BIOÉTICA. IMAGINACIÓN
MORAL Y PRAGMATISMO
Moris Polanco. Universidad Francisco Marroquín
(Guatemala)
Como profesor de ética, con alguna frecuencia recibo invitaciones
a participar en diferentes seminarios profesionales. Mi más reciente
experiencia ha sido en un seminario de bioética, al que asisten
médicos de diferentes especialidades, algunos de ellos personas
de gran renombre en mi país. Yo había mantenido conversaciones
informales con uno de los médicos integrantes del seminario,
pero nunca había asistido a sus reuniones. Finalmente, este médico
me invitó a participar en una sesión, que estaría
dedicada al tema "identidad personal y clonación".
Casualmente, hacía poco había leído A conversation
on Personal Identity and Immortality, de John Perry[1] -un perfecto
ejemplo, por cierto, del estilo analítico de tratar estas cuestiones-,
y tal vez por ello esperaba que la discusión del seminario girara
en torno a precisiones conceptuales. Pero descubrí que los médicos
estaban más interesados en imaginar un mundo donde la clonación
fuera ampliamente aceptada, y en las consecuencias que se derivarían
de esa situación, que en clarificar el concepto de la identidad
personal. Esto trajo a mi memoria un artículo de Hilary Putnam
sobre la clonación humana, que había leído un par
de años atrás[2], y revivió mi interés en
seguir explorando el tema de la relación entre la imaginación
moral y el pragmatismo.
El libro clásico sobre el tema de la imaginación moral
es, por supuesto, el de Mark Johnson, Moral Imagination[3]. Curiosamente,
en el índice analítico de ese libro no aparece la entrada
"pragmatismo", a pesar de que hay múltiples referencias
a John Dewey y de que el autor llega a reconocer que su concepción
de la moral es, en muchos aspectos, deweyana[4].
Más adelante sostendré que, aunque los pragmatistas podemos
aprender mucho sobre "las implicaciones de las ciencias cognitivas
para la ética", no debemos dejarnos deslumbrar. Mi punto
será que cometeríamos el mismo error que Johnson critica
al afiliarnos sin restricción a una teoría moral centrada
en la imaginación.
Esto por una parte. Por la otra, quiero hacer notar la necesidad de
trabajar más en este campo, pues, curiosamente, son escasísimos
los artículos que se han publicado en revistas de filosofía
sobre la relación entre la imaginación moral y el pragmatismo.
Lo que más sorprende es que dónde más se ha escrito
sobre este tema es en revistas de medicina y de enfermería. Más
adelante hablaré sobre algunos de ellos.
Finalmente, presentaré una visión pragmatista de la imaginación
moral, basada sobre todo en las ideas de Hilary Putnam.
La crítica de Mark Johnson a la ética tradicional
En su libro Moral Imagination, Johnson hace una crítica profunda
de prácticamente todas las teorías éticas occidentales.
La característica común de todas estas teorías
-de la ética tradicional, podríamos decir- es que presentan
la moral como algo que consiste fundamentalmente en "seguir reglas".
En la cultura Occidental, hemos heredado la visión errada de
que la moral no es más que un sistema universal de leyes o reglas
que proceden de la esencia de la razón[5].
Johnson cree que es moralmente irresponsable pensar y actuar como si
poseyéramos una razón universal y desencarnada que genera
reglas absolutas, procedimientos para la toma de decisiones, y leyes
o categorías universales por medio de las cuales podemos distinguir
el bien del mal en cualquier situación en que nos encontremos.
(...) Centrarse exclusivamente en leyes morales y principios racionales
es una amenaza para el bienestar humano, porque nos vuelve ciegos para
el cultivo de la imaginación moral que se necesita para ser moralmente
sensible y responsable hacia otras personas[6].
Mi crítica a la posición de Johnson es que falla en ver
las teorías éticas tradicionales (de Aristóteles
a Kant, de Epicuro a Hume o Mill) como simples imágenes morales.
Desde luego, cada teoría ética busca presentarse como
la mejor, la más exacta, la que mejor explica el fenómeno
moral, etc. Pero igual riesgo puede correr una teoría que intente
basarlo todo en la imaginación moral. Johnson está cerca
de resbalar aquí, cuando dice que lo que debemos buscar construir
es "una ciencia cognitiva de la comprensión moral"
['cognitive science of moral understanding']. ¿No suena esto
a una nueva tiranía cientifista? ¿No está detrás
la pretensión -tan fustigada por los pragmatistas- de "la
teoría correcta de X"?
