LA CRISIS REVOLUCIONARIA
MADURA [1]
(Extractos
de cartas a Andrés Nin)
13 septiembre 1930
[(...) No dudo que en Paris le
pondrán al corriente de la batalla interna que se desarrolla en el seno de la
Ligue.[2]"
Es por ello que encuentro necesario exponerle mi punto de vista sobre
esta cuestión.
Si en Paris entra en todos esos
asuntos internos ‑y pienso que debería hacerlo‑ es necesario que
escuche a las dos partes. Me gustaría que me escribiese con detalle las
impresiones que saque de ello[3]]
21 noviembre 1930
En mi artículo[4]
he expresado de manera muy circunspecta la idea de que después de varios años
de dictadura, después de un movimiento de oposición de la burguesía, después de
todo el ruido artificialmente creado por los republicanos, después de las manifestaciones
estudiantiles, conviene esperarse una acción obrera inevitable, y he dejado entender que esta acción podría coger
desprevenidos a los partidos revolucionarios. Si no me equivoco, ciertos
camaradas españoles han estimado que exageraba la importancia como síntoma de
las manifestaciones estudiantiles y al mismo tiempo las perspectivas del
movimiento obrero revolucionario. Luego, sin embargo, la lucha huelguística ha
tomado en España una formidable amplitud. Es absolutamente imposible discernir
claramente quiénes son los dirigentes de estas huelgas. ¿No cree que España
podría pasar por el ciclo de acontecimientos que conoció Italia a partir de
1918‑19: una fermentación, huelgas, la huelga general, la toma de las
fábricas, la ausencia de dirección, el reflujo del movimiento, el ascenso del
fascismo y una dictadura contrarrevolucionaria? El régimen de Primo de Rivera
no era una dictadura fascista, pues no se apoyaba en una reacción de las masas
pequeño burguesas. ¿No cree que, como consecuencia del indudable ascenso
revolucionario que se está produciendo en España ‑permaneciendo la
vanguardia proletaria, en tanto que partido, como en el pasado, pasiva e
incapaz‑ la situación podrá prestarse a un auténtico fascismo? Lo que es
más peligroso en tales circunstancias, es perder el tiempo ( ... )
[Mientras que la oposición en
Europa occidental no ha conocido permanentemente una vida ideológica y
política, no ha reaccionado sobre las grandes cuestiones, no se ha mezclado en
la vida interna del partido, sus seguidores ocasionales (Urbahns, Overstraeten,
Souvarine, Paz) [5] podían creer
ellos mismos y parecer a los demás ser nuestros partidarios. Pero en el fondo
nos han causado el mayor perjuicio cortando el paso a las ideas de la oposición
de izquierda en el partido, al que han declarado liquidado y muerto, puesto que
esto simplifica todo y permite vivir tranquilo en su rincón consagrando una
hora por semana a las conversaciones de la oposición
En su carta destaco la frase:
«La escisión en Francia tendría consecuencias catastróficas para nosotros».[6]
Evidentemente, toda escisión tiene un carácter malsano. Evidentemente, la
marcha del camarada Rosmer sería un golpe para La Verité, y, en lo que me concierne, estoy dispuesto a hacer todo lo
posible para evitarlo. Es en este sentido que escribo a los camaradas franceses
y al propio Rosmer. Pero debo decir que tal escisión no puede ser catastrófica
para nosotros
Para que pequeños grupos
nacionales, sin base teórica suficiente, sin tradiciones, sin experiencia, no
se pierdan en el proceso de esclarecimiento paciente, es necesaria una ligazón
firme entre ellos, una verificación recíproca constante, el control ideológico
organizado, ser dos o tres veces más implacable en el terreno ideológico
Escribe usted que Landau sin su
autorización, ha anunciado la publicación de nuestras cartas. Pero en ese caso,
¿dónde las ha conseguido?[7]']
29 noviembre 1930
Habla usted del retraso de los
obreros españoles y de la necesidad de hacerles conocer las ideas fundamentales
del comunismo antes de poderles plantear las cuestiones de la oposición de
izquierda.[8]'
( ... )
Confieso que no imagino poder
dar una conferencia sobre el comunismo a los obreros más atrasados sin plantear
al mismo tiempo las cuestiones de la oposición de izquierda. Si diera una
conferencia sobre el comunismo a grupos de obreros muy atrasados, españoles o
no, despejaría el camino desde el principio con la siguiente declaración: «En
el comunismo, hay varias corrientes; yo pertenezco a tal corriente y voy a
exponeros cómo enfoca esta corriente las tareas de la clase obrera».
