CAPITULO VII
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El trabajo estuvo perfectamente organizado en la
tierra de los tallanes. Cuando fueron conquistados por los incas tuvo un
carácter comunitario.
Los que vivían cerca al mar, tenían como actividad
preferente la pesca y el comercio por mar. Los del interior, asentados en los
valles eran agricultores.
Fuera de esos, habían otros que se dedicaban a la
alfarería y entre estos habían simples artesanos que construían vasijas para el
uso diario y corriente y otros que eran artistas, que hacían ceramios
ornamentales.
La orfebrería era otra de las actividades en que
destacaban los tallanes. Ellos al igual que los mochicas adquirieron gran fama
en todo el Imperio de los Incas por lo cual muchos de esos artesanos fueron
llevados al Cuzco.
E1 trabajo de alfarería se hacía teniendo al
trabajador tendido boca a bajo, sobre unos sofás de patas cortadas. Esta
posición causó asombro a los indios del Tahuantinsuyo y de ahí que se
denominase a la región tierra de los tallanes o sea de los hombres tendidos de
vientre.
El algodón dio a los tallanes la fibra para telas
que tejían y bordaban con gran primor, no sólo para cubrir las necesidades
propias, sino también para comerciar al trueque.
Los primitivos piuranos, desde tiempos inmemoriales
fueron diestros pescadores que utilizaron las redes. Es posible que primero
emplearon el algodón para hacer sus redes que para los vestidos. El pescado no
sólo lo consumían fresco, sino que lo conservaban secándolo, ahumándolo y
salándolo, pescaban también, no sólo para las necesidades domesticas, sino para
disponer de un margen que les permitían comerciar con los pueblos de la
sierra.
La sierra agrícola era de la propiedad de los
grandes señores. Ellos la daban en arriendo a los agricultores, que pagaban con
partes de su cosecha. A Cieza de León le causó asombro la forma como los
tallanes cultivaron sus campos y decía: “para labrar sus campos son muy
trabajadores y llevan grandes cargas, los campos labran hermosamente y con
mucho concierto y tienen en él regarlos grande orden. El maíz da dos veces al
año, de ello de habas y frijoles cogen harta cantidad cuando los siembran”.
Los tallan eran gente muy hospitalaria. El viajero era siempre bien recibido. Si
el recién llegado era persona notable, le hacías y celebraban en su honor
comilonas, durante las cuales se bebía mucho.
Los tallanes eran gente
dada a la bebida
y a la buena vida.
Habían fiestas en que participaba todo el pueblo, en
ellas se comía, bebía y se cantaba.
Como instrumentos musicales tenían tamborcillos,
flautas, antaras y sonajas. Hay muchas piezas de cerámica que representan
a los músicos.
En lo que ahora es nuestro mes de Diciembre, se
celebraba en toda la costa norte del Perú y también en la región tallán una
fiesta que duraba siete días con sus noches. Eran una especie de fiestas
saturnales, que perduraron aún cuando ya
Los religiosos trataron de erradicar esta costumbre
y les costó mucho tiempo lograrlo. Tales festividades han sido objeto de
estudio de Tschudi, Tello, Rebeca Carrión Cachot, que han querido más bien ver en ellas un
fondo religioso, como sería el sacrificio de doncellas al Dios Sol, a
Fuera de las festividades religiosas habían otras en
honor a la cosecha y a la pesca. Eran en realidad actos de agradecimiento por
las bondades de la naturaleza, o de ruego para que se mostrase propicia.
Fuera de las festividades una costumbre que hasta la
fecha ha perdurado en el ambiente campesino y popular, y era el corte de uñas y
de pelo.
El primero se hacía a los niños de un año y el corte
de pelo a los de años dando motivo a una animada ceremonia familiar. Hay que
advertir que estas costumbres daban en toda la costa y también en la sierra, y
perduran hasta hace poco.
En el corte de pelo, se reunían familiares y vecinos
y cada uno cortaba un puñado de cabellos. A esos puñados les llamaban ñaca y
como ofrenda se depositaba en las tumbas o huacas de loa allegados.
Generalmente los padres del niño, ayunaban antes de la ceremonia, pero luego se
comía y libaba en abundancia.
Como todo pueblo primitivo, eran profundamente
supersticiosos. No practicaban la sodomía como, lo hacían sus vecinos de
Ecuador.
Durante las fiestas, programaban luchas, al estilo
de las grecorromanas, en donde los luchadores se agarraban por la cabeza o la parte superior del cuerpo y trataban de
derribarse.
Utilizaban a la llama para transporte, en especial
de leña y agua.
Muchas de sus actividades, al menos en la zona de
Vicús las harían sentados con las piernas cruzadas, pues hay una gran cantidad
de ceramios que representan así a hombres de todo nivel social. Como se
ha manifestado antes, la posición del tallán, para comer, era sentado pero
de otra forma, con las piernas dobladas por delante en tal forma que las rodillas
se quedan altas, a nivel de la barbilla. Es una posición que en la actualidad
utilizan los indios mejicanos cuando están en actitud de esperar.
Los primeros piuranos que se alinearon en las proximidades
del mar, dependían de él para su vida. Peces, mariscos y lobos de mar servían
para su alimentación.
Conocieron a la ballena, de la que se impresionaron
por su gran tamaño y creyéndola pez, la consideraban el dios de ellos.
Los yungas llamaron al mar, Ni y los quechuas conquistadores, le decían mamacocha.
Los tallanes también adoraren al mar y le ofrecían
sacrificios cuando se embravecía.
Todos los cronistas estaban de acuerdo en que los
yungas y con ellos los tallanes doraban al mar, dentro de la multiplicidad de dioses que tenían. Así lo
dicen Garci1aso cuando manifiesta: “adoraban de común a la mar”, o
el Padre Oliva que asegura: Los indios de la costa tenían por su dios a la mar.
El padre Cobo, dice que adoraban a la mar por que los proveían del pescado.
El Padre Murúa dice: Los indios de los llanos
reverenciaban y adoraban la mar, por que estuviese siempre manso y no se
embraveciera contra ellos, y les diese mucha abundancia de pescado, y con esto
le echaban harina de maíz banco, almagre y otras cosas.
El cronista Avendaño, en 1617 al referirse a las
idolatrías de los indios decía que tenían unos dioses móviles bajo la forma de
ídolos y otros fijos como el mar.
También Polo de Ondegardo, aseguraba que el culto
que los indios rendían al mar era para que no se pusiera bravo y les diera
siempre pescado.
En plano virreinato, casi a 100 años de la conquista
en 1614 al Arzobispo de Lima Pedro de Villagómez se condolía que no se hubiera
extirpado la idolatría de los indios de la costa por el mar. En realidad, esa
especie de reverencia de los pecadores por le mar nunca llegó a desaparecer
totalmente, quedando como una superstición.
Todos los pueblos marítimos del mundo, en la
antigüedad rindieron culto al mar. Ha existido por lo tanto su sentimiento
generalizado por este elemento, que se mostraba tan tremendamente poderoso.
El culto al mar con los primeros pobladores de
Piura; y aún cuando van incorporando con el correr del tiempo nuevos dioses a
su mundo espiritual, el mar nunca dejó de tener lugar preferente. Y más bien se
convirtió en morado de los dioses que se reverenciaron más tarde como lo fue
Viracocha.
Los mochicas tuvieron como dios a Alec, pero este culto no llegó a extenderse en la tierra tallán. Se trataba de un dios terrible, vengativo y feroz.
Son rarísimas las piezas de alfarería de los
antiguos piuranos, que representan a este dios, y en cambio se han extraído en
grandes cantidades en la provincia de Trujillo.
Más bien, rindió culto a
Tanto en las piezas de alfarería de Vicús, como de
otros lugares del departamento hay numerosas representaciones
ormito-antropo-morfas. Hasta en las joyas, era muy común los adornos bajo la
forma de lunas en cuarto creciente.
Cuando habían eclipses de luna, sobrecogíales el temor, de que la luna estaba molesta o que era atacada, pero luego el reaparecer triunfante retornaba la alegría y se hacían fiestas por el triunfo de la diosa. Eso acrecentaba su prestigio como deidad.
Para los pescadores, la diosa Luna era una deidad,
protectora que las alumbraba por las noches en sus tareas marinas. Se dieron
también cuenta que
Muchos de los hombres chimús parecen derivarse de la raíz Shi, y hasta podría decirse lo mismo de Shi-mú.
Parece que en las islas del litoral, habían adoratorios para la diosa Luna, o cuando menos sitios para ofrecerle sacrificios humanos, en especial Doncellas que eran decapitadas en su honor. Nada hace suponer que las ceremonias rituales fueron llevadas a cabo por sacerdotisas, por que ninguna leyenda o pieza de alfarería la revela. En las islas se han encontrado esqueletos decapitados.
El culto al Sol.
Fue introducido por los Incas, que levantaron
grandes templos en su honor, así como casas para las escogidas.
Los Incas, no sólo construían fortalezas para
asegurar la conquista, con soldados que en ellas se alojaban al mando de un
jefe de importancia, sino también instalaban gobernadores y sacerdotes para el
culto solar.
Eso fue motivo que en las tierras de los tallanes,
hubieran dos dioses astros: el sol y la luna, algunos consideran que el dicho
de
Los dioses felinos, que eran reverenciados por los mochicas, tuvieron muy pocos adeptos entre los tallanes. Pocas son las piezas de arcilla que los representan. Eso es más frecuente en los ceramios de Vicús.
Es importante dejar notar este hecho, por que demuestra que ni aún en el plano religioso se sometieron los Tallanes a la influencia Mochica. El dios Ai-apaec, tan adorado como temido en los valles de Trujillo, casi era un desconocido en estos territorios. Los españoles le llamaron Alec.
Los Yungas, al igual que muchos pueblos antiguos, sin duda alguna que divinizaron a las fuerzas de la naturaleza, unas veces por temor y otras por gratitud, como por ejemplo el trueno y a la lluvia. De igual modo a ciertos animales como el puma y a la serpiente.
Pero aparte de todo eso, llegaron a intuir que la vida no terminaba en la tierra, sino que había otra más allá, por cuyo motivo en las tumbas pusieron lo necesario para que el difunto pudiera alimentarse y disponer de lo conveniente en esa otra vida. En los primeros meses al fallecimiento, la renovación de víveres era constante. El culto que recibían a los muertos, y que casi era general en los pueblos primitivos de todo el mundo; en los antiguos tallanes merecía una especial atención.
Las tumbas eran por lo tanto consideradas como huacas o sea lugares sagrados. En algunos casos colocaban en ella idolillos familiares, para que actuaran como guardianes. Muchas veces no sólo miembros de la familia visitaban esas huacas, sino también amigos y relacionados y terminaban por convertirse en adoratorios.
Durante la conquista, muchas huacas fueron destruidas o clausuradas, unas veces por la avidez de los tesoros que suponían se encontraban en ellas y para extirpar las idolatrías.
También habían sitios sagrados, como cerros que
suponían encantados, o piedras con ciertos poderes a las que llamaban jírcas.
En nuestro departamento abundan lugares como lagunas. Colinas y sitios a los
que los lugareños atribuyen ciertos poderes, y los rodean de misterios.
Los tallanes al igual que el resto de poblaciones
yungas, creían en la existencia de una alma inmortal. Al respecto dice Cieza de
León: “era opinión general en todos estos indios yungas, y aun en los serranos
de este reino del Perú, que las ánimas de los difuntos no morían, sino que para
siempre vivían, y se juntaban allá en el otro mundo unos con otros, donde
creían se holgaban, comían y bebían, que es su principal gloria”.
Los señores principales, eran enterrados con sus
mujeres y servidores; unas veces en una sola tumba y en otros casos, en tumbas
separadas alrededor de la tumba del señor. Parece sin embargo que la decisión
era voluntaria.
En la región de Tumbes, se han encontrado también
tumbas en forma de bota al igual que las de Vicús.
Hay que aclarar sin embargo, que en el resto de la
región Tallán, no se siguió el mismo procedimiento de cremar los cadáveres.
Los difuntos eran colocados en posición horizontal en tumbas que semejaban grandes pozas a bastante profundidad.
El Padre Las Casas, relata, que cuando el muerto era un señor principal, se reunían todas las gentes del pueblo, y se daban un gran banquete con abundancia de comida y bebida. Se fijaba un día como el principal, y al momento de servir la comida y bebida como si la fuera a consumir y los que entraban la hacían reverencias. La madre – en caso de estar viva – y la viuda ocupaban lugares principales en la ceremonia del banquete. El cadáver, al cual generalmente se embalsamaba, se ponía luego algo apartado en un patio. Las comilonas duraban de cinco a diez días. Unas lloronas se encargaban de ponderar las virtudes del difunto y lanzar alaridos, sollozos y llorar continuamente. La música de flauta era continua sin interrupción, pues los músicos se turnaban. La viuda guardaba luto un año y se trasquilaba los cabellos.
El cronista Villagomez asegura que en muchos lugares de la costa y se presume que también en nuestra región, el difunto era sumergido tres veces en el río por la parentela, y luego lavaban la ropa del muerto. Se pasan la noche cantando y bebiendo y en determinaba hora le derramaban un poco de chicha para que apague la sed. Cuando llegan las horas del amanecer, creen que el alma ya ha salido del cuerpo y se va al sitio del eterno descanso.
