| El Factor del Regionalismo | |||||||||||||||
| Atenci�n: los siguientes p�rrafos contienen un fuerte contenido que podr�n tocarle sus sentimientos. Les pedimos que lea la lectura cuidadosamente y con una mente abierta; esta ha sido publicada en este sitio debido a su alta validez e hist�rica verdad. Anhelamos que todos los que lean estas l�neas no se familiaricen con ellas, y si es as� pues, le exhortamos a que reflejen en sus pensamientos y acciones. Un Pueblo, Una Patria. Debajo: Dibujo hecho por Josu�, en el cual trata de captar la evoluci�n del pueblo cubano a trav�s de su historia. El hombre saliendo del triangulo representa la evoluci�n del pueblo cubano, las armas que componen su cuello representan los diversos tipos de armas que hemos usado para escribir nuestra historia. Las heridas en la frente representan los golpes de cabezas por los cuales hemos pasado tratando de buscar nuestro destino y el gesto de clamor en su cara resume todo el sacrificio que hemos rendido. Al fondo se observa un rasgo de d�a y de noche (a izquierda y derecha), juntos al triangulo rojo se puede observar los colores de los dos grandes ideales que han marcado la historia cubana, democracia y socialismo. En la oscuridad de la noche, vemos al pueblo mirando hacia arriba en b�squeda de su gu�a espiritual. |
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| Pocas causas influyeron en la suerte de la Revoluci�n de Cuba de una manera mas extraordinaria fatal, que la abierta de un modo mas positivo y alarmante en sus f�sicas y morales, que el esp�ritu de localidad o provincialismo. Es muy sensible al que refiere hechos detenerse en algunos que afecten de manera desagradable a los oyentes; pero ni deben silenciarse, pues que han de ser luego la explicaci�n de sucesos de verdadera importancia, y que sin su conocimiento no seria posible d�rsela, ni debe dejar de decirse la verdad aunque esta sea origen de esc�ndalo. Adem�s, hay dos razones para que no calle algo que se pensar� que pudiera excusarme de referir; son: primera, que de esta relaci�n puede nacer el convencimiento de lo necesario que es cortar de ra�z un mal que tanto ha costado a la patria; y segunda, que estos sucesos son ya conocidos y andan impresos en folletos que firma nada menos que el Mayor General M�ximo G�mez, que no s�lo es hombre ver�dico, sino incapaz de exagerar siquiera los hechos ocurridos en la Revoluci�n. De manera que, aunque me pese, a fuer de cubano y conferencista honrado, dir� algo desagradable, cuidando, s�, de referir tan solo, sin hacer comentarios por mi parte. | |||||||||||||||
| "El provincialismo, � mejor dicho el regionalismo, m�s exagerado se manifest� desde los primeros d�as de la Revoluci�n" | El provincialismo, � mejor dicho el regionalismo, m�s exagerado se manifest� desde los primeros d�as de la Revoluci�n. Es m�s, dentro de las mismas regiones se notaba el celo y la desconfianza y el amor propio de los hijos de un municipio respecto a los de otro lim�trofe � m�s inmediato. Este sentimiento inexplicable entre | ||||||||||||||
| individuos de un mismo pa�s, se hacia verdaderamente incomprensible trat�ndose de individuos de la misma provincia � de los pueblos mas cercanos. Deb�a esperarse que al comenzar la guerra, frente al enemigo com�n, unidos todos por el noble sentimiento predominante, convencidos de que mientras m�s unidos se encontraran mayor resistencia hab�an de ofrecer � los contrarios, cesaran todas aquellas rivalidades, todos aquellos celos infundados, todos aquellos celos infundados, todos aquellos ego�smos sin excusas, todo aquel af�n de glorias parciales, y compactos marcharan como un solo hombre � la consecuci�n del laudable prop�sito que los hab�a llevado � la campa�a, dejando por detr�s riquezas, comodidades, halagos, tranquilidad; que el sentimiento del deber y el amor � la patria esclava que los dominaba hasta el punto de realizar gustosos y con verdadero entusiasmo tantos y tantos sacrificios, no les diera tiempo � sentir rencores ni envidias; que el mas noble de los sentimientos matara los sentimientos bastardos � peque�os. Pero no fue as�, por desgracia, y aquel sentimiento que se inici� al comienzo de la Revoluci�n, fue tomando cada d�a m�s y mayor cuerpo, llegando a ser el que todo lo abarcaba, sobreponi�ndose � generosas iniciativas y � los mas en�rgicos empe�os, por nobles que fueran, y terminando, �por qu� no decirlo? por ahogar y enterrar aquella gloriosa Revoluci�n que debi� terminar con la redenci�n de la patria esclava. No he de entrar en detalles que parecieran ficciones y que, despu�s de todo, no har�an m�s que entristeceros, cuando mi prop�sito, como ya os he dicho al hablar de estos particulares, no es otro que evitar el mal en lo sucesivo, y que conozc�is los hechos para que os expliqu�is mas tarde algunas rar�simas situaciones que se crearon. Entre Oriente y Camag�ey, Camag�ey y Las Villas, la rivalidad se manifestaba de tal manera, que hubo escenas y momentos