ADVERTENCIA
Este fic contiene gran cantidad de spoilers,
es decir que si lo lees y no has leído los libros te echará a perder la emoción.
Te recomiendo primero leer los libros escritos por Rowling y después leer los
fics, pero si no te importa saber lo que sucedió en anteriores libros sigue,
pero yo te lo advertí primero.
por Daga
“Tuvo éxito Asmodeo en sus propósitos y sedujo a una
inocente joven, a la que luego abandonó hundiéndola en la miseria y la
vergüenza. Pero personas bondadosas velaban por ella y un sabio sacerdote
comprendió que la desgracia de la joven era una asechanza del Enemigo.
Por ello la convenció de que bautizara al niño, a pesar de
que el misterioso padre lo había prohibido.
Así fue como el que debería traer el Mal a los hombres fue
salvado de la oscuridad, y le fue impuesto por la gracia del Bautismo el nombre
de su abuelo materno, Merlín”
Leyenda de Merlín, contada por Henry Hyde
Remus Lupin avanzó
cautelosamente por la arboleda. Había pasado mucho tiempo desde la última vez
que había visitado esa parte de los terrenos de Hogwarts y no todos los
recuerdos que traía aquel lugar eran agradables. ¿Por qué lo había citado
Sirius justo ahí?
-Hola, Moony.
Eso lo hizo dar un
respingo. ¿Pero es que Sirius, además de ser capaz de transformarse en perro,
tenía algo de gato? Remus había estado tan alerta en busca de posibles enemigos
que había olvidado prestar atención a la cercanía de los amigos.
-Recibí tu carta,
Padfoot...
-Me alegra que
vinieras... ¿Has estado bien?
-Sí, claro...
¿Cuál es la emergencia?
-¿A que no
adivinas quiénes están en Hogwarts?
-¿Además de
alrededor de mil estudiantes y los profesores de costumbre... ah, y Hagrid, y
los fantasmas, y...?
-Sí, sí, además de
ellos.
-No sé... déjame
pensar... ¿Merlín y Nakuri?
-¿Ya lo sabías?
-Nakuri me
escribió...
-¿¿Nakuri te
escribió?? Creí que no te dirigía la palabra.
-Después de lo del
baile de graduación, fue una suerte que no nos aplicara a todos el mismo
remedio que usó con Merlín la vez que la insultó, cuando lo de la foto... A
decir verdad, no supe de ella hasta después de lo de... lo de...
-¿Lo de James y
Lily?
-Sí... me envió
sus condolencias y las de Merlín. Yo le contesté... hemos estado escribiéndonos
regularmente desde entonces.
-¿También Merlín?
-No, él no me
dirige la palabra.
-El mismo Linus de
siempre, el doble de rencoroso que cualquier persona normal. Hasta en eso los
avaloneses tienen que superar a los demás.
-No puedes negar
que tenía motivos para enojarse.
-¿Durante veinte
años ininterrumpidos? ¡Además, debería darnos las gracias por lo que hicimos!
¡Si no hubiera sido por nosotros, ¿dónde estaría ahora?!
-Mmm... Bueno,
como profesor, definitivamente no. ¿Quizás administrando la Biblioteca Errante?
-Noto una curiosa
entonación en la forma en la que dices eso, Moony...
-Je, piensa un
poco, Padfoot, Merlín te ha... nos ha guardado rencor por veinte años, pero
nosotros nos hemos negado a disculparnos durante esos mismos veinte años.
-Me disculparé por
haberle gastado esa broma el día en que él me dé las gracias por haberlo
salvado de tener que arruinar su vida.
Remus suspiró.
-Bueno, volveré a
preguntarte al respecto dentro de otros veinte años... En todo caso, según
tengo entendido, Linus tiene buena madera como profesor. ¿Recuerdas que era el
único que conseguía hacer que la aritmancia entrara en la dura cabeza de...?
La voz de Remus
murió a la mitad de la frase, Sirius lo contempló ladeando un poco la cabeza.
-¿De Peter, ibas a
decir? –completó con suavidad-. Sí, eso lo recuerdo... Merlín habría sido un
gran Merodeador, si no fuera tan terco.
-Sí, la terquedad
suele ser un gran problema.
