, con sus fábulas
de Nisuthros y de Noé, están basados en el Diluvio universal,
ni aun en los de los Atlantes, registrados en la alegoría inda
del Manu Vaivasvata. Son aquéllos alegorías exotéricas
basadas en los Misterios Esotéricos de Samotracia. Si los caldeos
más antiguos conocían la verdad esotérica, oculta
en las leyendas puránicas, las otras naciones sólo conocían
el Misterio Samotracio, y lo alegorizaban. Lo adaptaron a sus nociones
astronómicas y antropológicas, o más bien fálicas.
Históricamente se sabe que Samotracia ha sido célebre
en la antigüedad por un diluvio que sumergió el país
y alcanzó la célebre en la antigüedad por un diluvio
que sumergió el país y alcanzó la cima de las más
altas montañas; suceso que tuvo lugar antes del tiempo de los
argonautas. Se inundó rápidamente por las aguas del Euxino,
que hasta entonces había sido considerado como un lago (10).
Pero, además, los israelitas tenían otra tradición
en que basar su alegoría, la leyenda del Diluvio, que transformó
el actual desierto de Gobi por última vez en un mar, hace 10.000
ó 12.000 años, y que echó a las montañas
vecinas a muchos Noés y sus familias. Como los relatos babilónicos
sólo ahora han sido restaurados de cientos de miles de fragmentos
mutilados (sólo en el terraplén de Kouyunjik se han descubierto,
desde las excavaciones de Layard, más de 20.000 fragmentos de
inscripciones), las pruebas que aquí se citan son relativamente
escasas; sin embargo, tal como son, corroboran casi todas nuestras enseñanzas,
y por lo menos tres, con toda seguridad. Éstas son:
I. La Isla Sagrada e Imperecedera.
II. La Hiperbórea.
dice
un verso de la Odisea (15).
III. Lemuria. Este asunto se trata muy extenso en otra parte (18).
IV. Atlántida.
V. Europa. Estos secretos (de la tierra y del mar) fueron comunicados a los hombres de la ciencia secreta, pero no a los geógrafos (21).
La afirmación de que el hombre físico era originariamente
un gigante colosal pre-terciario, y de que existió hace 18.000.000
de años, tiene, por supuesto, que parecer absurda a los admiradores
y creyentes de la ciencia moderna. Todo el posse comitatus de los biólogos
se apartará de la idea de este Titán de la Tercera Raza
de la Edad Secundaria, un ser apto para luchar con éxito con
los entonces gigantescos monstruos del aire, del mar y de la tierra;
así como sus antepasados, los prototipos etéreos del Atlante,
poco temor podían tener a lo que no podía hacerles daño.
El antropólgo moderno puede reírse cuanto quiera de nuestros
Titanes como se ríe del Adán bíblico, y como el
teólogo se ríe del antecesor pitecoide de aquél.
Los ocultistas y sus severos críticos pueden estar seguros de
que en esta fecha ya no se quedan nada a deber unos a otros. Las Ciencias
Ocultas pretenden menos y dan más en todo caso que la Antropología
Darwiniana o la Teología Bíblica. ...durante la Edad Miocena, Groenlandia (a 70º lat. N.) desarrolló gran abundancia de árboles tales como el tejo, el árbol rojo, un sequoia aliado a las especies de California, hayas, plátanos, sauces, encinas, álamos y nogales, así como también una clase de magnolias y de zamias (26).
En una palabra: Groenlandia tenía plantas del Sur desconocidas
en la regiones del Norte. PARTE I
DOCE
ESTANCIAS, COMPRENDIENDO CUARENTA Y NUEVE SLOKAS, Con Comentarios
Setecientos años de trabajo pasó
Antes que un hermoso ánade descendiendo
Apóyase ligeramente en las rodillas:
Pone en él sus huevos libremente, Kalevala (Crawford). ANTROPOGÉNESIS DE LAS ESTANCIAS DE DZYAN (1)
5. La Rueda volteó por treinta crores más. Construyó
Rûpas; Piedras blandas que se endurecieron; Plantas duras que
se ablandaron. Lo visible de lo invisible, Insectos y pequeñas
Vidas. Ella las sacudía de su dorso cuando invadían a
la Madre... Después de treinta crores, se volvió por completo.
Reposaba sobre su dorso; sobre un costado... No quería llamar
a Hijos del Cielo, no quería buscar a hijos de la Sabiduría.
Ella creó de su propio Seno. Produjo Hombres Acuáticos,
terribles y perversos. ESTANCIA III
11. El Señor de los Señores vino. Del Cuerpo de ella él
separó las Aguas, y aquello fue Cielo arriba; el Primer Cielo.
14. Las Siete Huestes, los “Señores Nacidos por la Voluntad”,
impulsados por el Espíritu Dador de Vida, separaron a los Hombres
de ellos mismos, cada uno en su propia Zona.
18. Los Primeros fueron los Hijos de Yoga. Sus hijos, los hijos del
Padre Amarillo y de la Madre Blanca.
22. Después la Segunda desarrolló la Nacida del Huevo,
la Tercera. El Sudor creció, sus Gotas crecieron, y las Gotas
se hicieron duras y redondas. El Sol la calentó; la Luna la enfrió
y la formó; el Soplo la alimentó hasta su madurez. Desde
la Estrellada Bóveda el Cisne Blanco cobijaba a la gran Gota.
El Huevo de la Raza futura, el Hombre-Cisne de la Tercera ulterior.
Primeramente macho-hembra, luego Hombre y Muejr.
24. Los Hijos de la Sabiduría, los Hijos de Noche, prontos para
renacer descendieron. Vieron ellos las formas viles de la Primera Tercera.
“Podemos elegir”, dijeron los Señores; “poseemos la sabiduría”.
Algunos entraron en los Chhâyâs proyectaron una Chispa.
Otros lo difirieron hasta la Cuarta. De su propio Rûpa llenaron
el Kâma. Los que empezaron se convirtieron en Arhats. Los que
sólo recibieron una Chispa, permanecieron destituidos de conocimiento;
la Chispa ardía débilmente. Un Tercio permanecía
sin mente. Sus Jivas no estaban dispuestos. Estos fueron puestos aparte
entre las Siete. Se volvieron ellos de cabeza estrecha. En un Tercio
estuvieron preparados. “En estos moraremos”, dijeron los Señores
de la Llama (y de la Sabiduría Secreta).
28. De las gotas de sudor, del residuo de la substancia, material procedente
de los cuerpos muertos de hombres y animales de la Rueda anterior, y
del polvo desechado, fueron producidos los primeros animales. ESTANCIA IX
33. Viendo lo cual, los Lhas que no habían construido hombres,
lloraron, diciendo:
38. Así, de dos a dos, en las Siete Zonas, la Tercera Raza dio
nacimiento a la Cuarta; los Sura se convirtieron en A-sura.
43. Ellos construyeron enormes ciudades. Con tierras y metales raros
ellos construían. De los fuegos vomitados, de la piedra blanca
de las montañas y de la piedra negra, tallaban sus propias imágenes
a su tamaño y semejanza, y las adoraban.
47. Pocos quedaron. algunos amarillos, algunos del color oscuro y negro,
y algunos rojos quedaron. Los del color de la Luna habían desaparecido
para siempre.
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Las anteriores enseñanzas de la Doctrina Secreta, completadas por tradiciones
universales, han debido demostrar ya que los Brâhmanas y Purânas,
el Vendîdâd y otras escrituras mazdeístas; las egipcias,
griegas y romanas, y finalmente, hasta los anales sagrados judíos, todas
tienen el mismo origen. Ninguna de ellas es un cuento sin sentido y sin fundamento,
inventado para atrapar al profano incauto; todas son alegorías que encierran,
bajo un velo más o menos fantástico, las grandes verdades reunidas
en el mismo campo de la tradición prehistórica. La falta de espacio
nos impide entrar, en estos volúmenes, en más minuciosos detalles
acerca de las cuatro Razas que han precedido a la nuestra. Pero antes de presentar
al lector la historia de la evolución psíquica y espiritual de
los padres directos antediluvianos de nuestra Quinta Humanidad (la Aria), y
antes de demostrar su influencia sobre todas las ramas laterales desarrolladas
del mismo tronco, tenemos que dilucidar algunos hechos más. Se ha mostrado
con el testimonio de todo el mundo literario antiguo, y las especulaciones intuitivas
de más de un filósofo y hombre científico de las últimas
edades, que las enseñanzas de nuestra Doctrina Esotérica se hallan
corroboradas, en casi todos los casos, tanto por pruebas deducidas como por
las directas, y que ni los Gigantes “legendarios” ni los perdidos Continentes,
así como tampoco la evolución de las Razas precedentes, son cuentos
sin ningún fundamento. En la Adenda del siguiente volumen, la Ciencia
se verá más de una vez imposibilitada de replicar; y esperamos
que esa Adenda resolverá todas las observaciones escépticas que
se presenten respecto al número sagrado en la naturaleza, y a nuestras
cifras en general.
Mientras tanto, fáltanos por concluir una tarea: la refutación
del más pernicioso de todos los dogmas teológicos, la MALDICIÓN
bajo la cual se dice ha sufrido la humanidad desde la supuesta desobediencia
de Adán y Eva en el jardín del Edén.
Los poderes creadores del hombre fueron un don de la Sabiduría Divina,
no consecuencia del pecado. Esto se ve claramente en la conducta paradójica
de Jehovah, que maldice primero a Adán y Eva (o la Humanidad) por el
supuesto crimen cometido, y luego bendice a su “pueblo escogido” diciendo: “Creced
multiplicaos, y llenad la tierra” (183). La Maldición no fue atraída
sobre la humanidad por la Cuarta Raza, pues la Tercera, relativamente sin pecado,
los antediluvianos aun más gigantescos, habían perecido del mismo
modo; por tanto, el Diluvio no fue un castigo, sino simplemente resultado de
una ley periódica y geológica. Tampoco cayó sobre ellos
la maldición del KARMA por buscar la unión natural, como hacen
todos los animales sin mente en las épocas debidas; sino por abusar del
poder creador, por degradar el don divino y malgastar la esencia de la vida
sin más objeto que la satisfacción personal bestial. Cuando se
comprende, se ve que el tercer capítulo del Génesis se refiere
al Adán y Eva de la Tercera Raza que terminaba, y de la Cuarta que empezaba.
En el principio, la concepción era tan fácil para la mujer como
para toda la creación animal. Nunca estuvo en el plan de la Naturaleza
que la mujer diese a luz a sus hijos en el “dolor”. Desde aquella época,
sin embargo, durante la evolución de la Cuarta Raza, declaróse
la enemistad entre su simiente y la simiente “de la Serpiente”, la simiente
o producto del Karma y de la Sabiduría Divina. Pues la semilla de la
mujer, la lujuria, aplastó la cabeza de la semilla del fruto de la sabiduría
y del conocimiento, convirtiendo todo el misterio de la procreación en
satisfacción animal; de aquí que la ley del Karma “magullase el
talón” de la Raza Atlante, cambiando de un modo gradual, fisiológica,
moral, física y mentalmente la naturaleza toda de la Cuarta Raza humana
(184), hasta que, en lugar de ser el rey saludable de la creación animal
de la Tercera Raza, el hombre se convirtió en la Quinta, nuestra Raza,
en un ser escrupuloso e impotente, y vino a ser el heredero más rico
del Globo de enfermedades de constitución y hereditarias, el más
consciente e inteligentemente bestial de todos los animales (185).
Ésta es la verdadera Maldición desde el punto de vista fisiológico, casi la única que se indica en el Esoterismo kabalístico. Considerada bajo este aspecto, la Maldición es innegable, porque es evidente. La evolución intelectual, marchando en su progreso mano a mano con la física, ha sido, ciertamente, una maldición más bien que una bendición; un don apresurado por los “Señores de Sabiduría” que derramaron sobre el Manas humano el fresco rocío de su propio Espíritu y Esencia. El Divino Titán ha sufrido, pues, en vano; y casi se siente uno inclinado a lamentar su beneficio a la humanidad, y a suspirar por aquellos días tan gráficamente descritos por Esquilo en su “Prometeo Encadenado”, cuando al final de la primera Edad Titánica (la Edad que siguió a la del Hombre Etéreo, del piadoso Kandu y Pramlochâ) el hombre físico naciente, todavía sin intelecto y (fisiológicamente) sin sentidos, se describe como:
Viendo, veían en vano;
Oyendo, no oían; sino que semejantes a las sombras en sueños,
Durante largo tiempo, todo lo confundían al acaso.
Nuestros Salvadores, los Agnishvâtta y otros “Hijos divinos de la Llama de la Sabiduría”, personificados por los griegos en Prometeo (186), bien pueden quedar desconocidos y sin que se les dé las gracias, en la injusticia del corazón humano. En nuestra ignorancia de la verdad, pueden ser indirectamente maldecidos por el don de Pandora; pero verse proclamados y declardos DEMONIOS por boca del clero es un Karma demasiado pesado para “Aquel” que, cuando Zeus, “deseó ardientemente” extinguir toda la raza humana, “se atrevió él solo” a salvar a la “raza mortal” de la perdición, o, como se hace decir al Titán que sufre:
Para que no se hundieran, arrebatados al tenebroso Hades,
Por esto, terribles torturas me oprimen,
Cruel sacrificio, que a lástima mueve,
Yo que a los mortales compadecí...
