ADVERTENCIA
Este fic contiene gran cantidad de spoilers,
es decir que si lo lees y no has leído los libros te echará a perder la
emoción. Te recomiendo primero leer los libros escritos por Rowling y después
leer los fics, pero si no te importa saber lo que sucedió en anteriores libros
sigue, pero yo te lo advertí primero.
por Daga
“Pudo haber muerto Merlín en ese
instante, pero el rey estaba demasiado impresionado y lo dejó marchar sin
hacerle daño.
Merlín no perdió el tiempo y huyó de la
ciudad para encontrar el ejército de los príncipes Uther y Pendragón, a quienes
vaticinó su triunfo en la guerra, pero al mismo tiempo les advirtió que uno de
ellos moriría en batalla.
Los hermanos, sin embargo, no creyeron
en las palabras del niño y le advirtieron que ambos llegaban dispuestos a
morir, ya que las fuerzas de que disponían no se comparaban con las de
Vertigiers.
-No hay que temer al respecto
–respondió Merlín con seriedad-, puesto que tenemos aliados a los que
Vertigiers y su gente no podrán oponerse.
Y mientras el niño hablaba, un enorme
dragón de las nieves descendió del cielo y se posó a su lado ante el asombro de
todos los presentes.”
Leyenda de Merlín, contada por Henry
Hyde
Albus Dumbledore
frunció el ceño, cosa poco frecuente en él.
-A ver si lo
entendí bien: ¿vieron a Tom Riddle o al menos a su espectro dentro de un
espejo?
-Unos doce
espejos, para ser exactos –apuntó Sirius.
Dumbledore miró a
Merlín y éste asintió.
-¿Y los saludó con
la mano? –preguntó Dumbledore.
-Sí –dijo Sirius.
Merlín asintió de
nuevo.
-¿Y luego qué
pasó?
-Lo perdimos de
vista.
Merlín asintió
otra vez.
-Mmm... ¿están
completamente seguros?
-Sí.
-¿Tienes algo que
agregar a lo que dijo Sirius, Merlín? -Merlín miró a Dumbledore como si deseara
matarlo, cosa que hizo sonreír al director-. Oh, ya veo. ¿Has probado con papel
y lápiz?
Merlín se encogió
de hombros, visiblemente molesto. Sí, ya había probado eso... hacía unos
cuantos años.
-¿Y también haciéndolo
por escrito tienes el mismo problema?
Merlín asintió,
ahora con aire de completo fastidio.
-Ya veo... pero
esta situación es insostenible, no puedes pasar el resto de tu vida negándole
la palabra a tus amigos... oh, no me mires como si no consideraras a Sirius tu
amigo... ah, ¿es eso? Perdón. Pero aún así sigo creyendo que deberías
reconsiderar. ¿Por qué no tratamos de hacer un pequeño experimento? Habla con
Sirius durante los próximos diez minutos, siempre puedes elegir volver a
guardar silencio si ves que el asunto no va bien.
Merlín resopló,
poniendo un gesto que hizo que Sirius pensara en Severus.
-Podrías dejar de
jugar al adolescente e intentar seguir el consejo del director –señaló con
seriedad.
Merlín lo miró
frunciendo el ceño.
-Tú no eres la
persona más adecuada para hablarme de madurez, Sirius Black.
-... ¡MERLÍN!
¡HABLASTE!
-No te
entusiasmes. Como dijo el director, puedo dejar de hacerlo en cualquier
momento.
-Está bien, está
bien. Es sólo que realmente llegué a creer que nunca más me dirigirías la
palabra... ¿Puedo preguntar a qué se debió este silencio tan largo?
-Puedes
preguntarlo, estás en tu derecho, pero preferiría que no lo hicieras. Y, si
llegas a hacerlo, no contestaré. Es más, si llegas a hacer esa pregunta, puedes
irte olvidando de este experimento.
-Estás algo loco,
¿sabías?
-Sí, es algo que
he venido pensando desde que tenía nueve años, más o menos, cuando me di cuenta
de que mis primas no veían los mismos fantasmas que solía ver yo en la casa de
mis padres. Todavía no estoy seguro de si había un motivo particular o si sólo
era mi imaginación, pero la idea de estar volviéndome loco es algo que me ha
preocupado durante buena parte de mi vida –había algo de desesperación en la
cara de Merlín para ese momento, pero aún así continuó hablando sin siquiera
hacer pausas para respirar-. Supongo que es sólo una demostración más de mis
inseguridades, pero de todos modos es algo que está presente en mi vida diaria.
Necesito pedirte un favor, Black.
-¿De qué se trata?
-De que no hagas
preguntas estando yo cerca. Simplemente no hagas preguntas, eso es todo.
-¿Por...?
-¡NO! –exclamaron
Merlín y Dumbledore al mismo tiempo.
-Está bien, está
bien –dijo Sirius, algo sorprendido-. Sin preguntas, entonces.
Definitivamente,
tenía que averiguar qué era lo que estaba pasando, la situación era demasiado
sospechosa.
-Sigo sin
encontrarle mucho sentido –murmuró Percy luego de comparar sus notas con las de
Artemisa.
-Ya sé que mi
letra es mala, pero no creo que sea para tanto.
-No me refiero a
eso y lo sabe, señorita Javert.
Estaban en el
apartamento de Severus, tenían la mesa completamente cubierta con pergaminos,
de lo cuales la mayor parte eran reportes sobre la presencia de Sirius Black en
los sitios más diversos e inverosímiles. Dublín, Irlanda, y Playa Manuel
Antonio, Costa Rica, por mencionar sólo dos de los más desconcertantes.
Si a eso le
sumaban la información suministrada por el tal Wormtail, la única conclusión a
la que podía llegar Percy era que absolutamente todos los reportes eran falsos
y que probablemente el mismo Black no había existido nunca. Como los ovnis.
