RESPUESTA A OTRAS
CUESTIONES SOBRE ESPAÑA[1]
(1º
de octubre de 1937)
Mantuve una correspondencia muy
interesante con Andrés Nin: voy a publicarla[2].
En todas las cuestiones, el P.O.U.M. ha utilizado las concepciones bolcheviques-leninistas
para hacerlas servir con fines oportunistas. Pero esta es la primera vez que se
le atribuye, que yo sepa, la tesis según la cual no hay que llamar a construir
soviets si los obreros no los han constituido ellos mismos.[3]
Ésta es la historia de lo
referente a esta cuestión. En 1931, al principio de la revolución,[4]
escribí que no creía oportuno comenzar lanzando la consigna de soviets. Durante
gigantescas huelgas, como en la Rusia de 1905, los trabajadores constituyeron
comités de huelga, pero no sabían entonces que estaban a punto de hacer nacer
los soviets. Hoy la palabra «soviet» significa gobierno soviético. El obrero
huelguista no puede establecer relación entre lo que él está haciendo y un
soviet. Los socialistas y los anarquistas se opondrían a ellos diciendo que era
la dictadura del proletariado. Mi opinión por consiguiente fue que era preciso
crear organizaciones de masas, pero no llamarlas «soviets». En lugar de esto
llamarlas Juntas, una palabra española tradicional, menos concreta aún que
soviet. En realidad fueron impuestos bajo la forma de una organización
artificial, que no representaba a las amplias masas, formada por delegados de
las viejas organizaciones obreras, tres anarquistas, tres socialistas y
representantes del Partido Comunista y del P.O.U.M. Esta proposición fue
impuesta en todas las ciudades.[5]
La revolución es un proceso muy
dinámico. Las masas se dirigen hacia la izquierda, mientras que la burguesía lo
hace hacia la derecha. La situación se modifica
rápidamente en un mes. En su camino, la revolución barre las viejas
organizaciones, los viejos partidos, conservadores, los sindicatos. En todas
las empresas, en todas las fábricas, aparece una nueva dirección, más joven,
más activa, mas luchadora, mientras la antigua dirección se convierte en el
peor de los frenos para la revolución. Era absolutamente necesario construir
juntas -nosotros podemos llamarlas soviets, sabemos que quiere decir esto- ya
que es el único medio de dar una dirección centralizada a la revolución.
En cuanto a la necesidad de la
unificación, no fue sobre este problema sobre el que más tuvimos que combatir
al P.O.U.M.,[6] sino sobre
el de saber si la política debía unificar a la burguesía o a los nuevos
elementos creadores del proletariado.[7]
No se trata de un añadido: es una cuestión de clase, no un problema
administrativo. ¿Cómo se puede pretender que los obreros españoles no habían
construido soviets? Habían construido comités por todas partes, y estos comités
habían tomado la industria en sus manos. No hacía falta más que unificarlos,
desarrollarlos, y se hubiera construido el soviet de Barcelona.[8]
[1] T. 4208. Este texto es una respuesta -entre otras relativas a otros asuntos- a preguntas hechas a Trotsky por militantes americanos, publicado bajo el titulo: «Respuesta a preguntas» en el Boletín interno nº 3 de 1938 de la sección americana.
[2] Se sabe que Trotsky no tuvo tiempo de realizar este proyecto
[3] De hecho esto es una idea latente en el articulo de Kurt Landau, sobre «El trotskysmo y la revolución española». Redactado en agosto de 1937, publicado el 26 de mayo de 1939 por Juin 36, órgano del P.S.O.P. de Pivert.
[4] «La revolución española y las tareas de los comunistas»
[5] De hecho, la realidad fue más matizada. La representación de los partidos y de los sindicatos era paritaria, proporcional a sus efectivos, pero a menudo, en Cataluña se calcó sobre el modelo de la repartición de los representantes de las diversas organizaciones en el Comité Central de las milicias. (P. Broué y E. Témime, La revolución y la guerra de España, pp. 110-111
[6] Trotsky responde a una pregunta relativa a la política de «unificación de los marxistas» preconizada al principio por el P.O.U.M., y que constituyó su principal objetivo, desde su fundación, hasta el estallido de la guerra civil
[7] Algunos meses más tarde, en el Congreso de la Federación de Levante del P.O.U.M., Nin había desarrollado argumentos parecidos contra Luis Portela, líder de la derecha del partido. (El comunista, 21 de enero de 1937.) Pero Trotsky, evidentemente, hace alusión a la colaboración del P.O.U.M. en el gobierno de la Generalitat de Cataluña.
[8] La izquierda del P.O.U.M. -el grupo José Rebull, la célula 72- reeprochaba duramente a la dirección, no haber tomado una iniciativa semejante durante las jornadas de mayo de 1937, mientras que Los Amigos de Durruti, preconizaban una «junta revolucionaria» que podía encarnar este soviet. Pero esta lucha para transformar los comités en soviets era posible, según Trotsky, desde el día siguiente al levantamiento militar, y el P.O.U.M., de hecho, la había rechazado, aceptando la disolución de los comités.