* Allí estaba, en la torre más alta del castillo, la princesa Alba –
- ¿Dónde estaba el castillo, papá? –
* ¿El castillo? Ummm, en Córdoba – dijo dudando un poco.
- Te lo estás inventando – dijo la niña cruzando los brazos.
* No, no, de verdad, estaba allí –
- ¿Y que hacia la princesa? –
* Pues la princesa estaba triste porque... –
- Yo no quiero que esté triste –
* Bueno, pues la princesa estaba alegre y jugaba... –
- ¡Te lo estas inventando! – dijo casi gritando.
* Claro que me lo invento, no paras de interrumpirme, as es imposible contar un cuento –
- Mamá los cuenta mejor –
* Pero mama ya no está... – dijo el padre con un tono de tristeza, luego añadió:
* ¿Cómo los contaba mamá?
- Pueeess, me contaba todos los detalles, y eran cuentos bonitos y se los sabía totalmente –
* A ver, cuéntame tú uno –
- Pueeess, “Erase que se era la princesa tomatera” – comenzó la niña. El padre se quedó perplejo.
* ¿La princesa tomatera? –
- Si, era una princesa que plantaba tomates, muy grandes y rojos, porque cantaba canciones a los tomates, y ¡tenía un caballo azul que se llamaba Federico! – continuó la niña.
* ¿Esto es un cuento de tu madre? – no se lo podía creer.
- Si, claro, y muy bonito, porque la princesa que se llamaba “Mariposa-flor” tenía un novio, el príncipe Pepe –
* No puede ser – dijo el padre riéndose.
- Sí, sí, ellos se veían entre los tomates, que se ponían colorados cuando les veían darse besos – dijo la niña emocionada.
* ¿Ah sí? –
- Sí, y con Federico y el caballo del príncipe Pepe, no me acuerdo de su nombre, se iban a dar paseos, claro –
* ¿y qué les pasó? ¿se casaron? –
- Noooo, eran novios, nada más. Y la princesa tenía que cuidar los tomates – dijo la niña, como si fuese lo más natural.
- ¡Caramelo! – gritó la niña.
* ¿Qué? – preguntó el padre.
- Así se llamaba el caballo del príncipe, Caramelo. Me acordé de repente –
* ¿Y como sigue el cuento? –
- Pueeess, una bruja llegó y como no la gustaban los tomates, los quemó todos. Y la princesa se quedó sin tomates, y el príncipe buscó a la bruja, y la metió en la cárcel de brujas –
* Ya, claro –
- La princesa Mariposa-flor no lloró, plantó más tomates, pero eran verdes –
* ¿Pero no llamó al príncipe para ponerlos colorados? –
- Ay, papá, ¡claro que sí! – añadió la niña.
* ¿Y qué más pasó? –
- Nada más. Vivieron felices y comieron tomates – dijo la niña sonriendo.

Su padre se la quedó mirando, mientras ella se dormía con una sonrisa en su boquita.
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