Idolo
terapéÆm
(µypir;T]),
«ídolo; ídolo doméstico; máscara cúltica; símbolo divino». Este vocablo se
ha prestado a la lengua hitita-hurrita (tarpish)
que en semítico occidental adquiere la forma básica de
tarpi. Su significado fundamental es
«espíritu» o «demonio». El término figura en hebreo bíblico 15 veces.
TerapéÆm
aparece primero en Gn 31.19: «Pero Labán había ido a trasquilar sus ovejas;
y Raquel hurtó los ídolos [domésticos] de su padre». Las leyes hurritas de
este período consideraban que los «ídolos domésticos» eran bienes sujetos a
las leyes de herencia. De ahí la gran importancia que tenían en todo sentido
para Labán los terapéÆm (quizás este
sea un plural de majestad como ocurre con
elohéÆm, cuando se usa para dioses falsos; cf. 1 R 11.5, 33).
En 1 S 19.13 leemos que «Mical
tomó un ídolo doméstico y lo puso sobre la cama, acomodándole a la cabecera
una almohada de cuero de cabra y cubriéndolo con la ropa». De 1 S 19.11 se
deduce que los terapéÆm se
encontraban en las habitaciones privadas de David lo cual crea dificultades
de interpretación; ¿serían «ídolos domésticos» o, como algunos sugieren, se
refiere el término a una máscara que se usaba en el culto a Dios?
Cualquiera de las
suposiciones anteriores se ajusta al incidente con Micaías que se narra en
Jue 17–18. Obsérvese Jue 17.5: «Micaías, tenía un santuario. Mandó hacer un
efod e ídolos domésticos [terapéÆm],
e invistió a uno de sus hijos para que fuera su sacerdote» (rva). En Jue
18.14, parece haber distinción entre los
terapéÆm y los ídolos: «¿Sabéis que en estas casas hay un efod,
ídolos domésticos y una imagen tallada y de fundición?» (rva). Los
versículos siguientes parecen indicar que las imágenes talladas y de
fundición eran el mismo objeto. Jueces 18.17 usa los cuatro términos cuando
describe lo que hurtaron los danitas; Jue 18.20 omite la frase «imagen de
fundición» de la lista; y Jue 18.31 informa que solo se instaló la imagen de
talla. Sabemos que el efod era una vestimenta sacerdotal especial. ¿Sería,
entonces, el terapéÆm una «máscara
cúltica» o algún otro símbolo de la presencia divina?
Por tanto,
terapéÆm puede significar un
«ídolo», una «máscara cúltica» o tal vez algún símbolo de la presencia
divina. De todas maneras el objeto se asoció con el culto pagano y quizás
con el culto a Dios.
<eléÆl
(lyliaÔ),
«ídolo; dioses; nada; vano». Los 20 casos de este nombre se encuentran
principalmente en el código legal de Israel y en los escritos proféticos
(sobre todo en Isaías). Existen cognados del vocablo en acádico, siríaco y
arábigo.
Este término peyorativo
quiere decir «ídolo» o «dios falso». Aparece primero
<eléÆl en Lv 19.4: «No recurráis a
los ídolos, ni os hagáis dioses de fundición». En Lv 26.1 se prohíbe que
Israel fabrique <eléÆléÆm: «No os
haréis ídolos» (rva). Hay una ironía mordaz en la similitud entre
<eléÆléÆm y el término usual para
Dios (<elohéÆm; cf. Sal 96.5):
«Todos los dioses [<elohéÆm] de los
pueblos son ídolos [<eléÆléÆm], pero
Jehová hizo los cielos» (1 Cr 16.26 rva).
Segundo, este vocablo
puede significar «nada» o «vano». El pasaje anterior podría traducirse:
«Porque todos los dioses de los pueblos son nada» (rv). Este es el matiz que
claramente se percibe en Job 13.4: «Ciertamente vosotros sois fraguadores de
mentira; sois todos vosotros médicos nulos». Jeremías anunció a Israel que
sus profetas «profetizan visión mentirosa, adivinación vana» (Jer 14.14 rva).
gilluÆléÆm
(µyliWLGI),
«ídolos». De los 48 casos de este vocablo solamente 9 no están en Ezequiel.
Este término para «ídolos» es desdeñoso y originalmente puede haber
significado «bolitas de estiércol»: «Destruiré vuestros lugares altos,
derribaré vuestros altares donde ofrecéis incienso, amontonaré vuestros
cuerpos inertes sobre los cuerpos inertes de vuestros ídolos, y mi alma os
abominará» (Lv 26.30 rva).