Como se puede apreciar, los yungas en general y los tallanes en particular, todo lo hacían comiendo y bebiendo. Hay que suponer que algunas costumbres, variaron de acuerdo a la época y también a los lugares.
El escritor cataquense, Jacobo Cruz asegura que la
palabra Narihua1á, proviene de Ñari Walac que en el idioma tallán o Sec quiere
decir ojo que avisora la lejanía.
Plantea la teoría que Narihualá con su
fortaleza-templo, fue el centro religioso de toda la región tallán, y que hacia
allí convergían los antiguos piuranos en peregrinación.
La base de esta suposición, es que la fortaleza-templo, se
construyó muchísimos años antes de la conquista de los tallanes por los Incas,
lo que como es bien sabido, fueron estos
los que mandaron a construir todas las fortalezas de la región, de lo que sería
una excepción la de Narihualá.
De
establecerse que dicha construcción se hizo en tiempos de los Imperio, toda la
teoría del dios Walac quedaría sin sustento, al menos como deidad de los
tallanes. Mientras tanto, y hasta que no se pruebe lo contrario, se debe aceptar.
Jacobo Cruz relata una leyenda no muy conocida,
según la cual en tiempos muy remotos se aparecía en el cielo de Piura, un
fenómeno luminoso al caer la tarde y que duraba toda la noche. Esto que bien
podía ser un cometa, en realidad no lo era por que se repitió casi seguido por
varios años considerando tal aparición con las buenas cosechas. Para los
antiguos piuranos era como un ojo, que puesto en el cielo, lo veía todo. De ahí
que los indios lo divinizaron y levantaron el templo para rendirle culto,
mandando a construir un ídolo de oro puro del tamaño de un hombre, que en
sus manos sostenía un hato herbáceo que simbolizaba el maíz, del que pendían
choclos robustos. Sigue diciendo Jacobo Cruz, que la cara era plana con pómulos
salientes, y con un sólo ojo dentro de un triangulo, de cuyos bordes se veían
como saliendo pequeños rayos a manera de pestañas. Junto al ídolo grande se
encontraba otros idolillos de madera de charán, que significaban ofrendas de
diversas comarcas o valles que se tributaban al dios por los agradecimientos
fieles, por los favores recibidos, como las buenas cosechas. Eran como los
ex-votos que ahora se acostumbra hacer con milagrosas imágenes en nuestro
departamento.
Toda
teoría sobre el pasado histórico de los pueblos es interesante por que invita
al análisis y al intercambio de ideas de donde sale muchas veces la verdad o
nos acercamos más a ella. Ante todo, hay que hacer notar que muchos arqueólogos
y estudiosos tanto del pasado del hombre
peruano como del origen del hombre americano han plateado teorías
contrapuestas, para explicar muchos misterios que se pierden en la noche de los
tiempos. De donde resulta que toda teoría de gente estudiosa como lo fue Jacobo
Cruz, es interesante y es respetable.
Como cualquier teoría, tiene muchos puntos que le
sirven de apoyo o basamento, pero hay también otros que pueden quitarle
consistencia.
Por ejemplo, en toda la huaquería tan abundante en
cantidad y variedad de la región tallán que hay en los museos, no se ha
representado a ese dios, que podría ser Wallac. Es bien cabido que mucho del
conocimiento que se tiene de los Mochicas, de los Chimús y de las gentes de
Vicús, se debe a que en las piezas de cerámica han representado todos los
hechos de su existencia. Son como libros vivos del pasado. Si se trata de una
divinidad, la reproducción tenía que ser necesariamente muy nutrida, como un
homenaje a esa deidad.
Por otra parte, en la región de Piura no ha habido
abundancia de oro, al menos no tanto como para fundir un ídolo del tamaño de un
hombre, y tampoco es posible que una pieza de tales dimensiones y tan valiosa,
material y espiritualmente, se iba a perder tan fácilmente. Por otra parte
ningún cronista ha mencionado al dios Walac.
El ojo dentro de un triangulo con rayos que le salen,
es similar a la imagen que utilizaron los primeros cristianos para
representar Dios Padre, y aún se usa.
En cuanto al significado de la voz Narihualá, que
indudablemente esta castellanizada, y que el escritor Jacobo Cruz descompone en
dos voces Ñuri-wallac, podría también descomponerse de otra forma, como
Nari-hua-lá o también en Nari-hua-la. Si se trata de palabras compuestas, lo
mismo podría decirse con relación a los toponímicos de Ta-ca-lá; Vi-rri-lá;
Puyun-ta-lá; Sin-bi-lá, etc. lo que nos hace pensar que la terminación “lá”
bien pudiera ser lugar o sitio, en el idioma Sec.
Sea lo que fuere, eso no descarta la posibilidad de
que Walac, haya sido una deidad tallán, de la zona de Catacaos. Es también
parte de la historia de los pueblos, el conservar y transmitir a las
generaciones futuras los mitos y leyendas, que todos los pueblos del mundo las
han tenido y más aún cuando se han referido a los dioses o fundadores de
dinastías.
Por eso, la leyenda del dios Walac, debe ser conservada,
como parte de nuestra historia.
Los Ritos.
Es incuestionable que antes de la llegada de los
incas, los tallanes ofrecían sacrificios humanos tal como lo hicieron los
Vicús.
Una estatuilla de Vicús, representaba a un sacerdote
de cuerpo entero, cuyo rostro está cubierto con una máscara de feroz felino,
que tiene un una mano una cabeza que acaba de cercenar, mientras que en la otra
mano, mostraba un descomunal cuchillo.
También en las islas de Lobos, se han encontrado
restos de doncellas con las cabezas separadas del tronco. Esto es común en
todas las islas del litoral.
Los incas, al conquistar la región introdujeron en
gran escala la llama. Este animal y otros fueron destinados en los sucesivo a
los sacrificios.
En Aypate, se ha encontrado unas tinas destinadas a
los sacrificios.
Los tallanes, como todo pueblo primitivo, eran
profundamente religioso y supersticioso.
En la región tallán no se practicó la sodomía
religiosa, como ocurrió en otros lugares de las costas y de la sierra. Habían jovencitos,
tanto en Puerto Viejo como en la costa
sur, destinados al ayuntamiento carnal con los sacerdotes.
En términos generales, cuenta Cieza de León que en
toda la costa ecuatoriana se practicaba la sodomía, y que el vicio nefando, era
tenido en la sierra de Piura como algo muy sucio e indigno de hombres.
El cronista Padre de las Casas, dice que las
ofrendas más preciadas en los templos y en las huacas, eran las chaquiras.
También se ofrecían maíz,, chicha, frutos de la tierra, objetos de cerámica,
tejidos, oro y plata labradas.
El cronista al que se le llama Jesuita Anónimo,
asegura que en el Imperio Incaico, habían en algunas civilizaciones sacerdotes
de gran jerarquía, uno de los cuales estaba en “Ayauaca”. Los otros estaban: el
Collao, Chincha, Huaylas, Vilcas, Cassarca, Quito, Chimo, Cenas y Canchis.
Cerca de la isla de Puná, hay una pequeña isla que
los españoles llamaron
También en el golfo de Guayaquil, estaba la isla
Santa Clara, en donde había un ídolo de piedra que los indios de Tumbes
reverenciaban. Muchos señores principales eran enterrados en esta isla.
Los indios de Sechura, Paita y Colán visitaban con
frecuencia las islas del litoral. Entre las muchas piezas de cerámica de Vicús,
hay una que representa una con dos barcas y varias personas.
Cieza de León dice por los tallanes: “eran estos
indios muy dados a sus religiones y grandes sacrificadores”.
Francisco de Jerez, al hacer el relato del viaje de Pizarro
de San Miguel a Cajamarca, tras se expresarse mal de los indios y decir que son
sucios y que comen carne y pescado crudo, así como maíz cocido y tostado,
asegura que ofrecen como sacrificios lo mejor de sus cosechas y que cada mes
sacrificaban a sus propios hijos y con la sangre, untaban a los ídolos, en la
puerta de los templos y en las sepulturas. De igual modo dice que entre risas,
cantos y bailes sacrificaban llamas.
humanos, por eso los Incas no lo permitían, pero en
cuanto a lo de sucios, hay que recordar que el Cronista Gutiérrez de Santa
Clara, tenía un opinión igual de los
yungas en general a los que acusaban de sucios, groseros, inhábiles y nada
políticos.
No es creíble, lo referente a los sacrificios
Entre los indios del Cuzco y los Collas,
así como de la costa central de Pachacamac al igual que en Amazonas y en la
región Tallán, se narraba que en tiempos muy remotos había llegado un santo
varón que había recorrido grandes extensiones de territorio, predicando una
nueva religión y hablando de un Dios que había sido hecho morir en un madero
similar al que portaba, el que era una cruz, la cual quedó en una zona de Puno
llamada Carabuco. Los indios denominaron a este viajero como Tunupa unos y
otros Tenepa, y aseguran que vestía larga túnica, era delgado y barbado. En
muchos lugares como en Cuelap, Amazonas, dejó las huellas de sus pies y cuantas
veces los indios idólatras quisieron ultimarlo por el fuego o ahogamiento,
salió ileso. Santo Toribio de Morgrovejo creía era Santo Tomás y los indios de
Frías en épocas de
Una característica más que diferencia a los Tallanes del resto de pueblos que conformaron el gran Impero Chimú, fue un lenguaje propio. En ese sentido y mostrando una vez más su carácter independiente, no adoptaron ni el idioma Mochica o Muchic ni el Quechua de los Incas.
Guaman Poma al enumerar los idiomas que existían en el imperio Incaico, menciona los siguientes: Aymara, Puquina, Cunti, YUNGA, Quichiua, Inga, Uanca, Chinchaysuyo, Yauyo, Andesuyo, Condesuyo, Collasuyo, Cañari, Ca llampi y Quito.
Es decir, que bajo la común denominación de Yunga, comprende a todos los idiomas existentes en la costa norte del Perú.
Luis Valcárcel en su monumental obra “Historia del Perú Antiguo”, da los siguientes idiomas que se hablaban en el Imperio: el Quechua, Aymara, Puquina, Mochica o Yunga, el Sec, el Quingnam, el Culli, la lengua pescadora, el Chumbivilca, el Lupaca, el Tampu, el Kauki o Jake zuru y el Uru.
Para este historiador el Muchic fue el cuarto en importancia y se hablaba desde Lambayeque hasta las proximidades de Lima. El Sec se hablaba de Piura hacia el norte; el Quingnam, “en un pequeño sector de la costa norte, lo mismo que la pescadora, en tanto que el Culli lo fue en el Callejón de Huailas”.
El cronista Oviedo, al referirse a la costa norte, asegura que “en cada provincia hay una lengua y un traje diferente. Así, la del valle del Chira es la llamada lengua de los tallanes”.
Es decir que centra en este valle, lo que podría llamarse el núcleo de la región tallán, posiblemente porque en aquel entonces era la más poblada de la región.
El cronista Gutiérrez de Santa Clara al referirse a los yungas, expresa que se hallaban muchos idiomas, pero que Tupac Inca Yupanqui, al conquistar la región impuso como oficial el Quechua, sobre todo entra los hijos de los curacas y de los grandes señores, que estaban destinados a servir al Inca. Pero, los 50 ó 60 años que estuvieron los tallanes sometidos a los Incas, no fueron suficientes como para imponer el Quechua en la región.
Algunos han manifestado que los tallanes tuvieron dificultades para aprender el quechua, pero eso no que cierto. El hombre tallán era de viva inteligencia y muy despierto, y eso prueba que Filipillo, Martinillo y Francisquillo, no sólo denominaban el quechua norteño, sino además rápidamente lograron aprender el español y servir de interprete.
Uno de los que aseguran que los yungas no pudieron aprender el quechua, es nada menos que Cieza de León. Lo que sucedió en realidad, es que los mochicas y en especial los tallanes, no quisieron usar el quechua, símbolo de la opresión Inca.
El Padre Calancha, dice que el Chimú logró hacer tributaria toda la región comprendida desde Paita y Tumbes hasta Paramonga e introducir su lengua natural que se hablaba en Trujillo, y que era el quingnam, la que se generalizó entre los valles de Pacasmayo hasta Lima. Los demás valles norteños hasta Motupe hablaban el muchic, aún cuando eso escribía Calancha en 1650, había otra hablada en la zona de Olmos y siempre según el mismo cronista, también el Sec. Al idioma llamado “la pescadora” lo calificaba de bárbaro, desabrido y gutural.
Contemporáneamente con el Padre Calancha,
el P. Fernando de
El Obispo de Trujillo, Martínez Compañón y Bujanda, al hacer una relación de lenguas y dialectos de su diócesis y un vocabulario breve de los mismos, menciona al Culli que se hablaba en Huamachuco y otro dialecto en Sechura, que posiblemente fue el Sec.
En 1864, Spruce hace una recolección de 37 palabras de la lengua de los tallanes. Luego en 1892 el arqueólogo e historiador Ernest Middendorf, se traslada a Eten, puerto en donde aún se hablaba Muchic, hizo un estudio más científico de esta lengua. Muy de lamentar fue la perdida de los cilindros de cera en los que Bruning grabó numerosas palabras mochicas.
En 1944 el chiclayano Jorge Cevallos
Quiñónez, realizó otro estudio, logró reunir 1504 voces de los idiomas de la
costa norte, basado en los trabajos de
La extinta arqueóloga piurana Josefina Ramos Cox, puso esfuerzo y dedicación en el estudio de la lengua de los tallanes, habiendo publicado en 1943 la obra: “Las lengua en la región Tallanca”.
