Este soy yo con mi traje!! te invito a conocer este tradicional baile que tal vez no sabes ni el porque se baila pero lo unico que debe de importar es que es para SENTIRSE ALEGRE Y QUIEN NO LO CONOCE NO SABE DE LO QUE SE PIERDE!!!
El traje lo hice yo, bordado por nustra comparsa y todo lo que ves es hechio por nosotros SOMOS BUENOS PUES!!
Se dice que el chinelo es el s�mbolo de la identidad morelense. Aunque es en el pueblo de Tepoztl�n donde existe mayor oportunidad de encontrarlo, el chinelo est� presente en muchos otros pueblos de Morelos, como Yautepec, Oacalco, Cualtlixco, Atlahuahuac�n, Oaxtepec, Jojutla y Totolapan, as� como en ciertos pueblos del estado de Puebla. No obstante, se sabe que surgi� en el pueblo monta�oso de Tlayacapan.
Seg�n la Casa de la Cultura de Tlayacapan, fue en 1870 cuando un grupo de j�venes nativos del lugar, cansados de verse excluidos de las fiestas de Carnaval, ya que ellos mismos deb�an respetar el ayuno de cuaresma, organizaron una cuadrilla, se disfrazaron con ropa vieja tap�ndose la cara con un pa�uelo (o pedazo de manta) y empezaron a gritar, a chiflar y a brincar por las calles del pueblo, burl�ndose de los espa�oles.
Esta improvisaci�n tuvo gran �xito, se rieron y hablaron mucho de ella, tanto que al a�o siguiente se organiz� de nueva cuenta. Es as� como tom� forma el personaje de los �huehuetzin�, palabra n�huatl que significa �persona que se viste de ropas viejas� (todav�a algunos chinelos usan esta palabra para llamarse entre ellos). A�o tras a�o, a medida que se hac�a m�s popular, la fiesta se ritualizaba y el personaje evolucionaba gradualmente. Para representar a los espa�oles se les a�adieron barbas a las m�scaras y apareci� el nombre de CHINELO.
Qui�n sabe realmente c�mo se construy� la indumentaria del chinelo, pero en la forma del atav�o y del �brinco� mismo se advierte el sincretismo de la vieja danza de moros y cristianos, con los �axcatzitzintin� (axcatzitzintin: rito prehisp�nico que significa �brincar a gusto�). Sabemos tambi�n que la palabra chinelo viene de la palabra n�huatl �tzineloa�, que quiere decir �meneo de cadera�.
Algunos dicen que la danza de los chinelos y el recorrido que hacen las comparsas al principio del rito representan la peregrinaci�n de los aztecas antes de fundar la ciudad de Tenochtitlan. Durante su peregrinaci�n los aztecas ten�an que cargar sobre la espalda el ma�z y otras mercanc�as hasta Tenochtitlan. Por ello para representarlos casi no mov�an la parte superior del cuerpo y s� los pies y las caderas.
Antes de escenificar la peregrinaci�n con el chinelo, los ind�genas la hac�an con el rito de los �axcatzitzintin�, que consist�a en ir de pueblo en pueblo cosechando granos y flores y capturando mariposas, para posteriormente utilizarlos como adornos en sus disfraces, y al llegar al pueblo se pon�an a bailar o a brincar. De esta manera se difundi� el paso de �el brinco�, hasta llegar finalmente a la forma que ahora conocemos.
En la actualidad los chinelos son probablemente los danzantes de carnaval mas conocidos en M�xico y es en nuestro estado en donde existen mas grupos de ellos. Constituye unas de nuestras expresiones populares de mayor tradici�n ligadas a las festividades de carnaval. Su nombre se deriva de la palabra nahuatl "zineloquie", que significa disfrazado.
Estas fiestas en las comunidades mestizas, sobre todo en las que conservaron algunas de las tradiciones ind�genas, tomaron un matiz muy particular, debido a que resultaron ser una mezcla del rito con el esparcimiento.
En las tardes de fiestas, incluso en algunas que no son de carnaval, los chinelos danzan incansablemente el brinco por todo el pueblo. Van en un grupo compacto pero cada danzante, por separado, efect�a saltos m�ltiples en diferentes posturas, siguiendo el r�tmico y contagioso comp�s de la tambora, los platillos y los instrumentos de viento, que componen la banda.
Su vestimenta tradicional incluye trajes largos y sueltos de terciopelo, una capa bordada con diferentes motivos, a menudo en lentejuela y fant�sticos tocados adornados con toda clase de pedrer�a, lentejuela y plumas de aves. Adem�s usan mascaras de grandes cejas, barba puntiaguda y bigotes.
A su paso por las calles de los pueblos morelenses, con su ritmo alegre, contagian su alegr�a a los espectadores que suelen unirse a su bullicioso grupo.