El coro observa muy pertinentemente:
¡Gran beneficio fue el que a los mortales otorgaste!
Prometeo contesta:
Sí, y además les di el fuego,
CORO: ¿Conque el fuego llameante esos seres efímeros poseen?
PROM.: Sí, y por él muchas artes con perfección aprenderán...
Pero con las artes, el “fuego” recibido se ha convertido en la mayor de las
maldiciones; el elemento animal y la conciencia de su posesión han cambiado
el instinto periódico en animalismo y sensualidad crónica (187).
Esto es lo que amenaza a la humanidad como pesado manto funerario. así
surge la responsabilidad del libre albedrío; las pasiones Titánicas
que representan a la humanidad en su aspecto más sombrío:
La insaciabilidad constante de las pasiones y deseos inferiores que, con cínica insolencia, desafían las trabas de la ley (188).
Habiendo Prometeo dotado al hombre, según el Protágoras de Platón, con aquella “sabiduría que suministra el bienestar físico”, y no habiendo cambiado el aspecto inferior del Manas del animal (Kâma), en lugar de “una mente inmaculada, primer don del cielo”, creóse el eterno buitre del deseo jamás satisfecho, del pesar y de la desesperación, acoplado a la “debilidad soñolienta que encadena a la raza ciega de los mortales” (556), hasta el día en que Prometeo sea puesto en libertad por su libertador, destinado por el cielo, Heracles.
Ahora bien; los cristianos, especialmente los católicos romanos, han tratado de relacionar proféticamente este drama con el advenimiento de Cristo. No se podía cometer error mayor. El verdadero teósofo, el que busca la Sabiduría Divina y rinde culto a la Perfección absoluta -la Deidad Desconocida, que no es Zeus ni Jehovah-, rechazará tal idea. Señalando a la antigüedad, probará que jamás ha habido un pecado original, sino sólo un abuso de la inteligencia física siendo guiado lo psíquico por lo Animal, y extinguiendo entre ambos la luz de lo Espiritual. Dirá él, pues: ¡Todos los que podáis leer entre líneas, estudiad la Antigua Sabiduría en los viejos dramas, indos y griegos; leed con atención el “Prometeo Encadenado”, representado en los teatros de Atenas hace 2.400 años! El mito no pertenece a Hesiodo ni a Esquilo; sino que, como Bunsen dice, “es más antiguo que los mismos helenos”, pues verdaderamente pertenece a la aurora de la conciencia humana. El Titán crucificado es el símbolo personificado del Logos colectivo, la “Hueste” de los “Señores de la Sabiduría” o el HOMBRE CELESTE, que encarnó en la Humanidad. Además, según demuestra su nombre (Pro-me-theus, “el que va ante él” o el futuro) (189), en lo que él ideó y enseñó a la humanidad, la penetración psicológica no era lo de menos. Pues según sus quejas a las hijas del Océano:
De modos diversos determiné las profecías (492)
Y entre los sueños distinguí primeramente
La visión verdadera... y a los mortales guié
A un arte misterioso...
Todas las artes, de Prometeo los mortales recibieron.
Dejando, por unas páginas, el asunto principal, detengámonos a
ver lo que puede ser el significado oculto de esta tradicional alegoría,
una de las más antiguas así como de las más sugestivas.
Como se relaciona directamente con las primeras Razas, no será esto una
verdadera digresión.
El asunto de la trilogía de Esquilo, de la cual se han perdido dos piezas,
es conocido de todo lector culto. El semidiós roba a los Dioses (los
Elohim) su secreto, el misterio del Fuego Creador. Por este atentado sacrílego,
Cronos (190) lo derriba y le entrega a Zeus, el Padre y Creador de una humanidad
que él hubiera deseado ciega intelectualmente y semejante al animal;
una Deidad Personal que no quería ver al HOMBRE “como uno de nosotros”.
Por tanto, Prometeo, el “Dador del Fuego y de la Luz”, es encadenado al Monte
Cáucaso y condenado a la tortura. Pero el Destino triforme (Karma) cuyos
decretos, como dice el Titán, hasta Zeus -
Ni aun él al destino escapar puede...
- ordena que estos sufrimientos sólo durarán hasta el día
en que nazca un hijo de Zeus -
Sí, un hijo más fuerte que su padre . (787)
..
Uno de tu propia estirpe (de Io) será. (791)
Este
“Hijo” librará a Prometeo (la humanidad que sufre) de su propio don fatal.
Su nombre es “Aquel que tiene que venir”.
Bajo la autoridad, pues, de estas pocas líneas, las cuales, como toda
otra sentencia alegórica, puede ser amoldada a cualquier sentido (bajo
la autoridad de las palabras pronunciadas por Prometeo y dirigidas a Io, la
hija de Inaco, perseguida por Zeus), toda una profecía ha sido construida
por algunos escritores católicos. Dice el Titán crucificado:
Y , portento increíble, las encinas parlantes
Las cuales claramente, sin enigmática frase,
Te proclamaron como la ilustre esposa de Zeus
....................... (853)
............. halagándote
Con sólo el suave contacto de su diestra;
Luego al oscuro Epafo parirás, cuyo nombre
Registra su concepción sagrada ... (870)
Esto fue interpretado por varios fanáticos (Des Mousseaux y De Mirville, entre otros) como una clara profecía. Io “es la madre de Dios”, se nos dice, y el “oscuro Epafos”, Cristo. Pero este último no ha destronado a su Padre, excepto metafóricamente, si nos referimos a Jehovah como el Padre; ni el Salvador cristiano ha precipitado a su Padre en el Hades. Prometeo dice (en el verso 930) que Zeus será también humillado:
....tal matrimonio prepara
Que desde el trono de su poderío a la nada
Lo precipitará; cumpliráse así en todo
La maldición de su padre Cronos...... Dejadle, pues, estar
Confiado en su alto y mugiente trueno,
Y blandiendo con ambas manos el rayo fiero;
Pues estos no le librarán, y tendrá que caer,
Caída ignominiosa, intolerable ... (980)
El “oscuro Epafos” era el Dionisio-Sabasius, hijo de Zeus y de Deméter
en los Misterios Sabasios, durante los cuales el “Padre de los Dioses”, tomando
la forma de Serpiente, engendró con Deméter a Dionisio, o el Baco
Solar. Io es la Luna y, al mismo tiempo, la Eva de una nueva raza, y lo mismo
es Deméter, en el caso presente. El mito de Prometeo es verdaderamente
una profecía; pero no se refiere a ninguno de los Salvadores cíclicos
que han aparecido periódicamente en varios países y en diversas
naciones, en sus estados transitorios de evolución. Se refiere al último
de los misterios de las transformaciones cíclicas, en cuya serie la humanidad,
habiendo pasado del estado etéreo al físico sólido, desde
la procreación espiritual a la fisiológica, marcha ahora adelante
en el arco opuesto del ciclo, hacia esa segunda fase de su estado primitivo
en que la mujer no conocía hombre y la progenie humana era creada, no
engendrada.
Ese estado volverá al mundo en general cuando éste descubra y
aprecie realmente las verdades que yacen en el fondo de este gran problema del
sexo. Será él como la “luz que nunca ha brillado ni en la tierra
ni en el mar”; y tiene que llegar a los hombres por medio de la Sociedad Teosófica.
Esa luz conducirá a la verdadera intuición espiritual. Entonces,
según se dijo una vez en una carta a un teósofo:
El mundo tendrá una raza de Buddhas y Cristos, porque el mundo habrá descubierto que está en su poder el procrear niños semejantes a Buddha, o Demonios... Cuando este conocimiento venga, todas las religiones dogmáticas, y con éstas los Demonios, se extinguirán.
Si reflexionamos sobre el desarrollo sucesivo de la alegoría, y del carácter de los héroes, el misterio puede descifrarse. Cronos es, por supuesto, el “Tiempo”, en su curso cíclico. Devora él a sus hijos, incluso a los Dioses personales de los dogmas exotéricos. En lugar de Zeus, ha devorado él a su ídolo de piedra; pero el símbolo ha crecido, y sólo se ha desarrollado en la fantasía humana, a medida que la humanidad ha descendido en el ciclo hacia su perfección intelectual y física solamente, no hacia la espiritual. Cuando haya progresado igualmente en su evolución espiritual, Cronos no seguirá engañándose. En lugar de la imagen de piedra, se tragará a la misma ficción antropomórfica. Porque la Serpiente de la Sabiduría, representada en los Misterios Sabasios por el Logos antropomorfizado, la unidad de los Poderes espirituales y físicos, creará con el Tiempo (Cronos) una progenie: Dionisio-Baco o el “oscuro Epafos”, el “poderoso”, la Raza que le derribará. ¿En dónde nacerá? Prometeo muestra su origen y lugar de su nacimiento en su profecía a Io. Io es la Diosa Lunar de la generación, pues ella es Isis y es Eva, la Gran Madre (191). Él muestra el sendero de la marcha (de las razas), tan claramente como pueden expresarlo las palabras. Ella tiene que dejar Europa e ir al continente asiático, llegando allí a la más elevada de las montañas del Cáucaso (véase 737); pues el Titán le dice:
Cuando el río atravieses que separa
Entrambos continentes, hacia el Oriente abrasador ... (810)
tiene que viajar en dirección al Este, después de pasar el “Bósforo Kimmeriano” y cruzar lo que evidentemente es el Volga y ahora Astrakhan sobre el mar Caspio. Después de esto encontrará “furiosos vientos del Norte”, y de allí pasará al país de la “hueste de Arimaspian” (al Este de la Escitia de Herodoto) hacia
Las ondas cargadas de oro de Plutón ... (825)
Lo cual ha conjeturado acertadamente el profesor Newman que significa el Ural,
siendo los Arimaspi de Herodoto “los habitantes conocidos de esta región
aurífera”.
Y ahora se presenta (entre los versículos 825 y 835) un enigma para todos
los intérpretes europeos. Dice el Titán:
No te acerques a estos (a los Arimaspi y Grifos); a una tierra mucho más
lejana
Llegarás después, donde mora una raza negra
Cerca de las fuentes del Sol, de donde viene el Etíope río;
Seguirás por sus orillas hasta que llegues
A los poderosos rápidos, de do las Biblinas alturas
Envían al Neilos aguas sacras y puras.
Allí se ordenó a Io que fundase una colonia para ella y sus hijos.
Ahora veremos cómo ha sido interpretado el pasaje. A Io se le dice que
tiene que viajar hacia Oriente hasta llegar al río Ethiops, el cual tendrá
que seguir hasta su caída en el Nilo, de donde la perplejidad. “Según
las teorías geográficas de los primeros griegos”, nos dice el
autor de la versión de “Prometeo Encadenado”:
Esta condición la llenaba el río Indus. Arrian (VI, 1) refiere
que Alejandro el Grande, al estarse preparando para navegar por el Indus (habiendo
visto cocodrilos en este río y en ningún otro, excepto en el Nilo...),
le pareció que había descubierto las fuentes del Nilo; como si
éste, saliendo de algún lugar de la India, y corriendo a través
de mucha tierra desierta, perdiese por esto su nombre de Indus, corriese...
luego por tierras inhabitadas, y fuese entonces llamado Nilo por los etíopes
de aquellos lugares, y después por los egipcios. Virgilio, en la Geórgica
IV, se hace eco de este antiguo error (192).
Tanto Alejandro como Virgilio pueden haberse equivocado considerablemente en
sus nociones geográficas; pero la profecía de Prometeo no ha pecado
del mismo modo, ni mucho menos; en todo caso, no en su espíritu esotérico.
Cuando se simboliza cierta Raza, y se dan los sucesos de su historia alegóricamente,
no hay que esperar una exactitud topográfica en el itinerario trazado
para su personificación. Sin embargo, sucede efectivamente que el río
Ethiops es el Indus, y es también el Nil o Nilâ. Es el río
que nace en la montaña, la Celeste Kailâsa, la Mansión de
los Dioses, a 22.000 pies sobre el nivel del mar. Era el Río Ethiops,
y así fue llamado por los griegos mucho tiempo antes de los días
de Alejando, porque sus orillas, desde Attock hasta Sind, estaban pobladas por
tribus a quienes generalmente se llamaba etíopes orientales. La India
y Egipto eran dos naciones hermanas, y los etíopes orientales -los poderosos
constructores- vinieron de la India, como está bastante bien probado,
según creemos, en Isis sin Velo (193).