Parece que el Sec, tenía además una característica fonética muy especial. Se expresaba con una especie d canto, que aún ha quedado en la “fabla” de los piuranos, lo cual los hace inconfundibles en el resto del Perú.
Es decir que le Sec, no murió del todo, ya que su entonación fonética se trasladó al castellano.
En los tiempos actuales, el escritor e historiador Carlos Robles Rázuri, ha sido un inquieto investigados de la antigua lengua tallán.
Sólo unos cuantos toponímicos parecen ser los rastros del antiguo Sec, como Casaraná, Pelingará, Huangalá, Narihualá, Cocongorá, Mocará, Chapairá, Tacalá, Virrilá, Tangarará, Puyuntalá, Simbilá, Huaypirá.
¿Cuánto tardó el pueblo Tallán para crear su lengua propia?.
Eso no es cuestión de unos cuantos años. Crear una lengua es un proceso de siglos y si logra hacerlo resistiendo influencias extrañas, habrán que admitir entonces que ese pueblo ha sido de una cultura propia.
Es decir, que el desierto marcó para el pueblo tallán una frontera en todo orden de cosas. Al ser incorporados primero por el Gran Chimú y más tarde por los Incas a sus respectivos imperios no logrados sin embrago asimilar a ese pueblo tan amante de su independencia. Fue necesario sólo que llegaran los españoles, para que el nuevo idioma se impusiera dentro de ese proceso general de transculturación.
Alfredo Torero, en “Deslindes Lingüísticos en
Expresa que bajo el genérico nombre de SEC se ha tratado de involucrar a
todas las lenguas de la costa piurana, pero que habría que notar tres
diferencias idiomáticas muy marcadas entre los lenguajes de los indígenas de
Colán-Paita, Catacaos y Sechura. Entre los dos primeros habían notables afinidades, pero muchas
diferencias en canto al último.
El dialecto Sec que se hablaba en Colán, era el que usaban también los indios de Paita, Pariñas y demás pueblos del
vallo del Chira.
El dialecto Sec que se hablaba en Catacaos, era
también el que se hablaba en la región del Alto Piura, aunque con ciertas
variaciones por haber sido zona Vicús.
En cuanto al dialecto Sec de Sechura, se hablaba con
alguna inflexiones y eso se debe a que los olmanos eran originarios de Sechura.
Muchos siglos antes, grupos de sechuranos habían cruzado el desierto y se
ubicaron en O1mos donde se dedicaron a la agricultura y al arrieraje.
Dice Torero que estudios hechos con el Sec, han
permitido establecer las diferencias entre los diferentes grupos
lingüísticos, y también con el Mochica y el quechua. Damos a continuación
un resumen:
-
Colán con Quechua, de 35 voces, es común sólo 1, lo que da 2.86 % de
afinidad.
-
Colán con Mochica, de 33 voces, es común sólo 1, lo que da 3.03 % de
afinidad.
-
Colán con Sechura, de 34 voces, es común sólo 10, lo que da 29.41 % de
afinidad.
-
Colán con Catacaos, de 30 voces, es común sólo 26, lo que da 86.67 % de
afinidad.
-
Catacaos con Quechua, de 32 voces, no hay ninguna común, no hay
afinidad.
-
Catacaos con Mochica, de 32 voces, son comunes 1, lo que da 3.13 % de
afinidad.
-
Catacaos con Sechura, de 31 voces, son comunes 10, lo que da 32.26 % de
afinidad.
-
Sechura con Quechua, de 36 voces, no hay ninguna común.
-
Sechura con Mochica, de 36 voces, no hay ninguna común.
Esto muestra que el dialecto de Sechura, tiene
bastantes diferencias con el de Catacaos
no obstante su cercanía; y un poco más de diferenciación con el Sec de
Colán. Pero esto no se debe a una influencia
lingüística con el Muchic, pues ni con esa lengua ni con el quechua
tiene afinidad alguna. Es pues una especie de isla idiomática.
El
quechua, nunca se enraizó entre los tallanes. Doscientos años después de
Voces Tallanes.
El escritor cataquense Jacobo Cruz Villegas, ha
reproducido un buen número de voces tal1anes que había conservado el Dr. Manuel
Yarlequé Espinosa en el siglo pasado. Se refiere a toponímicos y patronímicos
que a un subsisten pero castellanizados. Se da también su significado.
Voces referentes a pueblos:
Catac ccaos (Catacaos).- Llano grande y exuberante.
Ñari Hualác (Narigualá).- Ojo grande que avisora
lejanía.-Fundador
2da dinastía.
Hualac o Walac
Dios tallán del valle del Piura.
Tangar-Arac (Tangarará).- Pantano Fluvial con peces.
Mocca-Arac .- Arquero certero, infalible.
Shimbi-Alac (Simbilá).- Curaca de trenzas largas.
Viccacac-Arac (Vicacará).-Casona con penas
diabólicas.
Tampu Leroc (Tambolero blanco).- Tambo para viajeros
dinásticos. Tampu Ccomer (Alto de Chiclayito).- Tambo verde.
Peña Alac (Peñalá).- Joven curaca rebelde.
Muño Alac (Muñuela).- Curaca experto en arco y
flecha.
Puyuntu Alac (Puyuntalá).- Curaca partero.
Tingu (Tingo).- Alfarero.
Shima Achec ( Simache).- Orfebre.
Marcac Huilca (Marcavelica).- Bohemio, cantor.
Cusuc Cusuc ( Cusucuso).- Araña de muerte.
Macca Arac (Macará).- Curaca, hija de curaca.
Tum Pish (Tumbes).- Suelo plateado, rey de la
cólera.
Todas estas
voces corresponden a la segunda dinastía.
Hay que hacer notar que algunas significaciones no
corresponden a la realidad geográfica o a la realidad histórica. Así tenemos
que los tallanes no usaban arcos, ni flechas. Ningún cronista se refiere a eso,
ni en los ceramios se representan. En cambio los indios de la isla Puná si eran
buenos arqueros. Los tumbesinos le dan otra etimología a la palabra Tumbes o
Tumpiz e incluso hay una leyenda de personajes mitológicos con ese nombre. La
voz Macará, también denomina una población fronteriza de Ecuador.
Son voces propias de la 1ra dinastía:
Poechío (Poechos).- Jefe de guerreros.
Chapac Yurac (Chapairá).- Espía blanco.
Chalac Alac
(Chalacalá).- Camisa corta.
Pucusuc Alac (Pucusulá).- Poncho corto.
Huangash Alac (Huangalá).- Bajada al río.
Pelingu Arac (Pelingará).- Piedras que lloran.
Congosh
Arac (Congorá).- Valle seco.
Yapater Arac (Yapatera).- Nube negra.
Paqcha
(Paccha).- Lluvia a chorros (quechua).
Amoctaje o Moctaje (Amotape).- Consejero anciano.
Coscomba (Coscomba).- Camino real.
Cuccung Arac (Cucungará).- Sembradores de camote.
Chatu (Chato).- Nariz corta, colina mocha.
Shas (Chaz).- Claridad nocturna, tumba de nobles.
Shinchao (Sinchao).- Soldado (quechua).
Cashano (Casano).- Tronco viejo.
Casharác Anac (Casaraná).- Colca de maíz.
Cumbir Arac (Cumbivira).- Casa quemada.
Yupic Atac (Yupita).- Redondo (hombre).
Tacac Arac (Tacalá).- Represa.
Beccac Arac (Becará).- Gordo simplón.
Chacquir Arac (Chaquira).- Collar de colores.
Letir Arac (Letira).- Racimo de frutas sabrosas.
Vic Cush (Vicús).-
Llic Qur (Llicuar).- Pintor.
Lengash .- Río
(río Piura)
Parics Añac (Pariñas).- Caverna, escondite.
Mincha Alec (Minchales).- Goma negra.
Voces
tallanes que corresponden a personas y o parcialidades, son en cuanto a la
primera dinastía que mitológicamente se atribuye fue fundada por Mec-Non, son
las siguientes:
Mec-Non (Menón).- Pájaro errante, gritón.
Yarlec Aquec (Yarlequé).- Burlón, guapo (Parcialidad
Menón).
Shusllón (Sullón).- Árbol frondoso (Parcialidad
Menón).
Tinmac Anac (Timaná).- Botija (Parcia1idad Menón).
Adanac Aquec (Adanaqué).- Codicioso y débil (Parc. Menón).
Tacllán (Tallán).- Diestro en el manejo de la
taclla.
Mecchatu (Mechato).- Bailón y comelón (Parc.
Mechato).
Cheroc Aquec (Chiroque).- Cantor ( Parc. Mechato).
Sirlu Apuc (Sirlupú).- (Parc. Mechato).
Yesquen (Yesquén).- ( Parc. Mechato).
Yamunc Aquec (Yamunaqué).- Mandón, grosero (
Parc.Menón).
Pash Achec (Pasache).- Sobrio, calculador (Parc.
Mecache).
Cheroc (Chero).- Sediento ( Parc. Narihualá).
Laluc Apuc (Lalupú).- Obstentoso, trabajador (Parc.
Narihualá).
Pulac Achec (Pulache).- Mañoso, precavido (Parc.
Narihualá).
Sococ- Alac (Socola).- Esposa leal (Parc.
Narihualá).
Mecca-Amo (Mecamo).- Irrigación.
Ancaj-Jimac (Ancajima).- Gavilán negro (Parc.
Mécamo).
Ipanc-Aquec (Ipanaqué).- (Parc. Mécamo).
Icanc -Aquec (Icanaqué).- Mensajero veloz (Parc.
Marcavel).
Maccac- Apuc (Marcalupú).- Intrépido ( Parc.
Mecache).
Nac Aquichec (Naquiche).- Arriero, caminate (Parc.
Marcavel).
Payco (Paico).- (Parc. Marcavel).
En las voces que se expresan, se ha considerado como
de origen tallán, la propia expresión “Tallán” pero resulta que en realidad es
voz quechua que significa hombre echado de vientre, lo cual
después de todo era la forma corno los tallanes
trabajaban su alfarería. Tampoco puede ser la definición de la voz tallán:
diestros en manejo de taclla, por cuanto la taclla era un arado que los incas
utilizaban en todo el imperio y también taclla es voz quechua.
Son voces correspondientes a la segunda dinastía:
Colpac hual (Colpagua).- Rey del desierto.
Cul Upuc (Colupú).- Guardián.
Changanc Aquec (Changanaqué).- Adulón ( Muññu-A1ac).
Rummi Achec (Rumiche), Cargador de litera (de
Muññu-Alac o Muñuela).
Meccac
Achec (Mecache).- Santulón.
Namuc
Achec (Namuche).- Poeta
(Parc. Mecache).
Chanduc Uvic (Chanduví).- Charlatan (Parc. Mecache).
Lupuc Achec (Lupuche).- Consejero (Parc. Mecache).
Puycon (Poicón).- (De los Naylamps pasó a los
Amojtape).
Mec Len (Melén).- Agua mansa.
Lacchir Arac (Lachira).- Gran nadador.
El Sec, la antigua lengua de los tallanes, tenia
variantes en el departamento de Piura según las localidades. Muchas voces eran
de igual pronunciación fonética, pero otros se daban completamente diferentes. Sin
embargo no se pueden hablar de dialectos dentro de la lengua tallán. Lo que
indudablemente era común, y que aún persiste y hace inconfundible a los
piuranos de ahora, esa dulce entonación con que se habla, ese especie de canto
o dejo, que motiva en otros lugares tantas bromas, pero que también constituye
una especie de sello de la piuranidad.
En Colán, Sechura y Catacaos, se producían esas
variantes en el Sec y el Obispo de Trujillo , Martínez de Compañón, cuando hizo
en el siglo XVIII una visita al departamento de Piura, tomó interesantes
apuntes, los mismos que se reproducen en “Historia de Sullana” de
Miguel Seminario, el que a su vez las obtuvo del Doctor Miguel Maticorena
Estrada, historiador e investigador piurano.
Castellano Sechura Colán Catacaos.
Hombre. Succla. Yatadlam. Ascat.
Mujer. Cuctum Pim Pichim.
Corazón Chimsupunma Ñessinim Ñieseñichim.
Carne Colt Carne Ccol.
Hueso. Ruño Oladla-piram Lalapechen.
Padre. Jaáchi. Mam. Pateri.
Madre Ñiña Nun Nichim.
Hijo. Ñosni Hicum Icuchim.
Hija Ñosni Hicu Icuchim Capuc
Hermano. Sicanni Puam Puachim.
Hermana. Bapueni Purum Pu uchim.
Comer Unue Agua Aguachim.
Beber Tutuc Gum Conecuc.
Reir Basur Chanor Chanac.
Llorar Nic Nar Ñaracnaquitutin
Morir Lactuc Dlacati Locatu.
Gozo Otmuc Chagasin Gozo.
Dolor Punuc Masic Masic.
Muerte Lactuono Dlacati Inataclacatu
Cielo Chuchucyor Cutucnap Cielo.
Sol Yoro Turinap Nap
Luna Ñangru Nag Nam.
Estrellas Chup
Chup Chupu chup
Fuego Norot Huyur Guanararac
Viento Fic Culat nap Vic
Pájaro Yaibab Yaiau Yeya
Tierra Loct Dlurum Durum.