EL BRINCO DEL CHINELO
A�o con a�o, durante el carnaval, cada chinelo va desarrollando un estilo muy propio de bailar el brinco.El pueblo de Tepoztl�n rebosa de tradiciones, fiestas y leyendas que se pavonean bajo la noble mirada del Tepozteco y sus ac�litos, el Tlahuit�pec (cerro del Tesoro), el Hecat�petl (los Corredores) y el Cematzin (cerro de la Manita). Sus habitantes se enorgullecen del renombre casi m�stico que posee esta regi�n, y aquellos que conozcan el lugar sabr�n que bien se lo ha ganado.
Entre las numerosas fiestas tradicionales de Tepoztl�n se encuentra �el Brinco del Chinelo�, un baile que ha logrado mantenerse con pocos cambios desde hace m�s de un siglo, y que se ejecuta en varias ocasiones durante todo el a�o, aunque la fiesta de donde se origin� y la m�s popular es el Carnaval.
EL D�A DEL BAILE
Ya amanece sobre el Tepozteco, pero en este domingo de Carnaval los participantes le ganaron al sol. El mayordomo de la comparsa An�huac da de comer y beber a sus bailarines, mientras que los m�sicos amenizan el momento con animadas piezas. �l nos muestra con orgullo el estandarte de la banda del barrio de Santo Domingo, que iniciar� la marcha ritual por las calles del pueblo.
Es el turno de los m�sicos para sentarse a comer, mientras que poco a poco los danzantes ultiman algunos detalles de sus trajes. �Hace algunos a�os hab�an muchos m�s danzantes, pero es tan alto el costo de los trajes de chinelo y tan dif�cil la situaci�n econ�mica pero no nos rendimos, hay que conservar las tradiciones�, nos comenta el mayordomo, no sin antes entrar a su casa y sacar su traje: primero un paliacate para cubrir la cabeza, otro para los hombros, luego un sombrero de palma cubierto de terciopelo que se ensancha hacia lo alto, con bordados aztecas y pompones que se mover�n durante el baile.
Un hiladillo con perlas de pl�stico, pegadas unas con otras, cuelga alrededor del sombrero. Ahora saca el vestido, hecho de terciopelo negro, largo hasta los pies, con un borde de blondas de seda en la orilla de las mangas y alrededor del cuello, complementado con una ancha capa bordeada que cubre la espalda; este volant�n, confeccionado casi siempre por el mismo danzante, muestra una faceta de la personalidad del que lo porta.
Luego el mayordomo nos muestra un par de largos guantes blancos, y finalmente aparece la m�scara, que le dar� un toque c�mico al personaje. Es la cara de un hombre blanco, con las mejillas exageradamente sonrosadas, con grandes ojos azules y una larga barba puntiaguda hacia arriba que le hace parecer un moderno Don Quijote.
Son casi las cuatro de la tarde. La comparsa est� lista y la energ�a inunda el ambiente; dos chinelos elevan la bandera: es la se�al.
Da inicio entonces la c�lebre procesi�n. Los m�sicos comienzan a tocar sus instrumentos de aire y de percusi�n al ritmo de la marcha, levantando as� los �nimos a lo largo del trayecto hasta la plaza principal del pueblo, donde los espera una multitud expectante. Mientras m�s se acercan a su destino, m�s crece la cantidad de participantes.
Al llegar a la plaza, las comparsas, que representan a cada barrio, luchan por aparecer en primer lugar frente a un p�blico que brinca de impaciencia. Al ritmo de la m�sica y siempre alineados, los chinelos intentan ejecutar con todo orden y al un�sono una serie de pasos, a pesar de la multitud.
Dan una o dos vueltas a la plaza, en espera de que las �ltimas comparsas se unan al c�rculo, lo que provoca una verdadera cacofon�a. Posteriormente surge el silencio y los m�sicos interpretan piezas m�s dulces que sirven a los hombres como excusa para invitar a bailar a las mujeres m�s bellas del pueblo.
Pero cuando explotan varios cohetes es hora de iniciar la tradicional danza que durar� largas horas. El �brinco� consiste en saltar �gilmente con la punta de los pies, desencaden�ndose ligeramente para dar la impresi�n de ser t�teres manipulados por hilos.
Los danzantes saltan con energ�a y avanzan dando vueltas con lentitud, a la manera de los incansables brincadores chinelos, que resisten al calor y aguantan sus pesados sombreros desde ya hace largas horas.
El �brinco� sirve para sacar las tensiones y escaparse. Los chinelos bailan en grupo, cerca uno del otro, se dan energ�a entre ellos. Cada uno tiene un estilo propio que desarrolla desde su ni�ez, y cada d�a de Carnaval aumenta su intensidad en el baile, entrando cada vez m�s en el juego.
HAZLO YO LO RECOMIENDO YO SOY CHINELO Y A MUCHA HONRA Y MI COMPARSA SE LLAMA
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