NOTICIAS TERRARIOMANIA
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AÑO I, JUNIO

El hombre de los lagartos

20/06/2004
Fuente: www.diariosur.es
Autor: JOSÉ A. GARRIGA VELA

FRANCISCO era un hombre tranquilo que caminaba despacio, miraba las cosas despacio y hablaba despacio. Se recreaba en los momentos apacibles que le deparaba la vida y huía de las discusiones y enfrentamientos que, a veces, se originaban a su alrededor. Al menos aparentemente era un hombre feliz. Sin embargo, ocurrió algo que cambió radicalmente su destino.

Una noche contó que cuando él se sentaba al sol atraía a los lagartos y lagartijas. Se quedaban quietos a su lado, como perros. Le pasaba siempre que iba a dar una vuelta fuera del pueblo y se paraba a descansar o simplemente se sentaba para comprobar cómo los reptiles se acercaban hasta llegar a su lado. Lo curioso era que si iba alguien con él no salían. Entonces los amigos pensaron que Francisco exageraba, que quizá algún día una lagartija permaneció un rato inmóvil junto a él, pero nadie creía que lo rodearan buscando su compañía y que alguno de los reptiles incluso se acomodara sobre sus rodillas, el hombro o la cabeza. Había quienes pensaban que Francisco sufría alucinaciones y también quienes estaban convencidos de que mentía para llamar la atención, porque por lo demás se trataba de un hombre gris que pasaba inadvertido como una piedra.

Hasta que un día unos amigos se propusieron gastarle una broma. Le invitaron a cenar y cuando sirvieron el segundo plato pusieron una carne que a Francisco le supo rara. Cuando preguntó de qué animal era aquella carne, le dijeron que estaba comiendo gallinas de Guinea. Acabaron la cena y en la sobremesa volvieron a hablar de lagartos y alguien le propuso a Francisco que se hiciera una foto con ellos alrededor. Francisco respondió que para él no era importante que lo creyeran o no. Que le agradaba tomar el sol con ellos al lado. Que se sentía bien sin tener que hablar, ni demostrar nada. Que entre ellos encontraba la armonía que siempre había deseado. Nada más. Fue entonces cuando alguien le dijo:

-¿A que no sabes de qué animal era la carne que acabamos de comer?

-De gallina de Guinea -respondió Francisco.

-Acabas de comerte a uno de tus lagartos -y comenzaron a reírse.

Al día siguiente Francisco se sentó al sol pero no apareció ningún lagarto, ninguna lagartija. Paso horas sentado solo en la roca, hasta que cayó la tarde. Tampoco los vio al día siguiente, ni al otro, ni nunca. Francisco entró en una profunda depresión. No se le veía por ningún lado, como si se hubiera convertido en un lagarto asustado. Hasta que encontraron su cuerpo tendido en el suelo, con las tripas fuera, como los lagartos muertos de la carretera.

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