CAPITULO
VIII
LOS
GUAYACUNDOS |
Cuando se trató de armar
Sobre el pueblo Guayacundo o Huayacuntus, ya habían referencias del Cronista Cabello de Balboa, del historiador Juan José Vega y otros.
El Dr. Mario Polía Meconi, Arqueólogo y Antropólogo
Italiano, trató en Lima en 1994 en una conferencia sobre “El descubrimiento de
una cultura desconocida: los waykuntur-ayawakas”.
En esa conferencia efectuada en el Museo de
El
poblamiento de América del Sur se inicio por mar y tierra.
Los que lo hicieron por tierra, ingresaron por dos
puntos diferentes; unos, por el istmo de Panamá y otros, procedentes del caribe,
tras tomar estas islas como trampolín, entraban por Venezuela.
Los que ingresaron por Panamá remontaron el valle
del río Magdalena y luego se abrieron en una especie de abanico. Unos se
dirigieron a la costa, otros siguieron por los valles interandinos hasta el
Ecuador y los terceros se internaron en la selva amazónica.
Los que ingresaron por Venezuela fueron dos pueblos
con caracteres idiomáticos diferentes: los Arawacs y los Tupí-guaraníes.
Los primeros hicieron su avance por la parte
occidental de la selva amazónica, cubriendo lo que hoy son territorios
selváticos de Venezuela, Colombia, Perú y Bolivia.
Los Tupi-guaraníes continuaron por la parte central
de la selva de Brasil, llegando al Paraguay y al norte de Argentina.
La selva peruana fue penetrada por grupos de
cazadores nómades que avanzaban rápidamente tras las presas que huían de su
persecución. Los grupos humanos llegaron por diversas vertientes, y entre ellas, ramas desprendidas de los
Arawacs.
Chavín de Huantar recibió su contribución humana de
la selva.
Entre el norte del Marañón y lo que ahora es el sur
de
Pertenecían al grupo jívaro, los bracamoros de Jaén
ya extinguidos, los aguarunas y los huambisas.
Los jívaros durante todo el tiempo, desde hace
siglos y hasta hoy son belicosos, de mucha vitalidad, elevada estatura y con
poca predisposición para trabajar.
Muchos siglos anteriores a
Esos hechos pudieron ocurrir en el Período
Pre-cerámico, unos 1.300 años A.C, primero en Ayabaca, y después de muchos
siglos otros grupos selvícolas penetraron a Huancabamba.
Los primeros pobladores de Ayabaca eran recolectores
y cazadores y vivían en estado muy primitivo. Para ellos, cruzar el río Macará
(Calvas) y la quebrada de Espíndola no constituyó ningún problema.
Hecha la penetración, las corrientes humanas se
abrieron en abanico y ocuparon todo lo que ahora es la provincia de Ayabaca, y
el norte de la provincia de Morropón. Es posible que en su avance, estos
hombres primitivos, a los cuales no podemos todavía llamar Guayacundos, hayan
chocado con la floreciente cultura Vicús.
Sus pasos se han podido ir siguiendo por la gran
cantidad de petroglifos y de monolitos hoy encontrados.
Uno de los puntos de ingreso fue Samanga, sobre la quebrada
de Espíndola, donde precisamente se han hallado
las más importantes piedras grabadas.
Además de Samanga, se han encontrado petroglifos y
monolitos en Sicchez, cerro El Toldo, Culqui, en Guaraguau de Malingas
(Tambogrande) y otros. En total hay descubiertos un poco de más de 200
petroglifos.
El Arqueólogo Italiano y ex-catedrático de
Mucho le han intrigado a Polía, los espirales grabados en las piedras de
Samanga, los que tienen semejanza con otros encontrados en las selvas del
Ecuador, Colombia y Venezuela; lo cual muestra no sólo un común origen, sino
también el derrotero de los grupos humanos llegados del norte del continente.
También hay petroglifos en Cajamarca.
Los dibujos antropomorfos de los petroglifos
representarían sin duda deidades, lo mismo que las figuras de los felinos, motivados
no por una posible influencia de Chavín, sino como representación de los
jaguares y pumas que abundan en la región y que en cierta forma eran objeto de
veneración y culto. Otros animales que, en forma estilizadas, aparecen en los
petroglifos son los monos y las serpientes, los cuales también abundaban en la
zona en ese tiempo.
El hallazgo de la gran piedra grabada de Samanga, es
como si se hubiera encontrado en libro en un idioma antiguo aún por descifrar,
pero cuando se logre un avance sobre esa investigación, permitirá conocer mucho
de la vida y de la forma de pensar de los más antiguos pobladores de la sierra
piurana.
