DECIR
LAS MÁS AMARGAS VERDADES[1]
(Carta a la redacción de La
Lutte ouvriére, órgano del Partido Socialista Revolucionario de Bélgica)[2]
(23 de marzo de 1937)
Queridos camaradas,
En el número 9 de vuestro
periódico, del sábado 27 de febrero de 1937, he encontrado un artículo extraído
de La Révolution Espagnole, Órgano del P.O.U.M.,[3]
con una elogiosa introducción por vuestra parte. No puedo dejar de ocultaros
que vuestra solidarización (sic), no con la lucha de los obreros del P.O.U.M.
sino con su dirección, me parece no una falta, sino un crimen, contra el que
voy a protestar públicamente con todas mis fuerzas.
El artículo que reproducís es
falso de esquina a esquina. Y su falsedad es extremadamente reveladora de la falsedad
de la política de Nin y compañía. Están llevando una polémica contra el
antifascismo pequeñoburgués» y contra el «programa de una república
neoburguesa». Pero ¿cómo puede combatir a la república burguesa formando parte
de su gobierno? ¿Cómo puede movilizar a los obreros contra el estado burgués
mostrándose al mismo tiempo como «apóstol» de la justicia burguesa? ¿Están
tomándose las cosas en serio o están burlándose del programa y de las ideas del
proletariado?
El
artículo es falso de cabo a rabo. Habla de los
jefes de la pequeña burguesía» que han «aumentado gracias a la
desaparición del capital monopolizador» (sic): La función de Azaña, de
Companys,[4]
etc., está erróneamente caracterizada. Estos señores no son la pequeña burguesía. La verdadera pequeña
burguesía, arruinada, desclasada, es el campesinado, los artesanos, los
empleados. Azaña y sus semejantes son los explotadores políticos de la pequeña
burguesía en provecho de la grande. Permanecen en el campo de las masas
populares haciendo el papel de espantapájaros. Y los gorriones son los
dirigentes socialistas, reformistas y ¡ay! poumistas. No se atreven a tocar la
propiedad privada, rebajándose incluso a jugar el papel de defensores de la
«justicia» basada en la propiedad privada.[5]
Ésta es la verdad. Todo lo demás no es más que mentira. El «capital.
monopolizador» se hará el muerto hasta la victoria de Franco, mientras tanto,
Azaña y Companys administran sus negocios y La Batalla dice que no se
pueden administrar sus negocios «sin el P.O.U.M. ni contra el P.O.U.M.».
Todo es falso en el articulo,
tanto la retrospección (sic) como las perspectivas. La «cohabitación» (es
decir, la colaboración de clases si usted prefiere) no hubiera sido posible más
que «gracias a la guerra contra el fascismo».[6]
Pero esta cohabitación, es decir, la colaboración de los
dirigentes del P.O.U.M. con los jefes de la neorrepública burguesa, ha
paralizado terriblemente el ánimo de los obreros y campesinos, acumulando
derrota tras derrota. De esto no se dice nada. En contrapartida (sic) se añade:
«Pero incluso hoy mismo, el desarrollo de la guerra obliga (¿a quién?) a
decidir el camino que hay que tomar. ¿Por qué hoy? ¿Por qué la política de ayer
llevó al borde del abismo? Pero incluso al borde del abismo, el P.O.U.M.
continúa sermoneando a las direcciones traidoras en lugar de dirigir a las
masas contra ellas. Aquí es donde comienza el bolchevismo. En lugar de jugar el
papel vodevilesco de ministro de la neorrepública burguesa, se debería haber
movilizado a los obreros, abiertamente, con coraje, para ahuyentar a los
ministros burgueses y para poder reemplazar a los ministros socialistas y
comunistas. En lugar de este implacable trabajo entre las masas y por las
masas, se escriben artículos ambiguos sobre la necesidad de pronunciarse por un
estado obrero. «Proseguir la guerra es asegurar la colectivización y la
socialización.» Se hacen silogismos abstractos para tapar la falta de coraje
revolucionario. Proseguir la guerra sin la -socialización y la colectivización,
significa la derrota. Para asegurar la victoria hay que ahuyentar a los
burgueses y poner a las direcciones traidoras entre la espada y la pared por la
presión directa de las masas armadas. El silogismo abstracto no basta. Hace
falta acción. Pero precisamente aquí es donde Nin, el Martov español, capitula.