Más sensato se muestra Johnson cuando dice, al final de la introducción,
que [poner] atención a los aspectos imaginativos de nuestra comprensión
nos dará un nuevo conjunto de preguntas para investigar que ni
siquiera podían ser imaginadas bajo la influencia de nuestros
anteriores supuestos[7]. Como pragmatista, me habría gustado
que Johnson mencionara dentro de esas nuevas preguntas la que interroga
por el origen de la necesidad humana de tener reglas morales. Con Hilary
Putnam, estoy de acuerdo en que cualquier intento de disolver nuestras
nociones fundamentales (nociones como verdad, objetividad y ley moral)
corre el riesgo de convertirse en irresponsabilidad filosófica
si no toma en cuenta el papel que tales nociones desempeñan en
el pensamiento y en la vida humana.
Si algo he aprendido de los pragmatistas y de Wittgenstein es a ser
muy cauteloso con las afirmaciones absolutas. Tal vez por eso no me
siento cómodo cuando leo que Johnson afirma como un hecho probado
por las ciencias cognitivas que nuestro razonamiento moral es imaginativo[8].
¿Y si en lugar del "es" ponemos un "puede ser
visto como"? No me opongo -es más, me encanta la idea- a
que ensayemos a ver el razonamiento moral como una actividad eminentemente
imaginativa; sólo me parece que debemos tener el cuidado de no
tirar por la borda más cosas de las necesarias.
Johnson cree que es necesario cambiar nuestra comprensión del
razonamiento moral, basándose en que estamos tratando de vivir
de acuerdo con una concepción que es inconsistente con la forma
en que los seres humanos captamos el sentido de las cosas[9]. Lo que
yo sostengo -sin que esto signifique que me oponga a la imaginación
moral- es que, para un pragmatista, más importante que afirmar
una nueva teoría moral es explorar el siguiente problema: ¿qué
es lo que tenemos en nuestra estructura cognitiva que nos lleva a construir
teorías -como la de la Ley Moral- que, supuestamente, constriñen
nuestra actuación?
Al proponer este problema, tengo en mente las observaciones de Nietzsche
en Más allá del bien y del mal sobre la moral como tiranía.
Según Nietzsche, la sujeción por largo tiempo a reglas
-en todos los campos, no sólo en la moral- fue el medio para
que en el espíritu europeo se despertase su fuerza, su curiosidad
osada, su fina agilidad[10]. Con otras palabras: existe algo en nuestra
estructura moral y cognitiva que hace viable y fecunda la imagen de
las reglas, y antes de pretender sustituirla por otra que se base sólo
en la imaginación debemos sopesar las consecuencias.
Los médicos pragmatistas
Paso ahora a comentar los trabajos sobre pragmatismo y ciencias de la
salud que se han publicado recientemente en algunas revistas de medicina
y enfermería.
En un artículo titulado Imagination in Practice, P. A. Scott[11],
de la Universidad de Stirling (Escocia), dice lo siguiente: más
que ofrecer una dieta de ética aristotélica en el currículo
de pregrado, quizás deberíamos seguir la sugerencia de
[Iris] Murdoch y ayudar al pacticante a desarrollar visión e
imaginación moral, y propone como medio para estimular y nutrir
la imaginación moral la literatura. Esta posición es cercana
a la que ha mantenido por años Hilary Putnam, al menos desde
que publicó Meaning and the Moral Sciences, en 1978. Al final
volveré sobre este tema.
En su artículo Freestanding Pragmatism in Law and Bioethics[12],
de hace apenas un año, J. D. Arras habla de un proyecto más
amplio en el que está involucrado, dedicado a estudiar la relevancia
del pragmatismo para la bioética. Por "freestanding pragmatism",
Arras entiende un acercamiento pragmatista al razonamiento práctico
que no se casa ni con el canon clásico ni con el neopragmatismo
rortyano. Según Arras, la versión libre del pragmatismo
que se practica en el razonamiento legal -caracterizado por el contextualismo,
el instrumentalismo, el eclecticismo y la independencia de las grandes
teorías- es sorprendentemente similar al así llamado "enfoque
pragmatista" en bioética. Arras concluye diciendo que si
esto es lo que se entiende por pragmatismo, entonces, en cierta forma,
"hoy en día todos somos pragmatistas".