Para concluir, llamaría a los
obreros a unirse a la organización que defiende los puntos de vista que acabo
de exponer. De otro modo, propaganda y agitación revestirían un carácter
académico, estarían desprovistas de un eje organizativo y, en definitiva,
ayudarían a nuestros adversarios, es decir, los centristas y los derechistas].
12 diciembre 1930
( ... ) ¿Cuáles son pues las perspectivas?
Por lo que puedo juzgar Según su última carta, todas las organizaciones, todos
los grupos se dejan llevar por la corriente, es decir participan en el
movimiento en la medida que este les arrastra. Ninguna de las organizaciones
posee un programa de acción revolucionario, ni perspectivas suficientes
elaboradas.[9]'
( ... ) Me parece que el
conjunto de la situación sugiere la consigna de soviets, si se entiende por
ello los consejos obreros que se crearon y desarrollaron entre nosotros, en
Rusia. Primeramente fueron poderosos comités de huelga. Ninguno de los que
formaban parte de ellos al principio podía suponer que los soviets eran los
primeros órganos del poder. Claro está, no se pueden crear soviets
artificialmente. Pero, en cada huelga local, si afecta a la mayor parte de los
oficios y toma un carácter político, hay que provocar el nacimiento de soviets.
Es el único tipo de organización que, en las circunstancias actuales, es capaz
de tomar la dirección del movimiento y de instaurar en él la disciplina de la
acción revolucionaria.
Creo que, aunque la oposición de
izquierda sea débil, si toma la iniciativa de plantear las cuestiones políticas
(agrarias) y organizativas de la revolución, podría ocupar en breve plazo una
posición dirigente en el movimiento. Le digo francamente que temo mucho que el
historiador del futuro tenga que acusar a los revolucionarios españoles de no
haber sabido aprovechar una situación revolucionaria excepcional.
12 enero 1931
¿Tendrán lugar las elecciones el
1º de marzo?[10]"
[Según los periódicos, los partidos burgueses de oposición se preparan a
boicotear las elecciones a Cortes., Razón de más para que los obreros recurran
a la táctica del boicot.] En la situación actual, me parece que se podrían
hacer fracasar las elecciones de Berenguer [11]1l
mediante una táctica de boicot enérgicamente aplicada: en 1905, fue así como
hicimos fracasar las elecciones a una Duma legislativa, que no era sino
consultiva. ¿Cuál es la táctica de los comunistas sobre este punto?
¿Distribuyen octavillas, llamamientos, proclamas sobre este asunto?
Pero si se boicotean las Cortes, ¿en nombre
de qué? ¿En nombre de los soviets? En mi opinión, sería erróneo plantear la
cuestión de esta forma. En este momento no es posible unir a las masas de la
ciudad y el campo sino por consignas democráticas. Aquí es donde intervienen
las Cortes constituyentes elegidas sobre la base del sufragio universal, igual,
directo y secreto. No creo que en la situación actual, podáis privaros de esta
consigna. Pues, finalmente, no hay aún soviets. Los obreros españoles no saben ‑al
menos por su propia experiencia‑ lo que son los soviets. ¿Y qué decir de
los campesinos? Ahora bien, la lucha sobre y alrededor de las Cortes
concentrará en el próximo periodo toda la vida política del país. En tales
circunstancias, seria erróneo oponer la consigna de soviets a la de Cortes. Por
el contrario, en el periodo que viene, parece que no será posible crear soviets
sino movilizando a las masas por consignas democráticas. Entendámoslo de la siguiente
manera: para impedir a la monarquía convocar unas Cortes elegidas
fraudulentamente, truncadas y conservadoras, para que estas Cortes puedan dar
la tierra a los campesinos y hacer muchas otras cosas más, hay que crear
soviets de obreros, de soldados, y de campesinos que fortalecerán las
posiciones de las clases trabajadoras.
