LA DEUDA EUROPEA
Por Alfredo Balmaceda (*)
(Exposición del Cacique Guaicaipuro
Cuatémoc ante la
reunión de Jefes de Estado de la
Comunidad Europea).
Con lenguaje simple, que era trasmitido
en traducción
simultánea a más de un centenar de
Jefes de Estado y
dignatarios de la Comunidad Europea, el
Cacique Guaicaipuro
Cuatémoc logró inquietar a su audiencia
cuando dijo:
Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatémoc, he
venido a encontrar a
los que celebran el encuentro.
Aquí pues yo, descendiente de los que
poblaron la América
hace cuarenta mil años, he venido a
encontrar a los que la
encontraron hace sólo quinientos años.
Aquí pues, nos
encontramos todos.
Sabemos lo que somos, y es bastante.
Nunca tendremos otra cosa.
El hermano aduanero europeo me
pide papel escrito con visa
para poder descubrir a los que me
descubrieron.
El hermano usurero europeo me pide pago
de una deuda
contraída por Judas, a quien nunca
autoricé a venderme.
El hermano leguleyo europeo me explica
que toda deuda se
paga con intereses, aunque sea
vendiendo seres humanos y
países enteros sin pedirles
consentimiento.
Yo los voy descubriendo.
También yo puedo reclamar pagos y
también puedo reclamar
intereses.
Consta en el Archivo de Indias, "papel
sobre papel, recibo
sobre recibo y firma sobre firma", que
solamente entre el
año 1503 y 1660, llegaron a San Lucas
de Barrameda 185 mil
kilos de oro y 16 millones de kilos de
plata provenientes
de América.
¿Saqueo? ¡ No lo creyera yo !
Porque sería pensar que los
hermanos cristianos faltaron a su
Séptimo Mandamiento.
¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de
figurarme que los
europeos, como Caín, matan y niegan la
sangre de su
hermano!
¿Genocidio? Eso sería dar crédito
a los calumniadores, como
Bartolomé de las Casas, que califican
al encuentro como de
destrucción de las Indias, o a ultrosos
como Arturo Uslar
Pietri, que afirma que el arranque del
capitalismo y la actual
civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos!
¡No!, Esos 185 mil kilos de oro y
16 millones de kilos de
plata deben ser considerados como el
primero de muchos
otros préstamos amigables de América,
destinados al
desarrollo de Europa. Lo contrario
sería presumir la
existencia de crímenes de guerra, lo
que daría derecho no
sólo a exigir devolución inmediata,
sino la indemnización
por daños y perjuicios.
Yo, Guaicaipuro Cuatémoc, prefiero
pensar en la menos
ofensiva de estas hipótesis.
Tan fabulosa exportación de capitales
no fueron más que el
inicio de un plan "Marshalltezuma",
para garantizar la
reconstrucción de la bárbara Europa,
arruinada por sus
deplorables guerras contra los cultos
musulmanes, creadores
del álgebra, la poligamia, el baño
cotidiano y otros logros
superiores de la civilización.
Por eso, al celebrar el Quinto
Centenario del Empréstito,
podremos preguntarnos: ¿han hecho los
hermanos europeos un
uso racional, responsable o por lo
menos productivo de los
fondos tan generosamente adelantados
por el Fondo
Indo americano Internacional?
Deploramos decir que no. En lo
estratégico, lo dilapidaron
en las batallas de Lepanto, en armadas
invencibles, en
terceros reichs y otras formas de
exterminio mutuo, sin
otro destino que terminar ocupados por
las tropas gringas
de la OTAN, como en Panamá, pero sin
canal. En lo
financiero, han sido incapaces, después
de una moratoria de
500 años, tanto de cancelar el capital
y sus intereses,
cuanto de independizarse de las rentas
líquidas, las
materias primas y la energía barata que
les exporta y
provee todo el Tercer Mundo.
Este deplorable cuadro corrobora la
afirmación de Milton
Friedman según la cual una economía
subsidiada jamás puede
funcionar y nos obliga a reclamarles,
para su propio bien,
el pago del capital y los intereses
que, tan generosamente
hemos demorado todos estos siglos en
cobrar.
Al decir esto, aclaramos que no nos
rebajaremos a cobrarle
a nuestros hermanos europeos la viles y
sanguinarias tasas
del 20 y hasta el 30 por ciento de
interés, que los
hermanos europeos le cobran a los
pueblos del Tercer Mundo.
Nos limitaremos a exigir la devolución
de los metales
preciosos adelantados, más el módico
interés fijo del 10
por ciento, acumulado sólo durante los
últimos 300 años,
con 200 años de gracia.
Sobre esta base, y aplicando la fórmula
europea del interés
compuesto informamos a los
descubridores que nos deben,
como primer pago de su deuda, una masa
de 185 mil kilos de
oro y 16 millones de plata, ambas
cifras elevadas a la
potencia de 300.
Es decir, un número para cuya expresión
total, serían
necesarias más de 300 cifras, y que
supera ampliamente el
peso total del planeta tierra. Muy
pesadas son esas moles
de oro y plata. ¿Cuánto pesarían,
calculadas en sangre?
Aducir que Europa, en medio milenio, no
ha podido generar
riquezas suficientes para cancelar ese
módico interés,
sería tanto como admitir su absoluto
fracaso financiero y/o
la demencial irracionalidad de los
supuestos del capitalismo.
Tales cuestiones metafísicas,
desde luego, no nos inquietan
a los indo americanos.
Pero sí exigimos la firma de una Carta
de Intención que
discipline a los pueblos deudores del
Viejo Continente; y
que los obligue a cumplir su compromiso
mediante una pronta
privatización o reconversión de Europa,
que les permita
entregárnosla entera, como primer pago
de la deuda
histórica..."
Cuando el Cacique Guaicaipuro Cuatémoc
dio su conferencia
ante la reunión de Jefes de Estado de
la Comunidad Europea,
no sabía que estaba exponiendo una
tesis de Derecho
Internacional para determinar LA
VERDADERA DEUDA EXTERNA,
ahora sólo resta que algún gobierno
latinoamericano tenga
el valor suficiente para hacer el
reclamo ante los
Tribunales Internacionales.
Nota de la redacción:
Esta historia la recibimos por correo electrónico hace algún tiempo, la hemos guardado para compartirla con ustedes, desafortunadamente no tenemos mas datos de la fecha en que se llevo a cavo esta Exposición del Cacique Guaicaipuro Cuatémoc, ante la reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Europea.