EL CONFUSIONISMO DE MAURIN
Y DE LA FEDERACIÓN CATALANA [1]
(Carta
al S.I., 8 de julio de 1931)
Lo más nocivo, lo más peligroso
e incluso lo más nefasto sería que los obreros catalanes, españoles o del mundo
entero pensaran que nosotros nos solidarizamos con la política de la Federación
Catalana, que tenemos responsabilidades con ellos o por lo menos que estamos
más cerca de ellos que del grupo centrista [2]
Los estalinistas se esfuerzan por presentar las cosas de esta manera. Hasta
ahora no hemos combatido estas patrañas con el vigor necesarios; por lo tanto,
es más urgente e importante aclarar este malentendido que nos comprometería
terriblemente y entorpecería el éxito de los obreros catalanes y españoles.
Entiéndase bien, la tarea de
denunciar a la Federación Catalana compete fundamentalmente a nuestros
partidarios en Cataluña. Deben pronunciarse por una crítica clara, abierta,
precisa, una critica que no oculte nada acerca de la política de Maurín, esa
mezcla de prejuicios pequeño‑burgueses, de ignorancia, de «ciencia»
provinciana y de picardía política.
La Federación ha obtenido cerca
de 10.000 votos en las elecciones a Cortes. No es mucho, pero en un período
revolucionario, una organización verdaderamente revolucionaria es capaz de
crecer rápidamente. Sin embargo, hay una circunstancia que aminora
considerablemente el peso de esos 10.000 votos: La Federación Catalana ha
obtenido menos votos en las elecciones a Cortes que en las elecciones
municipales de Barcelona, el centro revolucionario por excelencia. Este dato,
nimio a primera vista, tiene, como síntoma, una significación enorme. Demuestra
que, mientras en los rincones más retirados del país, aún hay un aflujo, aunque
débil, de obreros hacia la Federación, en Barcelona el confusionismo de Maurin
no atrae a los obreros, más bien los aleja.
Entiéndase bien, la inevitable derrota de Maciá, puede beneficiar a Maurin como fracasado de segunda fila. Sin embargo, las elecciones a Cortes han demostrado la impotencia de la actual dirección de la Federación. ¡Realmente se necesitan «talentos» muy particulares para no aumentar su influencia en Barcelona durante los tres primeros meses de la revolución!
¿Qué representa la Federación en
el lenguaje de la política revolucionaria? ¿Es una organización comunista? ¿Qué
tipo de organización comunista? ¿De derecha, de centro o de izquierda? No se
puede dudar que los que votan por la Federación son obreros revolucionarios,
comunistas en potencia. Pero no tienen ninguna idea clara en la cabeza. ¿De
dónde iban a sacarla si están dirigidos por confusionistas? En condiciones
semejantes, hasta los obreros más decididos y más consecuentes no pueden sino
inclinarse del lado del partido oficial. Estos últimos no han obtenido en
Barcelona más que 170 votos, y 1.000 en toda Cataluña. Pero no hay que creer
que estos son los peores elementos. Todo lo contrario, la mayoría podrían estar
con nosotros, y lo estarán cuando despleguemos nuestra bandera.
Al
comienzo de la revolución de 1917, la mayoría de las organizaciones
socialdemócratas aún eran comunes, e incluían en sus filas a bolcheviques,
mencheviques, conciliadores, etc.[3]
La tendencia hacia la unificación era tan fuerte, que Stalin, en la conferencia del partido bolchevique, a finales de marzo, pocos días antes de
la llegada de Lenin, se pronunció por la unificación con los mencheviques.[4]
Algunas organizaciones de provincias permanecieron unidas hasta la revolución
de octubre. Para mí, la Federación Catalana es como una organización de este
tipo, una organización sin delimitar, que engloba a futuros bolcheviques y futuros mencheviques. Esto
justifica una política que tienda a provocar la diferenciación política en el
seno de la Federación Catalana. El primer paso en este sentido debe ser la denuncia
de la vulgaridad política del maurinismo. En este terreno es preciso actuar sin
piedad. Sin embargo, la comparación entre la Federación y las organizaciones
unificadas rusas exige algunas reservas de importancia. Las organizaciones
unificadas no excluían ninguna agrupación socialdemócrata existente. Todos
tenían derecho a luchar por sus opiniones en el seno de la organización
unificada. En la Federación Catalana ocurre todo lo contrario. Aquí el
«trotskismo» está colocado en el índice. Los confusionistas tienen derecho a
defender sus confusiones, pero los bolcheviques‑leninistas no tienen el
derecho de elevar abiertamente su voz[5].
De esta forma, desde el principio, esta organización unificada se priva de su
ala izquierda, y por eso mismo se convierte en un bloque caótico de tendencias
centristas y derechistas. El centrismo puede dirigirse tanto a la izquierda
como a la derecha. El centrismo de la Federación Catalana, que durante la
revolución se separa de su ala izquierda, está abocado a una bancarrota
vergonzosa. La tarea de la Oposición de izquierda consiste en precipitar esta
bancarrota por medio de una crítica sin piedad.
Pero hay otra
circunstancia a la que hay que conceder una importancia excepcional.