-¿Y cómo va tu
parte de la investigación? –Sirius cambió el tema, fingiendo que no había
notado la indirecta-. ¿Has podido averiguar algo en el Ministerio?
-No mucho. El caso
está exactamente igual que hace 16 años. Si no lo han cerrado todavía es sólo
porque no apareció el cuerpo. Y tratándose de los servidores de Voldemort, ni
siquiera es *demasiado* extraño que no haya aparecido.
-¿Y nadie
investigó a Lucius Malfoy?
-A nadie se le
ocurrió... después de todo, prácticamente estuvo a punto de convertirse él en la
víctima... ¿Sigues con la misma idea?
-Una de las cosas
que no podía apartar de mi mente entonces fue lo último que le escuché decir a
Al, él dijo que iría a hacer entrar en razón al idiota de Lucius, jamás lo
había visto tan enojado... El caso es que iba a reunirse con él después de la
manifestación, de eso estoy seguro. Y ahora que Merlín está de vuelta, pensé
que tal vez finalmente podríamos averiguar qué sabe él al respecto... Además,
me preocupa la idea de que alguien que pudo haber estado involucrado en esa
muerte tan extraña se encuentre en Hogwarts, dando clases...
-¿Se lo has
mencionado a Harry?
-¿Y correr el
riesgo de que él y sus amigos quieran investigarlo? Lo que hice fue escribirte,
regresar al Colegio y dedicarme a vigilar... sólo espero que nadie note a
cierto perro negro que anda rondando por ahí, igual que el año pasado.
Remus bajó la
vista unos instantes.
-¿Por qué elegiste
este lugar para que nos encontráramos, Sirius?
-Me pareció
adecuado.
-¿No fue por lo
del duelo?
-¿Cuál duelo?
-El que
presenciamos aquí.
Los ojos de Sirius
se oscurecieron.
-No recuerdo de
qué me hablas.
Remus trató de
contener un gesto de sorpresa. No podía imaginar que aquel terrible día formara
parte de los recuerdos felices que Sirius había perdido en Azkaban. ¿Tal vez lo
habría olvidado por otras razones? ¿Pero cómo podía olvidarse algo así?
-1975, nuestro
tercer año en Hogwarts, Lucius Malfoy insultó a Merlín delante de media escuela
porque seguía dirigiéndonos la palabra a pesar de aquel desastre con los polvos
para estornudar que enfermaron a Snape y Narcissa.
-Casi nos
expulsaron esa vez.
-Y James convenció
a Merlín de que retara a Lucius a un duelo de magia. Pensó que eso asustaría a
Lucius y lo dejaría en paz, pero Lucius aceptó el duelo.
-Recuerdo eso,
pero no recuerdo lo que pasó después.
-Elegimos este
lugar. James y tú eran los padrinos de Merlín, Peter y yo estábamos de
espectadores, pensábamos que Lucius no se presentaría, y no se presentó. Envió
a Alphonse en su lugar.
-Pero Alphonse ya
se había graduado para entonces...
-Y era unos 15cm
más alto que Merlín. Llegó sin padrinos ni testigos, caminó hacia nosotros, se
detuvo donde estás tú y saludó a Merlín llamándolo “Lord Wintergem”. Merlín lo
saludó como “Lord Summerwind”... Entonces fue cuando nos enteramos de que la
madre de Merlín y la primera esposa de Lucien Malfoy eran parientes, y de que
Alphonse tenía un título, heredado de su madre. Y luego Alphonse le dijo a
Merlín que era un deshonor el que hubiera retado a un duelo de magia a un chico
menor que él, mucho más débil y menos experimentado, y que Merlín sabía de
sobra que ni aún en el mejor momento de su vida Lucius sería un digno rival. Lo
llamó cobarde sin dejar de sonreír un solo instante y terminó diciendo que,
como heredero de los Malfoy, tomaba sobre sí el reto dirigido a su hermano, al
cual estaba en obligación de proteger. Creo que Merlín sufrió más por la
vergüenza de haber tenido que escuchar todo eso que por la paliza que le dio
Alphonse. Y, créeme, fue una paliza digna de los libros de historia...
-Y luego, lo del
baile, pero antes del baile, lo de la foto –murmuró Sirius, reflexivo-. Hay
razón de que nos odie... Y eso que lo hacíamos con toda la buena intención del
mundo.