[1] Estos
textos son extractos de cartas dirigidas a Andrés Nin por Trotsky. Fueron
publicadas en dos veces: una primera en los boletines internos y en anexo a un
folleto sobres la revolución española bajo el título «La revolución española al
día», habiendo tomado Trotsky el cuidado de suprimir todos los pasajes que
podrían molestar a Andrés Nin revelando la amplitud y la naturaleza de los
desacuerdos que había expresado. (Boletín
interno de la Oposición de izquierda internacional n.º 9‑10,
septiembre 1931); y una segunda vez cuando Trotsky prefirió hacer conocer a las
secciones de la Oposición extractos de su correspondencia con Nin revelando
estas divergencias (Boletín interno de
la oposición de izquierda publicado por el Secretariado Internacional de
izquierda (B.L.) nº 2‑3 abril 1933). Hemos puesto entre corchetes los
pasajes que Trotsky no juzgó oportuno publicar hasta 1933.
Andrés Nin, antiguo secretario de la Internacional Sindical roja, miembro de la oposición de izquierdas en la U.R.S.S. acaba de ser expulsado en septiembre de 1930. La Verité del 1º de septiembre publicaba sobre este asunto ‑‑con su acuerdo‑ el siguiente texto: «Stalin acaba de usar su poder arbitrario expulsando violentamente a Nin fuera de la U.R.S.S. durante la celebración misma del 5º Congreso de la I.S.R. Lozovsky acaba de cometer una bajeza más haciendo votar por las delegaciones francesa y china una resolución aprobando esta expulsión. Estos métodos no nos sorprenden y no cambian un ápice nuestra línea de conducta. Andrés Nin es un opositor de izquierda. Su lucha por la defensa de la U.R.S.S., y por la revolución proletaria mundial continuarán como en el pasado. Derrocar a la burguesía, arruinar a la socialdemocracia reforzando la situación internacional de la U.R.S.S., esto no puede hacerse sino combatiendo por una política justa de la I.C. contra la burocracia estalinista. La U.R.S.S., salida de la revolución de Octubre, debe ser defendida por los trabajadores del mundo entero. Los métodos estalinistas que la debilitan deben ser rechazados. Es por ello por lo que lucha la oposición de izquierda. Nin, como todos los opositores, combate con ardor en sus filas para alcanzar este objetivo. Los Stalin y Lozovsky pueden deportar, encarcelar, expulsar, exiliar a nuestros mejores camaradas. Ésto no debilitará nuestra actividad por la defensa de Octubre. Si la prensa socialdemócrata y burguesa se ampara en hechos como la expulsión de Nin para desacreditar y combatir a la U.R.S.S. en el espíritu de los trabajadores, la culpa de ello incumbe únicamente a la fracción estalinista. Pero los métodos estalinistas no pueden destruir la confianza de los opositores, por el contrario, no pueden sino reafirmarla.»
[2] Trotsky hace alusión al conflicto, en el interior de la Ligue Comuniste francesa, entre Raymond Molinier de una parte, Alfred Rosmer y Pierre Naville de la otra. En junio de 1930, Naville y Rosmer, con el ejecutivo de la Ligue, habían pedido que Molinier fuera separado de toda responsabilidad. Rosmer le tenía por un «aventurero», saboteador del trabajo, «hasta tal punto que se puede decir que un agente estalinista en nuestras filas no hubiera conseguido hacernos tanto daño». (Carta del 28 de junio 1931, archivos Mougeot.)
