EL PARLAMENTO EUROPEO LANZA LA ALARMA ANTE LAS
SECTAS DESTRUCTIVAS
Pide prevención educativa, más que una
ley específica o la publicación de listas
BRUSELAS, 16 jul (ZENIT).- La difusión de las
sectas es fuente de preocupación para el Parlamento Europeo que
acaba de publicar una relación sobre el fenómeno. Los
datos son impresionantes. Se habla de veinte mil nuevas sectas surgidas
en los últimos treinta años, de las que ocho mil están
en Africa, con unos cinco a seis millones de seguidores.
Por lo que se refiere a Europa, las cifras son más contenidas
aunque siempre preocupantes. Italia, es el país europeo que tiene
el mayor número de adeptos a los Testigos de Jehová y
en su territorio actúan 400 sectas con unos 600.000 adeptos,
lo que significa el 1% de la población.
Las cifras para España no concuerdan. Se habla desde un mínimo
de 40 sectas, con unos 150.000 seguidores, hasta un máximo de
entre 330-600, con 700.000 adeptos. En Bélgica, las fuentes oficiales
dan cuenta de la existencia de 175 sectas "que deberían
ser vigiladas", pero no dice nada sobre el número de miembros.
Gran Bretaña no considera que sea un problema grave para el orden
público, y expone la conveniencia de hacer una investigación
sobre la influencia de la masonería en la política y en
el derecho. Alemania y Francia han realizado investigaciones detalladas.
Según la relación hecha al Bundestag (el parlamento alemán),
en 1997, en torno a 1.172.000 alemanes habían participado al
menos una vez en reuniones de movimientos neo-religiosos o "psicogrupos"
y que unos 820.000 serían miembros activos.
El informe francés a la Asamblea Nacional de 1995 identificó
unas 172 sectas y el número de los adeptos sería de unas
162.000 personas. Sobre cómo afrontar el problema, existen posiciones
discordantes porque en caso de represión se arriesga el rozar
los derechos fundamentales de la libertad religiosa, de conciencia,
de opinión, de asociación y de reunión.
Con el pretexto de controlar comportamientos específicos de algunos
movimientos religiosos, el Estado se arriesga a violar la libertad de
conciencia, entrometiéndose en los contenidos religiosos, discriminando
ciudadanos por sus creencias o a las asociaciones a las cuales de adhieren.
El Informe del Parlamento Europeo desaconseja la formación de
"un elenco de sectas" porque no estando el concepto jurídicamente
definido, podría tener características "discriminatorias".
El mismo informe reconoce que la adhesión creciente a nuevos
movimientos religiosos "se ve como el síntoma de un profundo
malestar social, moral y cívico" y expresa "el deseo
de dar un valor y una explicación a la existencia que, para algunos,
no puede ser satisfecho en la actual sociedad técnico-científica".
En el caso de sectas que a veces han cometido o instigado delitos, el
informe habla de "abusos sexuales sobre menores, tráfico
de estupefacientes y seres humanos, ejercicio ilícito de la profesión
médica, lavado de dinero, evasión fiscal, instigación
al suicidio". Tratándose de delitos ya contemplados por
el código penal pueden ser perseguidos sin necesidad de realizar
una específica legislación antisectas.
El informe "invita a los estados miembros a intervenir sólo
sobre los aspectos problemáticos, ante actividades concretas
de las sectas que agredan a la integridad física, psíquica
o a la posición económico-social del ciudadano".
El profesor Massimo Introvigne, director del CESNUR (Centro para el
Estudio de las Nuevas Religiones), declaró al diario católico
Avvenire que "el informe es mucho mejor de lo que se podía
esperar. Hay una evidente conciencia de lo delicado que es el tema.
Es positiva la toma de conciencia de que el problema de la adhesión
a las sectas se debe afrontar con una aproximación educativa
más que con una solución legislativa o policial.
Para Introvigne es positivo que "incluso los parlamentarios socialistas
o superlaicistas hayan aceptado la idea de que el ciudadano europeo
debe ser educado incluso a orientarse en materia religiosa, no sólo
en economía, ciencia o política. Naturalmente, todo depende
de lo que se haga después con esta propuesta en cada gobierno".
Nace por lo tanto el problema de quién guiará la formación
religiosa. "No querría --concluye Introvigne-- que en Francia
la tarea fuera confiada a exponentes anticlericales o, en los países
del Este, a los viejos propagandistas antirreligiosos o de regímenes
pasados".
El caso español.
La mayoría de los estudiosos de las sectas en España,
según ha podido saber ZENIT, coinciden en afirmar que es muy
difícil establecer un número de adeptos para los "grupos
destructivos" que actúan en el país. La palabra "secta"
la consideran inadecuada, ya que muchos de estos movimientos no son
separaciones de otra confesión religiosa. Algunas de las características
comunes a muchos de estos grupos destructivos son, en primer lugar,
el ser, en su interior, estructuras férreamente jerarquizadas,
con un gurú o líder. Sin embargo tienen una cara exterior
amable, acogedora, atrayente para un joven desorientado y con problemas.
Practican el "lavado de cerebro", un delito contra la libertad
de las personas muy difícil de tipificar.
Explotan a sus adeptos hasta la inanición, con poca comida y
muchos actos colectivos en los que se imparte la doctrina del grupo.
Algunos de ellos practican la promiscuidad sexual; en otros el líder
"regala" a las adeptas con la posibilidad de mantener relaciones
sexuales con ellas; en otros, se usa el sexo como gancho para captar
nuevos seguidores; y otros, los más extendidos y poderosos, tienen
constituidas ya multinacionales que comercian con los objetos que hacen
comprar a los seguidores. Lo más preocupante es que se han dado
muchos casos de jóvenes, menores de edad, que han sido captados
por estos grupos y han desaparecido para siempre de sus familias.
Hace años, ante graves problemas de denuncia de familiares, se
constituyó una comisión específica en el Parlamento
español, a instancias de la diputada democristiana (del entonces
PDP) Pilar Salarrullana, que junto a un periodista y otras personas,
fue amenazada por algunos de estos grupos. Actualmente, existe un grupo
de jóvenes, miembro del Consejo de la Juventud de España,
que luchan contra los grupos neonazis y las sectas que se llama "Jóvenes
contra la intolerancia". El Consejo de la Juventud, dependiente
del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, ha estudiado el problema
y ha publicado investigaciones al respecto.
En España, existen dos grandes grupos de padres de familia que
luchan contra las sectas, uno en Madrid y otro en Barcelona, con el
nombre de Pro-Juventud, que convocaron hace diez años en el país
el Primer Congreso Internacional sobre Sectas.
Pro-Juventud ha practicado una técnica que fue usada primero
en Estados Unidos, aunque hoy sea muy discutida: se trata de la "desprogramación".
Un proceso contrario al "lavado de cerebro" para restituir
al captado su libertad de decidir.
El problema sigue siendo delicado, pero tanto en España como
en Latinoamérica los obispos han pedido repetidas veces la reacción
de la comunidad política y social para afrontar un problema,
no por desconocido menos peligroso, para la libertad religiosa en la
que estos grupos se amparan y crecen.