CARTA DE OCHO PRESIDENTES EUROPEOS APOYANDO LA GUERRA
CONTRA IRAK.
José María Aznar, presidente del Gobierno español;
Tony Blair, primer ministro británico; Jose Manuel Durão
Barroso, primer ministro portugués; Silvio Berlusconi, primer
ministro italiano; Peter Medgyessy, primer ministro húngaro;
Leszek Miller, primer ministro polaco; Anders Fogh Rasmussen, primer
ministro danés, y Vaclav Havel, presidente de la República
Checa.
EUROPA Y EE.UU DEBEN MANTENERSE UNIDOS.
El vínculo que une a los Estados Unidos y a
Europa son los valores que compartimos: la democracia, la libertad individual,
los derechos humanos y el Estado de derecho.
Quienes zarparon de Europa y ayudaron a crear lo que ahora son los Estados
Unidos de América llevaron con ellos estos valores al otro lado
del Atlántico. Hoy estos valores están más amenazados
que nunca. Los ataques del 11 de septiembre nos enseñaron hasta
dónde están dispuestos a llegar los terroristas, los enemigos
de estos valores comunes, en su afán de destruirlos. Estas atrocidades
fueron un ataque contra todos. La reacción de los Gobiernos y
de los pueblos de Europa y Norteamérica, defendiendo con firmeza
estos principios, mostró la fuerza de nuestras convicciones.
Hoy más que nunca el vínculo transatlántico es
una garantía de nuestra libertad.
La relación entre Europa y los Estados Unidos ha sobrevivido
al paso del tiempo. Gracias al valor, la generosidad y la visión
de futuro de los norteamericanos, Europa se libró de las dos
formas de tiranía que han devastado nuestro continente en el
siglo XX: el nacionalsocialismo y el comunismo. Gracias también
a la continua cooperación entre Europa y los Estados Unidos hemos
podido garantizar la paz y la libertad en nuestro continente. La relación
transatlántica no debe convertirse en una víctima de los
constantes intentos del actual régimen iraquí de amenazar
la seguridad mundial.
En el mundo de hoy, más que en ningún otro momento, es
vital que preservemos esa unidad y cohesión. Sabemos que el éxito
en la lucha cotidiana contra el terrorismo y la proliferación
de armas de destrucción masiva exige que todos los países
para los que la libertad es el bien más preciado mantengamos
una determinación sin fisuras y una firme cohesión internacional.
El régimen de Irak y sus armas de destrucción masiva representan
una amenaza clara para la seguridad mundial. Así lo han reconocido
expresamente las Naciones Unidas. Todos estamos obligados por la Resolución
1.441 del Consejo de Seguridad, aprobada por unanimidad. Desde entonces,
en la Cumbre de la OTAN de Praga y en el Consejo Europeo de Copenhague,
los europeos hemos reafirmado nuestro apoyo a la Resolución 1.441,
nuestro deseo de proseguir por el camino de la ONU y nuestro apoyo a
su Consejo de Seguridad.
Hemos enviado así un mensaje claro, firme e inequívoco
de liberar al mundo del peligro que supone la posesión por parte
de Sadam Husein de armas de destrucción masiva. Debemos permanecer
unidos insistiendo en el desarme del régimen iraquí. La
solidaridad, cohesión y determinación de la comunidad
internacional constituyen nuestra mejor esperanza de conseguirlo de
forma pacífica. Nuestra fuerza está en la unidad.
La combinación de armas de destrucción masiva y terrorismo
supone una amenaza de consecuencias incalculables. Todos debemos sentirnos
preocupados. La Resolución 1.441 es la última oportunidad
que tiene Sadam Husein de desarmarse por medios pacíficos. En
sus manos está impedir una confrontación mayor. Por desgracia,
los inspectores de armas de la ONU han confirmado que Sadam Husein sigue
manteniendo la misma actitud de siempre: engaño, rechazo e incumplimiento
de las Resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.
Europa no tiene nada en contra del pueblo iraquí. De hecho es
la primera víctima del actual régimen brutal. Nuestro
objetivo es salvaguardar la paz y la seguridad mundiales asegurando
que este régimen entrega sus armas de destrucción masiva.
Nuestros Gobiernos comparten una misma responsabilidad: plantar cara
a esta amenaza. Si no lo hacemos seremos negligentes con nuestros propios
ciudadanos y con el mundo.
La Carta de las Naciones Unidas encomienda al Consejo de Seguridad la
tarea de preservar la paz y la seguridad internacionales. Para ello
es esencial que el Consejo de Seguridad mantenga su credibilidad a través
de la eficacia plena de sus Resoluciones. No podemos tolerar que un
dictador viole sistemáticamente estas Resoluciones. Si éstas
no se cumplen la credibilidad del Consejo desaparece y, por tanto, la
paz mundial se verá afectada. Estamos convencidos de que el Consejo
de Seguridad sabrá hacer frente a sus responsabilidades.