-Pero con una
torpeza inaudita.
-Aún así...
quisiera hablar con él, podría ayudarnos con la investigación.
-Será un poco
difícil, teniendo en cuenta que está decidido a no volver a hablarnos. Además,
no tenía muchas razones para estimar a Alphonse.
-La estimación no
tendrá nada que ver –replicó Sirius con convicción-. Nos ayudará porque su
sentido del honor no le permitirá hacer otra cosa.
Remus estuvo
tentado a recordarle a Sirius lo que había sucedido la última vez que habían
intentado apelar al honor de Merlín, pero prefirió no hacerlo. Sería mejor que
lo descubriera por sí mismo.
++++++++++++++++++++++++++++++++++
-¿Y por qué puesto
vas a competir? –preguntó Harry.
-Seeker –dijo
Galahaad, con una entonación un tanto extraña, como si su mente estuviera a
kilómetros de ahí.
-Eh, creo que vas
a tener un par de problemas, ese puesto ya está cubierto en Slytherin.
-¿Te refieres a
que Draco Malfoy lo jugaba el año pasado? Ahora está vacante.
-¿Malfoy abandona
el equipo?
Galahaad sonrió
por un instante, de un modo bastante enigmático.
-El equipo
abandona a Malfoy –replicó, antes de tomar su escoba, saludar al pequeño grupo
con la mano y dirigirse a donde se encontraban los demás estudiantes que
participarían en la prueba.
Ron miró a Harry y
Hermione, que estaban enfrascados en una discusión acerca de las probabilidades
de encontrar un trébol de tres hojas en una maceta de tréboles de cuatro hojas
y procurando ignorar el hecho de que casi todos los que se encontraban ahí eran
de Slytherin y los miraban con curiosidad... y algunos incluso con manifiesta
hostilidad.
Sonsioré ni
siquiera parecía haber notado que ellos tres estaban ahí, se encontraba
demasiado ocupada en un diálogo con Shikena y Arturo, y Ron no entendía nada de
lo que decían, ya que desde que se habían reunido estaban hablando en otro
idioma.
“No sé ni para qué
me preocupé tanto” pensó Ron, y de inmediato metió cuchara en la conversación
de Harry y Hermione. ¡Por supuesto que era fácil encontrar un trébol de tres
hojas en una maceta de tréboles de cuatro! Bastaba con conseguir alguna oruga
que se comiera la hoja sobrante...
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El dragón
consiguió arrastrarse hasta una pequeña hondonada, donde se acomodó un poco.
Sólo habían logrado alcanzarlo una vez, pero había sido suficiente. Si tan solo
hubiera alguien a quien pudiera hablarle, alguien que pudiera avisar a los
demás...
Alguien tenía que
decirle a Dumbledore lo que estaba pasando...
La enorme bestia
del color de la nieve destacaba en forma escalofriante contra los helechos
oscuros y las sombras del bosque. El silencio a su alrededor era tan profundo
que dolía. Y no había nadie cerca... ¿quién iba a aproximarse a un dragón,
aunque estuviera agonizando? Sólo alguien que quisiera rematarlo...
Pero si alguien se
acercara y él tuviera tiempo de hablar, de decirle...
Dumbledore tenía
que saberlo, tenía que avisarle al Guardián que la Piedra del Testimonio había
sido robada. Tenía que haber sido un robo, el Guardián jamás la habría sacado
de Avalon. Y sólo las ancianas del Clan tenían derecho a ordenar algo
semejante, declarando una guerra. Pero no había ninguna anciana entre el grupo
de asesinos y él habría reconocido de inmediato al Guardián si hubiese estado
entre ellos. Sólo estaban los asesinos y la Piedra del Testimonio.
Él la había visto
en manos de un Death Eater, había sentido los efectos de su poder.
Por eso estaba
muriendo.
Y no había nadie
que pudiera avisarle a Dumbledore.
-¡Fang! ¡Aquí,
Fang! ¡Ven, muchacho!
El dragón se
obligó a sí mismo a abrir los ojos. Esa voz... en ese lugar... sólo podía
pertenecer a una persona. Trató de gritar pidiendo ayuda, pero sólo tuvo
fuerzas para gemir.