Este término y otros que
significan «ídolo» demuestran el horror y el desprecio que los escritores
bíblicos sentían por ellos. En pasajes como Is 66.3 el término para «ídolo»,
<awen, significa «extraño,
misterioso o maldad». En Jer 50.38 encontramos el vocablo
<eméÆm, que significa «susto u
horror». El término <eléÆl significa
«ídolo» en Lv 19.4 y expresa «nulidad o debilidad». En 1 R 15.13 se usa el
vocablo hebreo mipletset, que quiere
decir «cosa horrible, causa de temblor». Una raíz que significa hacer o
formar una imagen, <tsb (homónima de
la raíz que significa «tristeza y dolor»), se usa en varios pasajes (cf. 1 S
31.9).
Inclinarse, Arrodillarse
kara>
([r'K;),
«inclinarse, agacharse, arrodillarse, encorvarse». Este término está tanto
en hebreo moderno como ugarítico. En el Antiguo Testamento hebreo aparece
alrededor de 35 veces. Kara> se
encuentra por primera vez en la bendición de Jacob sobre su lecho de muerte
dirigida a Judá: «Se encorvó, se echó como león» (Gn 49.9 rvr; «se agazapa»
lba; «se agacha» rva).
La implicación de
kara> parece ser doblar las piernas
o rodillas, puesto que un nombre que quiere decir «pierna» se deriva del
mismo vocablo. Una de las pruebas eliminatorias para el ejército de Gedeón
fue «agacharse» para beber (Jue 7.5–6). «Arrodillarse» era un gesto común en
la adoración a Dios (1 R 8.54; Esd 9.5; Is 45.23; cf. Flp 2.10).
El rey de Persia ordenó
que todos se «inclinasen» ante Hamán (Est 3.2–5 lba; «arrodillarse» rvr, rva,
nrv). «Encorvarse» o «inclinarse» sobre una mujer era un eufemismo para
relaciones sexuales (Job 31.10). Idiomáticamente, una mujer que estaba en
proceso de dar a luz «se encorvaba» o «arrodillaba» (1 S 4.19). Las
«rodillas que se doblaban» era por enfermedad o vejez (Job 4.4).
Iniquidad
Verbo
>awa
(hw:[;),
«hacer iniquidad». Este verbo se encuentra en la Biblia 17 veces. En arábigo
tiene el significado de «doblar» o «desviarse del camino».
>Awah se usa a menudo como sinónimo
de jata, «pecar», como en Sal 106.6:
«Hemos pecado [jata] como nuestros
padres; hemos hecho iniquidad [>awah];
hemos actuado impíamente [rasha>]» (rva).
Nombre
>awon
(÷/['),
«iniquidad; culpa; castigo». Este nombre, que se encuentra 231 veces en el
Antiguo Testamento, se limita al hebreo y arameo bíblico. Los libros
proféticos y poéticos usan >awon con
frecuencia. En todo el Pentateuco hay unos 50 casos del vocablo. Además, el
uso en los libros históricos es infrecuente. La primera enunciación de
>awon proviene de los labios de
Caín, con la connotación especial de «castigo»: «Y dijo Caín a Jehová:
Grande es mi castigo para ser soportado» (Gn 4.13).
El significado básico de
>awon es «iniquidad». El término
indica una ofensa, intencional o no, en contra de la Ley de Dios. Posee el
mismo significado veterotestamentario fundamental con
jatta<t, «pecado», por lo que los
vocablos jatta<t y
>awon son virtualmente sinónimos:
«He aquí que esto [el carbón encendido] ha tocado tus labios [los de
Isaías]; tu culpa [>awon] ha sido
quitada, y tu pecado [jatta<t] ha
sido perdonado (Is 6.7 rva).
La «iniquidad» merece
castigo porque es una ofensa a la santidad de Dios. Se advierte que Dios
castiga nuestras transgresiones: «Cada cual morirá por su propia maldad; los
dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera» (Jer
31.30). Hay además un sentido colectivo en que el uno es responsable por los
muchos: «No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy
Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los
hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me
aborrecen» (Éx 20.5 rva). Ninguna generación, no obstante, debe considerarse
bajo el juicio de Dios por la «iniquidad» de otra generación: «Y si
preguntáis: ¿Por qué es que el hijo no cargará con el pecado de su padre? Es
porque el hijo practicó el derecho y la justicia, guardó todos mis estatutos
y los puso por obra; por eso vivirá. El alma que peca, esa morirá. El hijo
no cargará con el pecado del padre, ni el padre cargará con el pecado del
hijo. La justicia del justo será sobre él, y la injusticia del impío será
sobre él» (Ez 18.19–20 rva).