[3] Trotsky debería ulteriormente reprochar a Nin el no haber visto en París más que a Rosmer y sus partidarios. En realidad, Nin había visto a aquellos que conocía, Rosmer y Naville. Conocía a este último desde 1927, y a Rosmer desde los orígenes de la Internacional sindical roja en Moscú en 1920. La reputación de Rosmer era grande en el seno de la vieja guardia comunista: Antonio Grarnsci, que le había conocido en 1922‑23 en Moscú, le consideraba, así como Monatte, como «el hombre más inteligente del movimiento obrero francés». Alfonso Leonetti, Note su Gramsci, P. 182.)
[4] «Las tareas de los comunistas españoles» (Carta a Contra la corriente), del 25 de mayo, había sido publicada en La Verité del 13 de junio de 1930.
[5] Hugo Urbahns (1890‑1947), antiguo dirigente de la izquierda alemana con Ruth Fischer y Maslow, líder del Leninbund, donde se encontraron algún tiempo los partidarios alemanes de la oposición de izquierda. Ward Van Overstraeten (nacido en 1891), antiguo secretario del P.C. belga, Boris Souvarine (nacido en 1893), antiguo dirigente del P.C.F., Maurice Paz (n. en 1895) habían sido de los primeros partidarios de la oposición de izquierda en Europa occidental; pero todos habían roto con ella poco después de la expulsión de Trotsky de la Unión Soviética.
[6] Nin había respondido el 23 de octubre a la carta de Trotsky del 13 de septiembre que habla visto en París a «muy poca gente» y que sus interlocutores no le «habían hablado más que de mnera muy vaga» de estos desacuerdos, que le habla presentado como «de carácter puramente personal». Pero, el 2 de noviembre, había vuelto sobre el asunto, escribiendo a Trotsky que la situación en Francia le inquietaba mucho, añadiendo sin embargo que no podía dar un juicio personal: «Estoy muy poco al corriente. Sus cartas han contribuido a orientarme un poco. Espero cartas que los camaradas franceses me han anunciado.» Es verosímil que estas cartas proviniesen de Naville o de Rosmer. Precisamente, es en el mes de noviembre cuando este último dimitía de la Ligue Comuniste
[7] El conflicto entre Kurt Landau, austriaco fijado en Berlín, uno de los principales dirigentes de la oposición de izquierda en Alemania y el Secretariado Internacional, estaba en aquella época en camino de envenenarse. La pregunta brutal de Trotsky parece indicar por su parte una cierta desconfianza hacia Nin, como si sospechase que no tenía hacia Landau una posición clara
[8] El 2 de noviembre, Nin había escrito a Trotsky: «A esas personas, hay que enseñarles las primeras nociones del comunismo; no se puede comenzar por darles propaganda a la Oposición.»
[9] En estas cartas del 23 de octubre y del 2 de noviembre, Nin había dado a Trotsky algunas indicaciones sobre el partido oficial, «que no tiene ninguna fuerza efectiva y cuya autoridad es nula entre las masas», así como sobre las federaciones comunistas del Levante y Catalunya y sobre el partido comunista catalán. Había insistido sobre la necesidad de convencer a su viejo amigo Joaquín Maurín, líder de la Federación Catalano‑Balear, y de llevarle a la oposición de izquierda.
[10]
El gobierno había
aprovechado el fracaso de un levantamiento de oficiales republicanos en Jaca el
15 de diciembre de 1930 para intentar organizar elecciones a Cortes de acuerdo
con la Constitución de 1876 de la que se reclamaba desde el comienzo de la
dictadura de Primo de Rivera. Esta noticia provocó una ola de protestas,
huelgas estudiantiles y luego obreras. Los republicanos de Sánchez Guerra y el
partido socialista habían llamado al boicot de las elecciones que denunciaban
como «desleales». Algunos hombres políticos de derechas, como el catalán Cambó
y el conde de Romanones, sugerían al rey hacer «Cortes constituyentes». Trotsky
veía claro cuando se preguntaba si estas elecciones tendrían lugar el 1º de
marzo: efectivamente no tuvieron lugar.
[11] Jefe de gobierno después de la caída de Primo de Rivera, el general Berenguer dimitía el 1º de febrero y sus sucesores renunciaban a elegir sus Cortes