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Bajo la sombra nuclear
ARUNDHATI ROY Esta semana, las familias de los diplomáticos
y los turistas desaparecieron rápidamente, y llegaron manadas
de periodistas de Europa y EE.UU. Muchos de ellos residen en el Hotel
Imperial en Delhi. Muchos me llaman. ¿Por qué está
aún aquí, me preguntan, por qué no se ha ido de
la ciudad? ¿No es una posibilidad real la guerra nuclear? Lo
es, ¿pero donde voy a ir? Si me voy, y todo y todos, cada amigo,
cada árbol, cada hogar, cada perro, ardilla y pájaro que
he conocido y amado son incinerados, ¿cómo voy a seguir
viviendo? ¿A quién voy a amar, y quién me va a
amar? ¿Qué sociedad me va a acoger y me va a permitir
ser lo revoltosa que soy, aquí, en mi país? Decidimos
que nos quedamos todos. Nos hemos acurrucado todos juntos, comprendimos
cuánto nos amamos mutuamente y pensamos qué vergüenza
sería morir ahora. La vida es normal, sólo porque lo macabro
se ha vuelto normal. Mientras esperamos la lluvia, el fútbol,
justicia, en la televisión los viejos generales y los ambiciosos
jóvenes presentadores hablan de la capacidad de primer ataque
y de segundo ataque, como si estuvieran discutiendo un juego de mesa
familiar. Mis amigos y yo discutimos "Profecía," la
película sobre el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, los cadáveres
obstruyendo el río, los supervivientes despojados de su piel
y sus cabellos; recordamos especialmente al hombre que simplemente se
fundió sobre los escalones del edificio y nos imaginamos a nosotros
mismos así, como manchas en escalinatas. |
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© ArticuloManía - 2003