Israel fue llevada al
cautiverio por los pecados de los padres y los suyos: «Las naciones sabrán
también que la casa de Israel fue llevada cautiva por causa de su pecado.
Porque se rebelaron contra mí, yo escondí de ellos mi rostro y los entregué
en mano de sus enemigos; y todos ellos cayeron a espada» (Ez 39.23 rva).
A pesar de la seriedad con
que Dios trata la «iniquidad» dentro de la relación del pacto entre Él y su
pueblo, se le recuerda al pueblo que Él es el Dios viviente y que está
dispuesto a perdonar la «iniquidad»: «¡Jehová, Dios compasivo y clemente,
lento para la ira y grande en misericordia y verdad, que conserva su
misericordia por mil generaciones, que perdona la iniquidad, la rebelión y
el pecado; pero que de ninguna manera dará por inocente al culpable; que
castiga la maldad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los
hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación!» (Éx 34.67 rva). Dios
requiere confesión de pecado: «Mi pecado te declaré y no encubrí mi
iniquidad. Dije: Confesaré mis rebeliones a Jehová y tú perdonaste la maldad
de mi pecado» (Sal 32.5 rva); Él también espera una actitud de confianza y
fe cuando le pedimos con humildad: «Lávame más y más de mi maldad, y
límpiame de mi pecado» (Sal 51.2).
En Is 53 aprendemos que
Dios colocó sobre Jesucristo nuestras «iniquidades» (v. 6), para que Él,
herido por nuestras «iniquidades» (v. 5), justificara los que en Él
creyeren: «Verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho:
por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará sobre sí
las iniquidades de ellos» (Is 53.11 nrv).
El sentido de
>awon abarca las dimensiones de
pecado, juicio y «castigo» por el pecado. El Antiguo Testamento enseña que
el perdón divino de nuestra «iniquidad» incluye el propio pecado, la culpa
del pecado, el juicio de Dios sobre este pecado y el castigo divino por el
pecado: «Bienaventurado el hombre a quien Jehová no atribuye iniquidad, y en
cuyo espíritu no hay engaño» (Sal 32.2 rva).
En la Septuaginta el
vocablo tiene las siguientes acepciones: adikia
(«maldad; iniquidad»); hamartia
(«pecado; error») y anomia («sin
ley; anarquía»). En las traducciones en castellano (sobre todo en las
protestantes) el término «iniquidad» es bastante uniforme, aunque también se
encuentra el vocablo «pecado» y términos más especializados como «culpa»,
«delito», «maldad» y «falta» (particularmente en traducciones católicas).
<awen
(÷w<,a;),
«iniquidad; infortunio, desgracia». Este nombre se deriva de una raíz que
significa «fuerte», y que se encuentra únicamente en las lenguas semíticas
nordoccidentales. El término aparece unas 80 veces y casi exclusivamente en
lenguaje profético-poético. Isaías se destaca por su uso del vocablo. La
primera vez que se encuentra es en Nm 23.21: «Él no ha notado iniquidad en
Jacob, ni ha visto maldad en Israel. Jehová su Dios está con él; en medio de
él hay júbilo de rey» (rva).
La acepción «desgracia» o
«infortunio» se pone de manifiesto en las maquinaciones de los malos en
contra de los justos: «Si alguien viene a verme, habla mentira. Su corazón
acumula iniquidad para sí, y saliendo afuera, lo divulga» (Sal 41.6 rva).
<Awen en este sentido es sinónimo de
<eÆd, «desastre» (Job 18.12). En un
sentido muy real <awen es parte de
la existencia humana, y como tal el vocablo es idéntico a
>amall, «trabajo», como en Sal
90.10: «Los días de nuestra vida son setenta años; y en los más robustos,
ochenta años. La mayor parte de ellos es duro trabajo y vanidad; pronto
pasan, y volamos» (rva).
