LA INTERNACIONAL COMUNISTA APOYA A LA CONTRARREVOLUCION EN ESPAÑA[1]
Inglaterra y Francia no hubieran
sido capaces de imponer con sus propias fuerzas un gobierno burgués contrarrevolucionario,
del tipo de Negrin, contra la España revolucionaria. La autodenominada
Internacional comunista se ha convertido en la indispensable correa de
transmisión de la diplomacia de Londres y París. En su lucha por ganar la
confianza de las burguesías inglesa y francesa, la principal preocupación de
Stalin ha sido que los obreros españoles no pudieran avanzar por el camino de
la revolución. La ayuda concedida por el gobierno de Moscú al gobierno del
Frente Popular ha sido siempre condicional, acompañada de la exigencia de
rigurosas medidas contra los revolucionarios. Como era de esperar la lucha
contra los revolucionarios en la retaguardia ha provocado las derrotas en el
frente. La pandilla de Moscú es tan impotente contra Franco como contra el
Mikado. De la misma manera que Stalin necesita chivos expiatorios para sus
propios errores en materia de política interior, igualmente, las derrotas que
su política reaccionaria han ocasionado en España, le han obligado a buscar la
salvación en la destrucción de la vanguardia revolucionaria.
Los métodos de la amalgama y de
las falsedades desarrollados en Moscú, han estado, una vez puestos a punto,
trasplantados a Barcelona y Madrid. Los dirigentes del P.O.U.M., a los que como
mucho se podría acusar de oportunismo y de falta de resolución frente a la
reacción estalinista, han sido repentinamente bautizados de trotskystas, y
consecuentemente de aliados del fascismo. Los agentes de la G.P.U. en España
han «descubierto cartas, que ellos mismos han escrito con tinta simpática, que
probaban los lazos de los revolucionarios de Barcelona con Franco, según el
código de mentiras de Moscú.[2]
Tenían canallas a su disposición para la ejecución de estas sangrantes
directivas. El ex revolucionario Antonov-Ovseenko,[3]
que confesó en 1927 sus pecados como miembro de la oposición, y que vivía en
1936 aterrorizado por la posibilidad de ser colocado en el banquillo de los
acusados, hizo saber en Pravda que estaba dispuesto a degollar a los
«trotskystas» con sus propias manos. Este individuo fue inmediatamente llevado
a Barcelona como cónsul, provisto de instrucciones precisas, referentes a quien
debería degollar.
La detención de Nin bajo una
acusación evidentemente falsa, su rapto en la prisión y su asesinato en secreto
fueron obra de Antonov-Ovseenko. Pero, evidentemente, no obraba por iniciativa
propia. Los asuntos de tal importancia no pueden ser emprendidos sin
instrucciones precisas del secretario general en persona.
Stalin necesita la confusión en
Europa. No sólo para desviar la atención hacia su política internacional
profundamente reaccionaria, sino también para apuntalar el más vasto
confusionismo realizado en suelo soviético. El cadáver mutilado de Nin está
destinado a servir de prueba... del viaje de Piatakov a Oslo.[4]
Estos métodos no se han empleado únicamente en España. En otros países se han
desarrollado largos preparativos. En Checoslovaquia, un emigrado alemán, viejo
revolucionario sin reproche, Antón Grylewickz, fue detenido, sospechoso de
relaciones con la Gestapo. La acusación, indudablemente fabricada por la
G.P.U., fue suministrada ya completamente elaborada a la policía checa.[5]
En todas partes se persigue tanto a los auténticos como a los pretendidos
trotskystas, particularmente en los países que tienen la mala fortuna de
depender de Moscú, como España y Checoslovaquia. Pero esto no es nada más que
el comienzo. Utilizando las complicaciones internacionales y los mercenarios
del Komintern dispuestos a todo y, Last but non least, los recursos de
una industrias de oro en plena expansión, Stalin espera llegar a la aplicación
de métodos semejantes en los restantes países. La reacción no es hostil a la
posibilidad de desembarazarse de los revolucionarios, sobre todo si el trabajo
de fabricación de mentiras queda asumido en ,secreto por un gobierno «
revolucionario » extranjero que opera con la ayuda de los «amigos» de este país
que cobran del mismo presupuesto extranjero. El estalinismo se ha convertido en
la plaga de la Unión Soviética y en la lepra del movimiento obrero mundial. En
el dominio de las ideas, el estalinismo es un cero a la izquierda. Por el
contrario dispone de un aparato, colosal que explota la dinámica de la más
grande revolución de la historia, y las tradiciones de su heroísmo y su
espíritu de conquista.
