EL ORIGEN DE LA CONDUCTA AGRESIVA
Mª José González
ORIGEN Y PRINCIPIOS DE LA CONDUCTA
AGRESIVA
No se puede hablar propiamente de "conducta agresiva" como
si se tratase de una única forma de conducta, sino de distintas
formas de agresión. La agresividad puede expresarse de muy diversas
maneras y no son rasgos estables y constantes de comportamiento, por
lo que debemos tener en cuenta la situación estímulo que
la provoca.
Frecuentemente, la violencia es una forma de comunicación social,
en cuanto a que tiene una probabilidad muy alta de amplificar la comunicación,
pudiendo servirle al violento, entre otras cosas, para la afirmación
y defensa de la propia identidad.
¿Existen las personalidades agresivas?. Si tenemos en cuenta
las definiciones propuestas por el DSM-IV y el CIE 10, las conductas
agresivas son un tipo de trastorno del comportamiento y/o de la personalidad,
que trasciende al propio sujeto. Parece haber una gran estabilidad o
consistencia longitudinal en la tendencia a mostrarse altamente agresivo
con independencia del lugar y del momento.
Aunque la agresividad puede tomar diversas formas de expresión,
siempre tendrá como característica más sobresaliente
el deseo de herir. El agresor sabe que a su víctima no le gusta
lo que está haciendo y, por tanto, no tiene que esperar a que
el grupo evalúe su comportamiento como una violación de
las normas sociales, sino que la víctima ya le está proporcionando
información directa sobre las consecuencias negativas de su acción,
lo cual hace que, con frecuencia, se refuercen y se mantengan esas mismas
conductas. Es lo que se conoce como "Agresividad hostil o emocional",
y habrá que distinguirla de otro tipo de conducta agresiva que
no tiene la finalidad de herir, la llamada "Agresividad instrumental",
que es "la que sirve de instrumento para...". Es por ello,
que hay que distinguir los agresores con orientación instrumental,
que suelen ser aquellos que quieren demostrar ante el grupo su superioridad
y dominio, de los agresores hostiles o emocionalmente reactivos, aquellos
que usan la violencia porque se sienten fácilmente provocados
o porque procesan de forma errónea la información que
reciben y, además, no cuentan con respuestas alternativas en
su repertorio. No son frecuentes los comportamientos agresivos mixtos,
es decir, los que reúnen ambas condiciones.
Existen diversas teorías acerca de la agresividad, cada una de
las cuales contribuye a explicar una dimensión del fenómeno.
En 1983, Mackal efectuó una clasificación según
el elemento que considera determinante para su formulación y
las englobó en 6 epígrafes:
Teoría Clásica del Dolor: el dolor está clásicamente
condicionado y es siempre suficiente en sí mismo para activar
la agresión en los sujetos (Hull, 1943; Pavlov, 1963). El ser
humano procura sufrir el mínimo dolor y, por ello, agrede cuando
se siente amenazado, anticipándose así a cualquier posibilidad
de dolor. Si en la lucha no se obtiene éxito puede sufrir un
contraataque y, en este caso, los dos experimentarán dolor, con
lo cual la lucha será cada vez más violenta. Hay, por
tanto, una relación directa entre la intensidad del estímulo
y la de la respuesta.
Teoría de la Frustración (Dollard, Miller y col., 1938):
cualquier agresión puede ser atribuida en última instancia
a una frustración previa. El estado de frustración producido
por la no consecución de una meta, provoca la aparición
de un proceso de cólera que, cuando alcanza un grado determinado,
puede producir la agresión directa o la verbal. La selección
del blanco se hace en función de aquel que es percibido como
la fuente de displacer, pero si no es alcanzable aparecerá el
desplazamiento.
Teorías Sociológicas de la Agresión (Durkheim,
1938): la causa determinante de la violencia y de cualquier otro hecho
social no está en los estados de conciencia individual, sino
en los hechos sociales que la preceden. El grupo social es una multitud
que, para aliviar la amenaza del estrés extremo, arrastra con
fuerza a sus miembros individuales.
La agresividad social puede ser de dos tipos: individual, es fácilmente
predecible, sobre todo cuando los objetivos son de tipo material e individualista,
o bien grupal. Esta última no se puede predecir tomando como
base el patrón educacional recibido por los sujetos, sino que
se predice por el referente comportamental o sujeto colectivo, el llamado
"otro generalizado", al que respetan más que a sí
mismos y hacia el cual dirigen todas sus acciones.
Teoría Catártica de la Agresión: surge de la teoría
psicoanalítica (aunque hay varias corrientes psicológicas
que sustentan este concepto), la cual considera que la catarsis es la
única solución al problema de la agresividad. Supone una
descarga de tensión a la vez que una expresión repentina
de afecto anteriormente reprimido cuya liberación es necesaria
para mantener el estado de relajación adecuado Hay dos tipos
de liberación emotiva: la catarsis verbalizada y la fatiga.