<Awen
,
en un sentido más profundo, caracteriza el estilo de vida de los que no
tienen a Dios: «Porque el vil habla vilezas; su corazón trama la iniquidad
para practicar la impiedad y hablar perversidades contra Jehová, a fin de
dejar vacía al alma hambrienta y privar de bebida al sediento» (Is 32.6
rva). El ser del hombre se ha corrompido por la «iniquidad». Aunque toda la
humanidad está sujeta a <awen
(«trabajo, afán»), hay quienes se deleitan en causar dificultades y
«desgracias» para otros, tramando, mintiendo y comportándose engañosamente.
El salmista describe la iniquidad como estilo de vida de la siguiente
manera: «He aquí que gesta maldad, concibe afanes y da a luz mentira» (Sal
7.14 rva; cf. Job 15.35).
Aquellos que participan en
las obras de las tinieblas son «obreros de iniquidad», hacedores de maldad o
causantes de «desgracia» y desastre. <Awen
tiene sinónimos que comunican este sentido: ra>,
«maldad», y rasha>, «malos»
(antónimos de «rectitud» y «justicia»). Ellos buscan la perdición de los
justos (Sal 141.9). Entre Sal 5.5 y 141.9 el número de alusiones a «los que
obran iniquidad» llega a 16 (cf. «Los insensatos no estarán delante de tus
ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad», Sal 5.5). En el contexto
de este pasaje, el mal del que se habla es mentira, derramamiento de sangre
y engaño (v. 6). El aspecto calificativo de «iniquidad» llega a su máxima
expresión en los verbos que acompañan a <awen.
Los malos obran, hablan, engendran, piensan, conciben, recogen, cosechan y
aran <awen. La «iniquidad» se
manifiesta en la «desgracia» e «infortunio» que sobreviene a los justos. A
la larga, cuando las fiestas religiosas de Israel (Is 1.13) y sus leyes (Is
10.1) se vieron afectadas por su estilo de vida apóstata, acabaron actuando
y viviendo como los gentiles. La esperanza profética se afianzó en el
período posterior a la purificación de Israel, cuando el reino mesiánico
traería una era de justicia y rectitud (Is 32) y la vanidad e impiedad de
los malos se pondría de manifiesto.
La Septuaginta tiene
varias traducciones: anomia («sin
ley»); kopos («trabajo; obra;
afán»); mataios («vacío; estéril;
vano; impotente»); poneria («maldad;
malicia; injusticia»); y adikia
(«impiedad; maldad; injusticia»). Las revisiones de la rv favorecen las
siguientes traducciones: «iniquidad; vanidad; impiedad».
Inmundo
Verbo
tame<
(amef;),
«estar/ser inmundo». Esta raíz se limita al hebreo, arameo y arábigo. El
verbo aparece 160 veces en hebreo bíblico y principalmente en Levítico, por
ejemplo en Lv 11.26: «Todo animal que tiene pezuñas no partidas, que no las
tiene hendidas en mitades, o que no rumia, os será inmundo. Todo el que los
toque quedará impuro» (rva). Tame<
es lo contrario de taher, «estar/ser
puro».
Nombre
tum<ah
(ha;m]fu),
«inmundicia». El nombre tum<ah, que
se deriva de tame<, aparece 37 veces
en hebreo bíblico. El termino lo encontramos en Nm 5.19: «Y el sacerdote la
conjurará y le dirá: Si ninguno ha dormido contigo, y si no te has apartado
de tu marido a inmundicia, libre seas de estas aguas amargas que traen
maldición» (rva). Aquí la palabra se refiere a impureza sexual.
Tum<ah se encuentra dos veces en Lv
16.16 y se refiere a «inmundicia» moral y religiosa.
Adjetivo
tame<
(amef;),
«inmundo». El adjetivo aparece 89 veces en el Antiguo Testamento, sobre todo
en Levítico, donde se encuentra el primer ejemplo: «El que haya tocado
cualquier cosa inmunda, sea el cadáver de un animal inmundo no doméstico, o
el cadáver de un animal doméstico inmundo, o el cadáver de un reptil
inmundo, aunque no se haya dado cuenta de ello, será impuro y culpable» (Lv
5.2 rva).