También en Frías se ha encontrado una piedra redonda
muy bien tallada, en la que parece representarse algo así como el firmamento
celeste y las constelaciones. Si fuera así, significaría un notable
conocimiento de astronomía, fruto de la contemplación y observación permanente del cielo. Lógicamente que el
trabajo hecho en esta piedra es muy anterior al proceso cultural que se desarrollo
en Frías, cuando se hizo presente la cultura Vicús.
El sitio denominado Tomapampa de Jambur, en el
distrito de Paimas, sobre las orillas del río Quiroz, hay grandes piedras
grabadas también con espirales y figuras antropomorfas, un tanto parecidas a
las de Samanga. En las piedras hay también pocitos semiesféricos.
Un poco río arriba de Quiroz, en Culqui, se ha
descubierto una ciudadela y una gran cantidad de monolitos. En general, a todo
lo largo de la cuenca de Quiroz hay monolitos y piedras grabadas, lo cual
muestra la preferencia de los antiguos pobladores serranos por establecerse
cerca de los ríos.
Los petroglifos representan una transición del nomadismo al sedentarismo, ya que la
grabación de una piedra de grandes dimensiones, puede haber sido trabajo
coordinado de varias personas por mucho tiempo.
En Agosto de 1987, los diarios de Piura informaban
de una nueva exploración hecha en la sierra de Ayabaca por el Dr. Mario Polía,
en compañía del guía ayabaquino Celso Acuña Calle y el periodista italiano
Adriano Favaro.
Polía había ingresado al valle de Samanga al que
llamaba Valle Sagrado y estudió 22 piedras que tenían glifos, siete obeliscos y
lugares que 1.000 años A.C servían de adoratorios.
El arqueólogo italiano, en 1972 había descubierto y
estudiado 33 petroglifos, en 1986 otras 22 piedras y posteriormente otras más hasta sumar 119.
En algunos petroglifos hay figuras estilizadas de
felinos y de culebras, lo cual hace suponer un origen selvático y una
influencia Chavín. El hallazgo de un lanzón de
Para el Dr. Polía, Samanga es el más importante
complejo de petroglifos de América del sur.
El riesgo que corren estas piedras, es le temor
supersticioso que les inspira a los campesinos del lugar, de que les matan a
los ganados que se les acercan, lo cual hace que hayan intentado su destrucción.
En el Cerro
Samanga y los cerros De
No se descarta que los círculos concéntricos y otras
figuras sean representaciones, de naturaleza astronómica fruto posiblemente de
la contemplación permanente del cielo.
Como hemos dicho antes, las lluvias de 1983 pusieron
al descubierto muchos cementerios y restos arqueológicos.
En el Medio Piura, en el sitio denominado Guaraguao
de Malingas, en Tambogrande quedaron al descubierto gran cantidad de
petroglifos que estaban cubiertos de tierra y parecían piedras corrientes, pero
que el agua de lluvia las lavó.
También en Guaraguao habían en 1983, dos monolitos
de piedra labrada de
En el caserío de
Las quebradas que erosionaban las tierras,
arrastraban gran
cantidad de ceramios que los pobladores atrapaban al
paso.
Esos monolitos están en riesgo de perderse, pues han
sido muy maltratados por los tractores de los agricultores, cuando
Los monolitos son sumamente pesados y en ellos están
cinceladas unas figuras que no se sabe si representan a un animal o personaje
zoomorfo o humanoide. El citado personaje tiene la cabeza grande y redonda con
un solo ojo al centro. En la parte superior de la cabeza sólo tiene cuatro
pelos, no posee cuerpo y de la cabeza parten los brazos doblados hacia arriba y
toda la figura se sienta sobre piernas largas y rectas, con pies también muy
grandes.
Algunos vecinos de Tambogrande, aseguran que en Suyo
hay piedras similares.
En Paccha hay piedras sobre las cuales se han labrado
y cincelado semiesféricas del tamaño y forma de media toronja. También en el
sitio llamado Casanas, comprensión de Malingas, hay esa clase de piedras con
oquedades, que algunos estudiosos aseguran eran destinadas para usos
ceremoniales, vertiendo en ellos líquidos especiales destinados a los
sacrificios o al culto.
A partir de 1983, y por varios años, el párroco de
Tambogrande, el sacerdote inglés Pablo Stomhan, se intereso por los restos
arqueológicos de la región y adquirió 80 ceramios con los cuales inicio el
Museo Parroquial de Tambogrande. En una visita que hicimos al mencionado
religioso, nos mostró un objeto único en su clase. Se trataba de un vaso pequeño de 10 cms de alto por 3
cms de diámetro, labrado con motivos antiguos como orlas. El material sobre el
cual ha sido labrado el vaso es lo que llama la atención, pues es algo parecido
al ónix.
También mostró el párroco una piedra muy lisa del
tamaño de un huevo de pata, en donde se había cincelado un pez. Con unas
fotografías nos hizo conocer los dos monolitos de Guaraguau y las piedras con
oquedades de Paccha.
