LA CUESTION NACIONAL EN CATALUÑA[1]
(Carta
al S.I., 13 de julio de 1931)
Aún sobre las cuestiones
actuales de la revolución española.
1º.- Maurin, «jefe» del «Bloque
obrero y campesino», adopta el punto de vista del separatismo. Después de
algunas dudas ha decidido constituirse como el ala izquierda del nacionalismo
pequeño‑burgués. Ya he afirmado que en el actual estadio de la
revolución, el nacionalismo pequeño‑burgués catalán es un factor
progresivo, pero con una condición: que desarrolle su actividad fuera de las
filas comunistas y que pueda estar siempre bajo la crítica de éstos. Por el
contrario, si se deja que el nacionalismo pequeño‑burgués se disfrace con
la máscara del comunismo, se está asestando un duro golpe a la vanguardia del
proletariado, y al mismo tiempo se está matando la significación progresiva del
nacionalismo pequeño‑burgués.
2.º.- ¿Qué significado tiene el
programa del separatismo? La desmembración política y económica de España, o,
dicho de otro modo, la transformación de la península Ibérica en una especie de
península Balcánica, con estados independientes, barreras aduaneras, con
ejércitos independientes y con guerras hispánicas « independientes ».
Entendámonos, Maurin dirá que no es todo esto lo que él pretende. Pero los programas
tienen su lógica, y esto es lo que le falta a Maurín...
3.º Los obreros
y los campesinos de las diferentes partes de España, ¿están interesados en el desmembramiento económico
del país? De ninguna manera. Precisamente por esto, es nefasto identificar la
decisiva lucha por el derecho a la autodeterminación, con la propaganda
separatista. Nuestro programa es la Federación Hispánica, con el elemento
indispensable de unidad económica. No tenemos intención de imponer este
programa a las nacionalidades oprimidas de la península con la ayuda de las
armas burguesas. En este sentido, estamos sinceramente por el derecho a la
autodeterminación.[2]2 Si Cataluña
se separa del resto de España, tanto la minoría comunista catalana como la
española, deberán combatir por una Federación.
4.º.- En los Balcanes, es aún la
vieja socialdemocracia de antes de la guerra, la que ha avanzado la consigna de
la Federación Balcánica democrática, como solución a la situación de locos
creada por el desmembramiento de los estados. Hoy en día, la consigna comunista
en los Balcanes debe ser la Federación soviética Balcánica (a propósito, la
I.C. ha propuesto la consigna de Federación soviética Balcánica, ¡pero al mismo
tiempo la rechaza para Europa!). En esta situación, ¿podemos hacer nuestra la
consigna de balcanización de la península Ibérica? ¿No es monstruoso?
5.º.- Los sindicalistas ‑por
lo menos algunos de sus jefes‑ han declarado que lucharán contra el
separatismo si es necesario con las armas en la mano. En este caso, comunistas
y sindicalistas se encontrarán en diferentes lados de la barricada, porque
aunque no compartan las ilusiones separatistas, sino todo lo contrario,
criticándolas continuamente, los comunistas deben oponerse tenazmente a los
verdugos del imperialismo y a sus lacayos sindicalistas.
6.º.- Si la pequeña burguesía
llegase a desmembrar España, en
contra de los consejos y la crítica de los comunistas, no tardarían en hacerse
evidentes los resultados de este tipo de régimen. Los obreros y los campesinos
de las diferentes partes de la península llegarían rápidamente a esta
conclusión: Sí, los comunistas tenían razón. Precisamente esto significa que
nosotros no debemos comprometernos ni lo más mínimo con el programa de Maurín.
7º.- Monatte espera que los
sindicalistas españoles crearán un nuevo estado sindicalista[3].
En vez de esto, sus amigos españoles se integran con éxito en el Estado burgués[4].
¡El cuento de la desgraciada gallina que empolla huevos de pato!. Hoy en día es
muy importante seguir de cerca todo lo que dicen y lo que hacen los sindicalistas españoles. Esto posibilitará a la
Oposición de izquierda francesa golpear con éxito al anarcosindicalismo
francés. Está fuera de duda que los anarcosindicalistas se comprometerán
continuamente a la hora de la revolución.
¡La genial idea de los anarcosindicalistas consiste en ir contra las Cortes sin participar en ellas! Empezar la violencia revolucionaria, lucha por el poder, apoderarse de él, nada de esto les está permitido. En lugar de esto, se les recomienda «controlar» a la burguesía en el poder. Un cuadro magnífico: ¡la burguesía desayuna, come y cena, mientras el proletariado dirigido por los anarcosindicalistas, con la tripa vacía, controla las operaciones!
[1] T. 3394. Carta al S.I., B.0., n.º 23, agosto de 1931, pp. 15‑16, The Militant, 19 de septiembre de 1931.
[2] Trotsky desarrolla aquí la posición defendida por Lenin y el partido bolchevique frente a las diversas nacionalidades del imperio zarista
[3] En La Révolution Prolétarienne, n.º, 117, mayo de 1831, Pierre Monatte se extrañaba de la orientación reformista de los anarcosindicalistas españoles de la C.N.T. Llamaba a los anarquistas y a los anarcosindicalistas a observar la realidad y aceptar la necesidad de la «dictadura del proletariado», sin que fuera, como en Rusia, la dictadura de un partido; sugería que en la actual situación española, esta dictadura del proletariado podría ser asegurada por los sindicatos, que harían nacer de esta forma un nuevo tipo de «Estado obrero» y una forma sindical de la dictadura del proletariado.
[4] Alusión al núcleo dirigente de la C.N.T., con Ángel Pestaña, Juan Peiró, etc., que se había comprometido abiertamente con los dirigentes republicanos, orientándose hacia un programa reformista.