El uso de
tame< en el Antiguo Testamento se
asemeja al de tahoÆr, «puro». En
primer lugar, «inmundo» es una condición del ser, por lo que el leproso
tenía que anunciar su inmundicia a dondequiera que fuese (Lv 13.45). Al
mismo tiempo, esta condición tenía matices religiosos ya que su inmundicia
era ritual, por lo que se puede concluir que este segundo uso del vocablo es
el más fundamental. En el sentido cúltico-religioso,
tame< es un término técnico que
denota el estado de ser ceremonialmente deficiente. Los animales y
cadáveres, las personas y los objetos inmundos contaminaban con su impureza
a quienes los tocaran: «Todo lo que el impuro toque será inmundo. Y la
persona que lo toque quedará impura hasta el anochecer» (Nm 19.22 rva). El
flujo de semen (Lv 15.2) y la menstruación (Lv 15.25) también causaban
impurezas; y todo lo que una persona impura tocase se tornaba también
impura.
Las traducciones en la
Septuaginta son: akathartos
(«impuro; inmundo») y miaino
(«mancha, impureza»).
Inocente, Sin Culpa
Verbo
naqah
(hq;n:), «ser
puro, inocente». Este verbo significa «inocente» únicamente en hebreo. En
arameo y arábigo tiene la acepción de estar «limpio». El verbo se encuentra
44 veces en el Antiguo Testamento. Isaías describe el futuro de Israel en
términos de una ciudad vacía («depurada de su población»): «Sus puertas
lamentarán y se enlutarán; y abandonada,
ella se sentará en tierra» (Is 3.26 rva). Desde una perspectiva más
positiva, una tierra puede también ser «limpiada» de ladrones: «Todo aquel
que roba … será excluido … y todo el
que jura en vano … será excluido»
(Zac 5.3).
El verbo se usa más a
menudo con la acepción de «libre» (con la preposición
mim). Esto aparece por primera vez
en Gn 24.8 y es un buen ejemplo de este uso. Abraham ordenó a su siervo que
buscara una esposa para Isaac. El siervo prometió cumplir su misión; sin
embargo, si no tenía éxito, es decir, en el caso de que la mujer no quisiera
hacer el largo viaje de regreso con él, Abraham lo libraría de su promesa:
«Pero si la mujer no quiere venir contigo, tú quedarás libre de este
juramento mío. Solamente que no hagas volver allá a mi hijo» (rva). Puede
tratarse de ser «libre» de un juramento (cf. Gn 24.8, 41), de culpa (Nm
5.31) o de castigo (Éx 21.19; Nm 5.28). Las traducciones en este contexto
son muy variadas.
El verbo
naqah también aparece con la
connotación de «inocencia». Primero, una persona puede ser declarada
«inocente» o «absuelta». David oró: «Preserva a tu siervo de la insolencia …
así quedaré libre e inocente de grave pecado» (Sal 19.13 nbe; «absuelto»
lba; «limpio» rva; «libre» nrv, nvi). Por otro lado, el pecador no es
«absuelto» por Dios: «Temeroso estoy de todos mis dolores, sé que tú no me
absolverás» (Job 9.28 lba; «no me tendrás por inocente» rvr). El castigo de
la persona que «no es absuelta» se expresa con el verbo
naqah en negativo: «No dará por
inocente Jehová al que tomare su nombre en vano» (Éx 20.7 rvr; «no dejará
sin castigo» bj). «Te castigaré con justicia. De ninguna manera te daré por
inocente» (Jer 30.11 rva). La suerte de los malvados es el juicio de Dios.
«El malvado no quedará sin castigo,
mas la descendencia de los justos será librada [malat]»
(Pr 11.21 lba; «impune» rva, nvi).
En la Septuaginta el verbo
generalmente se traduce como athos
(«ser inocente, estar sin culpa»). Sin embargo, la gama de significados del
hebreo es más amplia. Se extiende desde «vaciar [limpiar]» hasta la jerga
legal de «absolución». En las versiones en castellano (como en las versiones
en inglés) no hay uniformidad de traducción.
Adjetivo
naqéÆ
(yqin:),
«inocente». Este adjetivo aparece 43 veces en el Antiguo Testamento. Un
ejemplo está en Sal 15.5 que dice acerca del hombre justo: «Ni contra el
inocente acepta soborno» (rva).
Instrucción
Nombre
muÆsar
(rs;Wm),
«instrucción; castigo; advertencia». Este nombre aparece 50 veces, la
mayoría en Proverbios. Aparece por primera vez en Dt 11.2: «Y comprended
hoy, porque no hablo con vuestros hijos que no han sabido ni visto el
castigo de Jehová vuestro Dios, su grandeza, su mano poderosa, y su brazo
extendido».
Uno de los propósitos
principales de la literatura sapiencial era enseñar sabiduría y
muÆsar (Pr 1.2).