Las primitivas
tribus asentadas en la provincia de Ayabaca y al norte de la provincia
de Morropón, fueron desarrollándose y evolucionando en forma tal, que cuando el
Inca Tupac Yupanqui inició su reducción y conquista, ya habían logrado un alto
grado de evolución cultural, igual y quizás superior al que por la misma fecha
tenían los tallanes.
Al igual que los tallanes, los pobladores de la
sierra en la época de las conquistas incaicas, constituían por sus rasgos
raciales y lingüísticos, por su común origen y por sus usos y costumbres, una
nación; pero no habían formado un Estado unificado bajo una sola autoridad o
mando. Más bien estaban formados por diversos señoríos, que, en cierta forma,
formaban una confederación. Se trataba de
Al igual que los tallanes, las primitivas tribus que
ocuparon el ámbito geográfico de la
actual provincia de Ayabaca y parte de la de Morropón, todavía no podían ser
llamados Guayacundos. Tuvieron que pasar muchos siglos, para que tales tribus,
por propia evolución y por la influencia de las culturas vecinas ecuatorianas
más desarrolladas, alcanzaron un nivel
más elevado y con características propias, lo cual ocurrió más o menos recién
en el año
Los tallanes arrancan desde
De ese modo por el año 1.400 DC. en la región de la
sierra piurana vivían, contemporáneamente con los tallanes, dos etnias
diferentes: los Guayacundos y los Huancapampas. Entre ambas tenían tremendas
diferencias de niveles de desarrollo cultural.
El ámbito geográfico, sobre el cual se desarrollaron
los Guayacundos fue la totalidad de la provincia actual de Ayabaca, el norte de
la provincia de Morropón, el distrito de Tambogrande, parte del distrito de las
Lomas, y el distrito del Carmen de
Limitaban, por lo tanto, por el norte con las tribus
ecuatorianas de los Malacatos y los Paltos. Por el sur con el territorio de los
Huancapampas y los Tallanes de Alto Piura, por el Este con los Bracamoros y por
el oeste con los Tallanes.
De acuerdo con el cronista Garcilaso Inca de
El origen de estas provincias Guayacundas era
selvático. Provenían de los Jívaros ( o Jíbaros), indios que ocupan una amplia
región de la selva ecuatoriana y del norte del río Marañón. Al grupo Jíbaro
pertenecieron los Bracamoros que vivían en las inmediaciones de la cuenca del
río Chinchipe y en lo que ahora es Jaén.
Los Jívaros fueron un pueblo muy belicoso y amante
de su libertad, cualidad que transmitieron a las etnias que de ellos se
derivaron, como los Aguarunas, los Chonos, los Bracamoros, los Paltos, los
Malacatos y los Guayacundos.
Estas tribus tenían piel bastante clara y sintieron
desde los tiempos de la conquista una desconfianza instintiva hacia el hombre
blanco. Cuando los españoles penetraron en la selva, en busca del Dorado, los
atacaron en grupos, haciendo guerras de guerrillas, que era su modalidad de ataque.
Para cimentar el régimen colonial, España recurrió al sistema de reducciones con los indios concentrándose en determinados lugares. La gran nación Jívara cuya gente estaba dispersa en una tremenda área geográfica fue reducida a las ciudades ecuatorianas de Logroño, Valladolid, Santiago de las Montañas, Santa María de Nieva y Sevilla del Oro. Esta ultima tenia en 1599 nada menos que 25 mil habitantes, población elevada para la época.
Reducidos al radio urbano, los Jíbaros morían de muchas enfermedades, mientras que las autoridades españolas explotaban su trabajo. En el año antes anotado, el gobernador de Macas quiso imponer una contribución extra, que los Jíbaros no aceptaron y en numero de 20.000 bajo el mando del curaca Quiruba, atacaron la ciudad de Logroño, que fue tomada y saqueada. Luego hicieron lo mismo con Sevilla de Oro, ante lo cual se vieron obligadas las autoridades a entrar en tratos con los rebeldes.
Los primeros grupos humanos que cruzaron el río Macará y la quebrada de Espíndola, lo hicieron en tiempos muy remotos. Su paso por diversos lugares fue marcado y dejaron sus huellas en los petroglifos.
Esos grupos primitivos provenían de la selva amazónica, y posiblemente en tiempos anteriores a la formación de la nación o gran tribu de los jíbaro ( o Jívaro)..
Por razones de proximidad y de una naturaleza que en la sierra y sus valles interandinos presentaban mejores condiciones para la vida, las corrientes humanas continuaron llegando a lo largo de los siglos, y esas nuevas gentes, sin duda algunas, que tuvieron niveles de vida no tan primitivos como los que correspondieron a los primitivos pobladores de la sierra piurana.
Fueron, por lo tanto, tribus jívaras las que en forma masiva ocuparon en sucesivas oleadas el área geográfica antes mencionada.
