ACONTECIMIENTOS HISTORICOS

Los acontecimientos historicos son aquellos casos reales que se quedan marcados en la vida, apesar de que ya halla sucedido hace tiempo los casos reales y impactantes es uno como el de la mina 2 que fue un caso historico que las personas que perdieron a un ser querido tal y como se ha dicho queda marcado en ellas.

LA GRAN TRAGEDIA DE LA MINA II

Hoy se cumplen 47 a�os de la tragedia que marc� a la comunidad de Barroter�n, Coahuila. El 31 de marzo de 1969 explotaron dos minas de carb�n por la acumulaci�n de gas metano y 153 fallecieron, dejando a viudas, hu�rfanos y cientos de personas sin su familia, quienes hoy los recordar�n como hacen cada a�o. Como ya es costumbre cada 31 de marzo, hoy se celebrar� una misa en memoria de los ca�dos y se colocaron ofrendas florales y guardia de honor frente al monumento de El Minero en la plaza de la comunidad. Acudir�n familiares de los mineros fallecidos y autoridades municipales. Como el caso de do�a Antonieta, que hoy tiene 73 a�os y en aquel entonces estaba reci�n casada con Luis, quien llevaba dos a�os trabajando como minero cuando ocurri� el accidente y �l estaba adentro de la mina 2 �Guadalupe�. A la fecha ella sigue escuchando el estruendo que cimbr� al pueblo. �Es un pueblo chiquito, todos escuchamos la explosi�n y yo tembl� al instante porque mi esposo estaba trabajando. Hoy hay d�as que sue�o y que escucho el estruendo como si fuera ese d�a, pero cada a�o voy a misa a pedir por el descanso de Luis y aqu� estamos pas�ndola. Su hijo ya es todo un profesionista�, coment� Antonieta. Uno de los peores accidentes en la historia de la miner�a en M�xico ocurri� en las minas 2 y 3 de Minera Guadalupe, el 31 de marzo de 1969. En el accidente murieron 153 mineros. Los relatos de la �poca refieren que pasadas las 17:30 horas, se escuch� un fuerte estruendo. Los mineros que hab�an entrado a trabajar en el turno de segunda, hab�an quedado atrapados en las minas 2 y 3. Luego se supo que la explosi�n hab�a ocurrido en la mina tres, pero se ignoraba la profundidad, ya que los tiros se trabajan a 100 bajo tierra. El gas metano, conocido como gris�, fue la causa de la explosi�n. Los rescatistas y voluntarios tardaron m�s de un mes para recuperar de entre los escombros todos los cad�veres, muchos de ellos en descomposici�n y en pedazos. En 2011, tambi�n en marzo en otra mina de carb�n en la misma zona, se produjo otra explosi�n que caus� la muerte de dos mineros y dej� a tres m�s seriamente lesionados. Barroteran, Coah., 13 de marzo. Hace cuatro a�os, a don Juan Angel Garza un compadre le dijo que ten�a un peque�o terreno donde sin duda hab�a carb�n, junto a una de las minas que estallaron aqu� en 1965, y le propuso que se encargara de explotarlo. El hombre acept�. Lo primero que hizo fue contratar a sus tres hijos mayores -Juan Luis, Jos� Alfredo y Reynol, de 26, 25 y 22 a�os- y a 10 obreros m�s. Lo segundo, cavar un pocito de 25 metros de profundidad y, abajo, dos galer�as, cada una de 30 metros de longitud. Una tarde, mientras don Juan Angel dirig�a todo desde arriba, uno de los barreteros golpe� el fondo del t�nel y al instante se desplom� la pared y entr� el torrente de una laguna subterr�nea. Ahora, si uno arroja una piedra todav�a se escucha el agua estancada. Para don Juan Angel, la oferta de 750 mil pesos que est� haciendo Grupo M�xico a los familiares de las v�ctimas de Pasta de Conchos s�lo le ha metido "malas ideas" a las viudas de sus propios hijos y de los otros 10 mineros que se ahogaron con ellos. "Ya casi todas se volvieron a casar, pero a m� me quieren sacar hasta los