¡
¿Hasta cuándo se pretenderá falsear la realidad?
Muchas son las cuestiones que nos han deparado las últimas
décadas, pero lamentablemente, entre todas, prevalece como eje del
guión que nos toca vivir, el esfuerzo que los países ricos hacen
para mantener a toda costa los privilegios adquiridos.
Mientras en estos países ricos pronto podan permanecer conectados con el
teléfono móvil a internet las veinticuatro horas del día,
el resto de la humanidad está incomunicada detrás de las murallas,
alambradas, cercos y leyes anti-extranjeros con las que se protegen; cualquier
día del año podemos darnos el gustazo de comer cualquier fruta
tropical aunque en los Trópicos y en el africa la escasez de alimento
aumenta en la proporción que se pudren las reservas en nuestros
graneros; nos gastamos millones de eurodólares en cualquier producto de
consumo banal -con el consiguiente despilfarro de energía y
producción de residuos- y los pobres, con sumo cuidado, gestionan su pobreza;
los mecanismos de defensa avanzan a paso marcial, porque claro, estos
privilegios hay que defenderlos.
Mantener este desequilibrio no lo resiste
Como decíamos los cambios en los patrones climáticos son cada vez
más frecuentes y más alarmantes. Y la razón de este cambio
climático, el efecto invernadero, ya se puso encima de la mesa en 1992
en la cumbre de las Naciones Unidas celebrada en Río de Janeiro. El 50%
del calentamiento global se debe a emisiones de CO2 proveniente de la actividad
humana: de los 30.000 millones de toneladas de CO2 que cada año se
inyectan a la atmósfera cerca del 80% proviene del consumo de la
energía fósil (petróleo, gas natural y carbón), el
20% restante proviene de la deforestación, especialmente en los
países en vías de desarrollo. Cada año se destruyen 11
millones de hectáreas de bosques tropicales para el consumo de maderas
tropicales, el gasto imparable de papel, la utilización de la madera
como combustible y la reconversión a tierras agrícolas y
ganaderas. Nos olvidamos de que los bosques regulan el flujo de las aguas, la
retienen en épocas de lluvias y la ceden regularmente en épocas
de sequía. Al desaparecer la cobertura de los arboles aumenta
también la erosión. En definitiva rompemos la mágica
armonía de
Paralelamente
¿Cuál será el límite para que los países
dominantes sean capaces de reaccionar?
Tal vez las lamentables desgracias de fin de año ocurridas en el norte
de Francia podrían ser un detonante. Tal vez lo será ver nuestros
mares y océanos negros y viscosos. Quizás habremos de esperar a
que los científicos nos informen que la Tierra está menguando.
Que se está encogiendo, que el magma se derrite y evapora, como un globo
con un pinchazo... y que no cabremos en Ella.
En 1885 el cacique Seattle, en una hermosa carta, transmitió al
presidente norteamericano Pierce -cuando éste le formuló un
ofrecimiento para la compra de la tierra de su pueblo- un mensaje similar a:
"nuestra tierra no la heredamos de nuestros padres, la pedimos prestada a
nuestros hijos". Tomemos pues conciencia 'global' de ello y empecemos ya a
trabajar para restituir ese precioso préstamo en condiciones saneadas y
equilibradas.
Gustavo
Duch
Veterinarios Sin Fronteras.