En este caso ¿por qué no ha de haber podido Alejandro, y hasta
el erudito Virgilio, usar de la palabra Nilo o Neilos al hablar del Indus, puesto
que es uno de sus nombres? Hasta hoy día el Indus es llamado en las regiones
alrededor de Kalabagh, Nil, “azul”, y Nilâ, el “río azul”. Las
aguas son allí de tal color azul oscuro, que este nombre le fue dado
desde tiempo inmemorial; y una pequeña ciudad situada en sus orillas,
y que existe hasta hoy, lleva el mismo nombre. Es evidente que Arrian, que escribió
mucho tiempo después de los días de Alejandro, y que ignoraba
el antiguo nombre del Indus, ha calumniado inconscientemente al conquistador
griego. Nuestros modernos historiadores no han sido tampoco más cautos
al juzgar como lo han hecho, pues a menudo hacen las declaraciones más
concluyentes por meras apariencias, lo mismo que sus antiguos colegas de antaño,
cuando no había Enciclopedia alguna a su disposición.
La raza de Io, la “doncella con cuernos de vaca”, es, pues, sencillamente la
raza avanzada primitiva de los etíopes, traída por ella del Indus
al Nilo, el cual recibió su nombre en memoria del río madre de
los colonos de la India (194). Por tanto, Prometeo dice a Io (195) que el Neilos
sagrado -el Dios, no el río- la guiará “a la tierra de tres ángulos”,
a saber, el Delta, en donde se ordenó previamente a sus hijos que fundasen
“aquella remota colonia” (833 y sig.).
Allí es donde una nueva raza principia (los egipcios), y una “raza femenina”
(873), la cual, la “quinta en descendencia” del oscuro Epafos:
En número de cincuenta volverá a Argos.
Luego una de las cincuenta vírgenes caerá por el amor y
... Tendrá con Argos una raza de reyes
..........
Pero de esta estirpe saldrán héroes indomables,
Arqueros famosos, que me libertarán de estos males.
Cuándo surgirán estos héroes es lo que el Titán no dice; pues, según observa:
Para expresar esto extensamente, necesítase largo discurso.
Pero “Argos” es Arghyavarsha, la Tierra de las Libaciones y de los antiguos
Hierofantes, de donde saldrá el Libertador de la Humanidad, nombre que
se convirtió edades después en el de su vecina la India: la Aryâvarta
de antaño.
Varios escritores antiguos, entre ellos Cicerón (196) y Clemente de Alejandría
(197), han dicho que el asunto formaba parte de los Misterios Sabasian. Estos
últimos escritores son los únicos que atribuyen a su verdadera
causa el hecho de haber sido Esquilo acusado por los atenienses de sacrilegio
y condenado a morir apedreado. Dicen ellos que Esquilo, no estando iniciado,
había profanado los Misterios exponiéndolos en sus Trilogías
en un escenario público (198). Pero hubiera incurrido en la misma pena
si hubiese sido iniciado; lo cual es lo que debe haber sucedido, porque de otro
modo hubiera tenido, como Sócrates, un Demonio que le revelase el Drama
alegórico, sagrado y secreto, de la Iniciación. En todo caso,
el “padre de la tragedia griega” no fue quien inventó la profecía
de Prometeo; pues lo que él hizo fue sólo repetir en forma dramática
lo que era revelado por los sacerdotes durante los Misterios de Sabasia (199).
Estos últimos eran una de las festividades sagradas más antiguas,
cuyo origen es hasta hoy día desconocido de la historia. Los mitólogos
lo relacionan, por medio de Mithra, el Sol, llamado Sabasio en algunos antiguos
monumentos, con Júpiter y Baco. Sin embargo, no fue nunca propiedad de
los griegos, sino que data de tiempo inmemorial.
La traductora del drama se maravilla de que Esquilo se hiciese culpable de semejante
discrepancia entre el carácter de Zeus, tal como se le presenta en el “Prometeo Encadenado”, y el que se describe en los demás dramas (200).
Esto es por lo que Esquilo, lo mismo que Shakespeare, fue y seguirá siendo
siempre la “Esfinge” intelectual de las edades. Entre Zeus, la Deidad Abstracta
del pensamiento griego, y el Zeus Olímpico, había un abismo. Este
último no representaba en los Misterios más principio que el aspecto
inferior de la inteligencia física humana (Manas enlazado con Kâma);
mientras que Prometeo, el aspecto divino de Manas sumergido en Buddhi, al cual
aspira, era el Alma divina. Siempre que a Zeus se le representa como cediendo
a sus pasiones inferiores, es nada más que el Alma Humana, el Dios celoso,
vengativo y cruel, en su Egoísmo o Yo exclusivista. De aquí que
a Zeus se le represente como una Serpiente, el tentador intelectual del hombre,
que, sin embargo, engendra en el curso de la evolución cíclica
al “Salvador-Hombre”, al Baco Solar o Dionisio - más que hombre.
Dionisio es uno con Osiris, con Krishna y con Buddha, el Sabio celeste, y con
el Avatâra (décimo) futuro, el Christos Espiritual glorificado,
que libertará al Christos en sufrimiento (la humanidad, o Prometeo),
en su prueba. Esto, según dicen las leyendas brahmánicas y buddhistas,
que repiten como eco las enseñanzas de Zoroastro y ahora las cristianas
(estas últimas sólo ocasionalmente), sucederá al final
del Kali Yuga. Sólo después de la aparición del Kalki Avatâra,
o Sosiosh, nacerá el hombre de la mujer sin pecado. Entonces Brahmâ,
la deidad hindú; Ahura Mazda (Ormuzd), la de Zoroastro; Zeus, el Don
Juan olímpico griego; Jehovah, el Dios de tribu, celoso, vacilante y
cruel de los israelitas, y todos sus semejantes del Panteón universal
de la fantasía humana, se desvanecerán y desaparecerán
en el aire sutil. Y juntamente con ellos se desvanecerán sus sombras,
los aspectos sombríos de todas estas Deidades, representadas siempre
como sus “hermanos gemelos” y criaturas, en la leyenda Exotérica: su
propia reflexión sobre la Tierra, en la Filosofía Esotérica.
Los Ahrimanes y Tifones, los Samaels y Satanes, serán todos destronados
en ese día, cuando todas las pasiones malas sean subyugadas.
Hay una Ley Eterna en la Naturaleza que tiende siempre a ajustar los opuestos
y a producir una armonía final. Debido a esta Ley de desarrollo espiritual
que se sobrepondrá al físico y puramente intelectual, la humanidad
se verá libre de sus falsos Dioses, y se verá, finalmente, redimida
por sí misma.
En su revelación final, el antiguo mito de Prometeo (cuyos prototipos
y antitipos se encuentran en todas las antiguas teogonías) radica en
cada una de éstas, en el origen mismo del mal físico, porque está
en el umbral de la vida física humana. Cronos es el “Tiempo”, cuya primera
ley es que el orden de las fases sucesivas y armónicas en el proceso
de la evolución durante el desarrollo cíclico, se conserve estrictamente,
bajo la pena severa del desenvolvimiento anormal, con todos sus consiguientes
resultados. No estaba en el programa del desarrollo natural, que el hombre,
por más que sea un animal superior, se convirtiera desde luego, intelectual,
espiritual y psíquicamente, en el Semidiós, que es en la Tierra,
mientras que su constitución física permanece más débil,
más impotente y efímera que la de casi todos los mamíferos
de gran tamaño. El contraste es demasiado grotesco y violento; el tabernáculo
demasiado indigno del Dios que en él mora. Así el don de Prometeo
se convirtió en una maldición, aun cuando sabida de antemano y
prevista por la Hueste personificada en ese personaje, como su nombre bien lo
indica (201). En esto se hallan fundados su pecado y su redención a la
vez. Pues la Hueste que encarnó en una parte de la humanidad, aunque
inducida a ello por Karma o Némesis, prefirió el libre albedrío
a la esclavitud pasiva; el dolor, y hasta la tortura intelectual consciente,
“durante el transcurso de miríadas de tiempos”, a la beatitud instintiva,
imbécil y vacía. Sabiendo que semejante encarnación era
prematura y no estaba en el programa de la Naturaleza, la Hueste Celestial,
“Prometeo”, se sacrificó, sin embargo, para beneficiar con ello a una
parte, al menos, de la humanidad (202). Pero al paso que salvaba al hombre de
la oscuridad mental, le infligió las torturas de la propia conciencia
de su responsabilidad (resultado de su libre albedrío), además
de todos los males de que es heredero el hombre y la carne mortal. Esta tortura
aceptóla Prometeo para sí, puesto que la Hueste se mezcló
desde entonces con el tabernáculo preparado para ella, el cual era aún
imperfecto en aquel período de formación.
Siendo incapaz la evolución espiritual de marchar a la par que la física,
una vez rota su homogeneidad por la mezcla, el don se convirtió por ello
en la causa principal, si no en el único origen, del Mal (203). Altamente
filosófica es la alegoría que muestra a Cronos maldiciendo a Zeus
por destronarle, en la Edad de Oro primitiva de Saturno, cuando todos los hombres
eran Semidioses, y por crear una raza física de hombres relativamente
débiles e impotentes; y después, entregando a su venganza (la
de Zeus) al culpable que despojó a los Dioses de su prerrogativa de crear,
elevando con ello al hombre a su nivel, intelectual y espiritualmente. En el
caso de Prometeo, Zeus representa a la Hueste de los Progenitores Primarios,
los PITRIS, los “Padres” que crearon al hombre sin entendimiento y sin mente;
al paso que el Divino Titán representa a los Creadores Espirituales,
los Devas que “cayeron” en la generación. Los primeros son inferiores
espiritualmente, pero más fuertes físicamente que los “Prometeos”;
y, por tanto, estos últimos aparecen vencidos. “La Hueste inferior, cuya
obra destruyó el Titán, echando así por tierra los planes
de Zeus”, estaba en esta Tierra en su propia esfera y plano de acción;
mientras que la Hueste superior estaba desterrada del cielo, y se encontró
cogido en las redes de la Materia. Los de la Hueste inferior eran dueños
de todas las Fuerzas Titánicas inferiores y Cósmicas; los Titanes
superiores sólo poseían el Fuego intelectual y espiritual. Este
drama de la lucha de Prometeo con el Zeus sensual, déspota y tirano del
Olimpo, lo vemos representado diariamente en nuestra presente humanidad; las
pasiones inferiores encadenan las aspiraciones superiores a la roca de la Materia,
para generar muchas veces el buitre del dolor, del pesar y del arrepentimiento.
En todos estos casos se vuelve a ver de nuevo
Un dios ... encadenado, presa de la angustia;
El enemigo de Zeus, odiado por todos,
un Dios, que ni aun tiene aquel supremo consuelo de Prometeo, que sufría por propio sacrificio
Porque a los hombres amaba demasiado;
pues
el Titán divino es impulsado por el altruismo, y el hombre mortal por
el propio interés y el egoísmo en todas las ocasiones.
El moderno Prometeo se ha convertido ahora en Epi-meteo “el que ve sólo
después del suceso”; porque la filantropía universal del primero
ha degenerado hace mucho tiempo en interés y adoración propios.
El hombre volverá a ser el Titán libre de antaño; pero
no antes de que la evolución cíclica haya vuelto a establecer
la interrumpida armonía entre las dos naturalezas, la terrestre y la
divina; después de lo cual se hará impenetrable a las Fuerzas
Titánicas inferiores, invulnerable en su Personalidad e inmortal en su
Individualidad. Pero esto no sucederá sino cuando haya eliminado de su
naturaleza todo elemento animal. Cuando el hombre comprenda que “Deus non fecit
mortem” (204), sino que el hombre mismo la ha creado, volverá a ser el
Prometeo de antes de su caída.
Para el simbolismo completo de Prometeo y el origen de este mito en Grecia,
se envía al lector al tomo IV, Parte II, Sección 6: “Prometeo,
el Titán”, etc. En dicha Parte, especie de suplemento del presente trozo,
se exponen todos los informes adicionales sobre aquellas doctrinas que serán
controvertidas y disputadas. Esta obra es tan heterodoxa, cuando se la confronta
con los modelos aceptados de la Teología y de la Ciencia Modernas, que
no se omitirá prueba alguna que tienda a mostrar que tales modelos usurpan
muchas veces una autoridad ilegal.
