El Cuentachistes malos.

Habia en un pueblo de Espanya, de Castilla un tipo, bajito, calvo, feo de solemnidad que le gustaban los chistes? el problema era que no sabia contarlos. En el pueblo le conocian, claro, se conocian todos, eran no mas de 500 asi que.. Ese cuentachistes vivia de arar campos, un trabajo muy duro, tambien era uno de los pastores y solo le acompanyaba su perro ovejero, mucho mas guapo que el!. No se habia casado, ni se le conocia haber tenido mas amor que sus chistes. El hombre era de lo mas corriente. No intentaba molestar al resto del pueblo con sus chistes, en el bar, centro de reuniones, y hostal del pueblo. El no era un chistoso, ni un graciosillo. Reconocia su poca gracia, pero le gustaban los chistes, oirlos, sentirlos, imaginarlos, y buscarles su sentido, y moraleja, que la tenian. Bueno, no todos, el decia.

Su edad?? No sabria decirte, era mayor, pero tampoco un abuelete, era de una edad indefinida, con abundantes arrugas en la frente, una boina gastada, y unas manos pequenyas en longitud pero anchas, y recias, muy endurecidas por los callos. Vivia en una pequenya casa, parecida a la del resto del pueblo. Su perro no dormia dentro de la casa, pero no porque el no quisiera. Era el perro el que no queria. Era tal su sentido del deber hacia las ovejas y a cuidarlas, que dormia afuera mirando hacia el redil.

Cuando habia que llevar las ovejas el perro despertaba a su amo, y juntos comian migas de pan, dirigiendose a las montanyas, con frio, o viento, siempre igual.

Los chistes los aprendia de lo que oia a los chicos del pueblo, en la calle o en el bar, de los que oia por la radio que llevaba cuando iba a la montanya, y poco mas. No los apuntaba en ningun sitio, aunque sabia escribir, no lo necesitaba, se le quedaban todos, no importaba lo liosos que fueran, o lo largos, o incluso los que no entendia por tratarse de bromas o chistes sobre politicos o cosas por el estilo. No importaba, todos los aprendia.

Hacia muchos anyos que no intentaba contar un chiste a nadie, ya sabia el que nadie se reia, mas aun, le miraban con lastima, y eso le dolia infimitamente. El buscaba una sonrisa y lo que le daban era pena ajena. Asi que el unico que oia sus chistes era su perro. Por lo menos no le miraba lastimeramente, y el hacia como si practicara, cambiaba el orden de las frases, enlazaba chistes, los ordenaba por categoras, por chistes del oeste, religiosos, de pueblerinos, de locos, habia de todo!. El perro despues de que el acababa n chiste y preguntaba, te ha gustado, sonriendo, el perro, movia la cabeza, y el rabo, contento! El se sentia feliz de su perro, de su trabajo, de su vida. Aunque nadie oyera su mega coleccion de chistes..

Un dia llego lo inevitable. El perro tras unas llovias se puso muy enfermo, y ademas era muy mayor ya, asi que una noche murio, pero dentro de la casa, con el pastor. El pueblo noto el cambio en este hombre, ya no araba con su perro, y su humor habia cambiado, no reia solo como acostumbraba al ir oyendo la radio, no usaba la radio, y habia dejado de ser pastor. Todos sabian que era por el perro. Nadie penso que quisiera tanto a ese perro ovejero, pero se dieron cuenta que era el unico que le escuchaba sus miles de chistes seguramente contados con muy poca gracia, ya que era como le recordaban todos los del pueblo.

El pueblo decidio silenciosamente, con una especie de pacto sentido y no escrito conseguir otro perro ovejero lo mas parecido a aquel que murio, y lo consiguieron. Costo unos cuantos miles pero a todos les parecio algo muy bien hecho. No se necesito hacer un referendum, ni nada. Simplemente, querian ver al hombre feliz de nuevo, y les apenaba su situacion. Ademas no sabian su edad, ni cumplenayos, asi que se lo darian inmediatamente.

Citaron al pastor en el bar que estab ese dia colocado para tener una reunion. Y le dijo el alcalde de tan pequenyo y pobre pueblo. “Tenemos algo para usted, senyor Bernardo? y en ese momento entro el perro, con un extraordinario parecido a aquel que murio, pero claro, muy joven. Al hombre se le saltaban las lagrimas, agradecido a todos los del pueblo. Nada mas entregarle al perro, solo se le ocurrio un a cosa, que fue contar un chiste a su nuevo perro:
“Este chiste malo le gustaba mucho a mi perro. Mira, sabes lo que dice un perro argentino? Eteeee, Guau!?. El perro le miro con cara extranyada, y el hombre le miro con cara sonriente diciendo: “lo coges?? Los reunidos en el bar no pudieron aguantar mas y soltaron todos a una, una gran carcajada. Era de lo mas graioso que habia ocurrido en el pueblo en muchos anyos.

Desde entonces, el pastor ensenyaba chistes a gente mas graciosa que el, o por lo menos eso decian algunos. Ensenyaba solo los chistes buenos. Los malos se los reservaba para el, y su nuevo perro, cuando iban al monte. Asi se le conoce a ese hombre. No fue nunca mas el cuentachistes malos.

Home/Relatos

Hosted by www.Geocities.ws

1