Artemisa sacudió
la cabeza con falsa conmiseración para esconder lo preocupada que estaba en
realidad. Había tenido desde el primer momento la intención (“la malvada
intención” se corrigió a sí misma) de confundir por completo a ese ayudante que
le había impuesto para que resultara precisamente un estorbo, pero cuando veía
a Percy tan confundido empezaba a preguntarse si ella misma no estaría más
confundida aún que él. Tío Severus, a fin de cuentas, siempre estaba
recordándole que la principal desventaja de poseer una mente tortuosa es el
peligro de caer en las trampas que uno mismo crea para los demás.
-Creo que preparé
algo para beber, me estoy muriendo de sed.
-Permítame
ayudarla.
Padfoot no los
siguió a la cocina, cosa que intrigó un poco a Artemisa. Todos los perros que
había tenido antes (con o sin permiso de Severus) siempre la seguían a la
cocina, seguros de que obtendrían como mínimo una galleta. En fin, tal vez
Padfoot no la conocía lo suficiente o tal vez Lupin le había dado demasiado de
comer mientras cuidaba el lugar. Dejó de pensar en eso al abrir el armario de
la vajilla y contar distraídamente (por pura costumbre) las copas.
-Vaya, pero qué
extraño, falta una.
-¿Una qué?
–preguntó Percy.
-Una de las copas
que pertenecían a mi tía abuela, la madre de tío Severus... –Artemisa las contó
otra vez-. Han estado en la familia Snape por generaciones y tío nunca las usa.
Es extraño que de pronto falte una parte de mi futura herencia.
Percy se acercó a
examinar las copas. Había trece exactamente y estaban acomodadas como si no
debiera guardarse espacio para ninguna más, así que la copa que faltaba debía
haberse ausentado en forma permanente.
-Todo indica que
se rompió o algo igualmente definitivo.
Artemisa sacudió
la cabeza.
-No me imagino a
tío rompiendo una de esas copas.
-¿Él quería mucho
a su madre?
-No, es que ella
amenazó con volver de la tumba si algo le pasaba a sus copas...
-Ah.
-Pero esta es sólo
una de las cosas extrañas que encuentro desde que llegué a Hogwarts. ¿Me
creerías si te cuento que encontré un chocolate viejo en una de las gavetas de
su escritorio?
-¿Y eso qué tiene
de extraño?
-Uno: aquí se
conserva un orden digno de una sala de cirugía, si me perdonas la expresión
muggle. Dos: en este ordenado lugar, los chocolates se guardan en la cocina, no
con los pergaminos, por aquello de los accidentes desagradables.
-Ya veo. Quizá
deberíamos investigar por qué esos cambios en la conducta de su tío. Las
personas no modifican sus rutinas sólo porque sí.
-¡Bravo, Weasley!
–Artemisa aplaudió-. ¡Finalmente estoy consiguiendo enseñarte algo!
-Sí, a meterme
donde no me llaman... –murmuró él.
-¿Qué dijiste?
-Que así es como
las cosas se aclaran... ¿Realmente considera que debamos darle tanta
importancia a una copa desaparecida cuando estamos en medio de una
investigación encomendada por el Ministro Fudge en persona?
Artemisa hizo un
gesto distraído.
-No, para nada.
Pero un buen investigador se entrena en forma constante. O al menos eso decía
mi bisabuelo. Usted no lo conoció, pero fue profesor de Defensa aquí.
-¿En serio? ¿Y era
bueno?
-No me consta, yo
tampoco lo conocí, pero he escuchado muchas anécdotas. Una vez le pidieron que
eliminara a un hombre lobo, y a la hora de la verdad se encontró con que sólo
tenía a mano un puñal de plata de hoja corta. Si atacaba al licántropo de
frente era más probable que ganara una mordida a que lograra matarlo...
Percy la miraba
con los ojos muy abiertos.
-¿Eso... se lo
contó a usted el profesor Snape?
-No, me lo contó
el hombre lobo.
-... ¡¿QUÉ?!
-¿De dónde pensaba
que conozco al señor Scott? Mi bisabuelo se las arregló para dominarlo sin que
ninguno de los dos saliera herido en esa ocasión. Lamentablemente Scott no
puede recordar cómo lo hizo y sería un poco más que medianamente peligroso
preguntarle a tío Severus si sabe algo al respecto.
-Creo que ya sé
por qué decidió ser auror –Percy suspiró y tomó los vasos de jugo de uvas que
Artemisa acababa de servir para llevarlos de vuelta a la sala-, si no conoce el
final de la anécdotas, no le queda más remedio que investigarlas usted misma.
-Vas aprendiendo,
Weasley, vas aprendiendo.
Padfoot miró de
reojo a Merlín, que tenía una expresión de disgusto realmente alarmante. Nunca
hubiera imaginado que al profesor le preocupara tanto el haber perdido una
clase. ¡Sólo habían estado hablando con Dumbledore tres cuartos de hora! No
tenía por qué alarmarle tanto la idea de que sus alumnos se hubieran quedado
esperándolo, bueno los Ravenclaw y los Hufflepuf tal vez, pero los Gryffindor y
los Slytherin se habrían encargado de convencerlos de que si estaba tardando
tanto era porque no iba a llegar.
-No me mires así
–protestó Merlín-. No tengo la culpa de que la palabra “responsabilidad” esté
fuera de tu vocabulario.
-Me extrañaría
mucho que formara parte del vocabulario de un perro –apuntó una voz.
Merlín descubrió
con sobresalto que Severus estaba cerca de ahí y apresuraba el paso para darles
alcance a él y a Padfoot.
-Vaya, ¿te has
hecho amigo de Padfoot, Merlín? –preguntó Severus, mientras rascaba al perro
detrás de las orejas.
Los ojos de Merlín
se agrandaron un poco al ver eso, pero no soltó ni una palabra.