FRAGMENTOS ADICIONALES DE UN COMENTARIO SOBRE
LOS VERSÍCULOS DE LA ESTANCIA XII
El manuscrito de que se han tomado estas explicaciones adicionales pertenece
al grupo llamado Tongshaktchi Sangye Songa, o los “Anales de los Treinta y cinco
Buddhas de Compasión”, como se les llama exotéricamente. Estos
personajes, sin embargo, aunque llamados Buddhas en la religión Buddhista
del Norte, pueden llamarse igualmente Rishis, Avatâras, etcétera,
pues son “Buddhas que han precedido a Shâkyamuni” sólo para los
partidarios septentrionales de la ética predicada por Gautama. Estos
grandes Mahâtmâs, o Buddhas, son propiedad universal y común;
son Sabios históricos (por lo menos para todos los Ocultistas que creen
en tal Jerarquía de Sabios, y a quienes su existencia les ha sido probada
por los que saben de la Fraternidad). Se han escogido de entre unos noventa
y siete Buddhas de un grupo, y cincuenta y tres de otro (205), en su mayor parte
personajes imaginarios, que son realmente la personificación de los poderes
de los primeramente mencionados (206). Estos “Cestos” de escritos de los más
antiguos, sobre “hojas de palma”, son guardados muy secretos. Cada manuscrito
tiene como apéndice una corta sinopsis de la historia de la subraza a
que perteneció el Buddha-Lha particular. El manuscrito especial del que
han sido extractados los fragmentos que siguen, y puestos luego en lenguaje
más comprensible, se dice que ha sido copiado de tablas de piedra que
pertenecieron a un Buddha de los primeros días de la Quinta Raza, que
había presenciado el Diluvio y la sumersión de los principales
continentes de la Raza Atlante. No está muy lejano el día en que
mucho si no todo de lo que aquí exponemos de los Anales Arcaicos se encontrará
ser exacto. Entonces los simbologistas modernos adquirirán la certidumbre
de que el mismo Odin, o el Dios Woden, el Dios más elevado de la mitología
alemana y escandinava, es uno de estos treinta y cinco Buddhas; uno de los primeros,
verdaderamente, porque el continente al que él y su Raza pertenecían,
es también uno de los primeros; tan primitivo, en verdad, que en aquellos
días la naturaleza tropical se encontraba en donde ahora se hallan los
hielos perpetuos, y se podía cruzar casi por tierra seca desde Noruega,
por Irlanda y Groenlandia, a las tierras que al presente circundan la Bahía
de Hudson. (207). De una manera semejante en los días del apogeo de los
Gigantes Atlantes, los hijos de los “Gigantes del Oriente”, un peregrino podía
hacer un viaje desde lo que hoy se llama el desierto de Sahara, a las tierras
que reposan ahora en sueños sin ensueños, en el fondo de las aguas
del Golfo de México y el Mar de los Caribes. Sucesos que jamás
han sido escritos fuera de la memoria humana, pero que eran religiosamente transmitidos
de una generación a otra, y de raza a raza, pueden haberse conservado
por la constante transmisión “dentro del libro del cerebro”, y a través
de evos sin cuento, con más verdad y exactitud que en cualquier documento
o anales escritos. “Lo que forma parte de nuestras almas es eterno”, dice Thackeray;
y ¿qué puede haber más próximo a nuestras Almas
que lo que sucede en el albor de nuestras vidas? Esas vidas son innumerables;
pero el Alma o Espíritu que nos anima a través de estas miríadas
de existencias es la misma; y aunque el “libro” del cerebro físico puede
olvidar sucesos dentro de una vida terrestre, la masa de los recuerdos colectivos
jamás abandonará el Alma Divina que en nosotros mora. Sus murmullos
podrán ser demasiado tenues; el sonido de sus palabras demasiado alejado
del plano que perciben nuestros sentidos físicos; sin embargo, la sombra
de los sucesos que fueron, tanto como la sombra de los sucesos por acontecer,
se halla dentro de sus facultades perceptivas, y siempre presente ante su ojo
mental.
Quizás es la voz del Alma la que dice, a los que creen en la tradición
más que en la historia escrita, que lo que vamos a manifestar es en un
todo verdad, y se relaciona con hechos prehistóricos.
He aquí lo que dice uno de los pasajes:
LOS REYES DE LA LUZ HAN PARTIDO INDIGNADOS. LOS PECADOS DE LOS HOMBRES SE HAN
HECHO TAN NEGROS QUE LA TIERRA SE ESTREMECE EN SU AGONÍA... LAS AZULADAS
SEDES PERMANECEN VACÍAS. ¿QUIÉNES ENTRE LAS (RAZAS) MORENAS,
QUIÉNES ENTRE LAS ROJAS NI AUN ENTRE LAS NEGRAS, PUEDE OCUPAR LAS SEDES
DE LOS BENDITOS, LAS SEDES DE LA SABIDURÍA Y DE LA PIEDAD? ¿QUIÉN
PUEDE ASUMIR LA FLOR DEL PODER, LA PLANTA DEL DORADO TALLO Y DE LA FLOR AZUL?
Los “Reyes de la Luz” es el nombre que se da en todos los antiguos anales a
los Soberanos de las Dinastías Divinas. Las “Azuladas Sedes” está
traducido como “Tronos Celestiales” en algunos documentos. La “Flor del Poder”
es ahora el Loto; lo que puede haber sido en aquel tiempo, ¿quién
lo sabe?
El escritor prosigue, como el difunto Jeremías, lamentando el destino
de su pueblo. Habían perdido sus Reyes “Azules” (Celestiales) “los del
color deva”, de complexión lunar; y “los de faz refulgente (dorada)”
partieron “a la Tierra de la Dicha, la Tierra del Fuego y del Metal”, o de acuerdo
con las reglas del simbolismo, a las tierras situadas al Norte y Este, de donde
“las Grandes Aguas han sido barridas, absorbidas por la Tierra y disipadas en
el Aire”. Las razas sabias habían percibido “los Dragones negros de la
tempestad, llamados por los Dragones de la Sabiduría”, y “huyeron conducidas
por los resplandecientes Protectores del País más Excelente”,
los grandes Adeptos antiguos, probablemente los que los indos mencionan como
sus Rishis y Manus. Uno de ellos era el Manu Vaivasvata.
Los “de color amarillo” son los antepasados de los que hoy clasifica la Etnología
como turanios, mogoles, chinos y otras naciones antiguas; y la tierra a que
huyeron no fue otra que el Asia Central. Allí nacieron razas completamente
nuevas; allí vivieron y murieron hasta la separación de las naciones.
Pero esta “separación” no se verificó ni en las localidades que
la Ciencia Moderna señala, ni del modo que se dice que los arios se dividieron
y separaron, según el profesor Max Müller y otros arianistas. Cerca
de dos terceras partes de un millón de años han transcurrido desde
aquella época. Los gigantes de rostro amarillo de los días postatlantes
tuvieron tiempo sobrado de dividirse en los tipos más heterogéneos
y diversos, en su confinamiento obligado en una parte del mundo, con la misma
sangre de raza y sin ninguna infusión o mezcla extraña, durante
un período de cerca de 700.000 años. Lo mismo se ve en África;
en ninguna parte existe tal variedad extraordinaria de tipos, desde el negro
hasta el casi blanco, desde los hombres gigantescos hasta las razas enanas;
y esto sólo a causa de su forzado aislamiento. Los africanos no han abandonado
su continente durante cientos de miles de años. Si mañana desapareciese
Europa apareciendo otras tierras en su lugar, y si las tribus africanas se separasen
y esparciesen sobre la superficie de la Tierra, dentro de cien mil años
formarían ellas la masa de las naciones civilizadas. Los descendientes
de nuestras naciones más cultas, que pudieran haber sobrevivido en alguna
isla sin medios de cruzar los nuevos mares, serían los que caerían
en un estado de relativo salvajismo. Así que la razón que se da
para dividir a la humanidad en razas superiores e inferiores cae por tierra
y se convierte en una ilusión.
Tales son los hechos que presentan los Anales Arcaicos. Comparándolos
con algunas teorías modernas de la evolución, minus la Selección
Natural (208), estas declaraciones aparecen muy razonables y lógicas.
Así, mientras los arios son los descendientes del Adán amarillo,
de la raza gigantesca ario-atlante, altamente civilizada; los semitas, y con
ellos los judíos, son los del Adán rojo; de modo que, tanto De
Quatrefages como los escritores del Génesis mosaico tienen razón.
Porque si el capítulo V del libro primero de Moisés pudiera compararse
con las genealogías que se encuentran en nuestra Biblia Arcaica, se observaría
en ellas el período desde Adán a Noé, aunque, por supuesto,
bajo nombres distintos, estando los años de los respectivos Patriarcas
convertidos en períodos, y siendo el todo simbólico y alegórico.
En el manuscrito de que nos estamos ocupando, son muchas y frecuentes las referencias
al gran conocimiento y civilización de las naciones Atlantes que muestran
el régimen de algunas de ellas y la naturaleza de sus artes y ciencias.
Si de la Tercera Raza-Raíz, los Lemuro atlantes, se ha dicho ya que pereció
“con sus elevadas civilizaciones y Dioses” (209), ¡cuánto más
puede decirse esto de los Atlantes!
De la Cuarta Raza es de donde los arios primitivos adquirieron su conocimiento
del “conjunto de cosas maravillosas” (de) el Sabhâ y Mayasabhê (210)
mencionados en el Mahâbârata, el don de Mayasura (211) a los Pândavas.
De ellos aprendieron la aeronáutica, la Vimâna Vidyâ, el
“conocimiento de volar en vehículos aéreos”, y por tanto, sus
grandes conocimientos de meteorografía y meteorología. De ellos
también heredaron los arios su más valiosa ciencia de las virtudes
ocultas de las piedras preciosas y otras de la Química, o más
bien, la Alquimia, la Mineralogía, Geología, Física y astronomía.
Varias veces se ha hecho la escritora la siguiente pregunta: ¿Es original
la historia del Éxodo, por lo menos en sus detalles, según se
refiere en el Antiguo Testamento? ¿O es, como la historia de Moisés
y muchas otras, sencillamente otra versión de las leyendas que se contaban
de los Atlantes? Porque, ¿quién puede dejar de ver la gran semejanza
de los rasgos fundamentales, al oír referir la historia de estos últimos?
Recuérdese la cólera de “Dios” ante la obstinación de Faraón,
su orden a los “elegidos” de despojar a los egipcios, antes de partir, de sus
“joyas de plata y joyas de oro” (212), y finalmente, los egipcios y su Faraón
ahogados en el Mar Rojo. Léase luego el fragmento siguiente de la historia
primitiva en el Comentario:
Y el “Gran Rey de la Faz resplandeciente”, el jefe de todos los de faz amarilla
se entristeció al ver los pecados de los de faz negra.
Envió él sus vehículos aéreos (Vimânas) a
todos los jefes hermanos (jefes de otras naciones y tribus) con hombres piadosos
dentro, diciendo:
“Preparaos. Alzaos vosotros, hombres de la Buena Ley, y cruzad la tierra mientras
esté (aún) seca”.
“Los Señores de la tempestad se aproximan. Sus carros se aproximan a
la Tierra. Solamente una noche y dos días más vivirán los
Señores de la Obscura Faz (los hechiceros) en esta tierra paciente. Está
ella condenada y tienen que hundirse con ella. Los Señores inferiores
de los Fuegos (los Gnomos y los Elementales del Fuego) están preparando
sus Agnyastras mágicas (armas de fuego construidas por medio de la Magia).
Pero los Señores de mirada Tenebrosa (“Mal Ojo”) son más fuertes
que ellos (los Elementales), y estos son los esclavos de los poderosos. Están
ellos versados en el Astra (Vidyâ, el conocimiento mágico más
elevado) (213). Venid y usad los vuestros (esto es, vuestro poderes mágicos,
para contrarrestar los de los Hechiceros). Que los Señores de la Faz
resplandeciente (los Adeptos de la Magia Blanca) hagan que los Vimânas
de los Señores de la Obscura Faz pasen a sus manos (o posesión),
a fin de que ninguno (de los Hechiceros) pueda escapar por su medio de las aguas,
evitar la Vara de las Cuatro (Deidades Kármicas) y salvar a sus perversos
(secuaces o pueblos)”.
“Que los de Faz Amarilla envíen sueño de sí mismos (¿mesmericen?)
a los de Faces Negras. Que aun a ellos (los Hechiceros) se les evite el dolor
y el sufrimiento. Que todos los hombres fieles a los Dioses Solares aten (paralicen)
a los hombres que dependen de los Dioses Lunares, para que no sufran ni escapen
a su destino”.
“Y que los de Rostro Amarillo ofrezcan su agua de vida (sangre) a los animales
parlantes de los de Faz Negra, para que no despierten a sus amos” (214).
“La hora ha sonado, la negra noche pronta está”.
..................
“Que su destino se cumpla. Somos los servidores de los Grandes Cuatro (215).
Que vuelvan los Reyes de la Luz”.
El gran Rey dejó caer su Faz Resplandeciente y lloró...
Cuando los Reyes se reunieron, las aguas se habían movido ya...
(Pero) las naciones habían cruzado ya las tierras enjutas. Estaban más
allá del nivel del agua. Sus Reyes las alcanzaron en sus Vimânas
y las condujeron a las tierras del Fuego y del Metal (Este y Norte).
Además en otro pasaje se dice:
Llovieron estrellas (meteoros) sobre las tierras de las Faces Negras; pero ellos
dormían.
Lo animales parlantes (los vigilantes mágicos) se estuvieron quedos.
Los Señores inferiores esperaban órdenes, pero éstas no
llegaron, porque sus amos dormían.
Las aguas se elevaron, y cubrieron los valles desde un extremo a otro de la
Tierra. Las tierras altas quedaron, el fondo de la Tierra (las tierras de las
antípodas) permaneció seco. Allí moraban los que escaparon;
los hombres de las Faces Amarillas y de mirada recta (la gente sincera y franca).
Cuando los Señores de la Faz Obscura se despertaron y pensaron en sus
Vimânas a fin de huir de las aguas, no las encontraron.
