ADVERTENCIA
Este fic contiene gran cantidad de spoilers,
es decir que si lo lees y no has leído los libros te echará a perder la
emoción. Te recomiendo primero leer los libros escritos por Rowling y después
leer los fics, pero si no te importa saber lo que sucedió en anteriores libros
sigue, pero yo te lo advertí primero.
por Daga
sidestory 3Una casa vieja, un antiguo caserón
señorial venido a menos, hundiéndose bajo el peso de los siglos y poniendo en
evidencia que había habido mejores tiempos y que aún quedaba un resto de
orgullo en sus ocupantes. La casa de los Brightstar.
Un niño rubio de
tal vez nueve o diez años. Un poco bajo para su edad, un poco más delgado de lo
que uno esperaría en una criatura con una salud de hierro como la suya, pálido
por falta de sol y por algo de miedo, Merlín recorría la enorme y vacía casa
asomándose en todas las habitaciones.
Un destello en
rosa, contrastando vivamente contra el fondo sombrío de un antiguo salón de
baile en el que nadie había bailado en los últimos sesenta años. Una niña de la
misma edad de Merlín e idénticos cabellos rubios, más pálida, más pequeña y
delgada que su hermano...
Cuando la llamó
y ella ladeó la cabeza para mirarlo, con un gesto majestuoso que quedaba forzado
en la propia reina, pero que era completamente natural en ella, Merlín supo que
siempre la recordaría así: con ese vestido viejo y gastado, pero llevado con
tanta elegancia como si fuera un manto real, el cabello un poco alborotado
(como solía estarlo el de él) y la mirada serena de alguien que posee una
sabiduría que está vedada al resto. Como una reina.
-¿Dónde estabas?
¡Papá está muy preocupado! El médico dijo que debías descansar...
-No estoy
fatigándome. He caminado muy despacio hasta aquí.
-Y has llegado
muy lejos. Volvamos.
Inconscientemente,
él le ofreció el brazo y ella apoyó su mano en la de él. Cualquiera que fuera
ajeno a Avalon encontraría un poco extraño ese comportamiento. Antiguos modales
señoriales... Merlín había estado corriendo por toda la casa buscando a su
hermana con desesperación y ahora la acompañaba de vuelta a la parte habitada
de la casa como si la escoltara a un baile.
-Espera un
momento –dijo Morgana cuando llegaron a la puerta del salón.
Merlín se detuvo
intrigado, no había notado que la niña llevaba consigo su varita.
-Lux –dijo ella
señalando algo al otro extremo del salón.
Como una
multitud de luciérnagas doradas, una cascada de chispas danzó en el aire
iluminando una pintura muy antigua. Un retrato de una ancestra de ambos, la
reina Alba, que esa pintura aparecía junto a uno de sus hermanos, del cual
Merlín no conseguía recordar el nombre.
-¿Por qué?
–preguntó él, cuando las chispas se extinguieron.
-No tenemos
retratos juntos –dijo Morgana.
-Ya no se
acostumbra que la reina aparezca acompañada en los retratos, a menos que sea
con su heredera... –dijo Merlín, aunque sabía de sobra que Morgana estaba
enterada de eso.
-No soy la
reina.
-Pero lo serás.
-Me gustaría tener
un retrato de los dos. Por eso vengo aquí, me gusta imaginar que somos tú y yo
en lugar de Alba y Julius.
¿Así se llamaba?
Curioso.
-No creo que yo
llegue a ser así de alto –murmuró Merlín.
-Lo serás
–respondió Morgana, con firmeza-. Me gustaría también que no te compadecieras
tanto a ti mismo.
-Morgana...
-No, te estoy
hablando en serio. No deberías sufrir con tanta facilidad. Tienes tanto por qué
sentirte feliz... y más adelante tendrás muchos motivos para sonreír, no
deberías estar siempre tan triste.
-No estoy triste
todo el tiempo...
-Sí lo estás.
Estás triste porque estoy enferma. Y como siempre estoy enferma, siempre estás
triste.
-Bueno, eso se
arreglará cuando te cures, ¿no? Pero no te curarás si sigues desobedeciendo al
médico...
-Merlín...
-¿Sí?
-Tú sabes que
puedo ver el futuro, ¿verdad?
Pregunta ociosa,
todos sabían eso, pero Morgana nunca hablaba de lo que veía, cosa que ponía
furiosa a la reina.
-Sí, lo sé.
-Entonces,
créeme: no hace falta que siga las indicaciones del médico.
-¿Vas a curarte
pronto?
Se sorprendió de
lo esperanzada que sonaba su propia voz. Morgana se apoyó un poco más en él,
aunque asegurara que estaba bien, la realidad era que sí estaba cansada.
-Quiero que me
prometas algo, Merlín.
-Dime.
-Prométeme que
no vas a estar triste.
-No te
entiendo...
-Va a pasar
algo... desagradable el fin de semana. Prométeme que no vas a estar triste
después de eso.
-¿Le sucederá
algo a papá? –preguntó el niño, inquieto.
-No... nos
sucederá a todos... pero a ti más que a los demás.
-¿Qué...?
-No más
preguntas, prométeme que no estarás triste después de que suceda. Quiero estar
tranquila.
-Te lo prometo.
Habían llegado a
la parte de la casa que no tenía las ventanas tapiadas. La luz dorada entraba a
raudales y Morgana hizo que se detuvieran otra vez para contemplarla. Parecía
estar fascinada por los juegos de luces que creaba el sol con los antiguos
vitrales.