ojos para que les pague una indemnizaci�n que ya les di", se queja, negro de carb�n, sentado en el patio de su casa despu�s de salir de la mina donde trabaja actualmente, mientras su nietecito, no m�s alto que sus rodillas, se pone el casco de protecci�n del abuelo anunciando el destino dif�cilmente evitable que le aguarda. "Las empresas deber�an pensar m�s en indemnizar a los pap�s de los mineros y no tanto a las viudas, porque ellas se consiguen otro marido, pero a nosotros los viejos qu� nos queda", expone con voz cargada de nost�lgica melancol�a. A su lado lo escucha su esposa, do�a Blanca Acu�a, a quien se le vienen encima los recuerdos del 23 de enero de 2003, a la una de la tarde, cuando murieron sus muchachos. "Yo no s� por qu� ese d�a, a esa hora, me dio mucho sue�o y me acost�, porque se me cerraban los ojos. Nunca duermo siesta y menos a mediod�a, pero esa vez no s� qu� me pas�. Cuando despert� me dijeron que hab�a pasado algo en el pocito y ya me llevaron a ver. Entonces me acord� que la noche anterior, Reynol, el m�s chico de los tres, me dijo que ya se quer�a morir, que ya estaba muy cansado de trabajar bajo tierra y yo le dije: 'pero por qu�, si apenas tienes 22 a�os'". Un muerto cada 60 d�as Cuando se produce un estallido de gas metano en el fondo de una mina carbonera, el sonido viaja por los t�neles hasta que sale a la superficie por la boca del socav�n, "igual que cuando uno eructa". Al menos as� lo recuerda Gustavo Cruz Garc�a, que ten�a 9 a�os el 31 de marzo de 1969, cuando explotaron aqu� las unidades 2 y 3 de la Minera Guadalupe, ocasionando la muerte de 135 barreteros, en el peor desastre de esta naturaleza habido hasta ahora en M�xico. Desde entonces, hasta el 19 de febrero pasado, cuando un accidente similar mat� a 65 trabajadores de Pasta de Conchos, en la regi�n carbon�fera de Coahuila, han perdido la vida 293 mineros, a raz�n de 7 durante cada uno de los �ltimos 40 a�os, lo que da un promedio aproximado de un fallecimiento cada dos meses debido a las p�simas condiciones de seguridad que imperan en la industria. Con sus cuatro barrios de modestas casitas de una sola planta, construidas por la Minera Guadalupe en los a�os 50 del siglo pasado, Barroter�n es un pueblo fantasmag�rico. Sobre el terreno que ocupaban las minas 2 y 3 ahora s�lo hay huizaches y nopales. "Un tiempo dijeron que iban a hacer un campo de beisbol, luego se les olvid� la idea", cuenta Gustavo manejando su destartalada camioneta en la que lleva a los enviados de este diario al pozo La Espuelita, donde perecieron los hijos de don Juan Angel. A unos metros de los postes colocados sobre la boca del agujero -de los cuales pend�a un barril de hierro en el que bajaban y sub�an los trabajadores y extra�an la producci�n cotidiana-, hay una capilla donde el duelo acumula ramos de flores de pl�stico y cascos de protecci�n. Unos pasos m�s all� hay 13 cruces con sus respectivos nombres y m�s flores artificiales. En el horizonte pavoroso, negro el suelo, gris la tarde, se alza el humo de una planta lavadora de carb�n donde se procesa el material que a�n sale de las min�sculas unidades productivas que son los pocitos, y que desde esta zona es transportado a la carboel�ctrica de la Compa��a Federal de Electricidad, en el municipio de Nava, a 100 kil�metros de aqu�, donde se genera la d�cima parte de la energ�a el�ctrica de todo el pa�s. La gente de Barroter�n recuerda que cuando la explosi�n de 1965, la empresa entreg� 50 mil pesos a los familiares de cada una de las v�ctimas, pero el sindicato minero, entonces bajo la batuta de Napole�n G�mez Sada, "les cobr� los