En su avance, los jivaros sólo fueron detenidos por otros pueblos, que sin duda, en esos tiempos, habían evolucionado más, como lo eran los Vicús y los Tallanes. Hay que suponer que esos primeros encuentros fueron violentos, pero no obstante que los Jívaros pudieron conquistar algún territorio a sus vecinos, fue incuestionable que no pudieron avanzar más.
Ubicados ya en su área territorial, principiaron a organizar su vida, estableciendo un comercio de trueque con sus vecinos.
Esos contactos contribuyeron, también, en mucho a un pronto desenvolvimiento cultural y social de lo que serían los Guayacundos. Aportes muy importantes los recibieron de las tribus vecinas, sus hermanos de sangre, como los paltos y malacatos del lado ecuatoriano, lo que igualmente lograron un pronto desarrollo por los contactos con las antiguas culturas que existían y se desenvolvían al sur de Ecuador.
En el Diccionario Enciclopédico Hispano Americano, al tratar del río Guayas, se asegura que debe su nombre a que en ese lugar, es decir en su cuenca, existía un régulo llamado Guayas al momento de la llegada de los conquistadores.
El cronista Inca Garcilaso de
“...pasaron los incas adelante a conquistar otras tres provincias que también contienen en sí, muchas diversas naciones, empero al contrario de las pasadas (se refiere el cronista a Huancabamba), que vivían como gente política, tenia sus pueblos y fortalezas y forma de gobierno, juntábanse a sus tiempos, para tratar del provecho de todos. No reconocían Señor, pero de común consentimiento elegían gobernadores para la paz y capitanes para la guerra, a los cuales respetaban y obedecían con mucha veneración mientras ejercitaban los oficios. Llámense estas tres provincias que eran la principales, Caxas, Ayahuaca y Callua”.
El cronista Cieza de León manifiesta:
“En la provincia de Caxas había grandes aposentos y depósitos mandados hacer por los Incas, y Gobernador con números de mitimaes, que tenían cuidado al cobrar los tributos. Saliendo de Caxas se va hasta llegar a la provincia de Guancabamba, donde están mayores edificios que en Calva”.
Es decir, si bien es cierto que los Guayacundos formaban una sola etnia, y se podían distinguir dentro de ellas tres grandes provincias, en cada una de éstas a su vez habían muchas tribus con sus respectivos curacas, que se gobernaban con bastante autonomía.
Cuando el cronista dice que vivían como gente política, quiere significar que habían alcanzado un apreciable grado de organización social y política.
Podemos llamar Guayacundos a , los antiguos
habitantes de Ayabaca, recién a partir de 1400 DC. En cuanto a su organización
política y a los primeros pasos para constituirse en un verdadero Estado, los
Guayacundos habían avanzado más que los tallanes
Tenían una Confederación bien estructurada que
funcionaba tanto en tiempos de paz como de guerra.
Periódicamente los curacas se reunían en una gran
asamblea a manera de Consejo de Estado o de Parlamento, para discutir los
asuntos de interés general y adoptar acuerdos, de cumplimiento obligatorio para
todos, porque iba a ser en provecho de todos.
Para vigilar el cumplimiento de esos acuerdos,
elegían un Gobernador que al parecer lo renovaban periódicamente, en forma tal
que evitaba que uno de ellos tuviera la tentación de convertirse en un Rey o
algo parecido. Por otra parte el tal Gobernador parece que era un simple
administrador de asuntos públicos, pues el cronista es bien claro cuando dice
que los confederados no reconocían a ningún Señor.
Cuando había guerra con tribus de afuera, se
juntaban las fuerzas confederadas y de común acuerdo elegían un comando militar
al cual obedecían ciegamente.
Dice el cronista que tenían sus pueblos y
fortalezas.
En efecto, no sólo había una gran cantidad de
poblaciones pequeñas, sino algunas más evolucionadas que podríamos llamar
ciudades, como Caxas, Ayabaca
El cronista Diego Trujillo se refiere a Caxas como
un pueblo de grandes edificios, con tres acllahuasis en donde habían 500
enclaustradas. El autor anónimo de la conquista dice: “ Llegaron a un pueblo
(los españoles) que era grande y en unas
casas muy altas hallaron mucho maíz y calzado, otras estaban llenas de lana y
más de 500 mujeres no hacían otra cosa
sino ropas y vino de maíz para la gente de guerra, en aquellas casas había
mucho de aquel vino. Este pueblo estaba muy destruido por la guerra que les
había dado Ataballpa“.
Esta Caxas era la que habían hermoseado los Incas y
que Atahualpa casi había dejado en ruinas. De todos modos, da una idea que aún
antes de la conquista incaica l fue ciudad muy principal.
