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Trigo Molido Min. Teódulo Hernandez |
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N Nación goÆy (y/G), «nación; pueblo; gentiles». Fuera de la Biblia, este nombre se halla solo en los textos de Mari (acádicos) y tal vez en fenicio y púnico. El vocablo aparece unas 56 veces y durante todos los períodos del hebreo bíblico.GoÆy se refiere a un «pueblo» o a una «nación», casi siempre con matices de identidad cultural y de integridad territorial o gubernamental. Esta acepción se encuentra en las «fórmulas de promesa» por las que Dios promete a alguna persona hacer de él una «nación» grande, poderosa y numerosa (Gn 12.2). Más adelante, estos adjetivos van a describir a los descendientes de quienes se acogen a la promesa (cf Nm 14.12). O sea que goÆy se refiere a un grupo de individuos que son una unidad en cuanto a origen, idioma, tierra, leyes y gobierno. Encontramos este énfasis la primera vez que aparece el término, en Gn 10.5 rva: «A partir de estos fueron pobladas las costas de las naciones, según sus territorios, cada una según su idioma, conforme a sus familias en sus naciones». En Dt 4.6 se trata no de la unidad política y nacional, sino más bien de unidad religiosa, sabiduría, percepción, leyes justas y, en particular, de su relación con Dios: «Guardadlos, pues, y ponedlos por obra, porque esto es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos, los cuales al oír de todas estas leyes dirán: ¡Ciertamente esta gran nación es un pueblo sabio y entendido!» No cabe duda de que todo esto se considera fruto de la elección divina (Dt 4.32ss). La grandeza de Israel se debe a la grandeza de su Dios y a los grandes hechos que ha realizado en pro de este pueblo y a través de él.El vocablo >am, «pueblo, nación», sugiere relaciones personales subjetivas que se fundamentan en antepasados comunes y/o un mutuo acuerdo, mientras que goÆy sugiere un ente político con su propia tierra: «Ahora, pues, si he hallado gracia en tus ojos, te ruego que me muestres ahora tu camino, para que te conozca, y halle gracia en tus ojos; y mira que esta gente es pueblo tuyo» (Éx 33.13). Con todo, goÆy puede referirse a un pueblo sin mencionar su identidad territorial: «Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes y una nación santa» (Éx 19.6 rva). A veces goÆy es casi un término peyorativo que se aplica a grupos no israelitas, o sea, a los «gentiles»: «A vosotros os esparciré entre las naciones. Desenvainaré la espada» (Lv 26.33 rva). Sin embargo, esta expresión negativa no siempre está presente al hablar de los gentiles: «Porque desde la cumbre de las peñas lo veo; desde las colinas lo diviso. He aquí un pueblo que ha de habitar solitario y que no ha de ser contado entre las naciones» (Nm 23.9 rva). Por cierto, en aquellos contextos en que se habla de culto, los goÆyim no son israelitas: «Temían a Jehová, pero servían a sus dioses, según las prácticas de los pueblos de donde habían sido trasladados» (2 R 17.33 rva). En pasajes como Dt 4.38 goÆyim se refiere específicamente a los pueblos que habitaban en Canaán antes de la conquista israelita. Israel debía mantenerse aparte y distanciarse de estos pueblos (Dt 7.1) y ser un ejemplo de verdadera santidad delante de ellos (Dt 4.6). Por otro lado, para ser una bendición a todas las naciones (Gn 12.2), en su calidad de «nación» santa y reino de sacerdotes (Éx 19.6), Israel tendría que servir de instrumento para declarar la salvación a las naciones (gentiles), hasta que reconozcan la soberanía de Dios (Is 60). En resumen, el Mesías es luz a las naciones (Is 49.6).