Luego otro pasaje presenta a algunos de los Magos más poderosos de las
“Caras Obscuras” que se despertaron más pronto que los demás,
persiguiendo a los que “les habían despojado”, y que estaban en la retaguardia;
pues “las naciones que conducían eran más espesas que las estrellas
en la vía láctea”, dice un Comentario más moderno, escrito
sólo en sánscrito
De mismo modo que una serpiente dragón desenvuelve lentamente sus anillos,
así los Hijos de los Hombres, conducidos por los Hijos de la Sabiduría,
desdoblaban sus pliegues, y esparciéndose se extendieron como una corriente
veloz de dulces aguas... muchos de entre ellos de corazón débil
perecieron en el camino. Pero la mayor parte se salvaron.
Sin embargo, los perseguidores, “cuyas cabezas y pechos sobresalían por
encima de las aguas”, les dieron caza “durante tres términos lunares”,
hasta que finalmente, alcanzados por las aguas cada vez más altas, perecieron
hasta el último hombre, hundiéndose el suelo bajo sus pies y tragando
la tierra a los que la habían profanado.
Esto tiene todas las apariencias de ser la materia original sobre la cual se
construyó en el Éxodo la historia parecida, muchos cientos de
miles de años después. La biografía de Moisés, la
historia de su nacimiento, de su infancia y de su salvación del Nilo
por la hija de Faraón está ahora demostrado que ha sido tomada
de la narración Caldea sobre Sargón. Y si es así, si los
ladrillos asirios que se hallan en el Museo Británico son una buena prueba
de ello, ¿por qué no ha de ser lo mismo que los judíos
robaran sus joyas a los egipcios, la muerte de Faraón y de su ejército,
y así sucesivamente? Los Magos gigantescos de Ruta y Daitya, los “Señores
de la Faz Oscura”, pueden haberse convertido, en el último relato, en
los Magos egipcios; y las naciones de cara amarilla de la Quinta Raza, en los
virtuosos hijos de Jacob, en el “pueblo escogido”. Otra declaración nos
queda que hacer. Ha habido varias Dinastías Divinas; una serie para cada
Raza-Raíz, principiando con la Tercera, concordando y estando adaptada
cada serie a su Humanidad. Las últimas siete Dinastías mencionadas
en los anales egipcios y caldeos pertenecían a la Quinta Raza, la cual,
aunque llamada generalmente Aria, no lo era del todo, toda vez que ella estuvo
siempre muy mezclada con razas a las cuales la Etnología da diferentes
nombres. Imposible sería, visto el limitado espacio de que disponemos,
entrar en más detalles de la descripción de los Atlantes, en los
cuales cree todo el Oriente tanto como creemos nosoros en los antiguos egipcios,
pero cuya existencia niegan la mayor parte de los hombres científicos
occidentales; como han negado, antes de esto, muchas verdades, desde la existencia
de Homero hasta la de las palomas mensajeras. La civilización de los
Atlantes fue aún mayor que la de los egipcios. Sus descendientes degenerados,
la nación de la Atlántida de Platón, fueron los que construyeron
las primeras Pirámides en el país, y eso seguramente antes del
advenimiento de los “etíopes orientales”, como llama Herodoto a los egipcios.
Esto puede deducirse muy bien de la declaración de Ammanio Marcelino,
el cual dice de las Pirámides que:
Hay también pasajes subterráneos y retiros tortuosos, los cuales, se dice, fueron construidos en diferentes lugares por hombres hábiles en los antiguos misterios, por medio de los cuales adivinaban la venida de un diluvio, a fin de que la memoria de todas sus ceremonias sagradas no se perdiese.
Estos hombres, que “adivinaban la venida de los diluvios” no eran egipcios, los cuales no tuvieron jamás ninguno, exceptuando las crecidas periódicas del Nilo. ¿Quiénes eran? Los últimos restos de los Atlantes, afirmamos nosotros; esas razas que la Ciencia sospecha confusamente, y pensando en las cuales, dice Mr. Charles Gould, el bien conocido geólogo:
¿Podemos suponer que hemos agotado en lo más mínimo el gran museo de la naturaleza? ¿Hemos penetrado, efectivamente, más allá de sus antecámaras? ¿Abraza la historia escrita del hombre, que comprende unos cuantos miles de años, todo el curso de su existencia inteligente? ¿O tenemos en las largas eras míticas, que se extienden sobre cientos de miles de años, registradas en las cronologías de Caldea y de China, recuerdos oscurecidos del hombre prehistórico, transmitidos por la tradición y transportados quizás por unos pocos supervivientes a países que hoy existen, desde otras tierras, que, como la fabulosa (?) Atlántida de Platón, hayan sido sumergidas, o escenario de alguna gran catástrofe que las destruyera con toda su civilización? (216).
Después de esto podemos volvernos con más confianza hacia las
palabras de un Maestro, que escribió lo que sigue, algunos años
antes de que Mr. Gould escribiese el párrafo anterior:
La Cuarta Raza tuvo sus períodos de la más elevada civilización.
Las civilizaciones griegas y romanas y hasta la egipcia no son nada comparadas
con la civilización que principió con la Tercera Raza (después
de su separación) (217).
Pero si se niega esta civilización y el dominio de las artes y ciencias
a la Tercera y Cuarta Razas, nadie negará que entre las grandes civilizaciones
de la antigüedad, tales como las de Egipto y la India, se extienden las
oscuras edades de crasa ignorancia y barbarie, desde el principio de la Era
cristiana hasta nuestra civilización moderna, durante cuyo período
se perdió toda memoria de estas tradiciones. Como se dice en Isis sin
Velo:
¿Por qué hemos de olvidar que, edades antes de que las proas de las naves del aventurero genovés hendiesen las aguas occidentales, habían ya los barcos fenicios dado la vuelta al globo y extendido la civilización en regiones ahora silenciosas y desiertas? ¿Qué arqueólogo se atrevería a asegurar que la misma mano que planeó las Pirámides de Egipto, Karnak, y las mil ruinas que ahora se desmenuzan en el olvido de las arenosas orillas del Nilo, no erigiese el Angkor-Vat monumental de Cambodia; o trazase los jeroglíficos sobre los obeliscos y puertas de la desierta aldea india últimamente descubierta en la Colombia Británica por Lord Dufferin; o los de las ruinas de Palenque y Uxmal, de la América Central? ¿No hablan muy alto en favor de las antiguas civilizaciones las reliquias que atesoramos en nuestros museos, últimos recuerdos de las “artes perdidas”? Y ¿no prueban ellas, una y otra vez, que las naciones y continentes que han pasado, han sepultado consigo artes y ciencias; que ni el primer crisol que se calentó en los conventos de la Edad Media ni el último que hayan roto nuestros modernos químicos han resucitado, ni resucitarán, a lo menos en el presente siglo? (218).
Y hoy puede hacerse la misma pregunta que se hizo entonces; puede preguntarse nuevamente:
¿Cómo
es el punto de vista más avanzado a que se ha llegado en nuestros tiempos
sólo nos permite distinguir en la nebulosa distancia, a lo largo del
sendero alpino del conocimiento, las pruebas monumentales que exploradores anteriores
han dejado para señalar las altas mesetas que habían alcanzado
y ocupado?
Si nuestros maestros modernos están tan avanzados sobre los antiguos,
¿por qué no nos devuelven las artes perdidas de nuestros antepasados
postdiluvianos? ¿Por qué no nos dan los inalterables colores de
Luxor; la púrpura de Tiro, el brillante bermellón y el azul deslumbrante
que decoran las paredes de este palacio, y que permanecen tan brillantes como
el primer día que se aplicaron; el cemento indestructible de las pirámides
y de los antiguos acueductos; la espada de Damasco, que pueda retorcerse como
un tirabuzón en su vaina, sin que se rompa; los tintes vistosos sin igual
de las vidrieras de las antiguas catedrales; y el secreto del cristal maleable
verdadero? Y si la química no llega ni aun a rivalizar en algunas artes
siquiera sean las de los primeros tiempos de la Edad Media, ¿por qué
enorgullecernos de conquistas que, según toda probabilidad, eran perfectamente
conocidas hace miles de años? Mientras más avanzan la arqueología
y filología, más humillantes son para nuestro orgullo los descubrimientos
que se hacen diariamente; más glorioso es el testimonio que presentan
en favor de aquellos que, quizá a causa de la distancia de su remota
antigüedad, han sido hasta ahora considerados como ignorantes que se debatían
en el lodo más profundo de la superstición (219).
Entre otras artes y ciencias, los Antiguos tenían -sí, y como
herencia de los Atlantes- la Astronomía y el Simbolismo, que incluyen
el conocimiento del Zodíaco.
Como ya se ha explicado, toda la Antigüedad creía, con buenos fundamentos,
que la humanidad y sus razas están íntimamente relacionadas con
los Planetas y con los Signos del Zodíaco. Toda la historia del mundo
se halla registrada en los últimos. En los templos antiguos de Egipto
hay un ejemplo de esto en el Zodíaco de Dendera; pero excepto en una
obra árabe, propiedad de un Sûfi, la escritora no ha visto nunca
una copia exacta de estos anales maravillosos de la historia pasada -y también
de la futura- de nuestro Globo. Sin embargo, los anales originales existen,
innegablemente.
Como los europeos no conocen los verdaderos Zodíacos de la India, y los
que los conocen no los entienden, como sucede con Bentley, se aconseja al lector,
para que compruebe lo que decimos, que se dirija a la obra de Denon (220), en
la cual pueden verse y examinarse los dos famosos Zodíacos egipcios.
Habiéndolos visto personalmente, la escritora no necesita fiarse de lo
que otras personas que los han estudiado y examinado cuidadosamente, digan de
ellos. El aserto de los sacerdotes egipcios a Herodoto, de que el Polo terrestre
y el Polo de la Eclíptica habían antes coincidido, ha sido corroborado
por Mackey, que declara que los Polos están representados en los Zodíacos
en ambas posiciones.
Y en lo que muestra a los Polos (ejes polares) en ángulo recto, hay señales que indican que no era la última vez que se hallaban en esta posición; sino la primera (después que los Zodíacos fueron trazados). Capricornio está allí representado en el Polo Norte; y Cáncer está dividido, cerca de su mitad, en el Polo Sur; lo cual es una confirmación de que tenían originalmente su invierno cuando el Sol estaba en Cáncer. Pero la característica principal de que es un monumento que conmemora la primera vez que el Polo había estado en aquella posición, son el León y la Virgen (221).
Calculando con amplitud, los egiptólogos creen que la Gran Pirámide fue construida 3.350 años antes de Cristo (222), y que Menes y su Dinastía existieron 750 años antes de la aparición de la Cuarta Dinastía, durante la cual se supone fueron construidas las Pirámides. Así, pues, la edad asignada a Menes es 4.100 años antes de Cristo. Ahora bien; la declaración de Sir J. Gardner Wilkinson, de que todos los hechos llevan a la conclusión de que los egipcios habían ya
Hecho grandes progresos en las artes civilizadas antes de la edad de Menes, y quizás antes de que emigrasen al valle del Nilo (223),
es muy sugestivo, por destruir esta hipótesis de la relativamente moderna civilización de Egipto. Señala ella una gran civilización en tiempos prehistóricos, y una antigüedad aún mayor. Los Schesoo-Hor, los “siervos de Horus”, fueron el pueblo que se estableció en Egipto; y según afirma M. Maspero, a esta “raza prehistórica”
Pertenece el honor de haber constituido el Egipto, tal como ahora lo conocemos desde el principio del período histórico.
Y Staniland Wake, añade:
Fundaron ellos las principales ciudades de Egipto y establecieron los santuarios más importantes (224).
Esto era antes de la época de la Gran Pirámide y cuando el Egipto acababa casi de levantarse sobre las aguas. Sin embargo:
Poseían la forma de escribir en jeroglíficos, especial de los egipcios, y debían estar ya considerablemente adelantados en civilización.
Según dice Lenormant:
Fue el país de los grandes santuarios prehistóricos, sede del dominio sacerdotal, el que representó un papel tan importante en el origen de la civilización.
¿Cuál es la fecha asignada a este pueblo? Se nos participa que 4.000 o a lo más 5.000 años antes de Cristo (Maspero). Ahora bien; se nos dice que por medio del ciclo de 25.868 años (el Año Sideral) es como puede comprobarse aproximadamente el año de la construcción de la Gran Pirámide.
Suponiendo que el estrecho pasaje pendiente que conduce desde la entrada estuviera dirigido hacia la estrella polar de los constructores de la Pirámide, los astrónomos han demostrado que en el año 2170 antes de Cristo el pasaje señalaba al Alfa del Dragón, la estrella polar de entonces... Mr. Richard A Proctor, el astrónomo, después de declarar que la estrella polar estaba en la posición requerida hace cosa de 3.350 años antes de Cristo, así como también en 2170 antes de Cristo, dice: “Cualquiera de estos correspondería con la posición del pasaje descendente de la Gran Pirámide; pero los egiptólogos nos dicen, en absoluto, que no cabe duda que la última época es demasiado tardía” (225).