Por su parte, Finns, Bacchetta y Miller[13] presentan un método
para resolver los problemas éticos que se presentan en la práctica
clínica inspirado en la filosofía de John Dewey. Llaman
a este método "pragmatismo clínico", y explican
que se centra en el proceso de evaluación y de formación
de consenso.
Otros autores[14], en fin, se basan en las obras de Mark Johnson o de
Iris Murdoch para proponer una nueva forma de ver los problemas éticos.
Esa nueva forma prestaría especial atención a la manera
en que el lenguaje, las metáforas y la imaginación influyen
en nuestras creencias.
Un campo especialmente prometedor a este respecto es el del uso de la
narrativa para enseñar ética a estudiantes de ciencias
de la salud y de leyes. Weisberg y Duffin[15], por ejemplo, relatan
cómo hicieron uso de las imágenes de médicos, enfermeras
y abogados que se encuentran en la literatura clásica y reciente
para impartir un curso de ética interdisciplinar. Las historias
de vida, y no los conceptos o la teoría, fueron el principal
medio utilizados por los autores para organizar la experiencia y encontrarle
un sentido a esa experiencia.
Una visión pragmatista de la imaginación moral
Mi propio acercamiento al tema de la imaginación moral es deudor,
como ya dije, de las ideas de Hilary Putnam. Son ideas provisionales,
que espero contrastar, enriquecer o cambiar a medida que me adentre
más en la ya abundante literatura sobre el tema.
La primera idea la expuse al principio: que está bien contar
con la teoría de la imaginación moral, siempre y cuando
no la absoluticemos. Puede ser una más de esas imágenes
de la situación humana en el mundo importantes, discutibles y
llenas de significado de que habla Putnam en Razón, verdad e
historia.
Comentando sobre esta idea de las imágenes morales, Ruth Ana
Putnam dice que
es preciso reconocer que personas con imágenes morales diferentes
pueden llevar vidas morales igualmente buenas. No quiero decir, como
es obvio, que todas las imágenes morales sean igualmente buenas,
hay imágenes morales abominables, sino que hay imágenes
morales alternativas con las que la gente ha llevado vidas buenas y
que podemos aprender de sus imágenes como ellos pueden aprender
de las nuestras[16].
Soy consciente de que no es lo mismo la teoría de la imaginación
moral de Johnson que el concepto de imágenes morales de Putnam.
Mi punto es que una visión pragmatista de la imaginación
moral supone verla como el pragmatismo ve toda teoría: como una
imagen moral de nuestra situación en el mundo. ¿Y qué
es una imagen moral? Una imagen moral es una descripción de cómo
se relacionan nuestros ideales y nuestras virtudes, y qué tienen
que ver con la posición en la que nos encontramos[17]. Por ejemplo,
todos tenemos una imagen moral de la familia, y esa imagen moral influye
no sólo en lo que pensamos acerca de la familia, sino en la vida
social en general.
La manera en que Putnam aborda el problema de la clonación humana
en el artículo que mencioné al principio viene ahora al
caso. Según Putnam, la discusión sobre la clonación
humana ganaría en claridad si en lugar de centrarse en principios
metafísicos o en derechos se centrara en cómo nos vemos
en un mundo que admita la clonación. Putnam propone una imagen
moral de la familia que refleje nuestros valores pluralistas y tolerantes,
no nuestras tendencias narcisistas y xenófobas, y esto significa
que deberíamos agradecer, no deplorar, el hecho de que nuestros
niños no son nosotros y no son diseñados por nosotros,
sino que son radicalmente Otros[18]. Es decir, rechazamos la clonación
no porque sea una violación a leyes naturales o porque viole
el derecho de los hijos a ser diferentes, sino porque no todo lo que
se puede hacer conviene hacerlo: simplemente, nos parece que estamos
mejor sin la clonación humana que con ella.
La segunda idea que quiero proponer es ésta: un pragmatista normalmente
verá los problemas éticos no a la luz de reglas morales,
sino a través de proyectos de vida, a la luz de la vida que nos
imaginamos viviendo en el futuro. "To see the actual in light of
the possible" -"ver lo presente en función de lo posible"-,
es la forma en que Thomas Alexander define la imaginación pragmática.
Vivir es constantemente decidir lo que vamos a ser, decía Ortega[19].
Para un pragmatista, el presente se vive en función del futuro,
de un futuro imaginado. Incluso cuando tratamos de evaluar nuestras
acciones pasadas lo hacemos tratando de imaginarlas en el marco de nuestro
proyecto de vida. Si son incompatibles con lo que queremos ser -con
lo que queremos llegar a ser-, rectificamos y hacemos el propósito
de cambiar. Pero si en un momento dado, por la razón que sea,
nuestro proyecto de vida cambia, vemos el pasado con una nueva luz.