Otra importante ciudad existió al norte de la
provincia de Huancabamba y el sur de
Ayabaca, en el distrito de Pacaipampa y que ahora se conoce como ruinas
de Chulucanas o Chulucanitas por estar en la ex – hacienda que tenía ese
nombre. Fueron estudiadas por el sabio Alejandro Humboldt y después, en el
presente siglo, por el Misionero Redentorista padre Andrés Antzberger, que hizo
una descripción más detallada de las mismas. La ciudad tenía las construcciones
de piedra y distribuida una sección en cuadrados perfectos que parecían
dameros. Para algunos historiadores esas ruinas pertenecen a la antigua ciudad
de Caxas.
La investigadora francesa Anne Marie Hocquenghem,
que ha publicado un interesante libro titulado “ Los Guayacundos de Caxas y de
Los Guayacundos parecen haber construido varias
fortalezas aprovechando los sitios estratégicos de la sierra que tenían muchos.
Cada ciudad importante esta defendida por una
fortaleza. Todo hace suponer que la resistencia heroica que ofrecieron a los
ejércitos conquistadores de Tupac Inca Yupanqui, no fue en Aypate, sino en otra
construida en el cerro de Yantuma a 5 Kms. de la actual ciudad de Ayabaca. La
fortaleza de Aypate sería más bien una construcción hecha por los incas.
Los Guayacundos, por su origen jívaro, eran de
espíritu guerrero, pero todo hace suponer que no era por el lado de la costa
donde existía el peligro de ser a su vez agredidos, sino de la misma selva
amazónica de donde provenían; pues los Guayacundos habían evolucionado
rápidamente y se podían presentar como presas codiciables de sus hermanos de la
selva. De allí su necesidad de construir gran número de fortalezas.
El historiador Dr. Juan José Vega en su estudio “
Los Tallanes”expresa lo siguiente: “ Todo indica un origen costeño para los
tallanes, pero no faltó crónica como la de Miguel Cabello de Valboa que habló
de una remota procedencia andina. El éxodo a la costa habría sido motivado por
las guerras adversas que sostuvieron en sus asientos originales andinos, que
fueron conquistados por Estados vecinos más poderosos, quizá Bracamoros o
Huayucuntos”. Esto supone que los primeros habitantes de Ayabaca, jíbaros o de
otras etnias de la selva amazónica que se habían asentado como grupos tribales
primitivos, tuvieron que enfrentar, nuevas oleadas de jívaros o bracamoros, más
belicosos o en mayor número, que los que expulsaron.
Pero resulta que los tallanes difieren totalmente de
los jívaros y los guayacundos, tanto desde el punto de vista lingüística como
racial.
Cabello de Balboa, al relatar las conquistas de
Tupac Inca Yupanqui en esta región, cuando era el príncipe heredero porque
gobernaba aún su padre Inca Yupanqui, dice que al retornar de Ecuador ( el
príncipe ) Tupac Inca Yupanqui donde, conquistó a los huancavilcas y a los
chonos, llegó a Poechos y allí acampó
con su ejército, al cual dividió en dos; uno siguió por la costa y el otro,
bajo su mando y el de su hermano Tupac Cápac, siguió por la sierra. Continúa el
cronista expresando: “...Pasaron por la tierra de los Guayacundos y
transmontaron la cordillera por la parte de Huancabamba, acercándose a los
bracamoros cuya conquista reservó para el año siguiente, mandando a construir
en un sitio adecuado una fortaleza en la que dejó una guarnición. Siguiendo
viaje, Tupac Inca Yupanqui llegó a Cajamarca”.
Ya antes había sido sometida la provincia de
Huancabamba de tal modo que el paso de los ejércitos imperiales fue sobre
territorio del Imperio. En la información del cronista no se indica claramente
el momento en que los Guayacundos fueran sometidos, y bien pudo suceder que el
paso del ejército del Inca por el territorio de los guayacundos fue con un permiso de tránsito,
al que podían o no, oponerse.
Los cronistas no están de acuerdo en la oportunidad en que se realizaron las
conquistas de Tupac Inca Yupanqui en la región, pero es Cabello de Valboa el
que menciona por primera vez el nombre de los guayacundos
El Glosario de Voces Indígenas que aparece en la
obra “ Historia del Perú Antiguo”, tomo V de Don Luis Valcárcel, aparece la
palabra guayacundo como derivada de dos voces quechuas que son Waya y Qontu, que significa montón de fruta.
La arqueóloga francesa Hocquenghen, expresa que
probablemente se deriva de dos voces quechuas que son “ Waya“
y “ Kuntur". El significado de “ Waya “ sería el de grande,
aflojado, no apiñado, que podría aplicarse al de gente dispersa y “ Kuntur “
significa cóndor, lo que llevaría a suponer que guayacundo significaría “
Cóndores dispersos “.El investigador histórico Dr. Mario Polía, los llama waya
kuntur, al igual que
Por otra parte, el principal río del Ecuador que
vierte sus aguas al Pacífico es el Guayas, que tiene una amplia cuenca. El
nombre parece haber sido dado por los españoles por que en ese lugar existía un
régulo que era Guayas.