El enorme perro
(bastante pequeño desde la perspectiva del dragón) llegó junto a él y empezó a
aullar en forma lastimera. Maravilloso, eso atraería al dueño y él podría
hablarle. Hagrid encontraría a Dumbledore y le diría...
Los aullidos se
hicieron más fuertes. Un lamento fúnebre.
Abriéndose paso a
duras penas entre la agonía y el cansancio, la mente del dragón alcanzó a hacer
una pregunta que no logró responder... ¿esos aullidos eran el duelo por la
muerte de alguien?
-¿Fang?
¿Encontraste algo?... Oh, cielos...
Hagrid se acercó
despacio al dragón. Reconoció la piel lisa y sin escamas, la cresta dorada, los
ojos claros... sólo había visto dragones de las nieves en ilustraciones de
libros muy antiguos, se les creía extintos desde hacía mil quinientos años. Y
el que estaba frente a él no contradecía demasiado el dato.
Con un movimiento
mezcla de respeto y dolor, Hagrid cerró los ojos del hermoso animal.
El dragón estaba
muerto.
Alguien más, que
había estado observando durante un largo rato, se retiró cuidadosamente, seguro
de que cuando el perro terminara de aullar trataría de encontrar al responsable
de aquello. Se movió como una sombra, ya que no se atrevía a usar magia que
pudiera ser detectada en ese momento, y se reunió con los otros.
Todos vestían
túnicas negras, y sus capuchas ocultaban sus rasgos en las sombras.
-¿Y bien?
–preguntó uno de ellos, el que sostenía cuidadosamente el almohadón de
terciopelo negro en el que reposaba una piedra roja.
-Está muerto. El
guardabosques lo encontró, pero ya había expirado para entonces.
-Perfecto. Como
pueden ver, hermanos, hemos dado con un arma sumamente efectiva.
-Lo cual podemos
agradecérselo a Su Majestad, la reina Eleonor –añadió alguien, con un ligero
tono de burla.
-Ciertamente
–replicó el del almohadón, sin perturbarse-, si no fuese por ella, esta
magnífica piedra nunca habría abandonado Avalon. Ahora nos corresponde
servirnos de ella de la manera en que mejor honre a nuestro Amo. ¡Que la
herencia del Mago Merlín honre a las Artes Oscuras eliminando a todos sus
enemigos!
++++++++++++++++++++++++++++++++++
-¡Ey, Henry! ¿Por
qué tan solo? ¡Ven con nosotros!
Como siempre,
Sonsioré había descubierto de inmediato a su primo, a pesar de que éste había
hecho todo lo posible por no ser notado entre los espectadores.
El muchacho se
acercó sin decir palabra al grupo que formaban los hermanos Brightstar y el
trío de Gryffindor. Hubiera preferido quedarse en su rincón, pero Sonsioré
nunca se lo hubiera perdonado. Además, ya era el turno de Galahaad y tenía
mejor vista desde donde se encontraban ellos.
-Es bueno –comentó
alguien, con cierto tono de sorpresa.
Henry sonrió
melancólicamente al escucharlo. Cierto, Galahaad era un buen seeker. De hecho,
era un muy buen seeker, no veía una selección internacional en su futuro, era
demasiado dado a la acrobacia, pero para los parámetros de un colegio era algo
realmente bueno. Después de ese día, Galahaad destacaría bastante en Slytherin
y quizá un poco en el resto del colegio. Eso traería problemas de toda clase.
Los dos se habían
opuesto vehemente a la sugerencia de Sonsioré para que se unieran a los equipos
de quidditch del colegio. Y los dos mayores, contra toda lógica, habían apoyado
a la alocada Gryffindor. Habían conseguido la gracia de que sólo uno de ellos
tuviera que competir... y, desgraciadamente, todo indicaba que Galahaad ganaría
el puesto en el equipo. ¿Es que Shikena, Arturo y Sonsioré no podían entender
que lo que menos deseaban el tímido Galahaad y el eternamente angustiado Henry
era destacar? Destacar es llamar la atención. Y cuando todos te miran es más
difícil esconder esos pequeños detalles que te convierten en una persona
altamente sospechosa en caso de que haya alguien buscándote.