Stalin, con su congénita
estrechez y su empirismo, ha transformado el papel creador de la violencia
revolucionaria en una situación histórica dada, en la omnipresencia de la
violencia en general. Incluso sin darse cuenta, ha pasado de la violencia
revolucionaria de los explotados contra los explotadores a la violencia
contrarrevolucionaria contra los explotados. Está a punto de liquidar la
revolución de Octubre bajo expresiones y fórmulas antiguas. Nadie, excepto
Hitler, ha asestado tantos golpes mortales al socialismo como Stalin. No hay en
ello nada de sorprendente: Hitler ha atacado a la clase obrera desde fuera,
mientras que Stalin lo hace desde dentro. Hitler ataca al marxismo, Stalin no
se contenta con atacarlo, lo prostituye. No hay un solo principio del
socialismo que no haya sido manchado una sola idea que no haya sido ensuciada.
Los propios conceptos de «socialismo» y «comunismo» han sido cruelmente
comprometidos desde el momento en que policías incontrolados, al ganarse la
vida gracias a un pasaporte «comunista», han bautizado de «socialismo» a su
régimen policiaco. ¡Indignante profanación! El socialismo significa un sistema
social puro y limpio adaptado al gobierno de los explotados por ellos mismos.
El régimen de Stalin descansa sobre la conspiración de los gobernantes contra
los gobernados. El socialismo significa el crecimiento ininterrumpido de la
igualdad universal. El estalinismo ha levantado un sistema de privilegios
indignantes. El socialismo tiene como meta el florecimiento y la expansión en
todos los sentidos de la personalidad individual. ¿Dónde y cuándo la
personalidad individual del hombres ha sido degradada tan profundamente como en
la U.R.S.S.? El socialismo no reconoce ningún valor fuera de las relaciones no
egoístas, honestas, honradas y humanas. El régimen de Stalin ha impregnado las
relaciones sociales y personales de mentira, de carrerismo burocrático y de
traición. Por supuesto, no es Stalin quien determina el camino de la historia.
Nosotros poseemos el conocimiento de los factores objetivos que han preparado
el camino de la reacción en la U.R.S.S. Pero no es casualidad el hecho de que
Stalin haya cabalgado sobre la cresta de la ola termidoriana. Se debe a que ha
sido capaz de dar su expresión más viciada a los glotones apetitos de la nueva
casta. Stalin no es el responsable de la historia, pero es el responsable de lo
que es, de su papel en la historia. Su papel es criminal. Y es tan criminal que
la repugnancia se multiplica aquí por el horror.
EL ASESINATO DE ANDRÉS NIN POR LOS AGENTES DE LA GPU
[1] Sacado de «El principio del fin» publicado en Socialist Appeal, 16 de octubre de 1937
[2] Trotsky hace aquí alusión al famoso «Plan N», un plan de Madrid, sobre papel milimetrado, descubierto por la policía en las ropas de un falangista detenido, llamado Golfín. La policía pretendía haber descubierto un mensaje con tinta simpática presentando a «N» como un agente seguro. La falsificación era tan inutilizable que fue abandonada en el proceso del P.O.U.M
[3] Antonov Ovseenko, joven oficial de carrera'ruso, se amotinó en 1916 junto con sus soldados. Exiliado, relacionado con Trotsky en Francia, donde éste editaba durante la guerra el periódico internacionalista Naché Slovo, entró en el partido bolchevique junto con Trotsky, jugando un papel muy importante en el Comité Militar Revolucionario y en la toma del Palacio de Invierno. Miembro de la Oposición de 1923, siendo responsable político del ejército, hizo una declaración de arrepentimiento, lo que no impedirá que sea fusilado a su vuelta de España. Será de los primeros rehabilitados, en tiempos de Khruschev.
[4] La confesión de Piatakov en el segundo proceso de Moscú, según la cual había hecho un viaje en avión a Oslo para reunirse con Trotsky, era una de las piedras angulares de la acusación que quería demostrar la complicidad de Trotsky con los dirigentes nazis
[5] Anton Grylewikz, veterano comunista alemán, era uno de los dirigentes de la Oposición de izquierda en ese país, siendo durante algún tiempo editor del Boletín de la Oposición rusa. Emigrado a Checoslovaquia, fue arrestado en 1937, acusado de espionaje a favor de la Alemania hitleriana, sobre la base de un informe falso proporcionado a la policía checa por la G.P.U. Sin embargo, la maquinación debía fracasar.