-Bueno, veo que
sigues sin intención de hablarme –Severus se encogió de hombros-. Tal vez ni
siquiera te interese, pero sólo vine un momento a recoger un par de cosas y me
marcharé de nuevo enseguida, tengo un asunto urgente que atender en Londres...
Hum, en el supuesto de que aún le dirijas la palabra al Director, ¿podrías
avisárselo?
Merlín asintió.
-¿Quieres
apresurarte, Severus? No tenemos todo el día... oh... Brightstar... –dijo
Lucius al encontrarse con ambos.
-¿Pudiste hablar
con tu hijo? –preguntó Severus.
Lucius lo fulminó
con la mirada.
-No vine contigo
para hablar con Draco. ¿Encontraste lo que querías buscar? Se nos hace tarde.
-En un momento.
Severus se dirigió
a su oficina, dejando solos a Padfoot, Merlín y Lucius.
-¿Por qué me miras
de esa manera? –exclamó Lucius de repente-. ¿Estás tratando de decir algo,
Brightstar?
Merlín sacudió la
cabeza y empezó a caminar.
-¡Espera,
Brightstar!... Lo siento. No era mi intención gritar.
Merlín se encogió
de hombros, pero pareció pensarlo mejor y giró sobre sus talones para encarar a
Lucius, con una mirada muy expresiva.
-¿Aún no me
diriges la palabra? Pero bueno, ¿se puede saber qué diablos te hice? ¡Llevas
como veinte años sin dignarte hablarme! Y no puede ser por lo que hice cuando
estábamos en el colegio, aún hablabas conmigo después de... del... duelo.
Padfoot observó
que Merlín fruncía ligeramente las cejas. Lucius apartó la mirada.
-¿De qué estaba
hablando Severus contigo? –preguntó con voz apenas audible.
Merlín volvió a
encogerse de hombros.
-Oh, no me salgas
con eso –gruñó Lucius, aunque ni siquiera lo estaba mirando en ese momento-. Sé
que te dijo algo y eso puede meterlo en un problema serio, ¿sabes? Muchos de...
mis amigos comentan que Severus actúa en una forma extraña últimamente. ¿Qué te
dijo? ¿Un recado para Dumbledore?
Miró de nuevo a
Merlín, pero este parecía estar haciendo una buena imitación de una esfinge.
Lucius se mordió
el labio inferior al tiempo que sacaba su varita.
-Parece que no me
dejas opción.
Severus abrió la
alacena de su laboratorio privado y tomó el frasco que necesitaba, pero no pudo
evitar repasar inconscientemente el estado de los demás y algo extraño le llamó
la atención. El erizo de peluche estaba ligeramente ladeado. ¿Alguien había
usado los ojos de escarabajo o alguien había movido a Greenie de su lugar?
¿Debería preguntarle a Lupin o a Artemisa o simplemente encogerse de hombros?
Lucius lo estaba esperando y no había podido encontrarse con nadie, exceptuando
a Merlín, así que podía afirmar que no había encontrado a nadie con quien
pudiera comunicarse. El arco y el carcaj de Artemisa estaban en la mesa de la
cocina, así que la chica había regresado de su viaje... ¿sería posible dejarle
una nota para Dumbledore lo suficientemente rápido como para que Lucius no
sospechara? Había demasiadas cosas que tenía que comunicarle...
Desechó la idea.
No podía decir todo lo que necesitaba en menos de tres cuartillas y además
alguien más podía encontrar la nota, no quedaba más remedio que confiar en que
Merlín transmitiera su mensaje con exactitud suficiente como para que
Dumbledore captara la clave de alerta...
Cuando volvió a
salir al pasillo, sintió que sus esperanzas se derrumbaban como un castillo de
naipes. Conocía demasiado bien aquellas chispas doradas que estaban
desvaneciéndose en el aire luego de que alguien (y ese “alguien” muy
presumiblemente era nada más y nada menos que Lucius) lanzara uno de los
hechizos prohibidos.
-¡¿Qué diablos
hiciste?! –exclamó Severus.
Merlín estaba
inmóvil, completamente inexpresivo... como un autómata esperando órdenes.
Padfoot estaba completamente erizado y gruñía amenazadoramente.
-Contén a ese
perro, Severus –advirtió Lucius con voz fría- o vas a quedarte sin mascota, te
lo advierto.
-¡Quieto, Padfoot!
–dijo Severus de inmediato.
-¡¿Padfoot?!
-Sí, ¿y qué?
¿Algún problema con eso?
-No, ninguno
–Lucius respiró hondo, a pesar de que el perro no parecía haber escuchado la
orden de Severus-. Esto es algo que iba a suceder de todos modos, Severus.
Necesitamos a Merlín. Si Augustus está planeando lo que creo que está
planeando, no nos va a quedar más remedio que recurrir al Guardián de la Joya.
-¡Estás loco!
¡Libéralo de inmediato!
-Ya es demasiado
tarde. ¿Qué impediría que fuera corriendo a denunciarme... o, mejor dicho, a
denunciarNOS? Lo siento, tiene que venir con nosotros... ¡Y calma a ese perro!
Severus se
arrodilló junto a Padfoot.
-Calma, amigo,
calma –mumuró en voz cada vez más baja-. Necesito que te tranquilices y que
hagas algo por nosotros, busca a Artemisa, por favor...
Padfoot dejó de
gruñir y fijó la mirada en Severus.
-Buen chico, ve
con tu ama –indicó Severus.
-No –intervino
Lucius-. No voy a arriesgarme a que envíes un mensaje con el perro.
-Estás paranoico,
Lucius.
-Tal vez, pero el
perro viene con nosotros.
Severus suspiró
con amargura, ¿y ahora qué más podía ponerse peor?
-¿Profesor Snape?
Severus se llevó
las manos a la cabeza. Por supuesto, Harry Potter, ¿quién, sino él podía
aparecer de la nada en un momento TAN inoportuno?
