La piratería no sería
culpable de las pocas ventas de CDs
Brad King
Cuando llega el momento de encontrar a los responsables de la caída
en las ventas discográficas, la piratería digital es la
elegida. Sin embargo, cada día son más los críticos
que señalan a los sellos discográficos como los verdaderos
culpables. Por Brad King
Según un informe elaborado por una asociación comercial
que nuclea a los sellos grabadores más importantes del mundo,
la piratería digital provocó una caída en las ventas
discográficas mundiales.
Sin embargo, un coro cada día más numeroso de observadores
de la industria -que van desde músicos hasta jueces federales,
pasando por organizaciones de defensa de los derechos de los consumidores-
señalan a otros culpables: los propios sellos grabadores.
La International Federation of the Phonographic Industry (IFPI, Federación
Internacional de la Industria Fonográfica) anunció que
las ventas mundiales del sector declinaron en un 5 por ciento en 2001.
El CEO (director ejecutivo) de la IFPI Jay Berman admitió que
la caída en el ritmo de la economía y el aumento de la
competencia proveniente de otras fuentes de entretenimiento habían
afectado la industria de la música, pero no obstante responsabilizó
a las redes de intercambio de archivos por la baja en las ventas.
"Los problemas del sector no constituyen una señal de que
la música grabada haya perdido popularidad, sino más bien
de que el valor comercial de la música ha experimentado una tremenda
devaluación a causa de la amplia difusión de la piratería
y las copias ilegales", dijo Berman.
Los ejecutivos de las empresas discográficas vienen cantando
el mismo estribillo que entona Berman desde hace varios años,
afirmando que el advenimiento de las redes de intercambio de archivos
como Napster y Morpheus --que les ofrecen a los usuarios la posibilidad
de descargar archivos en formato MP3- debilitó las oportunidades
comerciales que podía brindar Internet para las actividades legales
relacionadas con la música.
Para combatir este problema, los sellos grabadores y los estudios cinematográficos
han dado todo su apoyo a un polémico proyecto de ley, presentado
por el senador Fritz Hollings (Partido Demócrata, Carolina del
Sur), que dispondría la obligatoriedad de incorporar dispositivos
de seguridad en cualquier artículo electrónico.
Pero los críticos de la industria grabadora aseguran que al tratar
a sus clientes como ladrones -muchas veces antes de ofrecerles una alternativa
legítima- la industria grabadora se ha ganado el rechazo de millones
de personas.
Esas personas expresaron su voto en contra de las discográficas
a través de las computadoras, adoptando tecnologías que
les permiten descargar archivos de música cuando desean, escucharlos
en el dispositivo que elijan, y compartirlos con sus amigos.
Cuando se clausuró Napster, millones de usuarios migraron a sistemas
como Gnutella, Kazaa, AudioGalaxy y Morpheus. Se siguen intercambiando
miles de millones de archivos, pese a que hoy existen cuatro servicios
de música online por suscripción a disposición
del público.
"Yo diría que los sellos han perdido contacto con sus clientes
y que las tiendas de venta minorista dejaron de ser el lugar donde se
busca la música", dijo Dave Allen, uno de los miembros fundadores
del grupo Gang of Four. "La industria ha logrado privar de sus
derechos a por lo menos dos generaciones de compradores de CDs. Ahora,
si algún chico compra un disco, en cuanto lo tiene hace varias
copias para compartirlas con sus amigos".
La interminable pelea entre las empresas de tecnología y los
sellos grabadores les ha brindado a los músicos un escenario
inimaginado para ventilar sus quejas: muchos ocupan el centro de la
escena y desde allí arremeten contra las mismas empresas que
los hicieron famosos.
El ex integrante de Eagle Don Henley creó la Recording Artists
Coalition para ejercer presión a favor de leyes que dispongan
la devolución de muchos derechos de autor a los músicos.
Elton John, uno de los numerosos intérpretes populares que criticaron
duramente el intercambio de archivos hace años, ahora dirige
sus dardos contra los sellos grabadores, diciendo que sus filas están
pobladas por personas de escasa visión que saben muy poco de
música.
Al frente de la oleada opositora a los sellos grabadores se encuentran
los fabricantes de artículos electrónicos y de computadoras.
Según estos sectores, las "soluciones" antipiratería
como los CD protegidos contra copias, los dispositivos de seguridad,
y la restricción en cuanto a la disponibilidad de la música
empujaron a los consumidores a utilizar las redes ilegales de intercambio
de archivos.
Gateway Computer, que lanzó una campaña publicitaria la
semana pasada en la que promueve la descarga legal de archivos digitales
y el copiado en CDs, debió hacer frente a duras críticas
provenientes de la Recording Industry Association of America (RIAA,
Asociación de la Industria Grabadora de Estados Unidos), la organización
afiliada a la IFPI en Estados Unidos.
Muchos observadores consideran que la industria grabadora está
utilizando la caída en las ventas de CD para impulsar medidas
restrictivas que les otorgarían a las grandes empresas el control
absoluto sobre las posibilidades de escuchar, ver y almacenar contenidos
digitales de las que disponen los usuarios. Un grupo de defensa de los
consumidores que cuenta con el respaldo de capitalistas de riesgo, empresas
de música online, y de defensores de las innovaciones se opone
abiertamente a muchas de las medidas adoptadas por los sellos y los
estudios cinematográficos.
"El ataque de la RIAA no tiene por objeto impedir la piratería,
sino obtener ganancias económicas", señaló
Joe Kraus, fundador de DigitalConsumer.org. "A través de
una combinación de tecnología y leyes, Hollywood está
tratando de arrebatarles a los consumidores los derechos de los que
hoy gozan, para vendérselos nuevamente mañana".
Y la industria de la música no está luchando exclusivamente
contra la piratería digital y las empresas fabricantes de artículos
electrónicos: está librando una batalla contra sí
misma. El mes pasado, la CEO de la RIAA Hilary Rosen manifestó
que la propia industria de la música estaba "matando las
oportunidades" online al no contribuir al desarrollo de MusicNet
y Pressplay, los dos servicios por suscripción respaldados por
los sellos grabadores más importantes.
Pero una jueza federal dio otra vuelta de tuerca a los comentarios de
Rosen, afirmando que los sellos grabadores parecerían haberse
negado a otorgar acuerdos de licencia a las empresas de música
digital mientras se dedicaban a desarrollar MusicNet y Pressplay. La
jueza Marilyn Hall Patel, que entiende en la causa por violación
de derechos de autor entabladea por la RIAA contra Napster, manifestó
que esa "conducta supuestamente desleal sigue vigente y que el
alcance de los daños potenciales es inmenso".
Patel allanó el camino para que los abogados de Napster desarrollen
su defensa tomando como base el uso indebido de derechos de autor por
parte de la industria musical.
Es posible que jamás se llegue a conocer a ciencia cierta la
dimensión de las pérdidas económicas provocadas
por la piratería, pero la industria grabadora puede dar por seguro
un dato. "La industria grabadora sigue mirando en la dirección
equivocada", dijo Allen. "El cliente siempre tiene la razón,
y es muy claro que el cliente le está volviendo la espalda".