ata�des y las tumbas", precisa Gustavo. Ahora, a ra�z de la tragedia en Pasta de Conchos, el Seguro Social est� llamando a las viudas de los ca�dos en La Espuelita a organizarse para reclamar sus indemnizaciones. Don Juan Angel observa la situaci�n con angustia. "Yo pens� que no pod�a haber nada peor que ver morir a los hijos, pero desde el accidente por esta casa ha pasado un ej�rcito de abogados. Vienen a ver qu� tenemos, entran a la rec�mara, a la cocina a ver cu�nto vale cada cosa para saber qu� nos van a quitar cuando nos embarguen. Por m� que se lleven el techo y las paredes, pero que ya nos dejen en paz", dice aludiendo a los representantes legales de las viudas de sus obreros. -�Y el compadre que le prest� el terreno para el pocito? -Se fue al otro lado. No hemos vuelto a saber de �l. Barroter�n, Coah.-Aquel 31 de marzo de 1969, cientos de ni�os y adolescentes inesperadamente quedaron hu�rfanos; los que sobreviven ahora son cincuentones o sesentones, pero dif�cil para ellos es evitar los recuerdos del drama donde 153 hombres perdieron la vida en la explosi�n de las minas carboneras 2 y 3 �Guadalupe� cuya noticia en horas dio la vuelta al mundo. A 44 a�os de la cat�strofe, el ritual de cada 31 de marzo sigue siendo el mismo; misa en memoria de los ca�dos, colocaci�n de ofrendas florales y guardia de honor frente al monumento a El Minero ubicado en la plazuela de esta comunidad tradicionalmente llena de viudas, sin orden, olvidada, robada y humillada. Las viudas sobrevivientes a�n acostumbran asistir a la misa, y en no pocas ocasiones las l�grimas se deslizan lentamente por sus mejillas, mientras sus mentes vuelan a aquel 31 de marzo de 1969 cuando un potente estruendo por acumulaci�n de gas metano sacudi� al mineral, y de inmediato se olfate� la tragedia que luego fue confirmada. Dicen que las maniobras de rescate fueron dif�ciles por los constantes derrumbes que obstru�an el ingreso a la mina, pero las cuadrillas de rescate de Altos Hornos de M�xico y socorristas voluntarios de la Cruz Roja de Monclova efectuaban esfuerzos inenarrables d�a y noche para localizar los cuerpos. En medio del cuadro de llanto y dolor de los deudos, brotaron las t�picas promesas de pol�ticos y autoridades de la �poca encabezados por el gobernador Braulio Fern�ndez Aguirre y el candidato del PRI a la gubernatura, Eulalio Guti�rrez Trevi�o; becas hasta la universidad para los hu�rfanos, vivienda, despensas y pensiones dignas para las viudas. Como si esos compromisos los hubiesen redactado en hielo, de rato todo qued� borrado al igual que las promesas del entonces l�der nacional del Sindicato Minero, Napole�n G�mez Sada, de luchar para hacer menos dif�cil la vida de viudas y hu�rfanos. En el pueblo a�n se escuchan versiones que relatan aquellos d�as, como por ejemplo de que ante el riesgo de estallidos violentos de grandes proporciones, el gobierno y la minera trataban de apagar los encendidos �nimos de familiares de los trabajadores, aunque de pronto surgi� el anuncio: los cuerpos hab�an sido localizados. 153 f�retros fueron colocados afuera de la mina, en tanto el Gobierno Municipal y los funcionarios de la compa��a se encargaron de identificar los cuerpos ya en avanzado estado de descomposici�n, por lo que surgi� la orden de celebrar una breve ceremonia religiosa y de inmediato en direcci�n al pante�n para inhumarlos, sin que hayan sido abiertos los ata�des. Cuentan que los primeros cad�veres recuperados casi en la boca de la mina estaban irreconocibles, por lo que fueron encerrados en un caj�n sellado y entregados a la gente sin que lograran ver los restos