Si no hubiera
estado tan alarmado, Padfoot se habría echado a reír al ver la cara de Severus
cuando éste descubrió que Harry estaba ahí también. ¿Habría alguna manera de
darle a entender al muchacho que sería mejor que se alejara lo más rápidamente
posible y ojalá aparentando que no había notado nada extraño?
-Bueno, esto sí
que es una suerte inesperada –sonrió Lucius-, nada más y nada menos que otra de
las personas a las que necesito reunir para desbaratar los planes de Augustus.
Creo que tendremos otro invitado, además de Brightstar y el perro...
-Normalmente te
diría que sí sin pensármelo dos veces, sé que Hagrid estará encantado, pero
¿estás segura de que quieres traer a un cadejos a la escuela? –preguntó
Dumbledore.
Él y Nakuri estaban
en el calabozo de pociones, empezando a aburrirse de esperar algún mensaje de
Severus, quien ya debería haber enviado un búho avisando sobre lo que había
hecho en compañía de Lucius los días anteriores.
-Me hubiera
gustado traer una llorona, pero con tantos niños sin duda encontraría uno que
se pareciera al suyo, y, bueno, el cadejos es relativamente inofensivo y me
serviría de introducción al próximo tema y para que los chicos pudieran empezar
a compararlo con los perros espectrales y las jaurías fantasmas y de paso
podríamos hablar sobre la protección espectral de la Torre de Londres...
-Bueno, tú eres la
experta en estas cosas, sin embargo, hum... –Dumbledore sacó su reloj y lo
observó durante unos instantes-. O esta cosa está adelantando o Severus se está
tardando... En fin, pequeña, si ya tuvimos arpías y otras cuestiones, supongo
que podemos manejar a un cadejos. ¿Cuándo piensas traerlo?
-¡Director! –la
profesora MacGonagall entró como una tromba-. ¡Tiene que venir de inmediato!
Dumbledore y Nakuri
la siguieron enseguida, sin advertir que el reloj del director había quedado
olvidado sobre uno de los pupitres.
Y ahí estaba
todavía el reloj unas horas más tarde, cuando Draco entró para preparar el aula
para la tutoría que debía iniciar entonces.
Apenas había
tenido tiempo para empezar a colocar ingredientes sobre la mesa cuando entraron
sus “alumnos”: Ginny, Neville... ¿y Ron?
-Pero, bueno, ¿y
tú qué haces aquí, Weasley? –dijo Draco con aire de fastidio.
-Se supone que
tengo una tutoría contigo –replicó Ginny.
-No hablaba
contigo, sino con él –Draco señaló a Ron con un movimiento de cabeza.
-Pues entonces haz
el favor de recordar que Ron no es el único Weasley en este sitio.
-De acuerdo. ¿Se
puede saber qué haces aquí... mmm... Weasel?
Ron apretó los
dientes.
-¿No puedes
inventar algo mejor, Malfoy?
Draco se encogió
de hombros.
-Al menos YO sé a
quién se dirige alguien que mencione mi apellido, no me culpes por ser único en
mi especie.
-Al contrario, doy
gracias a Dios por ello.
-En todo caso,
¿vas a responder mi pregunta? ¿O es demasiado complicada para ti? Tal vez
necesites que te ayude Longbottom...
-Para que lo
entiendas, Malfoy: no voy a dejar a mi hermana sola en tu presencia, así que
voy a acompañarla aquí.
-¿Pero de qué
tienes miedo? ¡Es una Weasley, caramba! Yo no estaría aquí si tuviera alguna
otra opción.
-¡Por lo mismo!
¡No quiero que te desquites con ella!
-¡Yo no necesito
desquitarme con nadie y menos con una niña!
-¡Sí, claro, eso
lo demostró muy bien tu padre con el dichoso diario de... de... de
Ya-sabes-quién!
-¡Tom Riddle!
–corrigió Draco, apretando los puños.
Por un momento
pareció que estaba a punto de iniciarse una pelea, pero en ese momento entró
Lykos al laboratorio, portando una bandeja con galletas y refrescos.
-Hola, jóvenes,
¿qué tal van los estudios? –saludó alegremente.
Draco retrocedió
unos pasos para alejarse de Ron y miró enfadado a Lykos.
-¿Otra vez jugando
al elfo doméstico?
-Sólo quería
asegurarme de que no se agotaran estudiando, Amo Draco.
-Si ni siquiera
hemos empezado.
-¿No? ¡Qué bien,
entonces no me he perdido el principio de la clase! –Lykos se instaló en uno de
los escritorios luciendo una gran sonrisa-. Realmente me interesa esto...
Draco suspiró y le
indicó a Ron que se sentara, luego puso a calentar un caldero con agua y empezó
a preparar los ingredientes de la primera poción, nombrándolos en voz alta y
pronunciando cuidadosamente, para darle tiempo a Neville y Ginny de tomar
notas.
Lykos apoyó el
hocico en las patas delanteras, siguiendo la demostración completamente
concentrado.
-Esto es una
locura –murmuró Severus.
Lucius los había
arrastrado hasta los límites del Colegio y luego los había obligado a aparecer
en medio de una ciudad muggle, algo que lo había fatigado lo suficiente como
para que ya no pudiera mantener el Imperius sobre Merlín, pero de todos
modos era él quien tenía las varitas de los tres y no dejaba de ser peligroso.
Era sólo cuestión de tiempo para que los Aurors detectaran aquel uso ilegal de
la magia. Merlín definitivamente no parecía saber de cuál de los dos debía
desconfiar más, lo cual también podía aplicarse para Harry, y Padfoot no dejaba
de gruñir...
-Calla a ese perro
–exigió Lucius.
Estuvo a punto de
decirle que lo callara él, pero conocía demasiado bien a Lucius y sabía de lo
que era capaz cuando le ganaba el pánico. Así que colocó la mano sobre la
cabeza de Padfoot y le ordenó nuevamente que guardara silencio.