Nombre <ap (¹a'), «nariz; narices; rostro; ira; enojo». Este término general semítico tiene cognados en acádico, ugarítico, fenicio, arameo y arábigo. El vocablo se encuentra unas 277 veces en todos los períodos del hebreo de la Biblia.La acepción fundamental del término es «nariz», un órgano del cuerpo humano. <Ap tiene este significado en singular, mientras que en plural se refiere a las «narices» por las que el aire se inhala y exhala: «Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre llegó a ser un ser viviente» (Gn 2.7 rva: primer caso en la Biblia). En otros contextos el <ap plural se refiere a «todo el rostro»: Dios maldijo a Adán diciendo: «Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra» (Gn 3.19). Esta expresión a menudo se encuentra en la frase «inclinar el rostro a tierra»: «Entonces llegaron los hermanos de José y se postraron ante él con el rostro a tierra» (Gn 42.6 rva). El modismo «largura de rostro o narices» expresa «sufrido, paciente». Se aplica tanto a Dios como a los hombres: «El Señor, el Señor, Dios compasivo y clemente, lento para la ira [lit. «corto de rostro o narices»] y abundante en misericordia y verdad» (Éx 34.6 lba). La expresión idiomática contraria, que se traduce «pronto para la ira», significa literalmente «corto de rostro o narices». El modismo sugiere un rostro cambiante y un carácter caprichoso. En Pr 14.17 se usa esta expresión en forma más enfática aún: «El hombre pronto a la ira [«irascible» rva] obra neciamente, y el hombre de malos designios es aborrecido» (lba). La frase paralela, «hombre malicioso» (rva), apoya la precisión de esta traducción. <Ap evidentemente significa algo malo delante de Dios. Por último, la forma dual puede significar «ira» (aunque solo en 4 pasajes): «Ciertamente el que bate la leche sacará mantequilla, y el que recio se suena las narices sacará sangre; y el que provoca la ira causará contienda» (Pr 30.33; cf. Éx 15.8). Unas 25 veces la forma singular del término quiere decir «nariz». En Nm 11.19–20 el vocablo se refiere a una nariz humana: «Comeréis … todo un mes, hasta que os salga por las narices y os sea aborrecible» (lba). Queda claro en Is 2.22 que el vocablo indica el lugar en que se ubica el aliento (respiración): «Dejad de considerar al hombre, cuyo soplo de vida está en su nariz» (lba). Si la traducción de lba de ambos pasajes es apta, el primer caso se refiere a los dos huecos de la nariz, las «narices», mientras que el segundo caso parece referirse a toda la parte frontal de las fosas nasales (donde se percibe la respiración). Aunque el vocablo también puede aplicarse a la protuberancia en el rostro: «Te arrancarán la nariz y las orejas, y tu descendencia caerá a espada» (Ez 23.25 rva: cf. Cnt 7.4). <Ap se usa también con relación a las narices de animales. En Job 40.24 (rva), Dios habla de una gran bestia marítima: «¿Lo atrapan cuando está vigilando? ¿Le perforan la nariz con garfios?» El término puede usarse antropomórficamente en cuanto a Dios. Pasajes como Dt 4.15–19 ponen en claro que Dios es Espíritu (Jn 4.24) y que no tiene cuerpo como los seres humanos. No obstante, hablando en sentido figurado se puede decir: «Ellos enseñarán tus juicios a Jacob, y tu ley a Israel. Pondrán delante de ti [lit. «en tus narices»] el incienso y sobre tu altar la ofrenda del todo quemada» (Dt 33.10 rva; cf. Sal 18.8, 15). La expresión idiomática «con la nariz en alto» quiere decir «altivo»: «El malvado levanta insolente la nariz [«por la altivez de su rostro» rvr], y no da lugar a Dios en sus pensamientos» (Sal 10.4 nvi). La forma singular a menudo quiere decir «enojo» o «ira». Esta acepción aparece por primera vez en Gn 30.2 ( rva): «Entonces se encendió la ira de Jacob contra Raquel». Este significado se aplica a Dios en sentido figurado, atribuyéndole emociones humanas (antropopatismo). Dios es infinito, eterno e inmutable y la ira es una emoción que denota reacciones cambiantes (cf. Nm 25.4); por tanto, Dios realmente no se enoja; más bien así es como los seres humanos lo perciben (cf. Pr 29.8). Por último, el Espíritu de Dios puede apoderarse de una persona despertando una «ira» santa (Jue 14.19; 1 S 11.6). Verbo <anap (¹n"a;), «enojarse». Este verbo, que tiene cognados en la mayoría de las lenguas semíticas, aparece 39 veces en todos los períodos del hebreo bíblico. El verbo aparece en Is 12.1 (rva): «¡Te doy gracias, oh Jehová! Aunque te enojaste contra mí».