antes de sepultarlos. Las cuadrillas de rescate eran instruidas para prevenirlos de otra probable contingencia e ingresaban a la mina perfectamente equipados. Los socorristas de la Cruz Roja de Monclova, adem�s de auxiliar en el exterior de la mina cargando los cad�veres de los ca�dos, tambi�n integraron equipos de trabajo en el interior para apoyar las labores de recuperaci�n de los cuerpos. Los mineros que ingresaban a la mina en busca de sobrevivientes, al salir al exterior eran apoyados y atendidos por personal m�dico de AHMSA y la Cruz Roja que les aplicaban ox�geno, antibi�ticos, y vitaminas, en tanto los medios informativos internacionales y nacionales entrevistaban a los trabajadores para informarse de la situaci�n que se registraba en el interior. El apoyo de los socorristas de la Cruz Roja de Monclova fue importante y vital, porque permanecieron durante una semana sin retirarse hasta que fue rescatado el �ltimo de los mineros fallecidos, lapso en que a�n sin la tecnolog�a actual el mundo estaba en vilo, expectante de cada detalle en la mina siniestrada. domingo, 05 de agosto de 2012 La explotaci�n del carb�n en Coahuila cobra una cuota promedio superior de 15 vidas anualmente. Desde 1889 a la fecha suman alrededor de 1,900 los trabajadores muertos en minas formales y pocitos. Las explosiones de gas gris� han pasado las facturas m�s altas, seguidas por los derrumbes e inundaciones de las galer�as. Esto significa morir despedazado, quemado, aplastado o ahogado, seg�n las circunstancias. De acuerdo con la organizaci�n Familia Pasta de Conchos, el registro m�s antiguo de una cat�strofe en la zona carbon�fera de Coahuila data de 1889, cuando un estallido de gas metano (gris�) mata a 135 hombres. El a�o de 1908 resulta a�n m�s fat�dico: fallecen 300 hombres en Rosita y Pala�. Y en 1910, a�o del Centenario de la Independencia e inicio de la revoluci�n mexicana, la mina II, en Esperanzas, otros 300 trabajadores pierden la vida. BARROTER�N El lunes 31 de marzo de 1969, toda la poblaci�n de Barroter�n (municipio de M�zquiz) y varias comunidades aleda�as se cimbran por un poderoso estruendo. Ha explotado la mina Guadalupe. Son las 17:30 horas. El saldo es impresionante. En cuesti�n de segundos, mueren 153 trabajadores y cuatro empleados de confianza de la empresa. Una gran nube de humo, polvo y fuego escapa por la boca de los dos socavones. "Fue como si el diablo hubiera estornudado desde el mism�simo infierno", recuerda muchos a�os despu�s un viejo minero que apoy� las tareas de rescate en Pasta de Conchos, cat�strofe en la que fallecieron 65 trabajadores el 19 de febrero de 2006. Javier Villarreal Lozano --"periodista extraordinario", como lo describe el articulista Marcos Dur�n Flores, en reciente colaboraci�n-- fue el primer reportero de Monclova en enterarse de la hecatombe. Escritor, historiador y titular del Centro Cultural Vito Alessio Robles, dirig�a en aquellos a�os el peri�dico El Tiempo. Acompa�ado del fallecido fot�grafo Ricardo Polendo, se traslad� de inmediato al mineral. Tras identificarse, le fue permitido ingresar a la mina, guiado por personal de la empresa. Le dieron un pedazo de cebolla que deb�a oler para, supuestamente, tolerar los gases que todav�a no se disipaban. El remedio no funcion�. A los pocos minutos, el grupo tuvo que desandar el camino. "Salimos noqueados", recuerda. Al filo de la medianoche, de regreso a su peri�dico, distintos medios lo buscaban telef�nicamente para solicitarle informaci�n. Comparti� la que ten�a, precisada al anochecer con datos que le proporcion� el entonces director de Ahmsa, Ignacio