Árbol Nusucha Chiguasam
Tronco Fucú Tucuram Tuccicas.
Rama Rama Yabitiram Yabique.
Flor Alhuaca.
Yerba Unntocol Aguacol Taguacol.
Agua Tutu Yup Yup
Mar Rora Amum Amaum.
Río Tutuf Yup Yuru-yup
Olas Caph Llamas
Lluvia Purir Nug Guayaquinum
Pez Yum Llas Llac.
Como cualquiera puede apreciar, ni uno solo de los
vocab1os que acabamos de mencionar ha perdurado en los tres pueblos tallanes
Los antiguos piuranos, no siempre tuvieron los
mismos hábitos alimenticios. El desarrollo los fue cambiando.
Los primeros pobladores que no radicaron en forma
fija en un lugar, fueron pescadores en la costa y cazadores, más el interior.
En ambos casos también fueron recolectores.
En la actividad pesquera parece que tuvieron desde
el principio avanzados conocimientos; lo que se prueban con restos de antiquísimas redes que se han encontrado
en Sechura y en el Bajo Chira.
También los restos de conchales en Tumbes y en la
costa de Piura, prueban que las ostras fueron uno de sus alimentos preferidos.
En el interior se lograban alimentos mediante la
caza del venado y del sajino, y se aprovechaban vegetales, como frutas y otros,
por el simple sistema de recolección.
Los primitivos piuranos llegaron a conocer el fuego
desde el principio. Los alimentos eran asados. Pero el pescado se comía crudo o
semi-crudo
En la etapa pre-agrícola, sus primeros alimentos
logrados por su esfuerzo fueron los pallares y las calabazas.
Con el tiempo y el avance de la agricultura, la
alimentación de los tallanes fue diversificándose.
El comer pescado semi-crudo perduró con el tiempo y
don Antonio de Ulloa en 1772 hacía resaltar que en la costa de los yungas se
comía el pescado crudo. En realidad eso no debe mayormente llamarnos la
atención, por que el cebiche que en la actualidad es un palto preferido por los
peruanos de la costa, es también pescado semi-crudo.
El arqueólogo e historiador alemán Horkheimer y
Engel, estudiaron el régimen alimenticio de los yungas, desde 5.000 años antes
de Cristo.
Según Engel, por el año 5.000 el alimento de los
habitantes de la costa – comprendidos en ellos a los piuranos – fueron el
pescado, los mariscos, el lobo de mar, el pallar y la calabaza. Eso era en la
época Pre-cerámica, de la agricultura incipiente, de pueblos también cazadores
y nómades.
Por más de dos mil años no hubo casi momificación en
los hábitos alimenticios de nuestros antepasados, pero a los alimentos
anteriores agregaron el maíz y el zapallo. Si bien en hábitos alimenticios el
progreso fue lentísimo para los hombres que vivían cerca del mar, eso no
significa que en términos de cultura no hubieran avanzado pues se iniciaron en
las técnicas del tejido, de la metalurgia, y en lo que se puede denominar la
pre-alfarería.
Por el año
Quinientos años más tarde, ya la comida de los
primitivos piuranos era bastante variada, pues se había incorporado la yuca y
el camote. También algunas aves.
Posteriormente, es decir durante el desarrollo
cultural y dominio o influencia, Mochica, Chimú o Inca, se agregaron la carne
de llama y el cuy como alimento, así como muchas leguminosas.
Los tallanes y los yungas en general,
industrializaron el pescado, para lo cual lo salaban, o ahumaban y lo secaban
al sol. De esa forma podían comercializarlo con los pueblos del interior. Para
tal fin se aprovecharon salinas existentes cerca de Paita que Juan Salinas de Loyola, en
Cieza de León, en “
Como es lógico suponer, la bebida del pueblo tallán
fue la chica de maíz, que se consumía en gran cantidad. Este hecho, lo menciona
el Cronista manifestando que siempre estaban con un vaso en la mano. Pizarro
fue convidado con Chicha por
Los yungas adoptaban para comer una posición muy incomoda pero a la que se habían acostumbrado. Se sentaban en el suelo, con las piernas dobladas, y juntas y las rodillas a la altura de la barbilla. Esta costumbre subsiste entre los campesinos mexicanos.
Algunos utilizaban un banquillo, toscamente
fabricado de madera, de patas cortas. Usaban, como aún se ve en lo hogares campesinos,
batanes de madera, en donde reducían a polvo el maíz que utilizaban para hacer
pan. Las ollas eran de barro cosido sin mayores adornos o motivos ornamentales.
El maíz para consumo era tostado en callanas de barro agujeradas. Los platos
eran también de barro cocido o de poto. Algunas de madera.
Las comidas eran muy picantes, pues hacían mucho uso del ají.
Los caciques eran muy dados a las fiestas y a comer
con muchas personas, consumían grandes cantidades de chicha.
Los tallanes eran gente muy hospitalaria y a todo
extranjero agasajaban e invitaban a comer. Sólo la conducta abusiva de los
españoles les hizo cambiar.
Ganados y Animales Domésticos.
El cronista Cieza de León, refiriéndose a Piura,
manifiesta: “solía haber gran cantidad de ganado que llaman ovejas del Perú, en
este tiempo hay muy pocas, por la priesa (sic), que los españoles les han
dado”.
Se refiere al
Cronista a las llamas. Estos
aninales no obstante que prefieren los climas fríos y de altura, se aclimataron
en la costa, cuando fueron traídos por los incas conquistadores.
Cuando los españoles desembarcaron en Tumbes,
observaron rebaños enteros de llamas que llegaban cargadas con mercancía.
Los españoles les dieron muy mal trato, cargándolas con pesos
excesivos y haciéndolas sacrificar para aprovechar su carne y su lana.
El mismismo cronista, dice que en las casan de los
indios tallanes “se ven muchos perros diferentes de la casta
de España, del tamaño de gozques, a quienes llaman chonos. Crían también muchos
patos”.
Los gozques eran perro pequeños de los labriegos
españoles. Parecen que la cría de patos estaba muy extendida en el suelo tallán
y se le tenían en gran aprecio. Cuando Pizarro recibió a una embajada de
personajes que en San Miguel lo saludaron en nombre, del Inca, como parte de
los regalos que le hicieron le obsequiaron dos patos secos. Habían perros sin
pelambre de los llamados viringos.
El cronista Oviedo, dice que desde Tumbes hacia
abajo hay bastante ganado auquénido, muchas clases de patos y que la cacería la
hacen con aves salvajes, venados, zorras y gatos de monte. También cazaban
cóndores que desde los Andes bajaban a la costa para atacar a los lobos
marinos.
Cieza afirma que en la sierra, desde la región de
los Cañaris, no sólo habían llamas, sino también guanacos y vicuñas.
El mismo cronista menciona la existencia de puercos
pecarís cuya carne ponderaba. Se refería sin duda alguna a los sajinos.
Habían unas especies de pavas domésticas, de las que
una era un poco más grande que un pato y la llamaban zuta y otra
parecida a los gallos y la llamaban maca. Posiblemente era la aliblanca especie
casi extinguida que existe aún en
En los campos vivían muchas perdices y tórtolas.
Habían ratones pero no ratas.
Los Cronistas
españoles nos han dejado muchas referencias con relación al vestido de los
tallanes, cuando recién llegaron los conquistadores.
Cieza de León, al referirse a los tallanes, dice:
“Andaban vestidos con sus mantas y camisetas y traían en la cabeza puestos sus
ornamentos, que era cierta manera redonda, que se ponían hecha de lana, y alguna
de oro y plata o de unas cuentas muy menudas que ya tengo dicho llamares
chaquiras”. Luego dice: “Las ropas para
su vestir son hechas de algodón que cogen por el valle lo que para ello han
menester”.
Al
referirse a la sierra piurana, dice el Cronista que antes de ser conquistados
por los incas andaban desnudos, pero que al momento del arribo de los
españoles, “usaba ropa de lana de sus ganados, que es fina y muy buena para
ello”. Luego vuelve a recalcar que “Sus ropas son de lana de estas ovejas (las
llamas) y de vicuñas, que es mejor y más fina y de algunos guanacos que andan
por los altos y despoblados y los que no pueden tenerlas de lana, las hacen de
algodón”.
Oviedo dice de los yungas
que iban vestidos con camisetas sin mangas y hasta medio muslo y las mujeres
con camisas largas hasta el pie, muy anchas y
sin mangas y a manera de alba se las
ciñen y andan. Ellos y ellas llevan los cabellos cortados, excepto las personas
principales y sus mujeres que los llevan largos.
Pedro Pizarro al hacer el
relato de
Fray Reginaldo de Lazárraga, asegura que las
Capullanas debían su nombre al vestido que usaban, que era una especie de
capuz, con que se cubren de la garganta hasta los pies, ciñéndose la cintura
con bandas.
Zárate, relata que los tumbesinos vestían túnicas y
pequeños paños. Hombres y mujeres lucían muchas joyas de oro. Las mujeres
visten hábitos de algodón hasta los pies, a manera de lobas y los hombres traen
pañetes y unas túnicas hasta las rodillas y encima unas mantas. Todos visten
igual y la diferencia está en el tocado
de las gentes de cada pueblo, siendo lo común rodear la cabeza de cordones de
lana de distintos colores.
Gutiérrez de Santa Clara, hace un relato
completamente diferente y extraño, que parece no concordar con la realidad.
Dice que los yungas son groseros y sucios, andan desnudos, en cueros y apenas
usan de algunas manta muy delgada para cubrirse. Manifiesta que también las
mujeres andan desnudas y cuando más con unas pampanillas de lienzo delgado
cuando son casadas, pues las solteras a las que llaman “chinas” no se ponen
nada, traen los cabellos sueltos por la espalda, poniéndose un poco de
bermellón en la cara que se la pintan de mil modos.
El mismo cronista, contradiciendo lo que dicen
otros, asegura que los hombres usan cabellos largos al igual que las
mujeres, y los trenzan y atan a la
cabeza con cintas de diversos colores. Para depilarse usan unas
tenazuelas.
Gutiérrez de Santa Clara, tiene muy mala opinión de
las “chinas” costeñas. Dice que si se
lavasen podrían ofrecer un atractivo rostro. Es decir que en el
criterio occidental se afeaban con los afeites y coloretes que usaban.
Gonzáles Fernández de Oviedo, en su obra “Historia
General y Natural de las Indias”, cuenta lo que sigue: “En el río
que llaman de
Antonio Vásquez de Espinosa, en Compendio y
Descripción de las Indias Occidentales, escribía: “El traje de los indios de
loo llanos es ya todo españolado, y las indias se visten un saco grande de
algodón negro, y las grandes o cacicas, les arrastra una vara de cola como
canónigos de Sevilla o Toledo, y cuento más grande, más cola, por que tienen
puesta en aquello su autoridad”.
Como adornos, usaban collares de chaquiras y
brazales. Aretes y unos discos metálicos que les agrandaban las orejas al igual que los orejones cuzqueños. También usaban – al menos la gente principal – narigueras, pues
se han encontrado varias que tienen la forma de media luna, siendo unas de
cobres y otras de oro. Los vestidos los adornaban con lentejuelas de cobre o
con bordados de lana.
Los rebozos con que se cubrían la cabeza
que todos los cronistas mencionan, también son representadas en los ceramios
tanto de Vicús como los hallados en otros lugares del departamento. Eran
verdaderas turbantes, y a los españoles
les llamó mucho la atención ver eso cuando desembarcaron en Tumbes, trayéndoles
al recuerdo, esa prenda que usaban los
moros, que eran también de color un tanto oscuro como los tumbesinos.
Como se puede comprobar, el llamar “chinas” a las
indígenas sobre todo a las jóvenes, no es algo reciente, ni tampoco a causa de
lo rasgado que pueden tener sus ojos, dándoles un aire un poco oriental, sino
que fueron los propios indios los que la denominaron así, tal como lo cuenta
Gutiérrez de Santa Clara.
La expresión “china” es castellanizada, y
otra tiene que haber sido la expresión tallán.
Posiblemente se trate de dos voces shi-na. En el lenguaje la raíz shi aparece
con mucha frecuencia. Shi se denomina por ejemplo a
En excavaciones que se han hecho en diversos lugares
del Perú, pero sobre todo en el territorio tallán, se han encontrado primorosos
collares confeccionados con pequeñas cuentas de color rojo, coral, rosado y
blanco, al que llaman chaquiras.
La confección de collares y pulseras de chaquiras
fue una de las principales actividades de los tallanes. Como materia prima
utilizaban una caracola llamada Spondylus o Mullu de las que habían varias
variedades. Se trata de una concha grande que vivía en las profundidades de las
aguas cálidas de la costa norte a partir del litoral ecuatoriano, generalmente
pegada a las rocas. También en Punta Pariñas en la actual provincia de Talara
había un banco. Expertos buceadores, las arrancaban de las rocas y los cambios
bruscos de presión, actuaba negativamente sobre su salud, pero los tallanes los
consideraban personajes meritorios.
Los Spondylus triturados era conocido como Mullu.
Esta labor eran realizadas por las mujeres tallanes en batanes y con grandes
piedras de moler, como las que se usaban en los hogares piuranos hasta mediados
del mil novecientos. Tanto el Mullu como las chaquiras eran también utilizadas
en ceremonias del culto.