<ayin (÷yIa'). «no; nada; si no; ni». Se han encontrado cognados de esta palabra en acádico, ugarítico y fenicio (púnico). El término aparece 789 veces en hebreo bíblico y durante todos los períodos.<Ayin puede usarse en forma absoluta, sin sufijos y sin formar parte de una construcción compuesta (prefijos, sufijos, etc.). De esta manera, expresa inexistencia, como en Gn 2.5 (primera vez que el término aparece): «Ni había hombre para que labrase la tierra». Con el prefijo <im, el vocablo adquiere un tono enfático: «¿Está Jehová entre nosotros, o no?» (Éx 17.7 rva). En Gn 30.1 la misma construcción significa «si no». En otros contextos el término quiere decir «nada»: «Y mi edad es como nada delante de ti» (Sal 39.5).Cuando forma parte de una construcción compuesta, <ayin mantiene el mismo significado básico. Sin embargo, en un matiz especial, el vocablo casi viene a ser un predicado cuyo significado es «no hay» o «no tenemos» (Nm 14.42; cf. Gn 31.50). En varios contextos el término podría traducirse «sin»: «Donde no hay consulta los planes se frustran» (Pr 15.22 rva: «sin consulta» lba). Cuando la preposición min le precede,<ayin puede significar «por tanto» (Jer 7.32). En otros casos, el vocablo expresa sencillamente una negación: «Tienen oídos, y no oyen; tampoco hay aliento en su boca» (Sal 135.17 lba). Con un pronombre como sufijo, <ayin niega la existencia de la persona u objeto que este representa: «Caminó, pues, Enoc con Dios y desapareció [«no fue más»], porque Dios lo llevó consigo» (Gn 5.24 rva). Estos usos del término deben distinguirse de <ayin, cuando significa «de dónde». laylah (hl;yÒl'), «noche». Cognados de este nombre aparecen en ugarítico, moabita, acádico, arameo, siríaco, arábigo y etiópico. El término se encuentra unas 227 veces en todos los períodos del hebreo bíblico.Laylah quiere decir «noche», el período de oscuridad en un día: «Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche: y fue la tarde y la mañana un día» (Gn 1.5 rva: primera vez que aparece en la Biblia). En Éx 13.21 y en pasajes semejantes el vocablo significa «por la noche» o «durante la noche»: «El Señor iba delante de ellos, de día en una columna de nube … y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de día y de noche» (lba). El mismo término se usa metafóricamente para indicar protección: «Dad consejo; tomad decisión. Haz tu sombra como noche, en pleno mediodía. Esconde a los desterrados; no entregues a los que andan errantes» (Is 16.3). Laylah también es figura de profunda calamidad y otras angustias sin la presencia confortante y dirección de Dios: «¿Dónde está Dios, mi Hacedor, que da canciones en la noche … ?» (Job 35.10 rva).En tiempos veterotestamentarios la «noche» se dividía en tres vigilias: (1) del atardecer hasta las diez de la noche (Lm 2.19), (2) de diez de la noche a dos de la madrugada (Jue 7.19) y (3) de dos de la madrugada hasta el amanecer (Éx 14.24).
shem (µve), «nombre; reputación; memoria; renombre». Hay cognados de este vocablo en acádico, ugarítico, fenicio, arameo y arábigo. El vocablo aparece unas 864 veces a través del Antiguo Testamento hebreo.No siempre es el caso que los «nombres» personales revelaban la esencia de un individuo. Ciertos nombres asimilan palabras de otras lenguas o términos muy antiguos cuyo significado se desconocía. Por cierto, nombres como «perro» (Caleb) y «abeja» (Débora) no tenían nada que ver con la personalidad de sus dueños. Tal vez algunos nombres indicaban alguna característica sobresaliente del que lo llevaba. En otros casos, un «nombre» conmemora un hecho o sentimiento que experimentaron los padres en torno al nacimiento del niño o cuando le pusieron el nombre. Otros nombres dicen algo acerca de quien lo recibe que sirve para identificarlo. Este sentido del nombre como identificación aparece en Gn 2.19 (uno de los primeros casos en la Biblia): «Todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre». Por otro lado, los nombres por los que Dios se autorrevela (<Adonay, <El, <ElohéÆm) sí reflejan algo de su persona y obra. Shem puede ser un sinónimo de «reputación» o «fama»: «Venid, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo. Hagámonos un nombre, no sea que nos dispersemos sobre la faz de toda la tierra» (Gn 11.4 rva). «Darse renombre» es hacerse «famoso»: «¿Y qué otra nación hay en la tierra como tu pueblo Israel, al cual Dios fue para rescatarlo como pueblo para sí, a fin de darse renombre y hacer a favor de Él hechos grandes y temibles?» (2 S 7.23 rva). «Dar renombre» es dar a conocer su