en que parec�an sus hijos, no dignos ciudadanos de un mismo pa�s, sino individuos de distintas razas con gustos y aspiraciones diametralmente opuestos y para cuya consecuci�n parec�a como que se estorbaban. La estancia de las fuerzas de un Departamento en el otro Departamento despertaba pasiones que se traduc�an en hechos verdaderamente repugnantes, que llegaban al extremo de negar los residentes del Departamento visitado toda ayuda, toda atenci�n, todo consuelo � los visitantes. Esto se notaba entre Camag�ey y Oriente y entre las Villas y Camag�ey, pues que los villare�os y los orientales se encontraban perfectamente unidos y compart�an sus penalidades y repart�an sus auxilios, y se trataban fraternalmente. Y �qu� explicaci�n tenia este hecho de que la rivalidad mas apasionada existiera entre camag�eyanos y orientales y no entre �stos y villare�os? Sin duda ser�a porque ambos sufrieron las consecuencias de la enemiga del Camag�ey, que fue donde desde muy temprano se manifestaron esas rivalidades, cuando C�spedes visit� � Camag�ey en Diciembre de 1868. Desde entonces, � los dos meses de comenzada la guerra, en la primera ocasi�n en que se reun�an orientales y camag�eyanos procedieron �stos en forma censurable. No se si seria porque C�spedes, que se llamaba Capit�n General Jefe del Ej�rcito y del movimiento revolucionario, no gust� � los de Puerto Pr�ncipe, que se daban una organizaci�n mas democr�tica; pero es lo cierto que no lo aceptaron como Jefe, rechazando sus principios y su bandera, cuando el resto de la Isla lo acataba como tal y era reconocido en el exterior tambi�n por todos. |
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| Al volver los orientales � su territorio, se sent�an lastimados y quedaron resentido, � m�s del triste convencimiento que formaron de que hab�a de concluir fatalmente lo que comenzaba de tan mala manera. Igual creencia llevaban los villare�os, despu�s de la Constituyente, pues su estancia en territorio camag�eyano los hizo objeto, en los individuos del ej�rcito, de medidas verdaderamente arbitrarias por parte del General en Manuel Quesada, que dict� �rdenes y las hizo | |||||||||||||||
| "Terminando, �por qu� no decirlo? por ahogar y enterrar aquella gloriosa Revoluci�n que debi� terminar con la redenci�n de la patria esclava" | |||||||||||||||
| cumplir, completamente caprichosas, re�idas con toda idea de derecho y justicia, y hasta atentatorias � la propiedad de los individuos del ej�rcito que, como voluntarios que eran, llevaban armamentos y equipos propios. De tal manera estimaban los camag�eyanos al territorio oriental; tan cuesta arriba se les hac�a abandonar su Departamento, que los m�dicos nombrados para atender las fuerzas se negaron � prestar los servicios profesionales fuera de su zona. Y no fue s�lo una rivalidad en el ej�rcito, pues cuando las familias de Bayazo, Holgu�n y Tunas se refugiaron en territorio camag�eyano en 1869, huyendo � la fiera persecuci�n del Conde de Valmaceda, fueron tratados con el mismo desv�o y con igual enemiga. Ignoro cu�l habr�a sido la conducta de los orientales si hubieron tenido que refugiarse los camag�eyanos en su territorio; pero s� puedo asegurar que en las Tunas eran rechazados los camag�eyanos con verdadera fiereza. Cuando los villare�os fueron � Oriente se les recibi� cort�smente y se les auxili� con cari�o desde las Tunas � Guant�namo. Esta conducta de unos y otros era agriamente censurada por muchos, y de Salvador Cisneros, de Miguel Betancourt y de Francisco S�nchez y Betancourt, tres camag�eyanos verdaderamente populares entre los suyos, puedo afirmar que se condol�an de que esas cosas ocurrieran, y lloraban de antemano a las consecuencias funest�simas que pudieran originarse de tal proceder. Cuando los villare�os operaban en territorio del Centro, llegaron � ahondarse � tal punto estas diferencias, estos rozamientos, estas divisiones, que las fuerzas de las Villas crearon una sociedad secreta titulada �Unidad Republicana,� cuyos miembros hab�an de ser nacidos en las Villas y cuyo principal objeto era resistirse � ser mandados por otros jefes que los naturales de su territorio. As� lo explica el General G�mez en su op�sculo Convenio del Zanj�n. Con tales contrariedades tenia que luchar el General G�mez cuando al frente de fuerzas de Camag�ey y Villas, efectu� su atrevida invasi�n � Occidente. Necesitando jefes y oficiales de Camag�ey y Occidente para la buena organizaci�n y operaciones en el territorio invadido, se hacia el ignorante de lo que pasaba, y que poco despu�s se manifest�, en la atm�sfera que se hacia � los jefes, sin descontar � los de talla, como Julio Sanguily y Rafael Rodr�guez, cuya supresi�n hubiera sido bastante para desorganizar todos sus proyectos, y apoyaba � los jefes aludidos con idea, adem�s, de salvar el principio de disciplina en el ej�rcito. |
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| Figueredo Socarras. (p. 135-137). | |||||||||||||||