LA REVOLUCIÓN ESPAÑOLA: UN
PLAZO MÁS[1]
(26
de noviembre de 1931)
La revolución española ha creado
las premisas políticas necesarias para una lucha inmediata del proletariado por
la conquista del poder. La tradición sindicalista del proletariado español se
ha manifestado como uno de los grandes obstáculos en el camino del desarrollo
de la revolución española. Los acontecimientos han cogido de improviso a la
Internacional comunista. Totalmente incapaz al principio de la revolución, el
partido comunista ha seguido una política falsa en casi todos los problemas
fundamentales. La experiencia española ha demostrado ‑recordémoslo una
vez más‑ que la actual dirección de la Internacional comunista es un
terrible instrumento de desorganización de la vanguardia revolucionaria en los
países avanzados. El retraso de la vanguardia proletaria respecto a los
acontecimientos; la dispersión, en el sentido político del término, de los
heroicos combates de las masas obreras; los pactos tácitamente firmados entre
los anarco‑sindicalistas y la socialdemocracia, constituyen, en lo
esencial, las condiciones políticas que han permitido a la burguesía
republicana, aliada con la socialdemocracia, restablecer el aparato represivo y
concentrar en el gobierno un poder considerable, golpeando cada vez más fuerte
a las masas obreras, que estaban a punto de sublevarse.
Esto demuestra que el fascismo no es la única salida de la burguesía en su lucha contra las masas obreras. El actual régimen español se parece al llamado «kerenskismo», o sea el «Último» (o el penúltimo) gobierno de «izquierda» que coloca la burguesía en su lucha contra la revolución. Sin embargo, la existencia de un gobierno de este tipo no demuestra necesariamente la debilidad en las filas del proletariado. Al no existir un partido revolucionario, la combinación de reformas a medias, de proclamas « izquierdistas », de gestos más «izquierdistas» todavía y de represión, puede ser más útil a la burguesía que el propio fascismo.
Es inútil decir que la revolución española
aún no ha terminado. Todavía no ha sabido solucionar ni los problemas más
elementales ‑cuestión agraria, Iglesia, problema de las nacionalidades‑,
aún está muy lejos de haber agotado la energía revolucionaria de las masas
populares. La revolución burguesa no puede dar más de sí. En lo que concierne a
la revolución proletaria, sólo se puede decir que la situación es pre‑revolucionaria,
nada más. Es muy posible que el progresivo desarrollo de la revolución española
no sobrepasará este periodo durante un tiempo más o menos largo. Debido a esto,
el proceso histórico, de alguna manera, abre un nuevo crédito al comunismo
español.[2]
LOS ERRORES DE LA OPOSICIÓN ESPAÑOLA
[1] La Verité, 12 de diciembre de 1931. Se trata de un resumen de «La llave de la situación mundial está en Alemania» que esboza un cuadro de la situación mundial
[2] España ha dejado de ser la principal preocupación de Trotsky, dejando lugar a Alemania, con el ascenso del nazismo y la política suicida de los principales partidos obreros. Durante dos años, Alemania ocupará la mayor parte del tiempo de Trotsky.