reputación y fama: «Y salió tu renombre [«tu fama se difundió rva»] entre las naciones a causa de tu hermosura» (Ez 16.14 rvr). La fama puede estar acompañada de poder: «Y este blandió su lanza contra trescientos y los mató, y tuvo tanto renombre como los tres» (2 S 23.18 lba). La expresión «hombres de reputación» se encuentra en Gn 6.4: «Ellos eran los héroes que desde la antigüedad fueron hombres de renombre» (lba).A veces el vocablo es sinónimo de «memoria» o «reputación» (lo que permanece): «¡Así extinguirán el carbón encendido que me queda, no dejando a mi marido nombre ni descendencia sobre la tierra!» (2 S 14.7 rva). En este caso «nombre» puede incluir propiedad o una heredad: «¿Por qué ha de ser quitado el nombre de nuestro padre de su clan, por no haber tenido un hijo varón? Danos heredad entre los hermanos de nuestro padre» (Nm 27.4 rva). Shem puede indicar «renombre» y «continuidad» (los que siguen después de uno): «Y se levantaron contra Moisés, junto con 250 hombres de los hijos de Israel, dirigentes de la congregación, nombrados de la asamblea y hombres de renombre» (Nm 16.2 rva). Las mismas implicaciones se encuentran en la frase «restaurar el nombre»: «El mismo día que adquieras el campo de manos de Noemí, deberás también adquirir a Rut la moabita, mujer del difunto, para restaurar el nombre del difunto a su heredad» (Rt 4.5 rva; cf. Dt 9.14; 25.6).>anan (÷n:[;), «nube; niebla; nubarrón; humo». Se encuentran cognados de esta palabra en arameo y arábigo. Los 87 casos del vocablo están esparcidos en todo el material veterotestamentario.Comúnmente el término significa una «masa nubosa». >Anan se usa en particular para indicar la masa de «nubes» por cuyo medio la presencia de Dios insólitamente se manifestó: «Y Jehová iba delante de ellos de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino» (Éx 13.21 rva). En Éx 34.5, se usa solo >anan para hablar de esta presencia: «Y Jehová descendió en la nube, y estuvo allí con él, proclamando el nombre de Jehová». Cuando el arca del testimonio se llevó al Lugar Santísimo, la nube llenó la casa de Jehová: «Y los sacerdotes no pudieron continuar sirviendo por causa de la nube, porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Jehová» (1 R 8.10–11 rva). De esta manera la «nube» manifestó la presencia de la gloria de Dios. Asimismo, el salmista escribe que Dios está rodeado de «nube y oscuridad» (Sal 97.2); Dios se presenta como el que controla soberanamente la naturaleza. Esta descripción es un tanto paralela a la descripción en la mitología ugarítica de Baal, señor de la tormenta y dios de la naturaleza. La «nube» es señal de la «protección divina» (Is 4.5); es una barrera que esconde la plenitud de la santidad y gloria divina, a la vez que impide que el pecador se aproxime a Dios (Lm 3.44). Por tanto, es Dios y no los hombres, quien inicia y sostiene la relación entre Él y los seres humanos. La primera vez que aparece >anan es en relación con la señal divina que Él nunca más destruiría la tierra con un diluvio: «Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra» (Gn 9.13). En otros pasajes, la nube simboliza la naturaleza transitoria de la lealtad (Os 6.4) y existencia de Israel (13.3). En Is 44.22, Dios dice que después del debido castigo Él borrará, «como a nube tus rebeliones, y como a niebla tus pecados». >Anan puede significar un «nubarrón» y se usa también para simbolizar una «fuerza invasora»: «Tú subirás; vendrás como una tempestad y serás como una nube que cubre la tierra, tú con todas tus tropas, y muchos pueblos contigo» (Ez 38.9 rva; cf. Jer 4.13). En Job 26.8 rva, se dice que el nubarrón es de Dios: «Él encierra las aguas en sus nubes, y las nubes no se rompen a causa de ellas». En varios pasajes, un denso nubarrón y las tinieblas que lo acompañan son símbolos de «penumbra o tristeza» (Ez 30.18) y/o «juicio divino» (Ez 30.3).>Anan puede expresar el «humo» que asciende del incienso quemado: «Pondrá el incienso sobre el fuego delante de Jehová, y la nube de incienso cubrirá el propiciatorio que está sobre el testimonio; así no morirá» (Lv 16.13 rva). Esta «nube de humo» tal vez represente la protección que se interpone entre la presencia de Dios (que está encima del propiciatorio) y el hombre pecaminoso. Si es así, quizás simbolice también la «gloria divina». Por otro lado, muchos estudiosos opinan que la «nube de incienso» representa las oraciones del pueblo que se elevan a Dios.
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