Fumar mata
(Sobre las campañas contra el tabaquismo)
Emilio Sanz Sánchez
He leído que, dentro de poco, todas las cajetillas
de tabaco deberán llevar impresa una gran mención a los
efectos nocivos del consumo de tabaco, del tipo "fumar mata"
y advertencias similares. O sea, más grande y más claro
de lo que actualmente vemos, que es una frase con letra pequeñita
que dice no sé qué de las Autoridades Sanitarias. Vaya
por delante mi confesión contrita de ser un fumador empedernido,
muy empedernido, que quisiera dejarlo pero no sabe cómo ni cuándo.
Es decir, que difícilmente voy a ser objetivo en los próximos
renglones.
Desde hace años está prohibido fumar en lugares públicos,
como es lógico: los fumadores no tenemos por qué obligar
a nadie a respirar un humo que normalmente es desagradable y nocivo.
Y cada año que pasa, la prohibición se va extendiendo
a más lugares, públicos, semi-públicos o privados.
Y eso también me parece muy bien, aunque a veces me cueste lo
mío no poder echarme un buen pitillo. Con lo rico que me iba
a saber. Además de un motivo puramente "social" (no
molestar a nadie con el humo), hay un motivo sanitario importante: parece
ya fuera de duda que el tabaco es causa de varias enfermedades, muchas
de ellas mortales. Otra cosa es que de momento uno se vaya librando,
a la espera de que llegue el susto.
Las autoridades sanitarias, en su afán de velar por la salud
pública y personal, vienen poniendo en marcha periódicamente
campañas de información para intentar disuadir a los fumadores
y hacerles ver el mal que están ocasionándose y la vida
sana que se están perdiendo. Supongo que esas campañas
tendrán éxito en alguien, por suerte para ellos. Pero
a muchos nos hace falta escribirlo quinientas veces en la pizarra, por
lo menos. Si realmente el tabaco es tan malo, que lo es, hay algo de
incoherencia en el planteamiento de los gobernantes.
La cicuta, las metralletas y otras sustancias u objetos capaces de producir
un daño irreparable en el usuario, tienen muy restringido el
uso y la comercialización: medicinas fuertes, explosivos…
incluso algunos juguetes. En cambio, las autoridades permiten que cualquiera
pueda comprar tabaco en estancos, bares, kioscos. Hay algo que no encaja:
fumar es peligroso, peligrosísimo, pero es muy fácil fumar.
En las tiendas "duty free" europeas el tabaco es más
caro para los ciudadanos de la UE que para los extracomunitarios. Éstos
pagan casi la mitad por una cajetilla, lo cual quiere decir que casi
la mitad del precio que yo pago por un paquete de mis cigarrillos, la
pago en concepto de impuestos. Me horroriza pensar que, al ser el consumo
de tabaco una buena fuente de ingresos para la Administración
Pública, ésta fuese un poco renuente a su total prohibición
por esa causa.
En cualquier caso, también está claro que fumar no es
obligatorio, y los que fumamos lo hacemos porque nos da la realísima
gana. Somos muchos los que preferiríamos no fumar, pero caramba
cómo cuesta dejarlo. Me parece que, por el hecho de leer en letras
gordas que fumar mata, la mayoría de los fumadores no vamos a
cambiar de hábito. Quizá si ese presupuesto se dedicase
a investigar cómo ayudarnos a los que presentamos esa patología,
la buena intención de los gobernantes sería más
eficaz.