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EL MOMENTO |
EL MOMENTO
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Hoy me dirijo a todos con una consigna, una batalla que hace ya mucho tiempo consideré perdida; pero que sin embargo hoy vuelve a recuperar sentido. Antes hay que tener en cuenta, muy grosso modo, el tiempo en que vivimos, hay que hacer un esfuerzo y lograr analizar la situación actual: el sistema, tal y como lo conocemos lleva demasiados años en crisis; lo que presenciamos hoy, es simplemente la triste e inevitable conclusión de décadas de incapacidad para solventar los problemas que nos aquejan. Esta conclusión no es culpa de nadie en concreto, salvo de todos nosotros como sociedad, es el fracaso de todos como seres humanos. Creo que la idea del párrafo anterior no es difícil de entender o incluso de firmar por cualquiera que tenga dos dedos de frente. Además resulta casi lógico que tanto las ideas marxistas y sus reflexiones, como las ideas neoliberales y sus reinterpretaciones hayan fracasado, ya que son ideas de hace casi 130 años y la sociedad contemporánea es muy distinta de lo que fue. En fin, no quiero hacer largo este diálogo, así que voy directo al grano: creo que ha llegado el momento de replantearnos la economía neoliberal y la manera de llevar nuestras sociedades; salta a la vista que no estamos haciendo un buen trabajo. Claro está que nuestro sistema financiero no se sostiene, que las políticas sociales son insuficientes, que nuestra economía del día a día genera cada vez más pobreza, que nuestra política cultural y educacional nos lleva a pasos agigantados hacia un analfabetismo técnico (que consiste en que sabemos leer y escribir, pero nunca lo hacemos. No reflexionamos y hemos perdido la capacidad de análisis). No hablo, por supuesto, de ningún país en concreto; y si queremos empezar una globalización, o uniones de territorios, iniciemos este camino por donde tiene que comenzar: tratando de buscar puntos de unión entre las culturas y propiciando la diversidad; y no desde el punto de vista económico, que no digo que no llegue, pero todo a su debido tiempo. Para concluir, sólo una consigna, sólo una revolución, ya que consiguiendo ésta, todo es posible: la revolución debe ser cultural y educacional; para así poder retar constantemente al sistema propiciando su mejoramiento continuo. Es fácil echarle la culpa a nuestros líderes. Pero, acaso nos preguntamos qué hemos hecho para evitar que ellos actúen así: nada, por el contrario, con nuestra pasividad ellos han visto vía libre para seguir actuando. Por ejemplo: hace un par de meses en el parlamento europeo se propuso que se ampliaran las horas máximas de trabajo semanal a 65. Alguno de nosotros salió a la calle para reclamar por el hecho de que alguien tuvo la tremenda osadía de pensar y proponer tal ofensa para la humanidad, después de tantas luchas sociales y tanta sangre y tanta tinta vertida sobre este tema. Pues no! incluso algunos trabajadores estuvieron de acuerdo... eso mis queridos amigos es pasividad y realmente ha llegado el momento de romperla para salir adelante. No debemos preguntarnos cómo hemos dejado que la humanidad llegara a esta situación, sino qué debemos hacer para que no vuelva a ocurrir. Amigos, ya no es tiempo de buscar culpables, sino soluciones. Cuando a mediados del siglo XX se necesitó un cambio, lo hicimos y adoptamos políticas económicas de tipo Keynesiano y en los últimos 25 años volvimos a cambiar a la economía neoliberal y al no intervencionismo. Sinceramente creo que este modelo se ha vuelto a agotar y ahora debemos tomar otro rumbo. |
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Página elaborada por Manuel
Rodaños |