Pero también se nos manifiesta que:
Esta posición relativa del Alfa del Dragón y de Alcione, siendo extraordinaria... no podría volver a ocurrir en todo un Año Sideral (226).
Esto demuestra que, puesto que el Zodíaco de Dendera indica el paso de
tres años Siderales, la Gran Pirámide debe de haber sido construida
hace 78.000 años; o que, en todo caso, esta posibilidad merece ser aceptada
por lo menos con tanta confianza como la última fecha de 3.350 antes
de Cristo.
Ahora bien; en el Zodíaco de cierto templo en la lejana India Septentrional
se ven las mismas características de los signos del Zodíaco de
Dendera. Los que conocen bien los símbolos y constelaciones indas podrán
ver en la descripción del egipcio si las indicaciones del tiempo son
o no exactas. en el Zodíaco de Dendera, según lo conservan los
Adeptos Griegos y Coptos egipcios modernos, y lo explica Mackey un poco diferentente,
el León está sobre la Hidra, y su cola está casi recta
señalando hacia abajo en un ángulo de cuarenta o cincuenta grados,
concordando esta posición con la conformación original de estas
constelaciones. Pero Mackey añade:
En muchos sitios vemos al León (Sinha) con la cola vuelta hacia arriba sobre la espalda, y terminando con una cabeza de Serpiente; mostrando así que el León había estado invertido; lo cual, verdaderamente, debió de haber ocurrido con todo el Zodíaco, y todas las demás constelaciones, cuando el Polo estuvo invertido.
Hablando del Zodíaco circular, que también presenta Denon, dice:
Allí... el León está sobre la Serpiente, con la cola formando una curva hacia abajo, de lo cual deducimos que, aun cuando han tenido que pasar seiscientos o setecientos mil años entre las dos posiciones, sin embargo no habían ellos producido sino poca o ninguna diferencia en las Constelaciones de Leo y de la Hidra; mientras que Virgo está representado de un modo muy diferente en las dos - en el Zodíaco circular, la Virgen amamanta a su hijo; pero parece que no habían tenido esta idea cuando el Polo estaba primeramente dentro del plano de la Eclíptica; pues en este Zodíaco, según lo presenta Denon, vemos tres Vírgenes entre el León y la Balanza, la última de las cuales tiene en la mano una espiga de trigo. Es mucho de sentir que en este Zodíaco haya una rotura de las figuras en la parte última de Leo y el principio de Virgo, la cual ha hecho desaparecer un Decan de cada signo (227).
Sin embargo, el significado es claro, dado que los tres Zodíacos pertenecen
a tres épocas diferentes, a saber: a las tres últimas razas de
familia de la cuarta subraza de la Quinta Raza-Raíz, cada una de las
cuales ha debido de vivir aproximadamente de 25.000 a 30.000 años. La
primera de ellas, los “Asiáticos Arios”, presenciaron la suerte de la
última población de los Gigantes Atlantes (228) (los Continentes-Islas,
Ruta y Daitya), que pereció hace unos 850.000 años hacia el fin
del Período Mioceno (229). La cuarta subraza presenció la destrucción
del último resto de los Atlantes; los Arios-Atlantes de la última
isla de la Atlántida, esto es, hace unos 11.000 años. Para comprender
esto se aconseja al lector que mire el diagrama del Árbol Genealógico
de la Quinta Raza-Raíz -llamada en general, aunque poco correctamente,
la Raza Aria- y las explicaciones del mismo.
Que el lector tenga bien presente lo que se dice de las divisiones de las Razas-Raíces
y de la evolución de la Humanidad en esta obra, expresado clara y concisamente
en el Buddhismo Esotérico de Mr. Sinnett.
1º Hay siete Rondas en cada Manvántara; esta Ronda es la Cuarta,
y actualmente nos hallamos en la Quinta Raza-Raíz.
2º Cada Raza-Raíz tiene siete subrazas.
3º Cada subraza tiene a su vez siete ramificaciones, que pueden llamarse
“ramas” o razas de “familia”.
4º Las pequeñas tribus, retoños y brotes de estos últimos,
son innumerables, y dependen de la acción Kármica.
Examínese el Árbol Genealógico que aquí se incluye,
y se comprenderá. La ilustración es puramente un diagrama, y sólo
tiene por objeto ayudar al lector a formarse una idea del asunto, en medio de
la confusión que existe entre los términos que se han empleado
diferentes veces para las divisiones de la Humanidad. También se ha intentado
expresar aquí en números (aunque sólo dentro de límites
aproximados y para la comparación), la duración del tiempo durante
el cual es posible distinguir definidamente una división de otra. El
intentar dar fechas exactas a algunas de ellas sólo conduciría
a una confusión irremediable; pues las Razas, subrazas, etc., hasta sus
más pequeñas ramificaciones, pasan por encima y se mezclan unas
con otras, hasta el punto de ser imposible separarlas.
La Raza humana ha sido comparada a un árbol, y esto sirve admirablemente
como ilustración.
El tallo principal de un árbol puede compararse a la Raza-Raíz
(A).
Sus brazos más largos a las divesas subrazas en número de siete
(B1, B2, etc.).
AQUÍ VA LA ILUSTRACIÓN DEL ÁRBOL
En cada uno de estos brazos hay siete “ramas” o razas de “familia” (C).
Según esto la planta cactus es la representación mejor, pues sus
“hojas” carnosas están cubiertas de espinas agudas, cada una de las cuales
puede compararse a una nación o tribu de seres humanos.
Ahora bien; nuestra Quinta Raza-Raíz tiene ya de existencia, como Raza
sui géneris, y completamente aparte de su tallo padre, cosa de 1.000.000
de años; por tanto, hay que suponer que cada una de las cuatro subrazas
anteriores ha vivido aproximadamente 210.000 años; por lo cual cada raza
de familia tiene una existencia término medio de 30.000 años;
y así, la “raza de familia” europea tiene todavía bastantes miles
de años ante sí, aun cuando las naciones, o sea las espinas innumerables
en ella, varíen con cada “estación” sucesiva de tres a cuatro
mil años. es algo curioso observar la relativa semejanza de duración
entre una “raza de familia” y un Año Sideral.
El conocimiento de lo precedente y la exactitud absoluta de las divisiones del
tiempo formaban parte integrante de los Misterios, en donde estas ciencias se
enseñaban a los Discípulos, y en donde eran transmitidas de un
Hierofante a otro. Todo el mundo sabe que los astrónomos europeos asignan
-bastante arbitrariamente- la fecha de la invención del Zodíaco
egipcio, a los años 2.000 ó 2.400 antes de Cristo (Proctor); e
insisten en que la fecha de esta invención coincide con la de la construcción
de la Gran Pirámide. Esto, para un Ocultista y astrónomo oriental
tiene que parecer como un completo absurdo. El Ciclo de Kali Yuga se dice que
principió entre el 17 y 18 de febrero del año 3.102 antes de Cristo.
ahora bien; los indos pretenden que en el año 20.400 antes del Kali Yuga,
el origen de su Zodíaco coincidió con el Equinoccio Primaveral
-habiendo en aquel entonces una conjunción del Sol y la Luna-; y Bailly
probó por medio de un cómputo largo y minucioso de aquella fecha,
que aunque fuera ficticia, la época de la cual habían partido
para establecer el principio de su Kali Yuga era muy real. Esa “época
es el año 3.102 antes de nuestra Era” -dice (230). Habiéndose
presentado el eclipse lunar precisamente quince días antes del principio
de la Edad Negra, se realizó en un punto situado entre la Espiga de Trigo
de Virgo y la estrella 0 de la misma constelación. Uno de sus Ciclos
más esotéricos está basado sobre ciertas conjunciones y
posiciones respectivas de Virgo y de las Pléyades (Krittikâ). De
aquí que, como los egipcios trajeron su Zodíaco de la India Meridional
y de Lankâ (231), el sentido esotérico era evidentemente idéntico.
Las “tres Vírgenes”, o Virgo en tres posiciones diferentes, significaba
en ambos los anales de las tres primeras “Dinastías Divinas o Astronómicas”,
que enseñaron a la Tercera Raza-Raíz; y que después de
abandonar a los Atlantes a su destino, volvieron a descender, durante la tercera
subraza de la Quinta, a fin de revelar a la humanidad salvada, los misterios
del lugar de su nacimiento: los Cielos Siderales. Los mismos anales simbólicos
de las Razas humanas y de las tres Dinastías (Dioses, Manes -Astrales
semidivinos de la Tercera y Cuarta Razas- y los Héroes de la Quinta)
que precedieron a los reyes puramente humanos, se encontraron en la distribución
de las hiladas y pasajes del Laberinto Egipcio. Como las tres inversiones de
los Polos cambiaron naturalmente la faz del Zodíaco, hubo que construir
uno nuevo cada vez. En el Sphinxiad (232) de Mackey, las especulaciones del
atrevido autor han debido de horrorizar a la parte ortodoxa de la población
de Noruega, pues dice, bastante fantásticamente:
Pero, después de todo, el mayor espacio de tiempo registrado por esos monumentos (el Laberinto, las Pirámides y los Zodíacos) no excede de cinco millones de años (233); lo cual es bastante menos que los anales que nos dan tanto los chinos (esotéricos) como los indos, cuya última nación ha registrado conocimientos del tiempo por siete u ocho millones de años (234), cosa que he visto en un talismán de porcelana (235).
Los sacerdotes egipcios tenían los Zodíacos del Asura Maya Atlante, como los tienen aún los indos modernos. Según se declara en el Buddhismo Esotérico, los egipcios, así como los griegos y los “romanos” de hace algunos miles de años, eran “restos de los Ario-atlantes”; los primeros, de los Atlantes más antiguos o Atlantes Ruta; los últimos mencionados, descendientes de la última raza de la isla cuya repentina desaparición fue referida a Solón por los Iniciados egipcios. La Dinastía humana de los egipcios más antiguos, que principió con Menes, poseía todo el conocimiento de los Atlantes, aun cuando ya no había en sus venas sangre Atlante. Pero aquéllos habían preservado todos los Anales Arcaicos. Todo esto se ha dicho hace tiempo (236). Y precisamente porque el Zodíaco egipcio tiene de 75 a 80,000 años, es por lo que el de los griegos es muy posterior. Volney le ha asignado con exactitud sólo 16.984 años, o sea 17.082 hasta la fecha presente (237).
CONCLUSIÓN
La falta de espacio nos impide decir algo más, y esta parte de la Doctrina
Secreta tiene que cerrarse. Las cuarenta y nueve Estancias y los pocos fragmentos
de los Comentarios que se han dado es todo lo que puede publicarse en estos
volúmenes. Estos, con algunos Anales aún más antiguos (que
sólo están al alcance de los más elevados Iniciados), y
toda una biblioteca de comentarios, glosas y explicaciones, forman la sinopsis
del Génesis del hombre.
De estos Comentarios es de donde hasta ahora hemos citado y tratado de explicar
el sentido oculto de algunas de las alegorías, señalando así
los verdaderos conceptos de la Antigüedad Esotérica sobre la Geología,
la Antropología y hasta la Etnología. En la tercera parte del
tomo que sigue trataremos de establecer una relación metafísica
más estrecha entre las primeras Razas y sus Creadores, los Hombres Divinos
de otros Mundos; acompañando las declaraciones que se hagan con las demostraciones
más importantes de las mismas en Astronomía y Simbolismo Esotéricos.
La duración de los “períodos” que separan en espacio y tiempo
a la Raza Cuarta de la Quinta -en los principios históricos (238), y
hasta en los legendarios de la última- es demasiado enorme para que ofrezcamos,
ni aun a un teósofo, datos más detallados de ellos. Durante el
curso de las Edades Postdiluvianas, marcadas en ciertas épocas periódicas
por los más terribles cataclismos, nacieron y perecieron demasiadas razas
y naciones, casi sin dejar rastro, para que se pueda ofrecer una descripción
de las mismas que presente el menor interés. Si los Maestros de Sabiduría
tienen una historia completa y consecutiva de nuestra Especie, desde su estado
incipiente hasta nuestros días; y si poseen los anales no interrumpidos
del hombre, desde que se desarrolló su ser físico completo, convirtiéndose
así en el rey de los animales y dueño de esta Tierra, no puede
decirlo la escritora. Lo más probable es que sea así, y tal es
nuestra convicción personal. Pero si es así, este conocimiento
es sólo para los más altos Iniciados, los cuales no confían
estas cosas a sus discípulos. La escritora, por tanto, no puede exponer
sino lo que le han enseñado, y no más, y aun esto parecerá
al lector profano un sueño extraño y fantástico, más
bien que una verdad posible.
Esto es muy natural que suceda, pues durante años ésta fue la
impresión de la misma humilde escritora de estas páginas. Nacida
y educada en países europeos, que presumen de civilizados y de positivos,
se asimilaba lo que se ha expuesto con gran dificultad. Pero hay pruebas de
cierto carácter, que son irrefutables e innegables a la larga, para cualquier
mente deseosa de saber y libre de prejuicios. Durante una serie de años
tales pruebas le fueron presentadas, y ahora tiene la completa convicción
de que nuestro presente Globo y sus Razas humanas han debido nacer, crecer y
desarrollarse de este modo, y no de ningún otro.