«Los
proletarios de Cataluña tienen una fuerte industria de guerra que coloca al
gobierno de la república en un estado de vasallaje (¡) debido a las necesidades
de la guerra.» El estado de vasallaje es el de los dirigentes del P.O.U.M.
frente a la neorrepública burguesa. Ésta es la verdad. Si esta política
continúa, los obreros catalanes serán víctimas de una catástrofe, comparable a la de la Comuna de
París en 1871.[7]
Nin no ha hecho más que cometer
faltas durante seis años. Jugaba con las ideas, esquivaba las dificultades y
reemplazaba la lucha por pequeñas combinaciones. Ha estado entorpeciendo la
lucha por la construcción de un partido revolucionario en España. Todos estos
jefes que le han seguido comparten la misma responsabilidad. Durante seis años
se ha hecho todo lo posible para conducir a este enérgico y heroico
proletariado español a la más terrible de las derrotas; y a pesar de todo,
continúa la ambigüedad. No se rompe el circulo vicioso. No se conducen a las masas
contra la república neoburguesa. Se acomoda y de vez en cuando escribe
artículos... sobre la revolución proletaria, ¡qué miseria! Y ustedes reproducen
esto con su aprobación, en lugar de fustigar a los traidores mencheviques que
se esconden tras fórmulas casi bolcheviques.
Y que no se me diga que los
obreros del P.O.U.M. están luchando heroicamente, etc. Lo sé tan bien como los
demás. Precisamente su lucha y su sacrificio es lo que nos fuerza a decir la
verdad y nada más que la verdad. ¡Abajo la diplomacia, el juego y el equivoco!
Hay que saber decir las más amargas verdades cuando la suerte de una guerra y
de una revolución dependen de ello. Nosotros no tenemos nada en común con la
política de Nin, ni con los que la defienden, la camuflan o la protegen.[8]
[1]
T.
4131. Carta dictada directamente a Van Heijenoort, en un francés a menudo
incorrecto. La Lutte ouvriére (Bélgica), mayo de 1937. La Lutte
ouvriere era el título del órgano de dos secciones: El P.O.I. de Francia y
el Partido Socialista Revolucionario Belga.
[2] Los B.-L.
belgas habían conocido la escisión durante el asunto del entrismo y acababan de
reunificarse, con la fusión del grupo entrista salido del P.O.B.. y del grupo
Spartacus, dirigido por Georges Vereecken. Este último no había apaciguado su
oposición a Trotsky, su línea y sus «métodos». En su informe pronunciado ante
el comité central del nuevo partido, el 28 y el 29 de noviembre de 1936, lanzó
una verdadera requisitoria a propósito de la cuestión española. Reprochaba al
S.I. no haber tomado postura sobre la cuestión española y no haber revisado su
postura de no asistencia a la conferencia de Bruselas, a partir del momento en
que estaba claro que el P.O.U.M. se había convertido en un «partido de masas»;
así como de haber enviado a España a gente sectaria e incapaz. Calificaba de
«parásitos» y de «primos» a los B.-L. de Barcelona, a los que atribuía,
respecto a la ruptura con el P.O.U.M., tanta responsabilidad como a la
violencia verbal de Trotsky. El secretariado internacional estaba representado
en esta sesión por Erwin Wolf («Braum») a quien Vereecken reprochaba haber
escrito que Nin era un «renegado». Sin embargo, en esta reunión, Vereecken condenó
claramente la participación del P.O.U.M. en el gobierno de la Generalitat.
Algunas semanas más tarde, en La Lutte ouvriére del 19 de diciembre de
1936, presentando un discurso de Nin, escribía: «Seguimos siendo de la opinión
de que los camaradas del P.O.U.M. no deberían haber participado en el gobierno
pequeñoburgués catalán de Companys. Pero hoy que ya están, y que los
estalinistas piden su exclusión, para pedir mañana que sean ilegalizados,
consideramos que el P.O.U.M. debe luchar con todas sus fuerzas, con todos los
medios de los que dispone, para resistir a los ataques estalinistas, apoyándose
en los comités de obreros, soldados y campesinos, que precisamente el gobierno
de la Generalitat y el P.S.U.C. se proponen liquidar». Para Trotsky, esto era
algo más que una fórmula equívoca, era la expresión de una línea falsa.