El cronista Sarmiento de Gamboa, decía: “Las conchas
coloradas que estos naturales estimaban entonces más que la plata y el oro”.
Las conchas tenían unas protuberancias o espinas que era las que utilizaban
para hacer las chaquiras. Los Chimús y los Incas utilizaron las conchas
Spondylus, para hacer incrustaciones en sus joyas. El hecho de haber sido
utilizadas como adorno y para ritos religiosos y funerarios en todo el Imperio,
da una medida del intenso comercio marítimo desarrollado por los tallanes que
fueron los que trajeron esas conchas, desde tiempos inmemoriales. Fue en esas
primeras épocas, cuando posiblemente los tallanes hacían sacrificios humanos,
que se usaron estas caracolas.
Una variedad de estas caracolas fue el Strombus
Galeatus que se traía de Colombia y se usaban en todo el Imperio de los Incas
como trompeta de guerra para dar avisos. Era el pututu, que usaron también los
tallanes pero que los Incas más tarde se lo prohibieron. Los Incas y también
los sacerdotes del Cuzco, comían la carne de los Spondylus, sobre todo en las
grandes fiestas o en ceremonias del culto. Por el sistema de chaquis, y
guardados en depósitos especiales, las caracolas llegan vivas al Cuzco.
Al Mullu lo usaban para espolvorear la ruta que iba a
seguir el Sumo Sacerdote para ir al altar o para cubrir el recorrido del Inca
para llegar al sitio de honor. A los Spondylus en su forma natural, o molidos
bajo la forma de Mullu, se les suponían poderes sobrenaturales, capaces de
producir lluvia, evitar sequías, curar enfermedades y hasta ser útiles después
de muerto, porque en muchas tumbas han sido encontrados. Entre el pueblo, se
usaban trozos de Mullu como amuletos. En el Imperio se conocía a estas conchas
como Hijas del Mar.
Sobre los intercambios de mercaderías que se hacia
entre los tallanes y los pescadores del litoral ecuatoriano, el cronista
Fernández de Oviedo, dice: “Por el Spondylus dan todo el oro, la plata y la
ropa que traen de rescate como objeto importante de comercio”. Los poseedores de
Spondylus, chaquiras y Mullu, eran considerados como ricos.
De tanto ser utilizados para facilitar el trueque
llegaron a convertirse en una especie de moneda, y por lo tanto su tenencia
daba poder económico.
Los tallanes sin duda alguna aplicaban sanciones,
por los delitos de homicidio, adulterio, robo, holgazanería, sacrilegio y
desacato a la autoridad de los caciques.
Fue durante el dominio de los Incas, cuando se dictaron una serie de ordenes y leyes, cuya violación daba motivo a castigos muy rigurosos.
Oviedo, narra que en la costa de Guayaquil habitada por los Huancavilcas y en Tumbes, habían gran cantidad de indios e indias, sin los tres dientes incisivos tanto de la mandíbula inferior como superior, lo cual era un castigo del Inca Huayna Capac, por haberse sublevado. El cronista Zárate dice lo mismo, expresando que: “frente a la isla Puná habían unos pueblos que por cierto enojo que hicieron al Señor del Perú, les dio por pena que se sacasen los dientes de la mejilla alta, y así hasta el día de hoy, hombres y mujeres andan desdentados”.
En cambio Cieza de León, asegura que era una especie de ofrenda a los dioses el sacarse esos diente y que los padres se los estrían hasta a los niños.
Los incas
introdujeron en la región tallán una justicia muy expeditiva y rígida. Los
curacas que hacían de gobernadores o sea representantes del Inca, eran los
encargados de administrar justicia. El reo concurría ante el curaca, los mismo que
los testigos y a viva voz se hacían los cargos y descargos. En un mismo acto se
juzgaba y sentenciaban, cumpliéndose la sentencia en forma inmediata.
Aun cuando había centros de detención, se usaban
sólo antes de la condena, pues no existía la cancelación como sanción. Los
delitos y faltas se castigaban con azotes y con la muerte. Esta se aplicaba de
diferente manera según la magnitud del delito.
Se aplicaba la pena de muerte al homicida, ya sea
que lo hubiera hecho por robar, a traición o mediante hechizos. Particularmente
en el último caso, habían más rigor y hasta se extendía la sanción a la
familia, para borrar toda posibilidad de que algún familiar que supiera
hechicería pudiera practicarla. El hombre que mataba a su mujer adultera, no
era penado. Sólo se desterraba al que mataba a otro que había causado la
riña.
El que violaba a una escogida, también se le
condenaba a muerte y si
Los reincidentes en delitos de estupro, de corrupción
de menores, de alterar los linderos de las tierras,. En desobedecer los
mandatos de los curacas, en mentir y ser perjuros, también eran condenados a
muerte. Lo mismo le pasaba al mitimaes que se fugaba por tres veces del lugar a
donde habían sido confinados.
Con golpes de piedra en las espaldas o azotes eran
condenados los que por primera y segunda vez cometían delito que a tercera
reincidencia merecían la pena de muerte.
Cuando era un curaca el homicida y la victima un
simple súbdito, la pena sólo era golpes de piedra.
El adulterio entre el pueblo se castigaba con
azotes, pero cuando se practicaba entre un hombre del pueblo con la mujer de un
principal, la pena era de muerte.
Cuando se estupaba a la hija de un curaca o de un
noble, la pena era de muerte, pero si la victima era de la clase popular, el
delincuente sólo sufría pena de azotes.
Durante el Imperio de los Incas, en la tierra de los
tallanes no habían siestas, pues al que sorprendían durmiendo de día lo
azotaban.
El hombre deshonesto con mujeres soltera eran
severísimamente castigado y si reincidía, se le condenaba a muerte.
Se castigaba severamente
Los antiguos peruanos, sobre todo los que vivieron
cerca al mar, tuvieron en las conchas, mariscos y peces su principal
alimentación.
Eso los convirtió en pueblos de pescadores, desde
los tiempos remotos, aun antes de conocer la agricultura.
Con el correr de los tiempos y aun cuando fue
progresando en cultura y diversificando si alimentación, el antiguo poblador de
Piura, nunca dejó el mar y más bien se convirtió en un dominador de todos sus
secretos.
Illescas fue un pueblo de pescadores en su
asentamiento, cuando aún no conocían la cerámica. León Kostritsky en su obra
“Hallazgos Arqueológicos que demuestran la existencia de un antiguo pueblo pescador”
editada en Lima en 1955, habla de una extensa y sorprendente ciudad
arqueológica, situada en la parte occidental de la península de Illescas. En
este lugar se han encontrado restos de redes y tejidos, pero no de arcilla. Las
redes son de dos clases; unas que tienen la malla asegurada por nudos fijos y
otras con enlaces corredizos. Las redes estaban teñidas de diversos colores,
siendo asombrosos que ni el agua del mar, ni el tiempo, los haya
desvanecido.
Federico Engel, en “Algunos datos con referencia a
los sitios Pre-Cerámicos de
Con el correr del tiempo, aparece el anzuelo de
hueso o de madera dura, lo mismo que los arpones y las balsas. El aporte de
nuevos inmigrantes llegados por mar al suelo piurano, no sólo contribuyó a crear
un hombre nuevo con rasgos étnicos muy propios que fue el tallán, sino que
también sumó sus conocimientos sobre la pesca y el arte de la navegación, a los
que ya habían logrado los antiguos residentes.
La importancia del mar entre la gente de la costa,
comprendida Piura, en ella, se puede apreciar que en el hecho de que fue
deidificado y se le llamó Ni.
Pero hay que advertir, que para la pesca, los
tallanes utilizaron posteriormente balsas pequeñas, con las que penetraban sin
embargo profundamente en el mar, dejando las grandes para la navegación.
En 1528 al finalizar Pizarro su segundo viaje,
recorrió por primera vez la costa peruana hasta Santa, y por todas partes
encontró que de los pueblos le salían a recibir gran número de balseros y lo
mismo los encontraba en el mar, entregados a las labores de pesca. Pizarro no
sólo bajó en la costa de Lambayeque para atender a la cordial invitación de
Cuando en el Siglo XVII en plena Colonia el corsario
inglés Dampier llegó a Payta, en 1683, pudo observar la pericia de los hombres
del puerto en la navegación y por eso años más tarde al escribir sus memorias,
diría: “los indios de Colán son todos pescadores. Pescan en el mar en embarcaciones
hechas con troncos de árbol”.
Los tallanes no sólo pescaron para su propia
alimentación, sino también para industrializar el pecado y para comerciar con
él.
El pescado que no utilizaban, lo salaban, secaban y
ahumaban. De esa forma podían enviarlo a la sierra del Ecuador y del resto del
Perú. Es decir, que la pericia que ahora tiene para conservar el pescado, data
de milenios.
Luis Valcárcel, en “Historia del Perú Antiguo”,
asegura que de acuerdo a la leyenda de Viracocha, éste al llegar al mar, enseñó
a los pueblos de Paita, Tumbes,
Pero el mar no sólo les dio alimento bajo la forma de peces y animales marinos como los lobos de mar, o de mariscos; sino que también los proveyó de abundantes perlas. Los indios conservaron como un gran secreto el lugar de los asientos perleros y con el tiempo al morir ellos, se fue perdiendo noticias de su ubicación. Habían muchas perlas en Panamá, Ecuador y la costa de Piura- Tumbes.
Inca Yupanqui, al llegar al territorio tallán pudo comprobar la gran abundancia de perlas que se extraían del litoral, pero prohibió su pesca por que los hombres tenían que zambullirse, con gran riesgo de su vida y enfrentar a peligrosos animales del océano que los atacaban, como los tiburones, las tintoreras y la mantas. Los españoles restablecieron la industria de la extracción de perlas y la explotación del nacar, pero en lugar de indios utilizaron a los negros que eran mejor nadadores y zambullidores que los blancos. Juan Salinas de Loyola, en las últimas décadas del siglo XVI se refiere a estos ricos bancos de perlas. Los cronistas Cobo y Acosta a su vez hacen conocer el peligro que enfrentaban los negros al sumergirse en el mar, en donde gigantescas mantas los comprimían contra las roca o contra el fondo. Muchas veces, se producían una gran tragedia debajo de las aguas, cuando el negro nadador hacía frente a las mantas cuchillo en mano y a veces resultaba ganador.
Dice Juan Salinas de Loyola, “hánse hallado muchas señales de que las costas - de Cabo Blanco, Puná, Tumbes, Punta Aguja y Paita – de haber habido pesquerías de perlas, lo cual han tenido ocultando los naturales después que los españoles entraron en la tierra y no se han podido saber ciertamente y las muestran han sido en las huacas y enterramientos que se han descubierto, haber hallado mucha cantidad de perlas de muchos grandor y riqueza”.
La navegación supone el uso y construcción de embarcaciones.
Se inicia con la balsa, pero hay que suponer que ésta no aparece en forma
brusca en el panorama histórico de la costa tallán.
Nos referimos a la costa tallán en particular y no a
toda la región yunga, por que ha sido en Piura, Tumbe y Ecuador, en donde la
navegación pre-incaica alcanzó el más alto grado de desarrollo.
En la etapa pre-cerámica, la relación del hombre con el mar, fue la de un simple recolector. Sin necesidad de penetrar en el mar, este le arrojaba a la playa conchas y mariscos, o peces de los llamados de peña. Lo que ha constituido un misterio es que esos restos de conchales muy antiguos se han encontrado también trozos de lobos marinos, que han servido de alimento a los hombres primitivos del departamento.
El hombre fue primero
pescador y más tarde navegante. También aprendió a nadar y a zambullirse. Tanto
el río Guayas, como el Tumbes y el Chira, arrastran hacia el mar, numerosos
trocos de árboles en los tiempos de grandes avenidas. Esos troncos son como
inmensos flotadores y resultaron sin duda alguna una invitación para el hombre
primitivo que los veía cruzar desde las playas o en las bocanas de los ríos. Se
tuvo que acercar a ellos y luego trepar y avanzar a horcajadas, avanzando bajo
el ímpetu de la corriente, comprobando que no se hundían bajo el peso. Es así
como tienen que haberse iniciado en el arte de navegar, sobre un solo tronco.
Lo que al principio fue un acto fruto de la casualidad, con el tiempo se
convirtió en intencional y se libró a los árboles de las ramas que frenaban su
avance, dejando sólo e tronco. También por acción casual tienen que haber
observado cuando a veces se juntaban varios troncos y la conveniencia que así
fuera, surgiendo la idea de amarrarlos, naciendo de esa manera la balsa de sólo
dos troncos, sobre los cuales el tripulante podía ir precariamente sentado, y
no cabalgando.
Pero, aun cuando lo
predominante fue el uso de troncos, para hacer balsas, no se descarta, el
empleo del junco para balsas destinadas a la pesca. Es decir, que no sólo los
mochicas utilizaron ese medio de navegación, sino también los tallanes. Por eso
el cronista Oviedo dice: “Las balsas se
usan desde el río Chira, hasta la parte austral y son de juncos”.
