ORGASMO, PLACER Y SATISFACCION
Dr. Raúl Eduardo Martinez
Doctor en Psicología
Psicólogo Clínico Especialista en Psicoterapia
La mayoría de las personas, incluídas aquéllas
que poseen conocimientos vastos acerca del sexo, suponen que el orgasmo
es per se placentero y que este gozo es equivalente a la satisfacción
sexual. Esto no es siempre así.
En su manifestación motora el orgasmo consiste en un número
de contracciones reflejas de los músculos isquio y bulbocavernosos
(en la base del pene o en torno a la entrada vaginal) que en el hombre
producen la eyaculación que, según algunos investigadores,
puede ocurrir también en ciertas mujeres. Sensorialmente, el
orgasmo se experimenta como una especie de intenso cosquilleo. Cuando
el orgasmo conlleva placer - asociación que ocurre en la mayoría
de las personas - la experiencia subjetiva es bastante variada y colorida.
Sabemos además que algunos escasos hombres pueden disfrutar de
orgasmos placenteros sin eyaculación, lo cual es la regla para
la mayoría de las mujeres.
Sin embargo, también existen los orgasmos ahedónicos (o
sea, no placenteros) en hombres y mujeres que informan sólo experimentar
una especie de alivio de la tensión muscular que ha aumentado
progresivamente durante la etapa de excitación. Naturalmente
estas personas no están muy dispuestas a repetir el encuentro
sexual y pueden llegar a sufrir una disminución importante del
deseo.
En ocasiones existe una incongruencia entre orgasmo placentero e insatisfacción
sexual. Una forma leve de ella ocurre en las mujeres que logran sus
orgasmos más potentes por estimulación del clítoris,
los que paradojalmente juzgan menos satisfactorios que los obtenidos
por estimulación vaginal (apreciados estos últimos como
más débiles). Quienes sufren a mi entender una auténtica
disfunción son las personas que, después de una intensa
excitación y un potente orgasmo placentero durante el acto sexual,
sufren desagrado, pena, enojo, etc. Es posible explicar esta discrepancia
teniendo en cuenta que el ser humano no sólo experimenta sensaciones
y emociones sexuales placenteras, sino que también enjuicia su
calidad en función de la circunstancia en que ocurre el acto
sexual, el tipo de persona con quien lo lleva a cabo y las características
de la relación global. Esto implica que muchas personas sufran
una condición ambivalente, permaneciendo relativamente satisfechas
sexualmente (pero con escaso placer) en una relación de pareja
estable, a la vez que sostienen otros encuentros altamente placenteros
pero insatisfactorios.
En definitiva, el orgasmo, el placer y la satisfacción no siempre
convergen hacia una experiencia subjetiva unitaria y consistente.