Pero ésta es la opinión personal de la escritora, y su ortodoxia
no puede esperarse que tenga más peso que cualquier otra “doxia” a los
ojos de aquellos para quienes toda teoría nueva es heterodoxa hasta que
se llegue a probar lo contrario. Por tanto, nosotros los Ocultistas estamos
prevenidos a preguntas como las siguientes: ¿Cómo podemos saber
que la escritora no ha inventado todo el esquema? Y suponiendo que ella no sea
la inventora, ¿cómo puede asegurarse que todo lo que se ha expuesto
- según se ha presentado en las Estancias- no sea el producto de la imaginación
de los antiguos? ¿Cómo han podido conservar los anales de una
antigüedad, tan inmensa e increíble?
La contestación de que la historia de este mundo, desde su formación
hasta su fin, está “escrita en las estrellas”, esto es, está registrada
en el Zodíaco y en el Simbolismo Universal, cuyas claves están
en poder de los Iniciados, no satisfará a los escépticos. La antigüedad
del Zodíaco en Egipto se pone muy en duda, y se niega rotundamente respecto
de la India. “Vuestras conclusiones son con frecuencia excelentes pero vuestras
premisas son siempre dudosas” -le dijo una vez a la escritoa un amigo profano.
A esto se dio la contestación de que por lo menos era un punto ganado
sobre los silogismos científicos; puesto que, a excepción de unos
cuantos problemas del dominio de la Ciencia Física pura, tanto las premisas
como las conclusiones de los hombres de ciencia son tan hipotéticas como
invariablemente erróneas. Y si no parecen así a los profanos,
la razón es sencillamente que estos ignoran, al creer por la fe los datos
científicos de aquéllos, que tanto las premisas como las conclusiones
son generalmente producto de los mismos cerebros, los cuales, por sabios que
sean, no son infalibles; verdad indubitable, demostrada diariamente por el arreglo
y la transformación de las teorías y especulaciones científicas.
Sea ello comoquiera, los anales de los templos, zodiacales y tradicionales,
así como los anales ideográficos del Oriente, tal como los leen
los Adeptos de la Ciencia Sagrada o Vidyâ, no son un ápice más
dudosos que la llamada historia antigua de las naciones europeas, al presente
editada, corregida y ampliada por medio siglo de descubrimientos arqueológicos,
y las lecturas muy problemáticas de los ladrillos asirios, fragmentos
cuneiformes y jeroglíficos egipcios. Nuestros datos están también
fundados sobre las mismas “lecturas”, con la adición de un número
casi incontable de obras secretas completamente ignoradas de Europa, más
el conocimiento perfecto por los Iniciados del simbolismo de todas las palabras
de ese modo registradas. Algunos de estos anales son de una antigüedad
inmensa. Todos los arqueólogos y paleontólogos conocen las producciones
ideográficas de ciertas tribus semi-salvajes, las cuales, desde tiempo
inmemorial, han tratado de simbolizar sus pensamientos. Éste es el modo
más primitivo de registrar sucesos e ideas. Y cuán antiguo es
este conocimiento en la raza humana puede inferirse de algunos signos evidentemente
ideográficos, encontrados en hachas del período paleolítico.
Las tribus indias rojas de América, hace sólo unos cuantos años,
relativamente hablando, hicieron una petición al Presidente de los Estados
Unidos para que les cediera la posesión de cuatro lagos pequeños,
cuya solicitud estaba escrita en la reducida superficie de un trozo de tela
cubierto por una docena escasa de representaciones de animales y aves. Los salvajes
de América tienen cierto número de semejantes modos diversos de
escribir, pero ninguno de nuestros hombres de ciencia está familiarizado
todavía, y ni siquiera sabe que exista la cifra primitiva jeroglífica,
conservada aún en algunas Fraternidades y llamada en Ocultismo el Senzar.
Además, todos los que han decidido considerar tales modos de escritura,
como los ideógrafos de los indios rojos y hasta los caracteres chinos,
como “ensayos de las razas primitivas de la Humanidad, para expresar sus pensamientos
rudimentarios”, protestarán decididamente de nuestra afirmación
de que la escritura fue inventada por los Atlantes, y de ningún modo
por los fenicios. A la verdad, el pretender que la escritura fue conocida de
la humanidad desde hace muchos cientos de miles de años, a la faz de
los filólogos que han decretado que la escritura era desconocida en los
días de Pânini, en la India, así como hasta de los griegos
en tiempo de Homero, encontrará una desaprobación general, si
no un silencioso desdén. A pesar de todas las negaciones y de todo ridículo,
los Ocultistas sostendrán la afirmación, y sencillamente por la
razón siguiente: desde Bacon, hasta nuestras modernas Academias, tenemos
un período demasiado largo lleno de los errores más ridículos
cometidos por la Ciencia, para que podamos creer más en las suposiciones
científicas que en las afirmaciones de nuestros Instructores. La escritura,
dicen nuestros hombres de ciencia, era desconocida de Pânini; y sin embargo,
este Sabio compuso una Gramática que contiene 3.996 reglas, y que es
la Gramática más perfecta que jamás se ha hecho. Pânini
se dice por los más liberales que vivió escasamente unos pocos
siglos antes de Cristo; y las rocas del Irán y el Asia Central -donde
los filólogos e historiadores nos muestran a los antecesores del mismo
Pânini, los brahmanes que vinieron a la India- están cubiertas
de escrituras de dos a tres mil años de fecha por lo menos, y de doce
mil según algunos paleontólogos atrevidos.
La escritura era un ars incognita en los días de Hesiodo y Homero, según
Grote, y fue desconocida de los griegos hasta 770 años antes de Cristo;
y los fenicios que la habían inventado y conocían la escritura
en una época tan remota como 1.500 años antes de Cristo todo lo
más (239), ¡vivían entre los griegos y se codeaban con ellos
todo ese tiempo! Todas estas conclusiones científicas y contradictorias
se desvanecieron, sin embargo, como aire sutil, cuando Schliemann descubrió:
a) el lugar que ocupó la antiguaTroya, cuya existencia real había
sido considerada como una fábula durante tanto tiempo; y b) cuando extrajo
de aquellos lugares vasijas de barro con inscripciones en caracteres desconocidos
de los paleontólogos y de los sanscritistas que todo lo negaban. ¿Quién
negará ahora Troya, y estas inscripciones arcaicas? Según atestigua
el profesor Virchow:
Yo mismo presencié dos de tales descubrimientos, y ayudé a reunir
los objetos. Los calumniadores hace tiempo que han sido reducidos ya al silencio,
los que no se avergonzaban de acusar el descubrimiento de impostura (240).
Tampoco escaparon las mujeres verídicas a los ataques, así como
no escaparon los hombres verídicos. Du Chaillu, Gordon Cumming, Madame
Merian (241), Bruce y muchos otros fueron tachados de mentirosos.
El autor de Mythical Monsters, que expone estos datos en la Introducción
de dicha obra, dice (242):
Madame Merian fue acusada de falsedad deliberada respecto a la descripción
de un pájaro comedor de arañas, hace cerca de doscientos años.
Pero actualmente... observadores verídicos lo han confirmado en la América
del Sur, la India y otras partes.
Audubon fue acusado igualmente por los botánicos de haber inventado el
lirio amaillo de agua, que hacía figurar en su Birds of the South bajo
el nombre de Nymphaea lutea; y después de estar durante años bajo
tal acusación, fue, por fin, confirmado por el descubrimiento de la por
tanto tiempo perdida flor en la Florida... en ... 1876. (243).
Y así como Audubon fue llamado embustero por esto, y por su Heliaetus Washintonii (244), así también Víctor Hugo fue ridiculizado por su maravillosa pintura del pez-diablo, y su descripción de un hombre víctima impotente del mismo.
Se burlaron de ello como de una imposibilidad monstruosa; sin embargo, a los pocos años se descubrieron en las costas de Terranova jibias cuyos brazos alcanzaban treinta pies de largo, y capaces de arrastrar a un bote de buen tamaño bajo la superficie; y su acción ha sido reproducida durante pasados siglos... por artistas japoneses (245).
Y si Troya fue negada y considerada como un mito; la existencia de Herculano y Pompeya declaradas ficción; si se han reído de los viajes de Marco Polo y los han llamado fábulas, tan absurdas como los cuentos del Barón Münchausen, ¿por qué había de ser mejor tratada la escritora de Isis sin Velo y de La Doctrina Secreta? Mr. Charles Gould, el autor del volumen anteriormente mencionado, cita en su excelente obra unas cuantas líneas de Macmillan (1860) que encierran tanta verdad como vida, y que vienen demasiado a cuento para dejar de reproducirlas:
Cuando un naturalista, ya sea visitando sitios de la tierra fuera todavía de toda ruta, o por su buena suerte, encuentra una planta o animal muy raro, inmediatamente se le acusa de inventar su caza... Tan pronto como se ve que la cosa peca contra los juicios preconcebidos, el gran espíritu guiador (¿descarriador?) llamado a priori que comunica a los filósofos su omnisciencia pro re nata, murmura que semejante cosa es imposible, y seguidamente viene la acusación de ser una broma. El cielo mismo ha sido acusado de bromear. Cuando Leverrier y Adams predijeron un planeta por el cálculo, se aseguró gravemente en ciertos sitios que el planeta calculado no era el planeta, sino otro que de un modo clandestino, e impropio se había colocado en la proximidad del cuerpo verdadero. La disposición para sospechar el engaño es más fuerte que la disposición a engañar. ¿Quién fue el primero que anunció que los escritos clásicos de Grecia y Roma eran una sofisticación colosal perpetrada por los monjes respecto de lo que el anunciante se halla tan poco o menos inclinado que el Dr. Maitland, a llamar las oscuras edades? (246).
Sea, pues, así. Ningún incrédulo que considere como una
sofisticación La Doctrina Secreta está obligado, ni se le pide,
que dé crédito a nuestras afirmaciones, las cuales han sido ya
proclamadas como tal por cierto periodista americano muy hábil, aun antes
de que la obra entrase en prensa (247).
Tampoco, después de todo, es necesario que nadie crea en las Ciencias
Ocultas y en las Enseñanzas Antiguas, antes de que sepa algo de su propia
Alma o crea siquiera en ella. Ninguna gran verdad ha sido jamás aceptada
a priori, y generalmente ha transcurrido un siglo o dos antes de que haya empezado
a vislumbrarse en la conciencia humana como una verdad posible, excepto en los
casos en que se ha hecho el descubrimiento positivo de la cosa que se pretendía
ser un hecho. Las verdades de hoy son las falsedades y errores de ayer, y viceversa.
Sólo en el siglo XX será cuando algunas partes, si no el todo
de la obra presente, serán vindicadas.
Por tanto, no destruye nuestros argumentos Sir John Evans, aunque afirme que
la escritura era desconocida en la Edad de Piedra. Porque podía haber
sido desconocida en aquella época en la Quinta Raza Aria, y sin embargo,
ser perfectamente conocida de los Atlantes de la Cuarta, en el apogeo de su
más alta civilización. Los ciclos, de la elevación y caída
de las naciones y razas, están ahí para explicar el hecho.
Si se nos dice que ha habido casos antes de ahora de seudógrafos falsificados
con que han sido engañados los crédulos, y que nuestra obra puede
clasificarse con La Biblia en la India, de Jacoliot -aun cuando, dicho sea de
paso, hay más verdades mezcladas con sus errores que las que se encuentran
en las obras de orientalistas reconocidos y ortodoxos-, la acusación
y comparación nos abatirán muy poco. Esperamos nuestro tiempo.
Hasta el famoso Ezour Veda del último siglo, considerado por Voltaire
el “presente más preciado del Oriente al Occidente”, y por Max Müller,
el “libro más tonto que puede leerse”, no está del todo desprovisto
de hechos y verdades. Los casos en que las negaciones a priori de los especialistas
han resultado justificadas por corroboraciones posteriores forman un tanto por
ciento insignificante de aquellos que han sido completamente vindicados por
descubrimientos posteriores, y confirmados con gran asombro de los sabios objetantes.
El Ezour Veda fue un pequeño hueso poco disputado, en comparación
con el triunfo de Sir William Jones, Anquetil du Perron y otros, en lo que se
refiere al sánscrito y su literatura. Semejantes hechos han sido registrados
por el profesor Max Müller mismo, quien hablando de la derrota de Dugald
Stewart y Cía., en relación con esto, declara que:
Si los hechos acerca del sánscrito eran verdad, Dugald Stewart era demasiado prudente para no ver que las conclusiones que de ellos se derivaban eran inevitables. Él negó, por tanto, la realidad de la lengua sánscrita, y escribió su famoso ensayo para probar que el sánscrito había sido compuesto con arreglo al modelo del Griego y del Latín, por aquellos archifalsificadores y embusteros, los brahmanes, y que toda la literatura sánscrita era una impostura (248).