En
Gutiérrez de Santa
Clara, el cronista que dice que los
yungas eran sucios y andaban
desnudos, al mencionar las balsas
expresa: “Los indios de Payta, de Puerto Viejo de Tumbes y de la isla Apuna
(sic), navegaban haciendo uso de unas balsas de madera liviana y seca y de
cañas con unas velas latinas triangulares y timón en la popa; hacen uso de
ellas para pescar entrando mar afuera más de cuatro leguas con las velas
aprovechando el viento”. Agrega el cronista que era costumbre de los pescadores
arrancar los ojos de los primeros peces y comérselos en la creencia que si no
lo hacen, les faltará la pesca. La practicaban con redes largas, con arpones,
con varas tostadas y después del medio día aprovechando el viento contrario a
la marea, se vuelven a tierra con las velas tendidas. También cuenta la leyenda
de que Viracocha enseñó a pescar a los hombres de la costa.
El relato
anterior, muestra que los pueblos pescadores de
Piura, supieron aprovechar la fuerza del viento, de las
mareas y de las corrientes marinas, no sólo para penetrar mar adentro, sino
también para llegar a Panamá por el Norte y a Chan Chan por el Sur. Las grandes
balsas y las velas recién se usaron en tiempo de los tallanes.
El corsario Guillermo Dampier que estuvo en Paita en
1683, al escribir sus Memorias años más tarde, deja conocer su asombro por la
pericia marinera de los indios de Colán y de la forma como manejan sus balsas.
Dice Dampier, “Si la embarcación se usa para la
pesca, será solamente construida de tres o cuatro troncos de madera liviana, de
siete a ocho pies de largo, colocando unos cerca a los otros y ligados por medio de otros troncos colocados a través,
fuertemente atados con cuerdas de bejucos. Estos troncos están
dispuestos de tal manera que los del centro son más largos que los de
los lados, principalmente en la proa, formando así una punta para cortar mejor
el agua”. Construyen otras embarcaciones para transportar mercancías.
Están formadas por veinte o treinta
maderos de 20, 30 ó
“Entre las dos plataformas se acomoda el lastre de
piedras y de ese modo la balsa navega medio sumergida. El segundo piso de la
cámara está totalmente libre de la acción del agua y allí se ponen generalmente
alimentos que se pueden descomponer por la humedad. En la popa hay lugar para el
timonel y la cocina. De un gran mástil pende una vela de apreciable dimensión”.
Para Dampier, las balsas impulsadas por el viento de sur a norte, pueden ir a
Panamá pero no pueden regresar igual. Estas baleas pueden transportar
mercadería hasta por 70 toneladas. La narración de Dampier es reproducida por
Hermann Buse, en Época Prehistórica, , de Historia Marítima del Perú.
A despecho del avance tecnológico en la navegación,
hasta 1930 habían en Payta, Colán y Sechura, gran cantidad de balsillas. El
arqueólogo Bruning, estudió eso en el citado año y aseguraba que pescadores
sechuranos al igual que de Pimentel y San José iban hasta las islas de Lobos en
esas balsillas. De igual manera Clinton Edwards estudió las balsillas de Paita,
y de un serie de pequeños caseríos portuarios ubicados al sur. Dice Edwards que
los pecadores son gentes sumamente pobres que viven en condiciones
infra-humanas y en chozas miserables. Relata su dura vida llena de peligros y
como al atardecer van llegando en gran número las balsillas tripuladas por un
solo hombre. Luego manifiesta Edwards: “De pronto sin embargo, este ambiente del pasado es
roto, por la llegada bulliciosa de un camión de Sullana o Piura, para recoger
el pescado salado. Uno se ve obligado a recordar que a pesar de su apariencia
primitiva, esta pesca está destinada a la distribución moderna del
producto”.
Con
relación al número de tripulantes de la balsa que el piloto Ruiz avistó en el
segundo viaje de Pizarro, los cronistas no están de acuerdo, pero sí, de que habían algunas mujeres. Tampoco hay
unanimidad de criterio con relación a su procedencia. En base a
El Comercio entre los Tallanes.
A diferencia de otros pueblos de la costa, los
tallanes no sólo hicieron el comercio por tierra, sino que se aventuraron a
largas distancias en el mar.
Fueron los tallanes, los mejores marinos del Perú y
esa tradición se ha conservado en Sechura y Colán.
Mientras los tallanes fueron libres o estuvieron
subordinados al Gran Chimú, comerciaron con quien quisieron. Había lo que
podríamos llamar libre comercio. Pero cuando fueron sometidos a los incas, se
implantaron regulaciones.
Antes de incorporarse el pueblo tallán al Imperio
Inca, el comercio fue predominantemente marítimo, pero más tarde prosperó mucho
al arriaraje, cuando los incas introdujeron en gran escuela la llamas.
Cuando Candia desembarcó en Tumbes, se admiró que en
su mercado, hubiera tanto movimiento comercial y que tropillas de llamas
salieran e ingresaran cargadas de mercadería.
Los tallanes, más que con los pueblos del sur,
mantuvieron un intenso comercio marítimo con los pueblos de la costa
ecuatoriana, habiéndose aventurado con sus balsas no menos eximios marinos
ecuatorianos de la región de Mantas.
Los tallanes que eran grandes orfebres, necesitaban
oro para hacer sus primorosos trabajos de metal y eso lo conseguían en la costa
de Chocó y del interior, en el Imperio del Tahuantinsuyo. Las esmeraldas
también las solicitaban de Colombia. A cambio entregaban tejidos de lana, y
piezas hechas de oro y cobre. A los pobladores de la sierra llevaban pescado,
sal y ropa de algodón y en cambio recibían tejidos de lana.
Cuando recién se iniciaba la conquista del Perú y el
piloto Bartolomé Ruiz capturó en la travesía de Panamá a Tumbes una gran balsa
con vela, con capacidad para 30 toneladas de carga, tripulada por veinte
hombres, comprobó que en la carga habían muchas piezas primorosamente
confeccionadas en oro y plata para adorno personal, como diademas, coronas,
brazales, cintos, petos, cascabeles, sartas de cuentas, tazas y vasijas de fina
cerámica, mantas y ropa de algodón de diversos colores, con bellos bordados.
Todo eso era producto del trabajo del industrioso pueblo tumbesino. Merece
mención especial, ya que causó el asombro de los españoles, que entre la
mercadería encontrase pequeñas balanzas, de tipo romano, producto de la
inventiva tallán.
Cuando Bartolomé Ruiz capturó la balsa de
La balsa era de regular dimensiones, y construida
con grandes maderos livianos de fácil flotación amarrados unos con otros con
cuerdas de henequén. También tenían timón de dos mástiles. Los maderos se
amarraban con otro atravesado, y constituían dos cubiertas, de tal manera que la
mercancía no se malograba con el agua. Estas embarcaciones eran
insumergibles.
Cuando los españoles
vieron a lo lejos la vela, tuvieron gran pesar pues creyeron que otro europeo
se les había adelantado. Los indios, por su parte fueron presas de gran temor y
11 de ellos se lanzaron al agua, para huir.
De todos ellos, el piloto Ruiz
escogió a tres como los más vivaces para enseñarles el idioma español y que
sirvieran de intérpretes.
A los tres indios capturados se les dio nuevos nombres. Ellos fueron Francisquillo en homenaje a Pizarro, Fernandillo en recuerdo del Rey Fernando de Aragón y Felipillo. De acuerdo a esta versión el famoso Felipillo sería de Tumbes, pero los demás cronistas dan opiniones diversas de tal manera que no se conoce a ciencia cierta de donde fue tan enigmático como nefasto personaje. Lo cierto es que fue indio tallán, y como tal enemigo acérrimo de Atahualpa, al cual contribuyó a ajusticiar.
El cronista Cómara, dice que
Felipillo, fue de Poechos y en tal sentido hay una casi coincidencia con lo que
manifiesta Cieza de León que asegura era de la costa de Piura, y que tomado por
Pizarro cuando regresaba por mar de Santa a Panamá. Según otra versión, los caciques de Paita o de Tumbes,
le entregaron al conquistador dos muchachos a los que pusieron por nombre
Felipillo y Martinillo. También el cronista Zárate es de la opinión que
Felipillo es de la desembocadura del Chira.
En cambio Gutiérrez de
Santa Clara, dice que era de la isla Puná y Huamán Poma asegura que era de la
zona del Guayas o sea indio huancavilca.
Eugenio Savoy, demostró en
1969 que en una balsa de totora como las confeccionadas en la antigüedad por
los mochicas, se podía navegar de Salaverry hasta Panamá. En efecto, el 15 de
Abril partió de ese puerto y el 25 ya había llegado a Talara, arribando a
Panamá el 26 de Mayo.
Años antes Heyerdaht había cruzado con
El encuentro que tuviera el piloto español Bartolomé
Ruiz con la gran balsa tumbesina impulsada a vela, cargada de mercadería muy
diversa y valiosa y con tantos tripulantes, no sólo demuestra lo avanzado que
estaban los tallanes en lo relativo a la navegación, sino que también demuestra
la existencia de un comercio marítimo de importación y exportación bien
organizado. Por eso no sin razón se ha llamado a los tallanes, los fenicios de
América del Sur. El investigador alemán Uhle, expresaba que en la balsa, habían
una gran cantidad de conchas de color coral, lo que significaría que estaba de
regreso a Tumbes.
Fue por lo tanto el dominio de las rutas de
navegación, lo que impulsó a los tallanes a navegar hacia el Sur hasta las
costas del actual departamento de Lima y por el norte hasta Panamá. Un punto
donde llegaban con frecuencias eran las costas de Chocó en el extremo norte de
Colombia. Eso explica que Pizarro llegase a tener en Panamá noticias del rico
imperio de los incas, lo que era conocido entre los indios del istmo por los balseros
tallanes que legaban. El gran navegante e investigador Heyerdaht, asegura que
en tumbas antiguas de Arica se han encontrado conchas Spondylus ¿cómo llegaron
allí?
Son muchos los historiadores, que aseguran que las
grandes balsas se desarrollaron en tiempos de los tallanes, pero los habitantes
anteriores de la región que aún no se podían llamar tallanes, también eran muy
buenos marinos y en el Siglo II D.C. ya se aventuraban con balsas menores a
navegar por las costas de Ecuador.
Para lograr los fines de ese comercio de
exportación, habría que considerar que se tenía que cumplir con todo un proceso
de hechos económicos bastante complejos, pero perfectamente sincronizados. Ante
todo, los tallanes tenía que producir o lograr por trueque con otros lugares, los artículos que tuvieran
demanda en las poblaciones del litoral de Ecuador y Colombia. Luego el dueño de
la mercadería debía de conectarse con los balseros, para acordar todo lo
relativo al viaje y al pago de los servicios..
Hay que imaginar la serie de delicadas maniobras
para colocar la mercadería a bordo y asegurarla. Cabe suponer también que el
dueño de la mercadería o su representante, harían el riesgoso viaje para cuidar
el desembarco de la mercadería en el puerto de destino, y luego de su traslado
al mercado o donde los compradores, que bien podían estar en alguna región
interior. Como no existía la moneda, todo tuvo que hacerse por trueque. Por tal
motivo lo tallanes tenían que ser cuidadosos de lo que iban a recibir a cambio,
lo que generalmente eran esmeraldas y conchas Spondylus, Para facilitar el
trueque, usaban balanzas muy semejantes a las que por entonces se usaban en
Europa. Con las conchas Spondylus de color coral hacían los tallanes las
famosas chaquiras con las que confeccionaban pulseras y collares, que se han
encontrado con profusión en sus tumbas. Con las esmeraldas, tanto los tallanes,
como los Vicús antes, las usaron para hacer sus primorosas joyas.
Cuando los Incas conquistaron a los tallanes, gran
cantidad de conchas Spondylus, se enviaban vivas en recipientes especiales al
Cuzco. El molusco que estaba dentro de las conchas rojas, era muy apreciado por
los Incas, que lo consumían en contadas ocasiones y las conchas blancas se
usaban en las ceremonias del culto, lo mismo que el Mullu, que eran las conchas
trituradas o reducidas a polvo.
Como es lógico suponer, los tallanes no tenían los
instrumentos que usaban los marinos del viejo mundo, para orientarse en alta
mar. Por eso, con mucha frecuencia navegaban con la tierra a la vista, pero en
viajes largos se aventuraban mar afuera. La segundad de llegar al sitio
deseado, se debía a que habían aprendido a orientarse por las estrellas, por el
sentido de los vientos y por las corrientes marinas. Eran pues grandes
observadores y los conocimientos adquiridos eran transmitidos de generación en
generación a los del gremio.
Con las costas ecuatorianas de Manta (provincia de
Manabí) y Esmeraldas (en la actual frontera con Colombia), el comercio marítimo
con las tallanes fue intenso.
Con los mochicas y con los Chimús, el comercio se
hizo por mar y tierra. Cuando los tallanes fueron sometidos por los incas, se
desarrolló el arrieraje. Con grandes recuas de llamas, llevaban las mercaderías
a todas las partes del imperio.
Los habitantes de la costa ecuatoriana eran también
expertos y osados navegantes, lo cual hizo intenso el comercio con los tallanes
y mochicas. Es admirable comprobar, como estos pueblos de la antigüedad se
preocuparan tanto de establecer vínculos comerciales y de amistad sin
habérseles ocurrido ideas de conquista.
Los tallanes también tuvieron un intenso comercio
con las poblaciones serranas del sur del Ecuador, como los huancavilcas, chonos
y paltos. De igual modo con sus vecinos de Ayabaca, los Guayacundos.
Las excavaciones han permitido el hallazgo de gran
cantidad de huacos negros y rojos, en los sitios en donde se supone ha habido
asentamientos humanos. Junto con ellos, hay abundancia de vasijas para el uso
diario.