Villase�or. Se llev� "la de ocho" en varios medios escritos, quienes autom�ticamente lo designaron corresponsal esa misma noche. Incluso, debe de conservar una edici�n de The New York Times del d�a siguiente, otorg�ndole el cr�dito consabido. "by Javier Villarreal", se lee bajo el encabezado del prestigiado rotativo. Divertido, recuerda el telefonema de Jacobo Zabludovsky. No daba pie con bola sobre c�mo llegar a Barroter�n. Le recomend� lo m�s prudente para la �poca: del DF a Monterrey por avi�n, y v�a terrestre a Monclova, y de ah� a la mina Guadalupe. Al d�a siguiente, 1 de abril de 1969, el hasta entonces desconocido mineral ya bull�a de periodistas. Para la revista Life fue tema de portada: un minero haciendo una pausa durante las labores de rescate, pero cuya expresi�n lo reflejaba todo: de la impotencia a la desesperanza, de la tristeza al enojo, a la frustraci�n. resignados... La Regi�n Carbon�fera, con presencia internacional por estos lamentables eventos, comprende cinco de los 38 municipios de Coahuila: Sabinas, M�zquiz, San Juan de Sabinas, Ju�rez y Progreso. Los hombres que se dedican a esta actividad (incluidos menores de edad, padres e hijos, hermanos o primos) est�n conscientes de los riesgos. Resignados, aseguran que siempre saben que van a entrar a las minas o a pocitos, pero nunca si volver�n a ver a sus familias. Un mes despu�s de la explosi�n en El Hondo, en 1902, Porfirio D�az fue a la mina acompa�ado de una numerosa comitiva. Desde esa �poca, los mineros de la Carbon�fera reclaman ante el gobierno federal en turno la falta de condiciones para desempe�ar con seguridad su trabajo. En poco m�s de una semana, 13 vidas m�s se han extinguido en Coahuila por la misma raz�n que plantearon al dictador D�az hace 110 a�os. Entonces, la pregunta obligada es: �hasta cu�ndo ser�n escuchados? Sin distingo... El accidente del viernes en la Mina 7 de la empresa Minerales Monclova Sociedad An�nima (Mimosa), comprueba que la tragedia no discrimina y tampoco est� reservada para los yacimientos explotados de manera rudimentaria, como los pocitos. La mina en menci�n es "la m�s segura y tecnificada" de su tipo en el pa�s, seg�n datos de la Direcci�n General de Minas de la Secretar�a de Econom�a y de la secretar�a estatal de Desarrollo Econ�mico. De hecho si no fuera as� no habr�a sido posible que m�s de 280 trabajadores salieran ilesos, en un proceso de evacuaci�n que transcurri� sin complicaciones. El techo y las paredes de la excavaci�n se soportan con un t�nel de acero, hab�a suficiente polvo inerte que inhibe la combusti�n y los abanicos para introducir aire limpio y retirar el contaminado funcionaban de manera ordinaria. En resumen, la empresa hizo lo que deb�a para propiciar condiciones de seguridad y evitar riesgos, pero a�n con ello hubo un derrumbe de unas 100 toneladas que acab� con la vida de seis trabajadores, algunos veintea�eros que dejaron en la orfandad a peque�os de cinco a�os o menos. Ante todo esto valdr�a la pena voltear la vista y recibir con la suficiente atenci�n la urgencia del gobernador Rub�n Moreira Valdez para que el gobierno federal desate los nudos que estableci� para impedir la explotaci�n y el aprovechamiento del gas metano que hay en los yacimientos antes de habilitar las minas. Si la Secretar�a de Hacienda accede y se flexibilizan los derechos que los empresarios deben pagar, el gobierno federal no perder� nada, pues se trata de un impuesto por el que no recibe un peso debido a que es inaplicable. 