No funcionó.
-Te lo advierto,
Severus.
-¿Es idea mía o le
tiene miedo a los perros? –preguntó Harry.
¿A santo de qué
venía esa pregunta, por amor del cielo? ¿Acaso quería irritar todavía más a su
secuestrador? Severus le lanzó una mirada de enojo, que Harry ignoró por
completo, estaba hablándole a Lucius, pero mirando al perro... ¿qué estaba
pasando ahí?
-Uno lo mordió
cuando era pequeño –explicó Merlín de repente.
Tanto Severus como
Lucius lo miraron en shock. Merlín les devolvió una mirada inocente que tenía
un sospechoso parecido con la que era habitual en Neville-. Me lo contó
Alphonse. En general, los Malfoy no se llevan bien con los animales,
especialmente los que tienen dientes y...
-¡Cállate! –exclamó
Lucius.
Ese fue el momento
que Sirius escogió para atacar, aprovechando que Harry y Merlín habían podido
distraer a Lucius.
-Ahora, lo que
tienes que agregar son las escamas de tiburón –explicó Draco-. ¿Por qué
agregamos escamas de tiburón, Weasley?
-Porque es lo que
dice la receta –respondió Ron.
-No te hablaba a
ti sino a tu hermana –exclamó Draco, dejando ver un poco más de frustración de
lo que pretendía en realidad-. ¿Es que piensan seguir con lo mismo toda la
noche?
-¿De dónde sacas
que vamos a estar aquí toda la noche?
-¡Nadie sale de
aquí hasta que estos dos terminen una poción correctamente! –exclamó Draco, con
más frustración de la que quería demostrar-. Van a aprender a hacer esto aunque
me cueste la vida, esto ya es personal.
-¿Quieres decir
que existe la posibilidad de que Ginny y Neville nos libren de ti para siempre,
Malfoy? -Ron no se molestó en esconder su sonrisa-. Si es así, creo que los
propondré para una medalla.
- Ya basta!
¡Cállate y deja de distraerlos¡ Tienen que concentrarse en lo que están
haciendo. ¿Por qué agregamos escamas de tiburón, Weasley? ¡Y tú no digas nada,
Weasley!
Neville estaba
empezando a aburrirse. Al principio Draco lo había asustado bastante, no había
duda de que imitaba demasiado bien el estilo del profesor Snape, pero las
constantes burlas de Ron y la frustración cada vez más evidente de Draco habían
terminado por tranquilizarlo. Quizá y hasta consiguiera salir con bien de esa
clase.
Draco lo había
dejado aparte para que mezclara los ingredientes que debían prepararse aparte
para luego agregarlos al resto de la fórmula y le había indicado que pensara
que estaba mezclando pintura. El polen amarillo y la esencia azul debían formar
una mezcla verde a la que luego debería agregarle sólo la sangre de armadillo
necesaria para volver café el contenido del caldero, no era tan complicado...
excepto porque la mezcla insistía en ser amarilla con puntos azules en lugar de
verde... Bueno, tal vez bastaría con removerla un poco más... o quizá con un
poco más de fuerza. ¿Draco había dicho que lo hiciera rápido o despacio? Movió
con fuerza la cuchara y parte del líquido salpicó fuera del caldero y fue a
caer sobre algo brillante que estaba en la mesa. Ups.
-Oh, cielos.
-¡¿Qué hiciste
ahora?! –exclamó Draco.
Neville tomó
rápidamente aquella cosa brillantes (chispas, un reloj de oro) y trató de
limpiarlo antes de que Draco lo viera, pero las manos le temblaban y el reloj
cayó dentro del caldero. Draco se apresuró a pescarlo con la cuchara, Lykos,
Ginny y Ron se habían acercado a ver de qué se trataba.
-¿Un reloj? –dijo
Draco, sorprendido-. ¿De dónde salió?
Neville abrió la
boca para contestar, pero no pudo hacerlo. De repente todo se había puesto
demasiado oscuro.
-Esto es grave,
tenemos que llevarlo a un hospital –dijo Merlín.
-¡No podemos!
–exclamó Harry-. ¡La policía muggle todavía lo está buscando!
-Fantástico, así
nos desharemos de él, dos pájaros de un tiro –murmuró Severus.
-¡No! –gritó
Harry-. ¡No lo permitiré!
-¿Y cómo vas a
impedirlo? –preguntó Severus, cruzándose de brazos.
Harry apretó los
puños. Un adolescente contra dos adultos... sería realmente difícil sacar a
Sirius de ese embrollo.
Lucius Malfoy se
permitió una sonrisa ligeramente burlona. Estaba vencido y maniatado, sí, pero
no sin que antes hubiera podido hacerle algún daño a aquel inesperado animago.
Al menos la cara de sorpresa de Severus al ver a la mascota de su sobrina
transformándose en el criminal más buscado del mundo mágico había compensado un
poco el mal cariz que estaban tomando las cosas para él. Si los Aurors los
atrapaban ahora, siempre podía alegar que estaba intentando tenderle una trampa
a Black. Y si los atrapaban los Death Eaters, siempre podía alegar que estaba
tratando de comprobar la lealtad de Severus, tan cuestionada últimamente... y
luego tendría tiempo para reflexionar acerca de cómo había perdido la cabeza y
había puesto en peligro a toda la familia Malfoy por un ataque de pánico. Lykos
tendría tres o cuatro cosas que comentar al respecto y podía estar seguro de que
no perdería la oportunidad de hacerlo.
-¡Profesor
Brightstar! ¡Tiene que entender, por favor! ¡Usted sabe que Sirius es inocente!
¡Si los Aurors lo encuentran ahora lo enviarán con los Dementores y Sirius no
tendrá oportunidad de defenderse! ¡Nadie ha escuchado su parte de la historia!