Oficialmente, la Federación Catalana está por la unificación de todas las organizaciones y grupos comunistas.
Ciertamente, sus militantes de base desean sincera y lealmente la unidad aunque
liguen a esta consigna toda clase de ilusiones. Luchamos por la unidad, porque
en el marco de un partido unificado esperamos efectuar con éxito un trabajo
progresivo de delimitación ideológica, sobre la base de los objetivos y las
tareas, no impuestas desde fuera, sino resultantes del desarrollo de la propia
revolución.
De todas maneras, luchamos por
la unificación de todos los comunistas. Para nosotros la condición fundamental
para la unificación es el derecho a poder luchar por nuestras propias
consignas, por nuestros puntos de vista, en el marco de la organización
unificada. Podemos y debemos jurar una lealtad. total en esta lucha, sin
embargo., la misma federación rechaza esta condición fundamental desde el
principio: luchando bajo la bandera de la unidad expulsa de sus filas a los
bolcheviques‑leninistas. En estas condiciones, otorgar un papel dirigente
a la Federación Catalana en la lucha por la unidad del P.C. demostraría por
nuestra parte, la peor de las ineptitudes. Maurín se apresuraría a tocar el
primer violín en el congreso de unificación. ¿Podemos callarnos ante esta
repugnante hipocresía? Al luchar contra la Oposición de izquierda, Maurín imita
a la burocracia estalinista, para ganar sus favores. En realidad, dice a los
estalinistas: «dadme vuestra bendición, y sobre todo vuestros subsidios y os
prometo luchar contra los bolcheviques‑leninistas, no por miedo, sino por
convencimiento ideológico». La actitud de Maurín hacia la unificación no es más
que un chantaje a los estalinistas. Si consentimos esto, no actuaremos como
revolucionarios, sino como auxiliares pasivos de un chantaje político. Debemos
denunciar incansablemente el papel de Maurin, es decir, su «charlatanería»
unificadora, pero sin descuidar un solo instante nuestra lucha por la
unificación real de las filas comunistas., sin descuidar nuestra lucha por que
las filas comunistas se alinean bajo nuestra bandera.
El trabajo de la izquierda
internacional debe concentrarse,, en sus nueve décimas partes, sobre España. Es
preciso disminuir todos los gastos para tener la posibilidad de editar un
semanario en español, con ediciones regulares en catalán, distribuyendo al
mismo tiempo panfletos en cantidad considerable[6].
Es preciso ver cómo se
restringen todos los gastos sin excepción para prestar la mayor ayuda posible a
la Oposición española.
En mi opinión, el S.I. debe
consagrar las nueve décimas partes de su actividad a los problemas de la
revolución española. Sencillamente hay que olvidar que en el mundo existen
tipos como Landau[7]. Es preciso
abandonar todas las querellas, todas las intrigas, no consagrándoles desde
ahora ni un minuto. La revolución española está a la orden del día. Es preciso
traducir sin tardanza los documentos más importantes y someterlos a la crítica
necesaria. El próximo número del Boletín internacional
debe estar enteramente dedicado a la revolución española. Por otra parte es
necesario tomar toda una serie de medidas organizativas. Para esto se precisan
hombres y medios. Ambos deben encontrarse.
No hay
ni puede haber crimen mayor que perder el tiempo.
LA CUESTION NACIONAL EN CATALUÑA
[1] . T. 3394, The Militant, 10 de agosto de 1931, Comunismo, nº, 4, septiembre de 1931, pp. 11‑13 y en B. 0., n.º 23, agosto de 1931, pp. 14‑16. Carta al S.I. Parece que las posiciones de Trotsky respecto a Maurin no eran compartidas por todos, y no sólo en las filas de la oposición española, según nos ha confirmado Pierre Naville
[2] Por «grupo centrista» se refiere al equipo estalinista que dirige el P.C.E. Sólo a partir de 1933, Trotsky reservará el epíteto de «centrista» a los grupos que se encuentran entre la II y III Internacional por una parte y el movimiento por la IV por otra: Maurín, según su opinión, será un «centrista».
[3] La mayor parte de las organizaciones social‑demócratas reconstituidas antes de 1917, lo habían sido sobre una base «unitaria». Fueron muchos los que se adhirieron al partido bolchevique bajo esta situación en el mes de agosto de este año.
[4] Para facilitar la unificación, Stalin proponía el 10 de abril que los bolcheviques no presentaran una plataforma política propia (Voprosy Istorfi K.P.P.S., n.º, 2, 1962, pp. 139‑140, et J. J. Marie, Stalin, pp. 57‑58).
[5] Tanto por la lectura de la prensa contemporánea como por el testimonio del propio Maurín, parece que la Federación Catalana empleó más la disuasión que la expulsión. De todas formas los amigos políticos de Nin que se habían afiliado allí, no permanecieron mucho tiempo; este fue el caso sobre todo de Molins y Fábrega, Francisco de Cabo y Carlotta Durán. Nin, por su parte, habla siempre de «expulsiones».
[6] Raymond Molinier, dirigente y «responsable de finanzas» de la Ligue ‑francesa, se dirigirá poco después a España para arreglar la cuestión del semanario
[7] Ver nota 7, capítulo A 20