1972:- Aquel autob�s "pollero" que hac�a el recorrido de Sabinas a las minas de Barroter�n, corr�a velozmente por la carretera 57; al llegar al punto conocido como Roncesvalles, tomamos una carretera vecinal que nos llevar�a a Barroter�n, un pueblo de triste memoria, un pueblo que a�n no superaba los horrores de la explosi�n de 1969. En ella hab�an muerto casi todos los hombres del mineral, 154 mineros hab�an perdido la vida en aquella tr�gica explosi�n, un triste 31 de marzo. Ver los rostros de las mujeres y los ni�os de Barroter�n era ver la tragedia reflejada en ellos, una amargura que no se pod�a olvidar tan f�cilmente. Unos perros fam�licos nos dieron la bienvenida, ladraban ruidosamente; el autob�s se par� en lo que para ellos era la central de autobuses, las calles estaban casi desiertas, s�lo alguno que otro minero deambulaba por ese pueblo casi fantasma. Pero ese no era mi destino, hab�a que llegar a otro mineral a�n m�s lejano y casi desconocido, el mineral de La Luz, en un municipio a�n m�s escondido, Progreso, Coahuila. Al fondo, en el horizonte se dibujaba el contorno de la Sierra de Obayos; ah� en sus estribaciones se encontraba el mineral que era mi destino. Casi nada sab�a de ese lugar, s�lo que hab�a minas de carb�n y donde me esperaba mi destino, llevaba mi morral cargado de ilusiones, no ten�a miedo de enfrentarme a lo desconocido, reci�n hab�a terminado una carrera t�cnica en la escuela de Miner�a, Explorador Minero, en Nueva Rosita, Coahuila. Un carro de los llamados de sitio me llevar�a al mineral de La Luz, iniciamos el recorrido por un camino de terracer�a, parec�a que el tiempo se hab�a detenido en aquellos parajes, la soledad del camino era visible, nadie transitaba por aquellos lugares. Llegamos al mineral de La Florida todav�a en el municipio de M�zquiz; el siguiente pueblito parec�a sacado de una novela de vaqueros. San Jos� del Aura, un pueblo lleno de leyendas y de historias, donde llegaron a mi mente los versos de un corrido de un personaje nacido en Aura, Florencio Garza:BARROTER�N es un pueblo de Coahuila donde existe una mina productora de carb�n. Ese pueblo tambi�n se conoce con un cruel apelativo, "pueblo de viudas", porque all� "las puede hallar en cada calle... un pueblo sin ley y sin orden, olvidado, robado y humillado". "Barroter�n fue mundialmente conocido" debido al accidente "en que murieron 153 mineros, a causa de una explosi�n, producto del descuido y la irresponsabilidad patronal, el 31 de marzo de 1969". Sobre ese pueblo y sobre ese "accidente" la maestra, escritora y periodista Sandra Arenal escribi� un revelador libro en que relata las condiciones de vida y de trabajo de los mineros, condiciones que se reprodujeron, casi punto por punto, en la mina Pasta de Conchos, en San Juan de Sabinas, Coahuila, donde a causa de una explosi�n quedaron sepultados 65 trabajadores. El libro de la valiente escritora -organizadora adem�s de viudas de la explosi�n de 1969- tiene gran valor: desnuda la perversidad y la avaricia, no de un empresario, sino de todos los empresarios del carb�n; no de un funcionario sino de todos los secretarios del Trabajo, incluido, desde luego, el actual. Sucedi�, s�, hace 37 a�os, pero los testimonios, el relato de la explosi�n y sus consecuencias son de hoy, como lo han sido en otro gran n�mero de empresas carboneras, cuya operaci�n, sin medidas reales de seguridad, ya cobr� mil 552 muertos. Dec�amos que las condiciones laborales, la explosi�n y sus repercusiones, son semejantes "casi punto por punto", en Barroter�n (1969) y en Pasta de Conchos (2006); veamos: 1. Los trabajadores conoc�an la situaci�n de la mina de Barroter�n, lo advirtieron a los funcionarios de la empresa y �stos nada hicieron. Los