MuÆsar es disciplina y algo más.
Como «disciplina» enseña a vivir correctamente en el temor del Señor, para
que el sabio aprenda la lección antes de que lo tienten y pongan a prueba:
«Cuando lo vi, reflexioné sobre ello; miré, y recibí instrucción» (Pr 24.32
lba). Se trata de una disciplina para toda la vida; de ahí la importancia de
prestar atención a muÆsar: El
Antiguo Testamento se vale de muchos verbos para subrayar la necesidad de
una respuesta adecuada: «oír, obedecer, amar, recibir, obtener, captar,
defender, guardar». Asimismo, el rechazo de la instrucción queda evidente
mediante diversos términos relacionados con
muÆsar: «rechazar, odiar, obviar, no amar, detestar, abandonar».
Cuando muÆsar se imparte como
«instrucción», pero no se observa, el muÆsar
del «castigo» o de la «disciplina» pueden ser el paso siguiente: «La necedad
es parte del corazón juvenil, pero la vara de la disciplina la corrige» (Pr
22.15 nvi).
Prestar atención cuidadosa
a la instrucción trae honra (Pr 1.9), vida (Pr 4.13) y sabiduría (Pr 8.33),
pero sobre todo agrada a Dios: «Porque el que me halla, halla la vida y
obtiene el favor de Jehová» (Pr 8.35 rva). No observar la «instrucción»
acarrea sus debidos resultados: muerte (Pr 5.23), pobreza y vergüenza (Pr
13.18); a la larga, esto indica un menosprecio a la propia vida (Pr 15.32).
La receptividad a la
«instrucción» de padres, maestros, sabios o rey está directamente
relacionada con someterse a la disciplina divina. Los profetas acusaron a
Israel de no recibir la disciplina de Dios: «Oh Jehová, ¿no buscan tus ojos
la fidelidad? Tú los azotaste, y no les dolió; los consumiste, pero
rehusaron recibir corrección. Endurecieron sus caras más que la piedra y
rehusaron volver» (Jer 5.3). Jeremías exhorta a los hombres de Judá y a los
habitantes de la ciudad asediada de Jerusalén a prestar atención a lo que
estaba aconteciendo en derredor suyo y que se sometieran a la «instrucción»
del Señor (35.13). Isaías predice que el castigo de Dios hacia los hombres
lo llevaba el Siervo Sufriente, trayendo paz para quienes creyeran en Él:
«Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el
castigo de nuestra paz fue sobre Él; y por su llaga fuimos nosotros curados»
(Is 53.5).
La Septuaginta tiene la
traducción paideia («educación;
capacitación; instrucción»). Este término griego es la base de nuestra
palabra pedagog#233;a, o sea,
«educación del niño».
Verbo
yasar
(rs'y:),
«disciplinar». Este verbo se encuentra en hebreo y ugarítico con la acepción
de «disciplinar». La raíz no se halla fuera de estas lenguas. El vocablo
aparece 42 veces en el Antiguo Testamento; cf. Pr 19.18: «Corrige a tu hijo
mientras aún pueda ser corregido, pero no vayas a matarlo a causa del
castigo» (bvp).
Ira, Enojo
Nombre
jemah
(hm;je) «ira;
calor; furia, rabia; cólera, enojo». Este nombre se encuentra en las lenguas
semíticas con acepciones como «calor, ira, ponzoña, veneno». El nombre y
también el verbo yajam denotan un
alto grado de emotividad. El nombre se usa 120 veces, por lo general en la
literatura poética y profética, particularmente en Ezequiel.
El primer uso de
jemah acontece en la historia de
Esaú y Jacob. Este recibe el mensaje de viajar a Harán con la esperanza que
la «ira» de Esaú se disipara: «Y mora con él algunos días, hasta que el
enojo de tu hermano se mitigue» (Gn 27.44).
El término indica un
estado de «ira». La mayoría de los usos involucra la «ira» de Dios. Su «ira»
se dirige hacia el pecado de Israel en el desierto: «Porque temí a causa del
furor y de la ira con que Jehová estaba enojado contra vosotros para
destruiros» (Dt 9.19). El salmista ruega por la misericordia de Dios en la
hora de su «ira»: «Jehová, no me reprendas en tu furor, ni me castigues con
tu ira» (Sal 6.1). La «ira» de Dios contra Israel finalmente se manifestó en
el cautiverio de los judíos a Babilonia: «Cumplió Jehová su enojo, derramó
el ardor de su ira; y encendió en Sion fuego que consumió hasta sus
cimientos» (Lm 4.11).