-Como si hiciera
falta –replicó Severus.
-Mmm... ¿Severus?
-¿Qué?
-Es de noche y me
parece que sólo estuve por aquí una vez antes, pero me parece recordar...
Corrígeme si me equivoco, ¿tú tienes una propiedad en este residencial muggle?
Severus miró a su
alrededor por primera vez desde que habían aparecido ahí. Un vecindario muggle,
sí. Y también un sitio conocido.
-Oh, no, Merlín,
de ninguna manera...
-La idea no me
gusta más que a ti, pero no podemos hacerle algo así al niño...
-¡Hace mucho
tiempo que Black dejó de ser un niño!
-Estoy hablando de
Harry. Él confía en Sirius, después de todo. No podemos entregarlo tan
fácilmente. Al menos...
-Como sea. La casa
está alquilada y los inquilinos querrán matarme... Oh, está bien. ¿Y qué
hacemos con Lucius?
-Supongo... que
tendrá que ser parejo. Si Sirius tiene derecho a una defensa, también lo tiene
Lucius. ¿Estás de acuerdo, Harry?
-Lo que usted
diga, profesor –Harry ni siquiera se tomó la molestia de darse cuenta de qué
estaba hablando Merlín-. Pero saquémoslo de aquí antes de que llegue alguien.
-De acuerdo. ¿Por
dónde era, Severus?
-Por aquí...
-Eso... fue...
una... verdadera... torpeza –logró decir Draco entre dientes. No lograba
recordar ninguna manera en que la mezcla que le había encargado a Neville
pudiera ir mal de modo que apagara las antorchas del calabozo o produciera
algún tipo de oscuridad.
-Lumos –dijo
Ginny, trayendo algo de luz al calabozo.
Draco consideró el
darle las gracias, pero desechó la idea de inmediato, ahora si podía echarle un
vistazo al caldero de Neville... ¿Dónde estaba el caldero? Es más, ¿dónde
estaba la mesa? O, mejor aún, ¿dónde estaba el calabozo?
-¿Dónde estamos?
–preguntó Neville, formulando una pregunta mucho más adecuada.
-Parece una cueva
–dijo Ron.
-Estamos debajo de
Malfoy Manor –intervino Lykos.
-¿La casa de
Draco?
-¿Seguro?
-¿Pero cómo?
-El cómo no lo sé,
aunque me siento tentado a señalar como el culpable ese reloj que cayó dentro de
la poción del joven Longbottom, ya que fue el único evento extraño anterior a
esto –dijo Lykos-. En cuanto a si estoy seguro, miren hacia allá.
Una de las paredes
de la cueva había sido alisada y pulida. Casi tocando el techo estaba esculpido
un grupo de dragones a escala natural, y con tanto detalle que sólo les faltaba
moverse.
Bajo la escena de
los dragones estaba el escudo de los Malfoy y bajo el escudo había un diseño
compuesto por marcas individuales que ocupaba menos de la décima parte del
espacio disponible.
-Esto se conoce
como “la cuenta de los años” –explicó Lykos, adoptando un tono apropiado para
un guía turístico-. Fue iniciado el año en que la familia se estableció en esta
parte del Reino Unido. Cada año, el jefe de la familia debe añadir una marca al
diseño. Hay más de setecientas marcas.
-Bueno... eso
es historia. ¿Hay cómo salir de aquí para que podamos regresar a la escuela?
–preguntó Ron.
-Seguro,
síganme...
Lykos se detuvo a
la mitad de un paso. Bloqueando el paso hacia la escalinata que conducía al
sótano de la mansión había algo.
Algo muy grande,
algo muy blanco, algo que estaba vivo y contemplaba un corredor lateral como si
estuviera esperando algo.
Un dragón de las
nieves.
-Odio esta casa
–murmuró Severus cuando atravesaban el jardín del frente-. Siempre pensé que mi
padre se burlaba de mí cuando la puso a mi nombre después de habérsela
alquilado a esta gente... Otra de las brillantes ideas del director y esta es
la fecha en la que todavía no sé por qué me hizo esta broma, en caso de que
fuera otra de sus bromas.
-Te quejas mucho
–observó Merlín.
-Es lo único que
puedo hacer de momento –replicó Severus, y llamó a la puerta.
Secretamente,
Harry había estado rezando por que el profesor Snape se hubiera equivocado de
dirección o algo así. De repente la idea de llevar a Sirius a un hospital
parecía mucho más atractiva que al principio. Pero ya era tarde para pensar en
eso. La puerta se abrió y quedó en evidencia que los habitantes de la casa
tenían visitas para la cena.
El padre de
familia los miró con espanto por unos segundos y trató de cerrar la puerta.
-Lo siento, no
tenemos caridad hoy, pasen otro día...
-Abra usted esa
puerta –ordenó Severus-. Traemos un herido aquí y no hay tiempo para juegos.
-¡No estoy jugando!
¡Largo de aquí o llamaré a la policía!
-Usted hace eso y
yo le envío una orden de desalojo. Déjenos pasar.
-¡Usted no puede
hacer algo así! ¡Esta es mi casa!
-No es eso lo que
dice el contrato de arriendo. Y me extraña que traté así a sus parientes cercanos,
señor Dursley.
-¡Ja... jamás los
he visto en mi vida!
-No, supongo que
no –Severus lo hizo a un lado calmadamente, permitiendo que los demás pasaran a
la sala, acomodaran a Sirius en el sofá y empezaban a atenderlo-. Sólo se trata
de su sobrino Harry, que ha vivido aquí los últimos trece años, del padrino de
Harry, y de mí... por cierto, me parece que aún tenemos pendiente una charla
sobre alquileres, ¿no es así?
Harry contempló
con asombro cómo su tío Vernon parecía encogerse de repente. Todo parecía
indicar que la mirada tipo “cállate o muere” patentada de Snape también era
efectiva sobre los adultos...