Estas manifestaciones del arte cerámico, permiten
notar influencia de las culturas ecuatorianas, pre-mochicas, Mochicas y Chimú.
No obstante que la región de Piura en ningún momento
estuvo sometida al imperio Wari, sin embrago se han encontrado en el Bajo
Piura, algunos ceramios parecidos a los que se han hallado en Cajamarca y en
Chicama y que corresponden al período del apogeo del Imperio Wari. La presencia
de tales huacos, es sin duda alguna el resultado del comercio y de la
comunicación de los pueblos tallanes con sus circunvecinos. Es decir que fueron
elaborados en otros lugares y traídos a
esta región.
En el capítulo que se ha dedicado a Vicús, hay
referencias concretas a la cerámica de los pobladores de esa zona.
En cuanto al trabajo en metal, los peruanos de esta
región manipularon el oro, la plata y el cobre. Como todo pueblo antiguo,
también llegaron a dominar el bronce.
De bronce, no sólo hacían adornos, sino también
azadas pequeñas con mangos de madera para la agricultura, pectorales para los
soldados y armas para la guerra, como remates para sus mazas o porras. También
al bronce dieron un uso igual.
Los tallanes llegaron a ser muy buenos orfebres,
posiblemente por haber recibido la técnica, para el tratamiento del oro y de la
plata, de los Chimús que fueron los mejores joyeros del antiguos Perú, por cuyo
motivo los Incas llevaron a muchos de esos artesanos al Cuzco.
Aun cuando, en muchos lugares del departamento se
han encontrado platos y vasos de oro, hay que recalcar que fue en Frías en donde se realizaron los
mejores trabajos. Las joyas, las combinaban con perlas, con esmeraldas y con
turquesas. Ya se ha dicho de donde obtenían los tallanes las perlas. En cuanto
a las esmeraldas, ellas abundaban en las zonas costeras ecuatorianas de Puerto
Viejo y de Mantas, de donde se lograban mediante el intenso trueque existente.
El oro, lo obtenían los tallanes del comercio que hacían con los habitantes de
la sierra. En Sechura extraían perlas negras.
En la talla de la madera no sobresalieron los
antiguos piuranos, posiblemente a causa que la mayoría de las madera, sobre
todo el algarrobo que dominaba el paisaje antiguo, al igual que el de ahora, no
se presta para el desarrollo del arte del tallado por su dureza y naturaleza
rugosa y fibrosa.
Los primeros piuranos utilizaron el algodón cuando
este crecía en forma espontánea y con su fibra construyeron redes.
Posteriormente lo cultivaron, y aprendieron el arte e industria del hilado, en
que sobresalieron, para posteriormente avanzar en el arte del tejido. Como el
clima era cálido, utilizaron en la costa el algodón para hacer sus telas, que
también les servio para construir velas de sus barcos. En la sierra, usaron la
lana de la llama, de la alpaca y del guanaco para hacer sus telas, arte que
según Garcilaso Inca de
En arquitectura no pudieron demostrar mayor técnica
ni iniciativa, por que las viviendas fueron sin duda algunas de caña y barro,
como lo son las actuales de los campesinos. Se han encontrado muchos
cementerios, huacas y vestigios de asentamientos humanos, pero no de viviendas,
lo cual muestra la precariedad de las mismas. En la costa no hay restos de
ciudades, como en otros lugares y el adobe se utilizó en tiempo de los Incas
para levantar templos para el sol, fortalezas, mansiones para las escogidas y
en algunos lugares, palacios para el Inca o los grandes dignatarios del
Imperio. En la sierra, se utilizó la piedra y de eso quedan restos. De los
poblados de Poechos que parece fue una de la más importante población – y no
una ciudad en el exacto sentido de la palabra – del valle del Chira, que es
mencionado por los cronistas, no queda ningún rastro y hasta su fortaleza
permanece aparentemente desconocida de nuestras miradas.
Cieza de León en
Los tallanes de Tumbes fueron gente muy belicosa y constantemente
estaban en pie de guerra con los indios de
Los tallanes de los valles del Piura y del
Chira, no fueron propiamente conquistadores y como tal no disponían de ejercito
en el sentido de la palabra, y de acuerdo a la época, como los tuvieron los
Chimús y los Incas. Sin embargo si disponían de bandas armadas en las constantes
luchas intestinas que tenían entre sí.
La comprobación de que disponían de armas de guerra,
prueba que había gente armada y la representación de ceramios con prisioneros
atados de las manos y en actitud humilde y de sometimiento de hombres en
cuclillas, nos dice a las claras de que existieron prisioneros y por los tanto
guerras.
Las guerras se las hacían indudablemente entre
ellos, y serían de corta duración por que ningún régulo llegó a imponerse a los
demás para crear un estado sobre toda el área geográfica de los departamentos
de Piura y Tumbes.
Si se habla que el Imperio Chimú
abarcaba desde Tumbes por el norte, eso no significa en modo alguno que
hubo una guerra de conquista en el
sentido exacto de la palabra. Fueron
simplemente choques esporádicos y
una sistemática infiltración que
terminó en el reconocimiento como Señor
del Chimú-Capac, lo cual bien pudo conseguirse por negociaciones, y compulsadas
la ventajas que en cuanto a comercio, y contribución técnica podrían lograr;
les resultó entonces más ventajosa la amistad del gran señor del Sur. Si a todo
eso se agrega que los tallanes conservaban su autonomía, su religión, lengua y
costumbres, entonces los reyezuelos de los valles del Chira, del Tumbes y del
Piura que seguían como tales y se les reconocía su autoridad sobre los antiguos
vasallos, y nada tenían que alegra.
Hay ceramios tallanes que representan guerreros con
una especie de casco en la cabeza, par defenderse y alguna arma ofensiva que en
unos caos es una maza, y en otros un cuchillo largo que semeja una espada.
También hay algunos, que posiblemente se trate de oficiales o jefes de grupos
armados, que tienen pectorales. En esto se parecían a los Vicús.
Se han encontrado numeroso cabezas de porras o
macanas, fabricadas de cobre que semejan estrellas o discos, que colocaban en
entremos de palos de madera muy dura.
También hachas, para el trabajo y para la guerra. Los prisioneros eran
sin duda alguna convertidos en esclavos, cuando no entregados para
sacrificarlos a los dioses.
Pese al gran ejercito que tenían los Incas y a
lo afirmado por Garcilaso de
Atahualpa, quiso vengarse de
la adhesión de la y mayor parte los tallanes
a Huáscar legítimo sucesor de Huaina-Capac y trató muy durante a los antiguos
piuranos, lo cual no impidió que muchos principales de estas tierras se
pronunciaran a favor del usurpador, siendo los que más resistieron a los
conquistadores.
Todo lo dicho queda confirmado con el relato del
cronista Santillán, que al referirse al estado en que se encontraba la costa
peruana antes del dominio de ella por los Incas, expresa: “Cada valle o
provincia tenía su curaca o señor principal o varios otros jefes dependientes
de ellos”.
En la costa sur, cada
valle o curacazgo
, tenia conflictos con sus
vecinos y por esta causa se afectaba al comercio y la comunicación. Las
frecuentes guazábaras daba como resultado,
que los vencidos quedaran sujetos a los vencedores y obligados a
trabajar en sus sementeras de maíz, coca y ají y en el cuidado de sus llamas.
De esta suerte algunos curacas llegaron a someter a varios valles y provincias
como es el caso del Chimú-Capac que enseñoreóse en la mayor parte de los
yungas.
Sin duda alguna, que el reino más importante y
organizado que los Incas conquistaron, fue el Imperio Chimú. Por tal motivo, y
para evitar sublevaciones como la que tuvieron que enfrentar después del primer
sometimiento, prohibieron que los indios de la costa norte tuvieran armas. Eso
fue el motivo por el cual en cierta forma se explica que los tallanes no
pudieran resistirse a los ejércitos de Atahualpa primero y Pizarro más tarde,
aun cuando a los antiguos piuranos, más les importaba su autonomía que estar
cambiando de señor. Como la región fue ocupada por ejércitos incaicos, fueron
estos los que se encargaron de hacer la guerra o de organizar la resistencia.
Los antiguos tallanes no tenían armas arrojadizas y por eso los combates los
hacían cuerpo a cuerpo y fue el ejercito incaico el que introdujo la honda, el
arco y la flecha, que sin embargo no tuvieron efectividad ante las armas de los
conquistadores.
Por muchísimos años, para los habitantes de la
sierra, la costa fue un sitio de muerte a donde sólo se enviaban como castigo,
a los que habían delinquido. Esto sin duda alguna desfavorece la teoría de que
el poblamiento de esta región yunga haya sido por la llegada masiva de gente de
la sierra. Sin descartar el aporte andino, es posible que la mayor parte de la
primitiva gente costeña llegó por mar, a cuya orilla se afincó alimentándose al
principio de conchas y mariscos, en una dilatada etapa en que el hombre fue un
simple recolector.
La costa resultaba un grave riesgo para le gente
serrana, por la existencia del paludismo que había en sus valles, los que eran
por otra parte los lugares más propicios
para vivir. Los mismos españoles recibieron el impacto de ese diminuto enemigo
que era el zancudo, que les causó más bajas que los mismos indios sublevados.
Por eso los conquistadores decían que eran sitios enfermos.
El Mal
de Ojo.
El cronista Oviedo dice que los tallanes del Chira,
“andan arrebozados con unas tocas de muchas vueltas, apareciendo así son las
cabezas muy grandes, con aquellos rebozos y los rapacejos colgados que parecen
barbas. Dichos tocados se usan para preservarse de enfermedades de los ojos tan
generales que cuando se ve venir dos indios, puede apostarse que uno es
tuerto”.
Fray Reginal Lizárraga que visitó a la segunda sede
del gobierno español en el valle del río Piura, decía: “era muy enfermiza de
accidentes de ojos, quedando mucho ciegos. Apenas vi en aquella ciudad, hombre
que no fuera tuerto”. El mismo cronista afirma que la enfermedades oculares
eran muy comunes en los valles de la costa y manifiesta su asombro por la gran
cantidad que había de mosquitos, que mortificaban a los vecinos y a los
viajeros.
El cronista Agustín de Zárate hablando de la segunda
gobernación, manifestaba: “La región no era muy sana a causa de una enfermedad
natural de la tierra que da en los ojos a los más que por allí pasan”. Luego
sigue manifestando que por tal motivo un gran
número de pobladores, que eran los tallanes, eran tuertos y los primeros
conquistadores se llegaron a contagiar. Blas de Atianza, el primer alcalde que
hubo en el Perú, estando en la segunda gobernación quedó casi ciego, lo cual le
obligó a emigrar a Trujillo y lo mismo hizo el español Antón Cuadrado, que
perdió totalmente la visión.
Al final los mosquitos lame-ojos terminaron por
correr a los españoles de la localidad de Piura, ubicada en el valle del mismo
nombre, obligándolos a trasladarse al puerto de Payta, que existía desde
remotos tiempos y que luego fue residencia de un buen número de españoles, los
que la habían dado el nombre de San Francisco de
El
Paludismo.
El valle del Chira, al
igual que el de Tumbes, estaba infectado de zancudos trasmisores del paludismo.
Los tallanes, no obstante su aclimatación de siglos, era un pueblo palúdico. No
se sabe si al llegar los conquistadores estos indios al igual que en el Ecuador
ya utilizaban la corteza de la cascarilla, que se conservaba como secreto de la
medicina india y que sólo se reveló siglos más tarde cuando enfermó
Los españoles menos
aclimatados, fueron fácil presa de los amófeles y muchos enfermaron, por cuyo
motivo no pudieron acompañar a Pizarro en su viaje a Cajamarca. Pero fueron
posteriormente muchos los que alentados por la sed del oro y sintiéndose mejor,
dejaron el sitio de Tangarará que decían era insalubre, para seguir a la
caravana conquistadora de Pizarro.
Cieza de León, que muchos
años después de la fundación, visitó San Miguel dijo que ella había estado
antes en Tangarará, de donde se pasó por ser sitio enfermo, en donde los
españoles vivían con algunas enfermedades. Cuando en Mayo de 1534, visitó Tangarará, otra vez Almagro con don Pedro
de Alvarado, pudo constatar que una gran cantidad de vecinos se habían
trasladado a la localidad indígena de Piura, en el otro valle, por cuyo motivo
autorizó el traslado de autoridades y vecinos.
En su tercera expedición, los
españoles desembarcaron en
Según el cronista, la enfermedad era “tan
mala y congojosa que tuvo a mucha gente muy fatigada y trabajaba con muchos
dolores como si estuvieran con bubas, hasta que les salían grandes verrugas por
todo el cuerpo y algunas tan grandes como huevos y reventando el cuerpo les
corría materia y sangre, que tenían
necesidad de cortárselos y echarse en la llaga cosas fuertes para sacar la
raíz; otras habían tan maduras como sarampión de que se hinchían los hombres
todo el cuerpo. Pocos se escaparon que no la tuvieran, auque a unos dio más que
a otros. Otros quisieron decir que se causó esta enfermedad, de unos pescadores
que comieron en
El cronista Anello de Oliva, describe esta enfermedad de la siguiente manera: “Tubieron (sic) unas rigurosas berrugas (sic) que como piedras les nacían a muchos de ellos en la cabeza, por el rostro y por todo el cuerpo, tan grandes y monstruosas que eran como brevas, que destilando mucha sangre les causaban intenssimos dolor y un excesivo horror, lastimándoles cualquiera con que les tocara por pequeña que fuese. Pusieronse felissimos los deste contagio, por que unas verrugas colgaban de la frente otras de las cejas, otras del pico de la nariz, de las barbas y de las orejas, de suerte que no sabía que hacerse ni remedio para tan rigurosa enfermedad que solo tenía de alivio la trisca y burla que los uno hacían a los otros....murieron muchos y otros sanaron y auque el mal fue general y corrió por todo el Perú. Con trabajos tan grandes y enfermedades tan molestas y con muertos de no pocos compañeros, nunca desmayó don Francisco Pizarro”.