Etología de la Agresión: surge de etólogos y de
teorías psicoanalíticas. Entienden la agresión
como una reacción impulsiva e innata, relegada a nivel inconsciente
y no asociada a ningún placer. Las teorías psicoanalíticas
hablan de agresión activa (deseo de herir o de dominar) y de
pasividad (deseo de ser dominado, herido o destruido). No pueden explicar
los fines específicos del impulso agresivo, pero si distinguen
distintos grados de descarga o tensión agresiva.
Teoría Bioquímica o Genética: el comportamiento
agresivo se desencadena como consecuencia de una serie de procesos bioquímicos
que tienen lugar en el interior del organismo y en los que desempeñan
un papel decisivo las hormonas. Se ha demostrado que la noradrenalina
es un agente causal de la agresión.
Lo que parece quedar claro de todo lo anterior es que, aunque la agresividad
está constitucionalmente determinada y aunque hay aspectos evolutivos
ligados a la violencia, los factores biológicos no son suficientes
para poder explicarla, puesto que la agresión es una forma de
interacción aprendida.
Otros factores implicados en el desarrollo de la agresividad son los
cognitivos y los sociales, desde cuyas vertientes se entiende la conducta
agresiva como el resultado de una inadaptación debida a problemas
en la codificación de la información, lo cual hace que
tengan dificultades para pensar y actuar ante los problemas interpersonales
y les dificulta la elaboración de respuestas alternativas. Estos
déficits socio-cognitivos pueden mantener e incluso aumentar
las conductas agresivas, estableciéndose así un círculo
vicioso difícil de romper.
Cuando un niño agresivo es rechazado y sufre repetidos fracasos
en sus relaciones sociales, crece con la convicción de que el
mundo es hostil y está contra él, aunque esto no le impide
que se autovalore positivamente. Sin embargo, para orientar su necesidad
de relaciones sociales y manejar positivamente su autoestima busca el
apoyo social de aquellos con los que se siente respaldado, que son los
que comparten con él sus estatus de rechazados, creándose
así pequeños grupos desestabilizadores dentro del grupo.
Tampoco se debe olvidar la influencia que tienen los factores de personalidad
en el desarrollo de la agresividad, puesto que el niño agresor
suele mostrar una tendencia significativa hacia el psicoticismo. Le
gusta el riesgo y el peligro y posee una alta extraversión que
se traduce en el gusto por los contactos sociales, aunque en ellos habitualmente
tiende a ser agresivo, se enfada fácilmente y sus sentimientos
son variables. Todo lo anterior hace que este tipo de niño tienda
a tener "trastornos de conducta" que le lleven a meterse en
problemas con sus iguales e incluso con adultos.
Sin menospreciar los factores biológicos, los cognitivos, los
sociales y los de personalidad, los factores que cobran un papel especialmente
importante en la explicación de la aparición de conductas
violentas, son los factores ambientales. Cobra especial importancia
el papel de la familia puesto que si la agresividad como forma de resolver
problemas interpersonales suele tener su origen al principio de la infancia,
parece claro que en buena parte se deba fraguar en el ambiente familiar.
El modelo de familia puede ser predictor de la delincuencia de los niños,
puesto que el clima socio-familiar interviene en la formación
y desarrollo de las conductas agresivas. Los niños agresivos
generalmente perciben en su ambiente familiar cierto grado de conflicto.
Las conductas antisociales que se generan entre los miembros de una
familia les sirven a los jóvenes de modelo y entrenamiento para
la conducta antisocial que exhibirán en otros ambientes, debido
a un proceso de generalización de conductas antisociales.
Existen una serie de variables implicadas en la etiología familiar,
las cuales tendrán una influencia directa en el desarrollo del
apego, la formación de valores morales, roles y posteriores relaciones
sociales. Estas variables implicadas son:
a) Ausencia de marcos de referencia de comportamiento
social y familiar.
b) Rechazo de los padres hacia el niño.
c) Actitud negativa entre padres e hijos.
d) Temperamento del chico en interacción con la dinámica
familiar.
e) Refuerzo positivo a la agresividad.
f) Prácticas de disciplina inconsistentes.
g) Prácticas disciplinarias punitivas.
h) Carencia de control por parte de los padres.
i) Empleo de la violencia física como práctica social-familiar
aceptable.
j) Historia familiar de conductas antisociales.
k) Empleo de castigos corporales.
l) Aislamiento social de la familia.
m) Exposición continuada a la violencia de los medios de comunicación.
De todo lo anterior se puede deducir que la agresión
es la conducta emergente de un entramado en el que se asocian ideas,
sentimientos y tendencias comportamentales que, una vez activadas la
alimentan y sostienen incluso sin que el individuo ejerza un control
voluntario.