Lo que faltaría determinar, es de dónde salió el
nombre de ese régulo ubicado en la zona hasta donde habían llegado los jíbaros
que poblaban las vertientes de los ríos Santiago y Morona. Cuando se trata de
establecer la etimología de Guayaquil, algunos lo consideran derivado
precisamente del nombre Guayas; pero otros estiman que procede de la voz
Guaylla o Huaylla que significa prado o floresta fresca, y en buena cuenta
guayacundo vendría a ser Cóndor de Florestas Frescas, lo que sí se concilia con
la realidad ambiental.
En Ayacucho hay algunos pueblos que se llaman
Hualla, cuyo nombre proviene del quechua
Huaclla que significa desigual.
En la provincia de Castrovirreyna, en Huancavelica,
hay un distrito llamado Huayacundo.
Pero bien podría ser una voz de procedencia jívara
respetada por los Incas, pues la voz Guaya se encuentra asociada a otras en
muchas tribus selváticas; así en Venezuela existían los Guayaquires, y en las
márgenes del río Pilcomayo, había una tribu de origen Tupi-guaraní llamada de
los Guayacures.
Hasta la fecha, es muy poco, por decir nada, lo que
se ha hecho por investigar todo lo relacionado con el desarrollo cultural de esta
nación de la sierra piurana.
Por eso, el estudio de investigación científica
realizada por la arqueóloga Anne Marie Hocquenghem sobre los guayacundos es muy
meritorio. Ella llegó a la región en 1986 integrando el grupo llamado Centro
Nacional de Investigación Científica de Francia y de
Su aporte es una valiosa contribución en este afán
de descorrer tantos velos de un pasado que permanece como un misterio, aún
impenetrable, para los habitantes de la región.
En la provincia de Ayabaca, y en el centro de un triangulo formado por las localidades de
Cujaca, Olleros y las ruinas de Ayabaca
El cerro en mención se encuentra al sud-este de la
capital de la provincia, ciudad de Ayabaca y la región está regada por una gran
cantidad de ríos y quebradas que van a desembocadura a la margen derecha del
Quiroz, siendo los más importantes los ríos Olleros y Mangos.
El cerro de Aypate forma parte de un sistema
montañoso de
Para llegar de Ayabaca a Aypate era necesario hacer un
recorrido de 9 horas a lomo de mula, que es el animal más seguro para cruzar
montañas, y para pasar el río Mango. El cerro que se levanta a
La existencia de las ruinas se habían conocido desde hace mucho tiempo, pero no se había hecho una descripción y menos un estudio de las mismas. Todo estaba envuelto en la fantasía y en la trasmisión de leyendas y mitos de los campesinos del lugar, que miraban al cerro con respetuoso temor. Los rebaños de los pequeños ganaderos pastaban en las faldas del cerro, pero no se atrevían a escalarlo y menos cuando llovía y la tempestad arreciaba sobre su cumbre en un concierto de rayos, relámpagos y truenos. En esos montes, el temor supersticioso aumenta por que el cerro se ponía bravo, al decir de las gentes.
Ha correspondido al Doctor Mario Polía,
Catedrático del Curso de Arqueología de
La profesora Ruth Rodrich Sarango, que acompañó a Polía en varias expediciones que en forma especial visitó la región de Samanga, hizo un breve relato de las seis expediciones que organizó el Catedrático Polía a Aypate.
La 1ra Expedición se realizo en Junio de 1971 y sirvió para descubrir las ruinas y establecer que no se trataba de una simple leyenda.
Con la seguridad de que las ruinas eran de
gran importancia, ya que cubrían un área de dos kilómetros cuadrados se
gestionó la autorización del Gobierno para continuar la labor de exploración.
Con la colaboración del Instituto Nacional de Cultura, pudo obtenerse
Durante todo el año 1972 se hizo una intensa
preparación para la segunda expedición que al final pudo llevarse a cabo en el
mes de Diciembre. En esta oportunidad se estudio el camino de acceso a la
fortaleza, la gran explanada exterior que sirve como distribuidor a sus
diversas secciones, una escalinata de 42 gradas una pirámide escalonada. Además
se completó un Plano Topográfico.
En 1973 se realizo la tercera expedición que cubrió
los meses de Agosto y Septiembre, explorándose el valle de Samanga, y sus
misteriosos petroglifos que se les supone ser anteriores al periodo de la
dominación incaica, pues el Dr. Polía considera tiene características
chavincides.
La cuarta expedición permitió descubrir una gran
terraza o patio rodeado de habitaciones, y lugares destinados a los centinelas
y vigilantes.