La escritora está pronta a hacer compañía, enorgulleciéndose con ello, a esos brahmanes y otros “embusteros” históricos, en la opinión de nuestros modernos Dugald Stewarts. Ella ha vivido demasiado, y su experiencia ha sido demasiado variada y personal para no conocer, por lo menos algo, la naturaleza humana. “Cuando dudéis, absteneos”, dijo el sabio Zoroastro, cuyo prudente aforismo se encuentra corroborado, en todos los casos, por la vida y la experiencia diarias. Sin embargo, como San Juan Bautista, este sabio de las edades pasadas predica en el desierto en compañía de un filósofo más moderno, o sea Bacon, quien ofrece el mismo inapreciable ejemplo de sabiduría práctica, cuando dice:
En el estudio de una cosa (en cualquier asunto de conocimiento, añadimos nosotros) si el hombre principia con certidumbres, terminará en la duda; pero si se contenta con principiar con dudas, terminará en la certeza.
Con este consejo del padre de la Filosofía Inglesa a los representantes
del Escepticismo británico, deberíamos terminar el debate; pero
nuestros lectores teósofos tienen derecho a unos últimos informes
Ocultos.
Ya se ha dicho bastante para mostrar que la evolución en general, los
sucesos, la humanidad, y todo lo demás en la naturaleza, proceden por
ciclos. Hemos hablado de siete Razas, cinco de las cuales casi han completado
su carrera terrestre, y hemos declarado que cada Raza-Raíz, con sus subrazas
y divisiones innumerables de familia y tribus, era completamente distinta de
la Raza precedente y de la subsiguiente. Esto será negado, bajo la autoridad
de la experiencia uniforme, en lo que respecta a la Antropología y Etnología.
El hombre (exceptuando el color y tipo, y quizás particularidades faciales
y capacidad craneal) ha sido siempre el mismo en todos los climas y en todas
las partes del mundo, dicen los naturalistas; más aún, hasta en
estatura; mientras que, por otra parte, sostienen que el hombre desciende del
mismo antecesor desconocido que el mono; aserto que es lógicamente imposible
sin una diversidad infinita de estatura y forma, desde su primera evolución
en bípedo. Las mismas lógicas personas que sostienen ambas proposiciones
no nos molestan con sus opiniones paradójicas. Nuevamente manifestamos
que nos dirigimos solamente a aquellos que, dudando de que los mitos se deriven
de “la contemplación de las obras visibles de la naturaleza externa”,
creen.
menos difícil suponer que estos relatos maravillosos de dioses y semidioses, de gigantes y de enanos, de dragones y monstruos de todas formas, sean transformaciones, que creer que sean invenciones.
La Doctrina Secreta sólo enseña precisamente tales “transformaciones”,
tanto en la naturaleza física como en la memoria y conceptos de nuestra
humanidad presente. Confronta ella las hipótesis puramente especulativas
de la Ciencia Moderna, basadas en la experiencia y las observaciones exactas
de hace apenas unos cuantos siglos, con la tradición y anales no interrumpidos
de sus Santuarios; y desechando ese tejido de teorías a modo de telarañas,
fabricadas en la obscuridad que encubre un período de unos cuantos miles
de años, que los europeos llaman su “historia”, la Antigua Ciencia nos
dice: Escuchad ahora mi versión sobre los recuerdos de la Humanidad.
Las Razas Humanas nacen unas de otras, crecen, se desarrollan, se tornan decrépitas
y mueren. Sus subrazas y naciones siguen la misma regla. Si vuestra Ciencia
Moderna, que todo lo niega, y la llamada Filosofía, no rebaten que la
familia humana está compuesta de una variedad de tipos y razas bien definidos,
es sólo porque el hecho es innegable; nadie osaría decir que no
hay diferencia externa entre un inglés, un negro africano y un japonés
o chino. Por otra parte, la mayoría de los naturalistas niegan formalmente
que las razas humanas mezcladas, esto es, los gérmenes de otras razas
completamente nuevas, se sigan formando en nuestros días, aunque esto
último lo han sostenido con buenas razones De Quatrefages y algunos otros.
Sin embargo, nuestra proposición general no será aceptada. Se
dirá que cualesquiera que sean las formas por las cuales haya pasado
el hombre en el largo pasado prehistórico, ya no sufrirá más
cambios en el futuro, exceptuando ciertas variaciones, como en el presente.
De aquí que nuestras Sexta y Séptima Razas-Raíces sean
una ficción.
A esto se contesta tambien: ¿Qué sabéis vosotros? Vuestra
experiencia se limita a unos cuantos miles de años, a menos de un día
en toda la edad del género humano, y a los tipos presentes de los continentes
e islas actuales de nuestra Quinta Raza. ¿Cómo podéis decir
lo que será o no será? Ínterin tal es la profecía
de nuestros Libros Secretos y de sus declaraciones nada inciertas.
Desde el principio de la Raza Atlante han pasado muchos millones de años,
y sin embargo, vemos a los últimos Atlantes todavía mezclados
con el elemento ario, hace 11.000 años. Esto muestra la enorme superposición
de una Raza sobre la Raza que le sigue, dado que en caracteres y tipo externo
la más vieja pierde sus cualidades características, y asume los
nuevos rasgos de la Raza más joven. Esto está probado en todas
las formaciones de razas humanas mezcladas. Ahora bien; la Filosofía
Oculta enseña que aun actualmente, ante nuestra misma vista, la nueva
Raza y razas preparan su formación, siendo en América donde la
transformación se verificará, y ya ha empezado silenciosamente.
De Anglosajones puros hace apenas trescientos años, los Americanos de
los Estados Unidos se han convertido ya en una nación aparte; y, debido
a la mezcla acentuada y al mutuo cruce de diferentes nacionalidades, se han
transformado en una raza sui generis, no sólo mental, sino también
físicamente. Citando a De Quatrefages:
Toda raza mezclada, cuando es uniforme y fija, ha podido representar el papel de raza primaria en los cruzamientos nuevos. La humanidad, en su estado actual, se ha formado así ciertamente, en su mayor parte, por cruzamientos sucesivos de un número de razas hoy indeterminadas (249).
Así, pues, los americanos se han convertido, en sólo tres siglos,
en una “raza primaria”, temporalmente, antes de convertirse en una raza aparte,
y acentuadamente separada de todas las demás razas que hoy existen. Son
ellos, en una palabra, los gérmenes de la sexta subraza, y en unos cuantos
cientos de años más se convertirán decididamente en las
avanzadas de la raza que deberá suceder a la presente quinta subraza
europea, en todas sus nuevas características. después de esto,
dentro de unos 25.000 años, entrarán ellos en la preparación
de la séptima subraza; hasta que, a consecuencia de cataclismos -la primaria
serie de aquellos que deberán un día destruir Europa y aún
más tarde toda la Raza Aria (afectando así a las dos Américas),
así como a la mayor parte de las tierras directamente relacionadas con
los confines de nuestro continente e islas- la Sexta Raza-Raíz aparecerá
en el escenario de nuestra Ronda. ¿Cuándo será esto? ¡Quién
lo sabe! Sólo quizás los grandes Maestros de la Sabiduría;
y estos permanecen tan silenciosos respecto al asunto, como los nevados picos
que contemplan. Todo lo que sabemos es que vendrá ella silenciosamente
a la existencia; tan en silencio, a la verdad, que durante milenios sus avanzadas,
los niños especiales que se desarrollarán como hombres y mujeres
peculiares, serán considerados como lusus naturae anómalos, rarezas
anormales físicas y mentales. Luego, a medida que aumenten y su número
se haga cada vez mayor con cada edad, se encontrarán un día en
mayoría. Entonces los hombres presentes empezarán a ser considerados
como bastardos excepcionales, hasta que, por último, desaparecerán
de los países civilizados, sobreviviendo tan sólo en pequeños
grupos en islas (las mesetas de las montañas de hoy), en donde vegetarán,
degenerarán, y por último se extinguirán quizás
dentro de millones de años, como se han extinguido los Aztecas, y como
se están extinguiendo los Nyam-Nyam y los enanos Mûla Kûrumba
de Nilghiri Hills. Todos estos son los restos de las que fueron una vez razas
poderosas, el recuerdo de cuya existencia se ha extinguido por completo de la
memoria de las presentes generaciones, lo mismo que nosotros desapareceremos
de la de la Sexta Raza de la Humanidad. La Quinta Raza se superpondrá
a la Sexta durante muchos cientos de miles de años, transformándose
con ella, más lentamente que su sucesora, cambiando todavía en
estatura, en el físico en general, y en mentalidad, del mismo modo que
la Cuarta se superpuso a la Raza Aria y la Tercera se superpuso a los Atlantes.
Este proceso de preparación para la Sexta gran Raza debe durar todo el
tiempo de la sexta y séptima subrazas (250). Pero lo últimos restos
del Quinto Continente no desaparecerán sino algún tiempo después
del nacimiento de la nueva Raza; después que otra nueva morada, el Sexto
Continente, haya aparecido sobre las nuevas aguas en la faz del Globo, para
recibir al nuevo huésped. A él también emigrarán,
y allí se establecerán todos aquellos que tengan la fortuna de
escapar al desastre general. ¿Cuándo sucederá esto? La
escritora, como se ha dicho antes, no puede saberlo. Sólo que, como la
naturaleza no procede por impulsos ni saltos repentinos, así como el
hombre no cambia repentinamente de niño a hombre maduro, el cataclismo
final será precedido de muchos hundimientos y destrucciones más
pequeños, tanto por las olas como por fuegos volcánicos. La vida
exuberante latirá fuertemente entonces en el corazón de la raza
que ahora se halla en la zona americana, pero no habrá ya americanos
cuando la Sexta Raza comience; como no habrá europeos; pues entonces
se habrán ellos convertido en una nueva Raza, y en muchas naciones nuevas.
Sin embargo, la Quinta no morirá, sino que sobrevivirá por cierto
tiempo, sobreponiéndose a la nueva Raza durante muchos cientos de miles
de años, y como ya hemos dicho, se transformará con ella más
lentamente que su sucesora, aunque cambiando por completo en mentalidad, en
lo físico en general y en la estatura. La humanidad no volverá
a desarrollar cuerpos gigantescos como los de los Lemures y Atlantes; porque,
al paso que la evolución de la Cuarta Raza condujo a esta última
hasta el fondo mismo de lo material en su desarrollo físico, la presente
Raza se halla en su arco ascendente; y la Sexta se irá libertando rápidamente
de los lazos de la materia, y hasta de la carne.
Así, pues, la humanidad del Nuevo Mundo, más viejo con mucho que
el Antiguo -hecho que los hombres habían también olvidado- de
Pâtâla (los Antípodas, o el Mundo Inferior, como la América
es llamada en la India), es la que tiene la misión, y el Karma de sembrar
las simientes de una Raza futura, más grande y mucho más gloriosa
que todas las que hasta ahora hemos conocido. Los Ciclos de Materia serán
reemplazados por Ciclos de Espiritualidad, y por una mente por completo desarrollada.
Con arreglo a la ley de la historia y de las razas paralelas, la mayor parte
de la humanidad futura estará compuesta de Adeptos gloriosos. La Humanidad
es hija del Destino Cíclico, y ni siquiera una de sus Unidades puede
escapar a su misión inconsciente, ni librarse de la carga de su trabajo
cooperativo con la Naturaleza. De este modo la Humanidad, raza tras raza, llevará
a cabo su Peregrinación Cíclica marcada. Los climas cambiarán,
y ya han principiado, con cada Año Tropical después de cada subraza
extinguida, pero sólo para engendrar otra raza superior en el ciclo ascendente;
al paso que, una serie de grupos menos favorecidos, los fracasos de la Naturaleza,
se desvanecerán, como ciertos hombres individuales, de la humana familia,
sin siquiera dejar un rastro tras sí.
Tal es el curso de la Naturaleza, bajo la influencia de la Ley Kármica;
de la Naturaleza Siempre presente y Siempre transformándose. Pues, según
las palabras de un Sabio, conocido tan sólo de algunos Ocultistas:
EL PRESENTE ES HIJO DEL PASADO; EL FUTURO, ENGENDRADO POR EL PRESENTE Y SIN
EMBARGO, ¡OH MOMENTO PRESENTE! ¿NO SABES TÚ QUE NO TIENES
PADRE, NI PUEDES TENER UN HIJO; QUE TÚ SÓLO ESTÁS SIEMPRE
ENGENDRÁNDOTE A TI MISMO? ANTES QUE NI SIQUIERA HAYAS PRINCIPIADO A DECIR:
“YO SOY LA PROGENIE DEL MOMENTO QUE FUE, EL HIJO DEL PASADO”, TÚ TE HAS
CONVERTIDO EN ESE PASADO MISMO. ANTES DE QUE PRONUNCIES LA ÚLTIMA SÍLABA,
¡MIRA! YA NO ERES EL PRESENTE, SINO EN VERDAD ESE FUTURO. ASÍ SON
EL PASADO, EL PRESENTE Y EL FUTURO, LA TRINIDAD EN UNO POR SIEMPRE VIVA - EL
MAHÂMÂYA DEL “ES” ABSOLUTO.
FIN DEL TOMO III