obreros estuvieron a punto de parar el trabajo. Dice Francisco: "C�mo sucedi�, todos lo sabemos: la mina iba a explotar; ya lo hab�amos dicho y platicado... No, primero est� su lana, sus ganancias, su carb�n, eso es lo que les importa y nosotros que nos jodamos". Interviene Juan: "S�, Pancho, tienes raz�n... pero �te acuerdas cuando quedamos que no �bamos a entrar?, �qu� sucedi�?: que todos se rajaron". "Como el inge habla tan bonito -repone Pedro- y nos la pint� muy bien: �Ya se va a arreglar, muchachos�, quesque andaban en M�xico trayendo al experto... y como uno tiene tanta necesidad, acepta jalar, �esa es la verdad! Relata Hervey Flores, uno de los supervivientes de Pasta de Conchos, lo ocurrido la madrugada del d�a 19: "Ese d�a no jal� el cable tirasillas. Bajamos a pie. Los compa�eros hab�an dicho que para las cuatro de la madrugada dejar�amos de trabajar y nos ir�amos", pero la mina estall� a las tres. El hombre, que fue dado de alta el d�a 21, opina sobre las medidas de seguridad: "De todas las minas donde he trabajado, aqu� est� por los suelos. A pesar de todo, uno trabaja aqu� porque tiene que comer". 2. En Barroter�n como en Pasta de Conchos, la raz�n de que las medidas de seguridad est�n "por los suelos", son las ganancias de los patrones. Dice Felipe Garc�a: "Quienes vuelven m�s peligrosas las minas son los empresarios, ya que ellos se fijan s�lo en la producci�n. Si explot� la mina de Pasta es porque ten�a demasiado gas, y si no se detect� no fue por falla de las m�quinas, sino por su manipulaci�n". Explica que si un medidor detecta exceso de gas, corta la luz y se detiene el trabajo; pero tambi�n puede "trampearse"; colocando el detector en el suelo: no es detectado el exceso y no se corta la luz. "Eso puede haber sucedido aqu�". 3. Ignoro si entre los viejos mineros hay alguno procedente de Barroter�n, o bien si alguno ha le�do el libro de Sandra Arenal -verdadero documento combativo-, pero entre los obreros y los familiares de los 65 que quedaron en la mina, hay fuertes reticencias, que parecen inspiradas en las experiencias de los mineros y familiares de aquella mina. Primero en cuanto al dinero, los 750 mil pesos que les han ofrecido, pero que la mayor�a se niega a recibir hasta que no se les entregue el cuerpo de su difunto; segundo, la mina no debe ser abierta ni reanudarse el trabajo si no se desgasifica y se crean condiciones de seguridad. En Barroter�n no se logr� y la mina se abri� tal como estaba el d�a del accidente; los familiares aceptaron la "terminaci�n" y la indemnizaci�n, pero la empresa al entregarla hizo decenas de descuentos, con lo cual las cantidades recibidas por los trabajadores eran de 30 mil pesos. En cuanto a los cad�veres, los dirigentes de la empresa y el sindicato, despu�s de los primeros cuerpos, recogidos cerca de la boca de la mina, determinaron que los dem�s eran irreconocibles; por ello, cada uno fue encerrado en un caj�n sellado y entregado a una familia, sin que �sta pudiera ver el cad�ver antes de enterrarlo. Un anciano, cuyo hijo hab�a muerto y cuyo ata�d sepult�, dec�a sollozando: "�Qu� nos dieron? �A qu� le dimos sepultura?; cuando vayamos al pante�n, �a qu� le vamos a rezar?". Eso no debe ocurrir en Pasta de Conchos, Coahuila; estas experiencias deben ser aplicadas, y si queda algo de verg�enza e integridad al Comit� Ejecutivo Nacional del sindicato minero -al que encabeza Napole�n G�mez Urrutia y no al monigote que fabric� la empresa para eludir sus responsabilidades-, debe dar el m�s en�rgico apoyo a los heroicos mineros de San Juan de Sabinas. Analista pol�tico, miembro del PRD.