La metáfora «cáliz» denota
el juicio de Dios sobre su pueblo. Su «ira» se derrama: «Derramó sobre él el
ardor de su ira y la violencia de la batalla; le prendió fuego por todos
lados, pero él no se dio cuenta; lo consumió, pero él no hizo caso» (Is
42.25 lba). El «cáliz de su ira» se tiene que beber: «¡Despierta!
¡Despierta! Levántate, oh Jerusalén, que de la mano de Jehová bebiste la
copa de su furor y que bebiste hasta la última gota de la copa del vértigo»
(Is 51.17 rva).
De esta manera, Dios el
Señor Todopoderoso se enoja por los pecados y el orgullo de su pueblo porque
son un insulto a su santidad. En un sentido derivado también se dice que los
reyes de la tierra están airados, pero su «ira» surge de circunstancias
sobre las que no tienen control. Naamán se enojó con el consejo de Elías (2
R 5.11–12; en paralelo con qatsap);
Asuero se enfureció cuando Vasti rehusó mostrar su belleza delante de sus
hombres (Est 1.12; en paralelo con qatsap).
Jemah
también denota la reacción de los seres humanos ante circunstancias
cotidianas. La «ira» del hombre es una manifestación peligrosa de su estado
emocional porque inflama a todos los que se acercan al enfurecido. La «ira»
puede surgir por varias razones. Proverbios establece en términos muy
enfáticos la relación entre jemah y
los celos (6.34); cf. «Cruel es la ira e impetuoso el furor; pero, ¿quién
podrá mantenerse en pie delante de los celos?» (Pr 27.4 rva; «enfrentarse a
la envidia» nvi; cf. Ez 16.38). A una persona furibunda se le puede culpar
de un crimen y condenarla: «Temed la espada por vosotros mismos, porque el
furor trae el castigo de la espada para que sepáis que hay juicio» (lba). La
respuesta sabia a la «ira» es una respuesta suave: «La blanda respuesta
quita la ira: Mas la palabra áspera hace subir el furor» (Pr 15.1).
Jemah
está asociado con qin<ah, «celos», y
también con naqam, «venganza», pues
la persona airada se propone salvaguardar su honor o vengarse con la persona
que le provocó. En su tratamiento con Israel, Dios siente celo por su santo
nombre, por lo que tiene que enfrentar con justicia la idolatría de Israel
vengándose: «Para hacer que mi ira suba y tome venganza, he puesto su sangre
sobre la roca desnuda, para que no sea cubierta» (Ez 24.8 rva). Sin embargo,
también se venga de los enemigos de su pueblo: «¡Dios celoso y vengador es
Jehová! Vengador es Jehová, y está indignado. Jehová se venga de sus
adversarios y guarda su enojo contra sus enemigos» (Nah 1.2). Otros
sinónimos de jemah son
<ap, «enojo» y
qetsep, «ira», como en Dt 29.27 y
Jer 21.5.
Hay dos acepciones
especiales de jemah. Una es «calor»
como en: «Yo iba con amargura y con mi espíritu
enardecido, pero la mano de Jehová era fuerte sobre mí» (Ez
3.14 rva). El otro es «ponzoña» o «veneno», como en Dt 32.33: «Veneno de
serpientes es su vino, y ponzoña cruel de áspides» (rva).
En la Septuaginta
encontramos las siguientes traducciones: orge
(«enojo; indignación; ira») y thumos
(«pasión; enojo; furia»). qetsep (¹x,q,),
«ira». Este nombre aparece 28 veces en el hebreo de la Biblia con referencia
particular a Dios. Un caso de la «ira» divina se encuentra en 2 Cr 29.8:
«Por tanto, la ira de Jehová ha venido sobre Judá y Jerusalén». En Est 1.18
encontramos un ejemplo de «ira» humana: «Y entonces dirán esto las señoras
de Persia y de Media que oigan el hecho de la reina, a todos los príncipes
del rey; y habrá mucho menosprecio y enojo» (cf. Ec 5.17).
jaroÆn
(÷/rj;), «ira
ardiente». Los 41 casos de este vocablo abarcan todos los períodos bíblicos.
El término se refiere exclusivamente a la «ira ardiente» de Dios.