Una tercera y última idea: como la imaginación moral es
esencialmente narrativa, habrá que tener muy en cuenta la recomendación
de hacer uso de la literatura y el cine en los cursos de ética,
particularmente en los cursos de ética práctica o profesional.
Hilary Putnam ilustra esta conexión entre narrativa, imaginación
y razonamiento práctico por medio de un ejemplo: "un hombre
está escalando una montaña. A medio camino se detiene,
porque no está seguro de hacia dónde debe seguir. Él
se imagina a sí mismo continuando por un camino. En su imaginación,
llega hasta cierto punto, y luego se encuentra con una dificultad que
no sabe cómo resolver. Luego se imagina siguiendo otra ruta.
Esta vez es capaz de imaginarse llegando hasta la cima sin dificultad,
así que toma el segundo camino"[20]. La enseñanza
que Putnam saca de este ejemplo (que toma de un libro no publicado de
Grice y Baker), es que ésta puede ser una forma perfectamente
racional de solucionar un problema práctico, que, sin embargo,
no necesita ser reducida a un esquema lineal proposición por
proposición. El montañista está funcionando, por
decirlo así, como un computador analógico más que
como computador digital cuando resuelve el problema de 'desenrollar'
su imaginación, tan vivamente como puede, en la forma 'cómo
habría ocurrido si...'"[21].
CONCLUSIÓN
En conclusión, he tratado de mostrar a ustedes cómo el
pragmatismo se está aplicando en áreas como la medicina,
la enfermería y la bioética, y que esas aplicaciones coinciden,
en muchos puntos, con la teoría de la imaginación moral
de Mark Johnson. Pero también he señalado que una visión
pragmatista de la imaginación moral tiene que ir más allá
de la propuesta de Johnson, y hacer que la imaginación moral
se vea a sí misma como una imagen moral de la situación
humana en el mundo.
NOTAS
[1] J. Perry, A Dialogue on Personal Identity and Immortality (Indiannapolis:
Hackett, 1978).
[2] H. Putnam, "Cloning People", en Justin Burley (ed.), The
Genetic Revolution and Human Rights (Oxford: Oxford University Press,
1999).
[3] M. Johnson, Moral Imagination. Implications of Cognitive Sciences
for Ethics (Chicago: University of Chicago Press, 1993).
[4] M. Johnson, p. xiv.
[5] M. Johnson, p. 2.
[6] M. Johnson, p. 5.
[7] M. Johnson, p. 12.
[8] M. Johnson, p. 2.
[9] M. Johnson, p. 8.
[10] No. 188.
[11] P. A. Scott, "Imagination in Practice", Journal of Medical
Ethics 23.1 (1997): 45-50.
[12] J. D. Arras, "Freestanding Pragmatism in Law and Bioethics",
Theoretical Medicine & Bioethics 22 (2, 2001): 69-85.
[13] J. J. Finns, M. D. Bacchetta, F. G. Miller, "Clinical Pragmatism:
a method of moral problem solving", Kennedy Institute of Medical
Ethics Journal 7.2 (1997): 129-45.
[14] Por ejemplo, E. J. Pask, "Developing moral imagination and
the influence of belief", Nursing Ethics: an International Journal
for Health Care Professionals 4.3 (1997): 202-10; B. J. Crigger, "Where
do moral decisions come from?", Hasting Center Report 26.1 (1996):
33-38; J. Liaschenko, "What if...? Language, health care, and moral
imagination", Home Care Provider 3.3 (1998): 128-130.
[15] M. Weisberg, J. Duffin, "Evoking the moral imagination: using
stories to teach ethics and professionalism to nursing, medical, and
law students", Journal of Medical Humanities 16.4 (1995): 247-263.
[16] Ruth Anna Putnam, "Imágenes morales e imaginación
moral", Dianoia 38 (1992): 188.
[17] H. Putnam, "Cloning People", p. 4.
[18] H. Putnam, "Cloning People", p. 12.
[19] J. Ortega y Gasset, "¿Qué es filosofía?",
en Obras completas (Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente, 1969),
vol. 7, p. 419.
[20] H. Putnam, "Literature, Science, and Reflection", en
Meaning and the Moral Sciences (Boston: Routledge and Keagan Paul, 1978).
[21] H. Putnam, "Literature, Science, and Reflection".