Garcilaso Inca de
Todo hace suponer que los indios habían creado
inmunidad en su organismo, y por eso no era atacados y los que sufrían se les
presentaba en forma tan benigna que pasaba desapercibida. Lo que si es seguro,
es que muchos españoles enfermos con el mal, llegaron no sólo a Tumbes sino
también a Tangarará por que Pizarro no podía detenerse en sus planes de
conquista, ni tampoco dejar abandonados a sus compañeros. Alfonso de Mesa, fue
uno de los que llegó enfermo a Tumbes.
Todos los cronistas mencionan en sus relatos esta
enfermedad. Zárate dice que era peor que las bubas conocidas en Europa. Para
Gómara, era una enfermedad nueva que no sabían como tratar y por lo cual los
pacientes renegaban de la tierra y de Pizarro. El Conquistador Jerónimo de
Aliaga, decía muchos años más tarde en 1548, que era una epidemia. El cronista Miguel de Estete,
hablaba de calenturas (paludismo) que mataba en 24 horas y de una verruga que
le parecían era como viruela, inutilizando y lisiando a la gente que no podía
ni siquiera buscar su alimento. Creían muchos, que haber estado en Coaque
inmediatamente debajo de la línea equinoccial, era la causa.
En
Para muchos la alta mortalidad y complicaciones de
la enfermedad se debió a la presencia simultánea de la verruga y del paludismo.
Mucho ha interesado a los modernos investigadores
esta enfermedad y en 1899 Pablo Patrón y Ernesto Odriosola, se pronunciaron por
una forma de verruga, que hoy ya no existe. Pero Julián Aore, no compartía en
1918 esa opinión, por que la verruga no es una enfermedad que pueda matar al
paciente en sólo 24 horas de haber aparecido, ni tiene tan elevado grado de
contagiosidad. Respaldado esta opinión, en 1931 el Dr. Angel Maldonado, creía
era pian o cuchipe, complicado con paludismo. Raúl Rebagliati en 1940 suponía
un ataque simultáneo de verruga y paludismo. Daniel Mackhenie opina por una
clase de verruga eruptiva y del mismo criterio es Pedro Weiss, en 1953. todas
estas opiniones figuran en la obra titulada “
Como en
todo tiempo y lugar, en la región tallán y en el Imperio de los Incas en
general, la curación de los enfermos estaba ligada con practicas y ceremonias
religiosas. Por tal motivo, muchas veces los curanderos o hechiceros y brujos,
eran también sacerdotes.
La practica mágica-religiosa, en la medicina, era lo
que se imponía y lógicamente abundaban las supersticiones, lo cual no debe llamar la atención, por que los
conquistadores, también eran supersticiosos y muy poco pudieron aportar en el
campo de la medicina científica.
Los hechiceros, al decir del Padre Murúa, sobaban el
cuerpo del enfermo, sobre todo las partes adoloridas o donde se suponía estaba
el mal, con sebo, o con trozos de cuy, lagartijas o sapos. Esto de pasar
batracios sobre vientres enfermos son prácticas que aún se han conservado en
las zonas campesinas. El que hacía de hechicero, practicaba una pequeña
incisión en el lugar afectado y chupaba sangre. Luego mostraba al paciente la
sangre malograda, o también piedras o gusanos. Demás estar decir que de todo se
había proveído anticipadamente al curandero. En
Algunas veces se hacían ofrendas a los dioses, con
las mismas especies que se utilizaban como remedios, es decir hojas de coca,
sebo y restos de carne de cuy.
Las dolencias podían ser originadas por diversas
causas según el criterio de los hechiceros tallanes. Así, podía ser ocasionada
por otros o sea estar hechizados, o también ser presa de espíritus malignos a
los que había que extirpar con prácticas mágicas en uno u otro caso. No se
descartaba que el paciente estuviera
sufriendo por haber pecado. Como se puede apreciar, no había mayor diferencia
entre las supersticiones de los españoles que llegaron hasta tener un rey al
cual llamaban y suponían hechizado y
sólo era un demente.
En algunos casos se utilizaba el maíz que se molía y
el polvo se frotaba en el cuerpo. A las conchas les atribuían efectos
curativos, lo mismo que a las esmeraldas. En Porto-viejo los indios decían que
tenían escondida una esmeralda de gran tamaño que tenia efectos maravillosos
por lo cual se le adoraba como una diosa. Los indios se negaron mostrarla a los
españoles porque creían firmemente que al ser tocada por un hombre blanco se
perdía el mundo.
Se utilizaba muchos brebajes para tratar de curar a
los enfermos. Como es dable suponer, algunos al estar contraindicados mataban
al enfermo, pero en gran cantidad de casos los sanaban porque se conocía el
poder curativo de muchas yerbas, que se mantenían en secreto de generación en
generación. Entre los Chimús había la práctica de que cuando un médico o
hechicero dejaba morir a un paciente, era condenado a muerte. Este uso se
extendió a los tallanes, y por tal motivo no se aventuraban a prácticas que
pudieran – en su criterio – resultar ineficaces.
Cuando una dolencia era causada por un hechizo, es
decir era un “daño”, se tenía que lograr descubrir el contra-hechizo. Esto,
dividió a los brujos como hasta ahora en blancos o buenos y en malos. El
hechizar a una persona era sancionado en la época del Imperio con la pena de
muerte, que muchas veces se extendía a la familia del hechicero para extirpar
de raíz la práctica.
Era casi una costumbre, que al iniciarse la curación de un enfermo se hiciera ofrendas
a loa dioses para tenerlos favorablemente. En algunas circunstancias era
necesario purificar el ambiente, ya sea con aspersiones de líquido o sahumando.
En otras oportunidades la purificación tenia que hacerse al enfermo, al que se
llevaba al río más próximo y se le bañaba, al mismo tiempo que se le frotaba
polvo de maíz. Si el enfermo no podía trasladarse a un río, se le hacía el baño
a domicilio.
A los médicos se les pagaba con comidas, ropas, o
recipientes. Algunas veces se les obsequiaba ganados.
A veces se buscaba de antemano adivinar si el
enfermo se iba a curar o no. Habían en la costa diversos adoratorios y hombres
que actuaban como oráculos. No se descarta que en la región tallán existieran
muchos de éstos. Famoso como oráculo era Pachacamac con templo, y con
sacerdotes. Fue uno de esos el que vaticinó que Huyana Capac se iba a curar,
pero murió a causa de las viruelas. Por eso cuando Atahualpa avanzaba por
Huamachuco, tuvo intención de hacer prender al sacerdote de Pachacamac para hacerlo
morir por haber fallado.
Esta enfermedad se presentó sin duda alguna en el
Perú bajo la forma de grandes epidemias que causaban gran mortandad.
Pedro Pizarro cita al
Tesorero Riquelne diciendo al llegar a Tumbes que era tierra pobre y enferma.
El cronista Jerez relata que en 1525 cuando Pizarro
recorría por primera vez la costa peruana, ancló frente a Tumbes, al que
encontró muy despoblada a causa de una gran pestilencia que en ellos dio”. Era
la viruela que azotaba al Imperio, y que hizo también presa del Inca Huayna
Capac que se encontraba en el Reino de Quito, causando presumiblemente su
muerte, por cuyo motivo se le llamó Enfermedad de Huayna Capac. Las huellas de
la viruela se podía apreciar en el rostro de muchos indios tallanes, que lo
tenían picado, es decir habían quedado “borrados”.
La viruela continuó presentándose durante la época
de
En los primeros años de
Algunos supone que fueron los españoles los que
la trajeron de Europa y le daban un
tratamiento equivalente al pian y a la cuarta venérea. Otros, consideraban que
la
sífilis propiamente dicha tiene origen americano.
Esto último, por que antes del descubrimiento de América, no se había notado su
presencia en Europa, y que a fines del Siglo XV, es que aparece como tremenda
epidemia en el Viejo Mundo. Sin embargo, estudios hechos con más precisión
llegan a la conclusión que antes de 1492 ya había sífilis en Europa.
Pero la falta de conocimientos hacía considerar como
variedades sifilíticas, los que en realidad eran otros males venéreos.
Tampoco se puede decir que los españoles la trajeron
de Europa, por que el mal ya existía en el Nuevo Mundo. Es decir que esta
temible enfermedad era universal.
Durante mucho tiempo se ha polemizado sobre el
origen de este cruel azote. Los cronistas Fernández de Oviedo y Ruiz Díaz de
Por otra parte Karl Sudholl afirma que la sífilis se
presentó en Europa antes del año 1492 del descubrimiento.
Para muchos, la llama es un animal que padece del
mal y se lo trasmite a los indios pero otros, piensan que el proceso infeccioso
esa la inversa por que los indios practicaban el vicio de la bestialidad.
OTRA
ENFERMEDADES.
Una dolencia muy extendida en el imperio era la
sarna o roña que en quechua se denomina caracha y que se ha castellanizado.
Esta dolencia atacaba por igual a los hombre, como a
los animales es especial a las llamas. Cuando una de estas era atacada, de inmediato se la sacrificaba y se
enterraba a la enferma en hoyos profundos. De esa forma práctica se evitaban
las epizootias.
En los indios de la costa, había mucha de esta
enfermedad, que se propalaban a causa de las bajas condiciones de higiene en
que se vivía y el poco aseo personal.
En la zona tallán las dolencias muy frecuentes eran de
tipo estomacal o gastrointestinales a causa del agua llena de gérmenes. De
igual manera existían muchos indios con parásitos intestinales. La mortalidad
infantil era sumamente elevada, y los niños morían en gran cantidad antes de
los ochos días por la infección umbilical.
Hay muchos huacos que representan a hombres padeciendo de dolores de muelas, con parálisis facial o con defectos físicos.
Algunos aparentes defectos como la falta
generalizada en algunas regiones, de los dientes incisivos, parece que se debió
a un castigo que impuso Huayna Capac a poblaciones rebeldes.
En los primeros años de
El cronista Fernández de Oviedo, transmite un relato
del piloto Juan Cabezas, según el cual, en “el río que llaman de
Cuando los españoles llegaron a las costas
colombianas y ecuatorianas fueron atacados por el
mal de bubas. Parece que después en el
Perú ya no sufrieron el mal. Hasta ahora no se ha podido precisar de
que dolencia se trató.
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MUJER
TEJIENDO (Guamán
Poma)V |
DIBUJO DEL
DIOS WALAC |
|
CULTO AL
SOL (Guaman
Poma) |
DIBUJO DE
UN ENTIERRO (Guaman
Poma) |
|
VENADO |
MUJER
PRINCIPAL (Guaman
Poma) |
|
PESCADORES
TALLANES |
INDIO
PESCADOR (Guaman
Poma) |
|
DIBUJO DE
CERAMIO CON PESCADOR
|
DESCAMANDO EL PESCADO El ceramio representa a un pescador,
que con un cuchillo especial y valiéndose de las dos manos saca las escamas
de un pescado en la misma embarcación. Tiene un gorro que remata con un moño,
y sujeto con una cinta bajo el cuello. La técnica del descamado y el gorro,
aún lo usan los pescadores de la región Grau. La embarcación es un típico caballito
de totora. El ceramio pertenece a lo que Tello llamó estillo tallán, pero que
otros historiadores, cuando pretendían ignorar la cultura Tallán llamaban
“Chimú último” HISTORIA MARÍTIMA DEL PERÚ Epoca Prehistórica (Hermann Buse) |
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BALSA DE TOTORA Con dos pescadores uno que rema
valiéndose de un canalete y otro cogido en su remo, trepa por la popa de su
embarcación. En el gollete el característico monito. Este ceramio según Tello es de
procedencia Tallán. Historia Marítima del Perú Época Prehistórica (Hermann Buse) |
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BALSA
ACTUAL, IGUAL A LA TALLÀN |
FOTOS DE
CERAMIOS TALLÀN |
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Vasija de pasta, roja, sin
decoraciones. Con una sola asa para sostén y dos asas pequeñas constituidas
por las orejas del personaje cuya cabeza se representa. Tiene una especie de bonete y la nariz
desmesuradamente grande y ganchuda semejante a la de un loro. La barbilla
aguda y los ojos representados por unas líneas que dan la impresión de estar
semicerrados: son dos detalles poco frecuentes en los ceramios tallanes. Vasija globular pequeña, de pasta negra, con asa
lateral en el gollete, que remata con una cabeza de ave. No tiene decoración. Vasija globular, con decoración de animales en su
parte superior. Es de color rojo y esta rematada por un asa y un pico, que en
conjunto forma un estribo. |
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HECHICERO INVOCANDO
AL DEMONIO (Guamán
Poma) SACRIFICIOS
CON HECHICEROS |