La quinta expedición sirvió para explorar la parte
del Camino de los Incas que pasa por Aypate y unía Ayabaca con Huancabamba.
La sexta expedición se realizó entre el 25 de Julio y el 18 de Agosto de 1974,
y contó con la colaboración de
El Dr. Mario Polía ha hecho la descripción completa de
la ruina en un folleto de
También describe el Dr. Polía, el camino de acceso a
la fortaleza, de lo cual se conservan muy bien, varias secciones.
El camino corre entre dos paredes de piedra. Por una
de estas paredes se va a la gran plaza desde la cual es posible llegar a las
diversas secciones o complejos de las ruinas. En la mencionada pared, hay una
abertura que el Dr. Polía cree ha sido originalmente una puerta.
Llegado al camino a la primera sección de las
ruinas, prosigue hacia la cumbre del conjunto, para luego seguir por la parte
alta de los cerros a lo largo de varios kilómetros, de los cuales el explorador
Polía recorrió
El camino tiene un ancho de
El camino conduce a una gran central, de donde es
posible llegar a las diversas secciones. Las ruinas se levantan sobre esta
plaza y sobre una segunda plataforma. Tras de esta plaza se encuentra una
cumbre de
Tanto en la plaza como en la segunda plataforma, hay
gran cantidad de habitaciones y un mirador, desde el cual se domina todo el
valle. Es sin duda alguna el lugar de los vigías.
Las secciones principales, son dos conjuntos
habitacionales y plazas que el Dr. Polía llama complejo A y complejo B, y una
pirámide escalonada.
A la mitad del cerro, hay una especie de meseta, es
Al fondo de esta plaza, pegado a la cumbre y hacia
la izquierda, hay dos plataformas superpuestas. Una escalera a
Esta parte permite el ingreso a la fortificación
propiamente dicha, por medio de un pasadizo con habitaciones a cada lado. A la
izquierda hay dos cuartos separados por un corredor. Un cuarto tiene 20 x
A la derecha hay un solo cuarto de forma irregular
que tiene
La pared del fondo, hoy caída, debió ser parte de la
muralla exterior del fuerte
Los cuartos de la izquierda tienen puertas al lado
opuesto del pasadizo, las que conducen a un corredor que las bordea. Este
corredor parece haber estado limitado o protegido por un murito de piedra que
forma parte de la muralla exterior y permite también ver el valle en toda su
extensión. El murito, a la terminación de los dos cuartos, conduce a una
escalera de 42 gradas que lleva a una plaza ubicada al lado derecho y a un
nivel superior. La plaza tiene 51.50 x
A cada lado de esa escalera hay cuartos de grandes
dimensiones algunos de los cuales tienen puertas que dan a la
plaza de arriba. Tanto a la derecha como a la izquierda de la plaza, hay
plataformas a superior nivel. Las paredes en esta parte son de
A continuación de cada cuarto grande de la derecha,
empiezan dos muros que conducen mas al interior y tiene
De la gran Plaza Central, parte un corredor que
conduce al otro conjunto de ruinas constituido esencialmente por otra plaza de
12 x
Al fondo de la plaza hay un gran cuadro de 12.20 x
Tanto en los cuartos de la derecha como de la
izquierda, en su parte exterior, hay andenes. Estos se prolongan hacia el fondo
y envuelven al cuarto grande de la tina. Detrás de los andenes, hay un corredor
de 1.70m de ancho limitado por una gruesa pared de
Hacia la izquierda de la muralla de la fortaleza y
al fondo de la gran plaza central se encuentra un promontorio formado por una
pirámide de base rectangular de tres plataformas que tiene por el frente 4.20
mts. de altura y por atrás 6.70 mts. La base no es regular, pues los lados
miden 31.50 mts. de frente y31.70 m los costados.
Una rampa de
A
El Dr. Polía exploró varias habitaciones construidas
con piedras toscas, dispuesta en largos y anchos andenes. La cumbre del cerro está formada por un monolito
enorme de cuarenta metros de alto, al cual los habitantes del lugar llaman “
piedra del chivo “ por la forma que tiene. Se considera que también se le usó
como mirador. En la base del monolito se han podido descubrir pequeñas cavernas
naturales con huesos de seres humanos cuya antigüedad no se ha llegado a
establecer.
En Piura no se ha tomado aún conciencia de la
importancia de las ruinas de Aypate. Sin bien es cierto no pueden ser
comparadas con Macchu Picchu, sin embargo tienen gran similitud con ellas, por
estar levantadas en una elevada montaña.
El Dr. Polía planteó en el II Congreso
Interamericano de Arqueología Andina, la restauración de las ruinas. Pero no
obstante que creó interés en los círculos científicos, no se llego a ningún
resultado práctico por falta de financiación.