Un momento...
¿alquileres? ¿Contrato de arriendo? ¿Y el profesor Brightstar había dicho que
el profesor Snape tenía una propiedad en ese vecindario?
-¿De qué
alquileres está hablando, Vernon? –preguntó la tía Petunia antes de que Harry
pudiera formular la pregunta.
-Al alquiler de
esta casa, el señor Dursley debió presentarse en mi casa hace unos...
-¡Por supuesto,
por supuesto! –exclamó el tío Vernon, atrapando a Snape por un brazo y
alejándolo de sus invitados (que ya estaban empezando a mirar con demasiada
curiosidad) a más velocidad de la que parecía posible-. Ha sido todo un pequeño
malentendido, señor Snape.
-Sin duda –murmuró
Snape, desprendiéndose de las manos del tío Vernon para indicarle a Lucius que
pasara y se ubicara en un rincón relativamente discreto-. Tuvimos un
desafortunado accidente allá afuera y no pudimos escoger a dónde ir. Lo lamento
mucho y haré lo posible por compensarle esto...
-¿El padrino de
Harry? –exclamó la tía Petunia, horrorizada-. ¿No podían haberlo dejado donde
lo encontraron?
-Qué más
quisiera... –suspiró Severus.
-¡Severus!
–exclamó Merlín.
-... Pero, como
les dije, no había opción. ¿Cómo está eso, Merlín?
Merlín se tapó la
boca con la mano, como si de pronto se hubiera mordido la lengua.
-No, no, no es
posible... –dijo Lykos, tapándose los ojos con ambas manos.
Los chicos lo
miraron casi con tanta sorpresa como habían estado contemplando al dragón.
-¿Qué hace eso
debajo de Malfoy Manor? –preguntó Draco en un susurro.
-No puede estar
ahí –respondió Lykos-. Fueron exterminados.
-Ya lo sé. Por eso
es que pregunto –respondió Draco con impaciencia.
-No puede ser, no
puede ser, no puede ser...
-Rayos... ¿Pero
qué te pasa? ¡No me vengas ahora con que le tienes miedo a los dragones, Lykos!
-No es eso.
-¿Entonces?
-¡Es que él está
muerto!
-... ¿Ah?
-Alguien viene
–advirtió Ginny.
-¿Quién...?
–empezó a decir Draco, pero se interrumpió de golpe.
-Creo... que es tu
padre, Malfoy.
Draco miró a la
persona que avanzaba lentamente por el corredor lateral y luego a Ron.
-Si ese es mi
padre, creo que la pregunta correcta no es “dónde” estamos sino “cuándo”
estamos.
En efecto, aquel
parecía ser Lucius Malfoy... sólo que un Lucius Malfoy algo más de diez años
más joven de lo que aparentaba normalmente, tal vez quince, y vestido con una
túnica cuyo estilo había estado de moda a finales de los 70’s y principios de
los 80’s.
-¿El reloj?
–sugirió Ginny.
Draco le lanzó una
mirada feroz a Neville, quien se refugió detrás de Ron y Ginny.
-Tenemos que
regresar a nuestro tiempo antes de que alguien nos vea, no podemos arriesgarnos
a cambiar la historia –advirtió Ron.
-Sí, sí, sí
–replicó Draco-. Déjame pensar un minuto...
-¿Me estabas
esperando? –se escuchó la voz de Lucius.
El dragón levantó
la cabeza y los chicos pudieron apreciar por primera vez lo grande que era en
realidad, unos ocho metros de largo desde la cabeza hasta la punta de la cola,
y ahora su cabeza estaba a mucho mayor altura que la de Lucius.
-Lucius Gracus...
¿Dónde está ese inútil que tienes por hermano?
La voz del dragón
era suave y educada, casi sedosa, y aún así se percibía con claridad un cólera
terrible que era dominada a duras penas.
-No está en
condiciones de bajar aquí –dijo Lucius- ... tú sabes eso perfectamente.
-No está en
condiciones ahora ni lo estará nunca. Pero debería acompañarte esta vez. Su
estupidez no es razón suficiente como para que tengas que encargarte de todo tú
solo, no eres el primogénito y esto nunca debió ser tu responsabilidad.
-¿Y de qué
serviría compartir la culpa? Como sea, no puedo detenerme a hablar ahora. Él
quiere que le lleve a Draco.
-¿Para qué?
-¿Cómo quieres que
lo sepa? ¿Tengo aspecto de adivino? Dijo algo acerca de una recompensa y no sé
nada más...
-Oh. Es eso.
No lo esperaba tan pronto.
Lucius, que ya
había empezado a subir los escalones, se detuvo y volteó a mirarlo, ahora sus
ojos estaban a la misma altura.
-¿Ya? Pero...
-Sabes lo que tienes
que hacer, ¿no es así?
-Pero, pero...
pero pensé que tardaría años en desarrollar ese hechizo.
-Augustus ha
estado ayudándolo.
-¡¿Por qué no me
lo dijiste?!
-Te lo estoy
diciendo.
-... ¿Estás
seguro?... Fuego de Escarcha...
-Apresúrate antes
de que envíe a alguien a buscarte y esto se complique más todavía. Trae a Draco
y termina con lo que falta.
-¡No! ¡Aún podemos
escapar! ¡Podemos huir los diez! Podemos... podemos ir a Hogwarts y pedirle
ayuda a...
El dragón lo
interrumpió con una carcajada amarga.