[3] La Révolution
Espagnole era el órgano del P.O.U.M. en francés, publicado
primeramente bajo la dirección de Kurt Landau y posteriormente de los
militantes pivertistas de la S.F.I.O., Max Peytel y Colette Audry. Es preciso
señalar que su interpretación de la política del P.O.U.M, era
extraordinariamente libre y que era la fuente fundamental de información de los
militantes internacionales que no conocían el castellano. Este boletín siempre
llevaba al margen la inscripción «Se ruega reproducir». El artículo en cuestión
aparecido en el número 13, del 15 de febrero de 1937 se titulaba «¿Hacia la
revolución proletaria o hacia una república burguesa?»
[4] Trotsky mete en el mismo saco al gobierno
Largo Caballero -bajo el presidente Azaña- y al gobierno Tarradellas –bajo
Companys-. Sobre este punto, la divergencia era total con el P.O.U.M. Kurt
Landau escribió: «En oposición al carácter reaccionario del gobierno Largo
Caballero, el Consejo de la Generalitat de Cataluña, presenta un tipo original,
aunque no duradero, de régimen de transición revolucionario pequeñoburgués».
Precisaba que «el Papel que jugará la Esquerra pequeñoburguesa, que por
el momento practica una astuta política de abstención, asumiendo sin protestar
las radicales medidas de las organizaciones obreras, es algo que sólo puede
aclarar el porvenir». (Wolf Bertram. La Revolución española de 1936 y la
revolución alemana de 1917-1918, PP. 24-25). En el mismo sentido, el
pivertista Michel Collinet, cribía en La Gauche révolutionnaire (20 de
noviembre de 1936): «Algunos marxistas (?) han reprochado a la C.N.T. y al
P.O.U.M., organizaciones revolucionarias, participar en un gobierno dentro del
marco de la democracia pequeñoburguesa catalana. Esta objeción no puede sino
provenir de gente que desconoce totalmente la situación social del país ( ...
). El marco económico de la democracia pequeñoburguesa ha sido arrasado por la
expropiación de los capitalistas. Sus cuadros políticos no lo han sido menos (
... ). Ciertamente el gobierno catalán no es un gobierno proletario puro, sino
un gobierno de coalición entre el proletariado, la pequeña burguesía, y el
campesinado para aplastar a la reacción y para la socialización de la economía.
En esta coalición, toda la iniciativa le corresponde al proletariado. La
duración de este régimen depende del ritmo de los acontecimientos y de la forma
en que la pequeña burguesía se adapte a la nueva forma de la economía
socializada». Pero la situación había cambiado mucho desde que Landau y
Collinet hiciesen sus análisis. Y sin embargo, en mayo de 1937, J. Andrade -que
admitía la tesis de Landau sobre la posibilidad teórica de otra «salida»- fue
el único en escribir explícitamente que la participación del P.O.U.M. en este
gobierno fue un error y que la Esquerra llevaba una política burguesa. Esta
toma de postura provocó una tempestad entre los dirigentes del P.O.U.M.
-comparable a la de septiembre del 36-- y publicada en La Batalla, en
ausencia de Gorkin- según la cual el gobierno Largo Caballero era
contrarrevolucionario. Se puede imaginar cuál hubiera sido la reacción de
Trotsky si hubiera leído, por ejemplo, El Comunista de Valencia, que
reprochaba a La Batalla ¡los ataques dirigidos por esta última a la Esquerra!
[5] Alusión directa
y precisa: Andrés Nin había llegado a ser «conseller» -equivalente a ministro-
de justicia en el gobierno presidido por Tarradellas en Cataluña.
[6] La frase incriminada es la siguiente: «La colaboración durante todo este tiempo del antifascismo más primitivo y más pequeñoburgués, con los deseos del proletariado de tomar el poder, fue posible, y hemos tenido ya ocasión de explicarlo, gracias a la guerra contra el fascismo español y extranjero, y sólo gracias a él».
[7]
Trotsky
alude aquí por vez primera a la posibilidad de un aislamiento de la Cataluña
obrera, riesgo que evocarían, para justificar la retirada, los dirigentes
anarquistas y poumistas, después de la insurrección de mayo
[8] Esta
declaración de guerra política -la carta está destinada a la publicación- se
refiere no sólo a Vereecken y a la mayoría de la sección belga, sino también a
Sneevliet y al R.S.A.P., que se habían solidarizado con la dirección del
P.O.U.M., y a Víctor Serge, que se había adherido simbólicamente al P.O.U.M. y dirigía
artículos a, La Batalla