Merlín la miraba
preocupado. ¿Por qué su hermana contemplaba todo como si quisiera grabárselo en
la memoria? Ella advirtió su mirada y sonrió, para luego empezar a recitar.
-No todo ha de
morir cuando la fosa
estruje la
materia inanimada;
la arcilla de mi
cuerpo es prodigiosa:
desaparece y
surge renovada.
No sé si
convertida en una rosa
brote después mi
carne torturada,
o si vuelva a la
vida misteriosa
lo mismo en una
cruz que en una espada.
Risco será tal
vez, acaso espuma,
enhiesta palma o
imprecisa bruma...
Y si mañana es
polvo no más, quiero
que ese polvo
final de mi destino,
se tienda dócilmente
en el camino
hasta que lo
recoja un alfarero.
-Muy lindo
–aprobó Merlín-. No lo había escuchado antes...
-¿Podrás
recordarlo luego?
-Palabra por
palabra, tú sabes que tengo buena memoria... ¿por qué dices cosas tan extrañas
hoy?
-Prométeme que
te acordarás de este poema si alguna vez llegas a estar triste.
-Van dos... hoy
te has empeñado en hacerme prometer cosas.
-Promételo.
-Lo prometo.
¿Estás contenta?
-Casi... quiero
que me prometas algo más...
-¡Morgana! ¿Es
algún juego?
-Tal vez, tal
vez no.
-¿De qué se
trata?
-Quiero que
cuando papá te envíe a estudiar a Inglaterra te esfuerces por hacer amigos,
nunca le niegues un favor a nadie. Quiero que tengas muchos amigos cuando estés
allá.
-¿De qué estás
hablando? ¿Ir a Inglaterra, yo? ¿Dejarte sola? ¡Ni loco!
-Irás a
Inglaterra y estudiarás en un colegio llamado Hogwarts. Estarás ahí hasta
graduarte. Luego... no sé... no lo veo claro... veo un océano entre Inglaterra
y otro lugar... América tal vez. Vas a estudiar mucho, eso sí lo sé. Y te
gustará estudiar en esos lugares. Pero siempre que te veo en mis sueños te veo
triste y solo y eso no me hace sentir bien. Por eso te pido que no estés triste
y que trates de hacer amigos. Hay algo más... algo que tiene que ver con la
confianza... Merlín, cuando entregues tu confianza a alguien, no la retires
después. Confía hasta el último momento. Tal vez te traicionen un par de veces,
pero negarle tu confianza a tus verdaderos amigos sería una traición peor que
cualquier decepción que puedan darte ellos. ¿Está claro?
-Está claro.
Merlín estaba
asustado. Morgana nunca le había hablado con tanta firmeza acerca del futuro y
en ese momento la mirada de la niña se había vuelto muy lejana... ¿estaría
teniendo otra visión?
-No, no te queda
nada claro... pero al menos *intentarás* hacerme caso, eso es un progreso.
Con un suspiro,
la niña empezó a caminar de nuevo.
-De verdad me
gustaría un retrato contigo –añadió al cabo de un rato, con un dejo de
amargura.
-Se lo pediré a
papá –contestó Merlín-, y si dice que no, lo haré yo mismo. ¿Te bastaría con
una acuarela?
Morgana lo miró
sonriente, de pronto parecía más feliz que nunca en toda su vida.
-No le digas
nada. Haz la acuarela... empieza hoy, ¿sí? Quiero verla antes del domingo...
-Te la daré
mañana antes de desayunar –respondió Merlín.
-Eso será
perfecto.
Hogwarts
Cinco años
después
-¡Devuélveme mi
libro, Malfoy!
Lucius Malfoy
era muchas cosas, y también era muy rápido corriendo. Merlín sabía que no
podría alcanzarlo, pero tampoco tuvo que hacerlo. Alguien zanjó el problema con
una oportuna zancadilla y Malfoy mordió el polvo.
-¿Cuándo
aprenderás a no meterte con mis amigos? –preguntó Sirius, el autor de la
zancadilla, mientras Lucius le dirigía una mirada de odio antes de tomar la
prudente decisión de alejarse.
Remus levantó el
libro para devolvérselo a Merlín, pero en ese momento salió volando una hoja
que estaba guardada entre las páginas del libro. Con un movimiento rápido,
Peter la atrapó y le dio un vistazo.
-Oye, pero qué
bonito.
Era una acuarela
en la que aparecían dos niños rubios, muy parecidos entre sí. Merlín se
apresuró a recuperarla, un tanto sonrojado, pero no pudo evitar que el resto de
los Merodeadores la vieran también.
-Esa es tu
firma, ¿lo pintaste tú? –preguntó James.
-Sí –dijo Merlín
mientras guardaba de nuevo la acuarela en el libro-, somos mi hermana y yo...
-No sabía que
hubiera un artista entre nosotros –dijo Peter, haciendo una exagerada
reverencia.
-No lo hay,
Pettigrew –replicó Merlín, entre halagado y avergonzado-, nunca he sabido por
qué este retrato me salió bien, por lo general si pinto un gallo tengo que
ponerle un letrero para que no lo confundan con una vaca... Pero con este
retrato sí me esforcé, ¿sabes? A mi hermana le encantó.
-La querías
mucho, ¿verdad? –dijo Remus con simpatía.
-Sí –admitió
Merlín-, era mi mejor amiga.
fin
Regresar a Harry Potter y el corazón de
dragón
Notas de la
autora: