S.O.S. OZONO
Carlos Mauricio Iriarte
A mediados de septiembre se conmemoró otro Día Mundial
de la conservación de la Capa de Ozono, sin que pudiera nadie
evitar que esa fecha pasara inadvertida. ¿Funesto? Creo que sí.
Aunque ahora con menos velocidad que hace seis o siete años,
nuestra capa de Ozono sigue desapareciendo ante la complacencia de gobiernos,
autoridades, organismos internacionales y ciudadanos del mundo comunes
y corrientes. No ha valido, suficientemente, la firma por más
de 200 Estados del famoso Protocolo de Montreal (Canadá) que
limita y prohibe el uso de esos productos que agotan el inmenso "globo"
que envuelve la tierra y la protege de los rayos ultravioletas del sol.
Mucho menos han sido suficientes las múltiples conferencias,
foros, películas, videos, campañas publicitarias, artículos
científicos o cualquier otro mecanismo de difusión sobre
los terribles daños que produciría a la humanidad el aumento
de ese enorme agujero en la capa de ozono. No ha valido nada. Tal vez
necesitemos unos cuantos miles de muertos en los cinco continentes para
reaccionar con más energía y rapidez. Y no nos extrañemos
que esto pueda suceder. En efecto, la capa de ozono de la estratosfera
es el único filtro natural para contener la radiación
ultravioleta y la exposición a éstos produce daños
al sistema inmunológico del ser humano y una mayor incidencia,
entre otros, del cáncer en la piel, además de sus consecuencias
negativas para la vida de la flora y fauna, tanto terrestre como acuática.
La supresión del sistema inmunológico por la luz utravioleta
puede predisponer a poblaciones vulnerables a sufrir de enfermedades
infecciosas, particularmente si se encuentra en un medio sanitariamente
pobre, con exceso de población y malnutrición, las cuales
pueden ir de un término medio hasta un nivel fatal, como la letalidad
mostrada en las infecciones de los pacientes con Sida. En el supuesto
de que la capa de ozono desapareciera, "la radiación provocaría
un incremento de la energía que recibe la superficie terrestre
muy cercano al 3%, aumentado así la temperatura del aire, lo
cual produciría graves problemas de desertificación, aumento
del nivel del mar y su consiguiente inundación de las zonas costeras,
enfermedades a los seres humanos, como el cáncer de piel (epiteliomas,
carcinomas, melanomas) o cataratas, un descenso de la producción
vegetal como consecuencia de la disminución de la fotosíntesis
y, en general, toda una gama de efectos biológicos de difícil
previsión para todos los seres vivos. La amenaza directa sobre
la salud de las personas por la degradación de la capa de ozono
puede tornarse trivial si la comparamos sobre la amenaza indirecta en
otras áreas, ya que cerca de 2/3 de más de 200 tipos de
plantas se verían afectadas. Por ejemplo, un estudio indicaba
que, si había un incremento del 16% de radiaciones UV-B, podría
sustancialmente reducir los campos de cultivo de soya. Aunque existan
diversas reacciones en cuanto a los cultivos que se verían afectados
por un incremento de estas radiaciones, existen muy pocos que puedan
resistir a él. Así también, tenemos que algunas
especies de árboles son más sensibles que otras a los
efectos de la radiación y lo mismo ocurre con los animales".
¿Necesitamos más razones para exigir de todo el universo
el freno total a la fabricación de productos químicos
causantes de esta muerte lenta?
¿Necesitamos más razones para no seguir comprando en el
mercado dichos productos?