En 1977, se creó en
Ayabaca el Comité de Desarrollo Turístico bajo los auspicios de
En realidad, no se trata de falta de interés de los
diversos organizaciones, sino de las insuperables dificultades de carácter
económico. Ante todo se necesita una buena carretera a Ayabaca, lo que ahora en
más posible con la vía asfaltada de Sullana a Tina. Luego es necesario Hoteles
u Hosterías en la mencionada ciudad serrana, y como es lógico la construcción
de una carretera de Ayabaca a Aypate.
La tarea de
restauración de las ruinas es también bastante grande pero no imposible.
Previamente hay que hacer una labor de limpieza y extirpación de la vegetación
que todo lo invade.
Hay todavía
mucho por descubrir y estudiar en Aypate. Así tenemos que en los cerros circundantes,
se construyeron andenerías con fines agrícolas, lo que supone que hubo la
necesidad de alimentar a una numerosa población alojada en la ciudadela.
Un manantial, los proveía de agua, y hasta ahora se
observa la erosión que ha causado el liquido al caer sobre la roca, a la cual
ha desgastado.
Sin lugar a dudas, Aypate es el monumento antiguo
más importante que tiene el departamento de Piura.
El Dr. Polía es el único que por más de veinticinco
años, ha venido luchando por rescatar estas ruinas para la cultura y para el
patrimonio nacional. Ojalá que tan noble esfuerzo no se pierda.
El extinto profesor ayabaquino José Ignacio Paucar, en su obra “Provincia de Ayabaca” proporciona también importante información sobre las ruinas de Aypate.
Paucar, aparte de resaltar su importancia, describe
la forma como se puede llegar a ellas, a partir de la ciudad de Ayabaca. Según
eso, habría que tomar la ruta carrozable de Socchabamba, Tacalpo, Yachalá, que
con vehículo demoraría 3 o 4 horas. Luego hay que utilizar bestia o ir a pie.
También se podría ir por la vía de Cujaca. Esto en 1980.
En “Provincia de Ayabaca” se dan a conocer planos y
mapas, así como también datos sobre los
petroglifos de Samanga. Intrigaba mucho al profesor ayabaquino un petroglifo
donde aparece una serpiente bicéfala a la cual da un significado cósmico
religioso. Otras doce piedras fueron estudiadas por el profesor Paucar, que
asegura haber explorado las ruinas de Aypate desde 1928, sobre lo cual hizo
publicaciones en el diario “
Planteaba Paucar que se construyera una carretera de
sólo
Es criterio comúnmente aceptado que en Ayabaca y en
Yantuma, los Guayacundos ofrecieron su ultima resistencia a los incas en sus
primitivas fortalezas y más tarde cuando la región fue pacificada, Huayna Cápac
mandó a construir en Aypate la gran fortaleza cuyas ruinas hoy se admiran,
aprovechando la importante situación estratégica que tenia. Hay que suponer
también, que la fortaleza de Aypate no podría ser un bastión aislado sino que
los incas lo tenían que haber conectado al camino real del Cuzco a Quito.
Coincidiendo totalmente con la arqueóloga francesa
Anne Marie Hocquenghem, el investigador Mario Polía informaba en
En 1995, el
Dr. Polía, reiniciaba en Olleros (Ayabaca) las excavaciones de la tumba
milenaria del jefe señorial, tal como lo informó el 31 de Julio de 1995 al
Instituto Nacional de Cultura de Piura, y más tarde en setiembre el mismo
Polía, asegurando que según su criterio,
eso probaría un dominio mochica sobre la
región, pues esa tumba se diferenciaba de otras existentes en la zona de la
antigua clase popular, en los que se acostumbraba usar grandes urnas de barro.
Los planteamientos del Dr. Polía, son verdaderamente
revolucionarios, pues lo que propone es la existencia en Ayabaca, de una
cultura muy evolucionada, entre 600 y 1000 años antes que los Guayacundos, con
una gran influencia Mochica, la que se supone sólo había llegado hasta el Alto
Piura. Al jefe señorial cuya tumba descubrió, el Dr. Polía llamó el Señor de
Olleros y exhibió una replica que mostró por diversos lugares. El Señor de
Olleros del Dr. Polía, presentaba gran semejanza con el Señor de Sipán.
En Agosto de 1996, el INC de Piura, le otorgó al Dr.
Polía como justo homenaje
En Diciembre de 2001, Polía anunció a los diarios
piuranos, haber descubierto los restos de un jefe religioso de alta jerarquía
en el caserío de Hualcuy en Ayabaca, a los que calculaba una antigüedad de
2.000 años. En la parte del pecho, los restos tenían una camiseta decorativa
con 500 pequeñas plaquetas de cobre dorado.
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MAPA DE UBICACIÓN DE AYPATE |
MONOLITO
DE GUARAGUAO |
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PETROGLIFOS
DE SAMANGA |
FOTO DE
ACCESO DE AYPATE |