La Audiencia Provincial de Badajoz ha dictado sentencia absolutoria, con todos los pronunciamientos
favorables, en el caso del alcalde de la localidad pacense de Torremeg�a, Benito Benitez, procesado
por los supuestos delitos de malversaci�n de caudales p�blicos y exhumaci�n ilegal de cad�veres. El
alcalde, militante del PTE y obrero acogido al seguro de desempleo, fue procesado por denuncia
presentada por el concejal de UCD Juli�n Membrillo en la Delegaci�n de Sanidad de Badajoz,
referente a la exhumaci�n de cad�veres, y por otra acusaci�n del gobierno civil de la provincia, ya que
Benito Ben�tez pag� algo m�s de 9.000 pesetas del empleo comunitario a los ocho hombres que
trasladaron los restos mortales de 33 republicanos fusilados en 1936 del cementerio viejo al nuevo, a
petici�n de los familiares. El fiscal solicitaba para el alcalde de Torremeg�a tres a�os de suspensi�n en
el cargo, lo que significaba su desposesi�n, ya que el plazo que queda hasta las pr�ximas elecciones
municipales es menor, y una multa de 25.000 pesetas por la presunta exhumaci�n ilegal.La sentencia
afirma que �habiendo surgido en numerosos familiares de personas muertas a principios de la guerra
civil el deseo de que sus restos fueran trasladados de la fosa com�n en el cementerio viejo al nuevo
fue reconocido este sentir por el procesado, trabajador manual y alcalde desde las �ltimas elecciones,
someti�ndolo al pleno municipal, que lo aprob�, autoriz�ndose al propio alcalde para gestionar dicho
traslado con los familiares, convini�ndose que los gastos de colocaci�n de l�pidas fueran de cargo de
estos �ltimos y los restantes a cargo de los fondos del empleo comunitario�. La sentencia dice tambi�n
que el traslado de los restos se hizo de manera voluntaria y que entre las personas que participaron en
el mismo hab�a algunos familiares que trabajaban ese d�a en las obras, subvencionadas por los fondos
del empleo comunitario, �abon�ndose a los trabajadores de dicho fondo los salarios de aquellos d�as,
sin que aparezca acreditado que el enterramiento disminuyese la jornada laboral del empleo
comunitario�.
La Audiencia Provincial de Badajoz estima que no existe delito de exhumaci�n ilegal por no haber
intencionalidad dolosa, al ser admisible el error de prohibici�n -es decir, el desconocimiento de que no
pudiera efectuarse el traslado de los restos-, m�xime dadas las circunstancias concurrentes. Asimismo,
la sentencia afirma tambi�n que no hay delito de malversaci�n de caudales p�blicos, �ya que las
subvenciones cuya administraci�n se atribuye no parece fueran destinadas a fines distintos de los
previstos.
Fuente: El Pa�s
In�s Guerrero y Encarna Gal�n dieron dinero para pagar las 50.000 pesetas que el juzgado exigi� al
alcalde en concepto de responsabilidad subsidiaria, ante la denuncia por malversaci�n de fondos. Lo
�nico que ten�a el alcalde, f�cilmente embargable, y que pudiera costar 50.000 pesetas, era la vaca. El
juzgado la embarg� y los vecinos la desembargaron. Para las dos mujeres, que vieron fusilar a sus
parientes y han aguardado 43 a�os para enterrarlos como ellas piensan que merec�an, �la posibilidad
de sanci�n contra el alcalde es incomprensible, porque ha hecho lo que los familiares llev�bamos
pidiendo mucho tiempo�.
Fuente: El Pa�s
Los alcaldes de la comarca de Barros, que se re�nen peri�dicamente, han calificado p�blicamente
como mod�lica la forma en que el Ayuntamiento de Torremeg�a invierte los fondos que se env�an
desde el Gobierno Civil de Badajoz. Tras las elecciones municipales del pasado a�o, UCD tiene
alcaldes en o�nce de los veinti�n ayuntamientos que componen la comarca. En Torremeg�a, el PTE
obtuvo cuatro concejales, tres UCD y dos el PSOE. El pacto de izquierda permiti� a Benito Ben�tez
ser el primer alcalde de izquierdas en el pueblo de La familia de Pascual Duarte, despu�s de 43
a�os.Durante la vendimia, el pasado a�o, y la huelga que se gener� en septiembre en la tierra de
Barros, el alcalde, otro concejal del PTE y un vecino fueron encarcelados durante tres d�as como
presuntos instigadores. Antes, poco despu�s de hacerse cargo de la alcald�a, Benito Ben�tez recibi� en
el ayuntamiento a una comisi�n de familiares de los vecinos fusilados en 1936. Era la cuarta vez que
los familiares intentaban, alcalde tras alcalde, desde hac�a a�os, que los restos mortales fueran sacados
de la fosa com�n y dignamente enterrados.
�El 28 de junio de 1979�, dice Benito Ben�tez, �expuse al pleno del ayuntamiento el deseo de los
familiares, y los concejales me pidieron que negociase con ellos la forma en que se iba a realizar el
traslado desde el cementerio viejo al nuevo. Volv� a reunirme con los familiares y llegamos al acuerdo
de que la mano de obra se costease con fondos del empleo comunitario y que la l�pida de la tumba
fuese colocada en el centro del patio del nuevo cementerio. Este acuerdo se llev� al pleno del 28 de
julio y ning�n concejal se opuso. Incluso un concejal de UCD, Francisco Fern�ndez Rosas, dijo que
un t�o suyo, fusilado en 1936, estaba en la fosa com�n. El d�a 16 de agosto, casi todos los familiares
fueron a trabajar en la exhumaci�n de los restos. Algunos de los trabajadores del empleo comunitario
fueron all�, voluntarios, despu�s de terminar el tajo del d�a. La cuadrilla que trabaj� en las fosas fue de
seis personas el primer d�a y cuatro el segundo, y se les pagaron en total diez jornales a 945 pesetas�.