JaroÆn se encuentra por primera vez
en Éx 32.12: «Desiste del ardor de tu ira [jaroÆn]
y cambia de parecer en cuanto a hacer mal a tu pueblo» (rva).
Verbo
jarah
(hr;j;),
«airarse, estar airado». Este verbo aparece 92 veces en la Biblia. En su
radical básico, el vocablo quiere decir «arder de ira» o enojo como en Jon
4.1. En el radical causativo, jarah
significa «fervor para el trabajo» o sea «tener celo para la obra» (Neh
3.20).
qatsap
(¹x'q;),
«enojarse, airarse, enfurecerse». Este verbo aparece 34 veces, con mayor
frecuencia en el Pentateuco y en los profetas, y unas cuantas veces en los
libros históricos y en la literatura poética. El término se usa en hebreo
rabínico, pero se ha desplazado por otros verbos en el hebreo moderno. Es
una antigua palabra cananea; una glosa en las tablillas de El Amarna tiene
el significado de «preocuparse» y también de «sentirse amargado». La
relación del vocablo con el término arábigo
qasafa es discutible.
En general,
qatsap expresa una fuerte explosión
emocional de ira, en particular cuando el sujeto es un varón. Esto queda
claro desde el primer caso en que se menciona: «Y se enojó Faraón contra sus
dos oficiales … y los puso en prisión» (Gn 40.2–3; cf. 41.10). Moisés se
enfureció con los israelitas desobedientes (Éx 16.20). Los líderes filisteos
«se enojaron» contra Aquis (1 S 29.4), Naamán «se fue enojado» por la falta
de respeto de Eliseo (2 R 5.11; en paralelo con
jemah). y este profeta se airó contra Joás, rey de Israel (2 R
13.19). Asuero «se enojó mucho» y «su ira se encendió» contra Vasti su mujer
y la destituyó (Est 1.12; en paralelo con jemah).
En todos estos ejemplos, una persona encumbrada (generalmente un rey)
expresa su ira con medidas radicales en contra de sus subordinados. Su
posición le permite «airarse» ante la respuesta de sus súbditos. No es usual
en el Antiguo Testamento que una persona se enoje con otro de igual a igual.
Es menos frecuente aun que un súbdito se enfurezca contra alguien superior:
«Se enojaron [«estaban irritados» bj; «descontentos» nbe] … dos eunucos del
rey … y procuraban poner mano en el rey Asuero» (Est 2.21 rvr).
El nombre derivado de
qatsap se refiere en particular a la
ira de Dios. El verbo qatsap se usa
11 veces para describir la ira humana y 18 la ira de Dios. Esto, junto con
lo anterior, que el verbo se expresa generalmente desde un gobernante hacia
sus súbditos, explica por qué el texto bíblico usa más a menudo
qatsap para describir la ira de
Dios. El objeto de la ira se indica a menudo por la preposición
>al («contra»). «Porque tenía mucho
miedo de la ira [<ap] y del furor [jemah]
que irritaba [qatsap] a Yahveh
contra [>al] vosotros hasta querer
destruiros» (Dt 9.19 bj). La ira de Dios se expresa en contra de la
desobediencia (Lv 10.6) y el pecado (Ec 5.5ss). El pueblo mismo puede ser
también objeto de la ira de Dios (Sal 106.32). Los israelitas provocaron la
ira de Dios en el desierto por su desobediencia y falta de fe: «Acuérdate,
no olvides que has provocado la ira de Jehová tu Dios en el desierto; desde
el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este
lugar, habéis sido rebeldes a Jehová» (Dt 9.7; cf. vv. 8, 22). Moisés habla
de la ira de Dios en contra de la desobediencia de Israel que finalmente
causaría el cautiverio (Dt 29.27), y los profetas amplían la amonestación de
Moisés advirtiendo acerca del «furor y enojo e ira grande» que vendría (Jer
21.5). Después del cautiverio, Dios tuvo compasión de Israel y volcó su ira
sobre los enemigos de Israel (Is 34.2).
En la versión griega
encontramos las siguientes traducciones:
orgizomai («estar enojado» o «airado») y
lupew (forma verbal de «afligido,
adolorido, triste»).
yajam
(µj'y:),
«arder, enardecerse». Este verbo, que aparece únicamente 10 veces en hebreo
bíblico, es la raíz del nombre jemah.
En Dt 19.6
yajam significa «enardecer»: «No sea
que cuando su corazón arda en ira, el vengador de la sangre persiga al
homicida, le alcance por ser largo el camino» (rva).