-El único que
podría ayudarnos es el Guardián de la Joya, y él está exiliado, gracias a
nosotros, ¿recuerdas? –el dragón sacudió la cabeza-. Los Dragones de los Malfoy
somos los más poderosos del Reino Unido, una de las consecuencias de
esforzarnos tanto por mantener la pureza de nuestra sangre... y ahora eso es
justo lo que está acabando con nosotros, la presencia de un único dragón de
este clan de Hogwarts echaría por tierra las defensas mágicas creadas por
Dumbledore. La magia de los dragones y la magia de los humanos rara vez es
compatible ...Cometimos un error hace unas cuantas generaciones y ahora estamos
pagando las consecuencias. Pero, por otro lado, es esencial que la familia
Malfoy no caiga junto con sus dragones, así que ve, trae a Draco y termina de
una buena vez con todo. Yo te ayudaré con los otros y luego tú me matarás. Como
habíamos acordado.
-¡NO!
-¿Acaso estás
tratando de echarte atrás? –la voz del dragón se hizo más suave, pero
infinitamente más amenazadora-. Tú sabías que esto iba a terminar así, lo
supiste desde que Voldemort nos atrapó en esta telaraña, cuando el Clan decidió
que no había más escapatoria que esta. No existe otra forma de asegurarnos de
que la familia Malfoy sobreviva. Pasaré por alto esta muestra de debilidad,
después de todo, no era de ti de quien se esperaba que cumpliera este papel en
el plan, debió haber sido Alphonse... pero Alphonse nos decepcionó, ¿no es así?
-Alphonse está
muerto.
-Correcto. Está
muerto. No soportó la idea de cumplir su parte y prefirió dejarse matar. Ahora
sólo quedas tú, Lucius. Te corresponde salvar a la familia.
-¿Matando a los
dragones? ¿A ti y a los demás?... Esto es una locura. ¿Quién fue el idiota que
sugirió esto?
-Eso no puedo
decírtelo. Fue una reunión en la que sólo participamos los dragones y cómo se
llegó a ese acuerdo es cosa de dragones.
-Pero creo que...
-¿Es así como
piensas educar a Draco, Lucius? ¿Mostrándote ante él débil y asustado?
-Humano.
-Patético. Te
prohíbo que vuelvas a expresar dudas.
-¡Fuego de
Escarcha!
-Adelante,
enójate, eso está mejor. Cúlpame a mí y a los otros, tal vez eso te dé fuerzas
para terminar con tu misión. Prefiero la ira a la debilidad.
-Pero...
-Sabes que no
tenemos otra salida. Y si no lo haces por tu propia supervivencia, hazla por la
de Narcissa y la de Draco... y por Alphonse también. No puedes salvar a los
dragones –lentamente, la voz del dragón se iba llenando de tristeza-, si no lo
haces tú, lo hará Augustus, o lo hará el propio Voldemort. Preferimos morir por
mano de un Malfoy, al menos moriremos con honor. ¿Puedes entender eso, Lucius?
-No.
-Sigh. Haz lo que
te pido... y no me obligues a suplicar, eso ya sería demasiado. Trae a Draco.
Lucius no
respondió, pero subió los escalones con decisión.
El dragón arañó
lentamente el suelo y aguardó a que volviera.
-Tenemos que salir
de aquí ahora –dijo Lykos, tironeando de la túnica de Draco.
-Espera un
momento.
-Ahora,
Draco. Lo que va a pasar aquí es algo que no querrás tener que ver dos veces.
-¿Qué es lo que va
a pasar? –preguntó Ron mientras él, Neville y Ginny seguían a Lykos y Draco por
un corredor secundario-. Esos dos no estaban hablando en serio acerca de matar
a los dragones, ¿o sí?
-Sí –respondió
Ginny, sombría-. Eso es justo lo que va a pasar, Ron. El señor Malfoy volverá
con Draco y los dragones lo estarán esperando. Matará a los seis, los últimos
seis dragones de los Malfoy, y eso complacerá mucho a... a Ya-sabes-quién.
Ron miró
sorprendido a su hermana y luego a Neville, quien sólo asintió, extrañamente
serio, por último miró a Draco, que estaba pálido como un fantasma.
-No puede ser en
serio –murmuró el pelirrojo.
-Creí... que sólo
había sido un sueño –dijo Draco, apoyándose contra una de las paredes-. Una
pesadilla que se repetía siempre... sólo eso...
-Ahora lo sabes
–dijo Lykos, tirando otra vez de su túnica para obligarlo a ponerse en marcha
otra vez-. Los dragones murieron para que tus padres y tú vivieran. Así fue
como Lucius demostró que era leal a los Death Eaters aunque era hermano de un
traidor.
-¿Todo esto fue
porque Alphonse defendía a los muggles? ¿El exterminio de los dragones y...
y... y lo que pasó después? –casi gritó Draco.
-... Sí...
Draco apretó los
puños. El hermano de su padre tenía suerte de estar muerto.
Continuará...
Regresar a Harry Potter y el corazón de
dragón
Notas de la
autora:
Bueno, primero
que todo, aún no sabemos si Lucius o Draco tienen segundo nombre. El asignarle
“Gracus” como segundo nombre a Lucius fue algo totalmente arbitrario de mi
parte, y lo hice sólo para ajustar un par de ideas que sólo tienen sentido
dentro de este fic.
¿Por qué Lucius
Gracus? Por dos personajes de la historia de Roma:
Lucio Vero (161
–169 d.C.). Fue coemperador de Marco Aurelio (uno de mis emperadores favoritos)
pero también fue su hermano menor (por adopción) y estaba casado con la hija
del emperador. Todo lo anterior lo puso en la complicada posición de ser el
hermano menor, el colega menor y el yerno del Emperador, y aún así se las arregló
para hacer un buen trabajo. Era un sujeto culto, que participaba activamente en
asuntos militares y políticos, se dice que tenía mucha personalidad y además
está considerado entre los más apuestos de los emperadores de Roma... su
vanidad era legendaria, incluso se dice que llegaba a ponerse polvo de oro en
su rubia cabellera, para lucir todavía mejor (ejem). Quienes lo conocieron lo
criticaban y alababan a partes iguales, pero era muy querido por Marco Aurelio,
quien solía minimizar sus defectos.