El d�a 17 de agosto, alrededor de mil personas se reunieron en el cementerio cat�lico municipal de
Torremeg�a, como reza a la entrada, para inhumar los restos de 33 vecinos del pueblo fusilados el
domingo 14 de septiembre de 1936, a las tres de la tarde. Muchos de los presentes, familiares de los
fusilados, hab�an llegado desde los pueblos de alrededor. Pocos d�as despu�s, el alcalde recibi� una
comunicaci�n del juzgado en la que se daba cuenta de la denuncia que, a instancias del concejal de
UCD Juli�n Membrillo, se hab�a presentado en la delegaci�n de Sanidad de Badajoz por la
exhumaci�n de los restos mortales y, posteriormente, otra acusaci�n del Gobierno Civil de Badajoz,
por presunta malversaci�n de caudal p�blico. Las responsabilidades subsidiarias del acusado fueron
fijadas en 50.000 pesetas, y el juzgado orden� el embargo de la vaca propiedad del alcalde, ya que
Benito Ben�tez, trabajador del empleo comunitario en su pueblo, no ten�a esa cantidad.
"Hac�a 43 a�os que no iba al cementerio"
In�s Guerrero Ben�tez tiene 79 a�os, es viuda desde hace 43 y hace cuarenta que vive enfrente de uno
de los que, aquel 14 de septiembre, fusilaron a su marido, junto a las tapias del cementerio. �Cuando
nos enteramos en el pueblo que hab�an empezado la guerra, nos fuimos al campo. Cuando supimos
que hab�an terminado los tiros, volvimos. A los cuatro d�as llegaron recogiendo a los hombres y se los
llevaron al palacio, un granero, donde dec�an que iban a hacerles unas preguntas. Durante quince d�as
estuvimos llev�ndoles comida.
Un d�a que iba a llevar una cajetilla de tabaco a mi marido me dijeron que se hab�an llevado a los
hombres en un cami�n a M�rida. Yo le dije a Luis, un amigo, que me llevara en el coche a M�rida,
pero cuando salimos a la carretera vimos que el cami�n estaba parado al lado del cementerio y all�, en
la tapia, les dieron los tiros. All�, fusilados, estaban mis dos hermanos, Manuel y Juli�n, mi marido,
Juan Antonio Cerrato, y otro que iba a ser cu�ado m�o, Juan Antonio Garc�a�.
� S�, s�, vi c�mo los fusilaban y s� qui�nes son los que iban en el cami�n que los llev� hasta el
cementerio y que les pegaron los tiros. Los conozco. Uno de ellos era el L�tigo Negro, pero este mote
se lo pusieron despu�s, por la norma en que hac�a trabajar a los jornaleros. Otro era uno de los de
Paredes, que lo mat� el tren... Cuando fusilaron a mi marido, me qued� con dos hijos, uno de dos a�os
y otro de ocho meses, y estaba embarazada de tres meses. Nunca les he dicho a mis hijos qui�nes los
mataron, porque, sobre todo uno de ellos, tiene un genio muy malo�.
Hace cuarenta a�os que In�s Guerrero vive enfrente de uno de los que intervinieron en el fusilamiento
de sus familiares, �y en ese tiempo mi boca no se ha abierto para llamarle criminal ni nada. Desde que
los fusilaron nunca he ido al cementerio. Ni siquiera cuando se murieron mi padre y mi madre fui a
alumbrarlos, porque no ten�a el gusto de ir. Desde que mataron a los hombres no he sido mujer y
desde que saqu� los restos no estoy buena�.
En 1936, Torremeg�a ten�a alrededor de setecientos habitantes, y entre los meses de septiembre y
diciembre de ese a�o fueron fusilados m�s de cuarenta hombres. La mayor�a de las mil personas que
en agosto pasado acudieron al cementerio eran familiares de los fusilados. Por primera vez en cuarenta
a�os se reunieron a recordar algo que todos ellos, como In�s Guerrero o Encarna Gal�n, a quien
fusilaron un hermano, hab�an callado a sus propios hijos. Las fotos amarillentas de las alcobas
tomaron vida y los �nimos se encresparon en el pueblo al conocer que al alcalde lo pod�an destituir
por acceder a algo que muchos ped�an hace a�os.
Seg�n el art�culo 59 del reglamento de cementerios, no es necesario pedir permiso m�s que a los
familiares para realizar un traslado de restos una vez transcurridos diez a�os desde la muerte. Los
famliares no s�lo dieron su asentimiento, sino que pagaron las 50.000 pesetas que se ped�an al alcalde.
Torremeg�a, hoy, es un t�rmino municipal de m�s de 6.000 hect�reas en el que se extiende, muy
blanco, un pueblo de 1.930 habitantes. De las quinientas familias del pueblo, 120 viven del empleo
comunitario. Desde el pasado mes de enero, el ayuntamiento ha recibido alrededor de ocho millones
de pesetas, que han permitido trabajar a 120 parados durante un total de 75 d�as. Durante el tiempo
que lleva el alcalde Ben�tez se han asfaltado todas las calles menos una, se ha hecho un parque que se
inaugura hoy, se ha dotado a la estaci�n de un and�n de cuatrocientos metros, se ha concluido el
alcantarillado, se est� realizando la acometida de agua potable en las casas, se han mejorado los
servicios p�blicos y se ha prohibido la circulaci�n en la calle que hace las veces de paseo desde las
nueve de la noche hasta la madrugada, para que no haya peligro de atropellos a la hora del paseo.
Fuente: El Pa�s