A Henry no le
preocupaba el riesgo que corría él mismo, todo habría sido más fácil si la
familia le hubiera dejado resolver las cosas a su manera. Pero un Brightstar
nunca hace las cosas de la manera sencilla. Y ni Merlín ni Nakuri parecían
notar que ahora Galahaad era un manojo de nervios y Henry, un serio candidato
para una úlcera.
El problema mayor
era que aunque los miedos de ambos eran grandes, no eran lo *suficientemente* grandes
como para que Galahaad participara en una competencia y no diera su mejor
esfuerzo. Era su naturaleza, si no tenía más remedio que competir, iba a
hacerlo todo por ganar. Si alguien llegaba a descubrir la trampa, por lo menos
podría decir que había valido la pena.
“Ratas” pensó
Henry, aflojando inconscientemente la tira de cuero que sujetaba su cabello,
como alguien que no está acostumbrado a sentir el cabello atrapado “Va a entrar
al equipo y más le vale que lo disfrute. Si nos descubren y a final de cuentas
resulta que no le gustó ser el mejor en algo, voy a matarlo yo mismo”.
++++++++++++++++++++++++++++++++++
Lykos se asomó
cautelosamente por la rendija de la puerta y luego salió, más cautelosamente
todavía, si cabe. Había tratado de acompañar a Draco a la prueba de quidditch,
pero el muchacho le había lanzado una mirada que Lykos había tenido ocasión de
ver unas cuantas veces en los ojos de Lucius y nunca había presagiado nada
bueno, por lo que decidió que sería más prudente quedarse en la habitación.
Pero estar
encerrado en una habitación es una de las cosas más aburridas del mundo. Había
unos cuantos libros por ahí, pero eran todos libros de texto, magníficas curas
contra el insomnio, excelentes ladrillos en caso de que hiciera falta un arma
contundente, pero nada que a Lykos le interesara leer.
Y eso que estaba
convencido que había metido un ejemplar de “Los tres mosqueteros” en la maleta
de Draco la víspera de la entrada a clases. ¿Qué habría sido del libro? ¿Lo
habría tirado a la basura tan pronto como lo encontró?
No sería raro.
Llevaba años tratando de hacer que el chico leyera algo entretenido, pero no
había manera... La próxima vez trataría de engatusarlo con un libro de Julio
Verne.
Tampoco le
apetecía mucho pasear por el colegio, así que caminaba escondiéndose lo mejor
que podía, ya que le molestaba bastante el que los estudiantes y profesores se
le quedaran viendo como a un fenómeno extraño. Se detenía un momento en cada
esquina para comprobar que no hubiera nadie cerca y...
Neville dio un
salto atrás cuando escuchó algo mezcla de chillido y rugido, que al mismo
tiempo incluía palabras.
-¡¡Mi cola!!
Sorprendido, miró
hacia abajo y contempló algo que podría ser una lagartija mucho muy grande o un
dragón increíblemente pequeño. En cualquier caso, era un “algo” al que acababa
de pisarle la cola.
-¡Perdón! –exclamó
Neville-. ¡No era mi intención!
-Lo sé, lo sé, no
fue nada... Ah, para qué te miento, sí, me dolió bastante –sonrió Lykos-, pero
no es nada grave.
El chico se
arrodilló en el suelo y trató de examinar la cola de Lykos, con lo cual
consiguió otro chillido.
-¡No, no! ¡Deja!
-¡Perdón! ¡Yo sólo
quería...!
-¿Qué ocurre,
Longbottom?
Al escuchar la voz
de Sibyl Trelawney, Lykos aprovechó que Neville estaba arrodillado y se escondió
debajo de su túnica.
-Uh... yo...
este...
-¿Perdió su
mascota otra vez? –la profesora sonrió cansadamente y siguió caminando sin
esperar respuesta.
Neville se puso en
pie con mucho cuidado y miró a Lykos.
-¿Por qué te
escondiste de la profesora?
-Huele a gato
–confesó Lykos-. Nunca le he gustado a los gatos, siempre tratan de morderme,
creo que me encuentran aspecto de ratón.
-Si te les pareces
a un ratón, entonces más bien debes gustarles demasiado.
Lykos lo miró
sorprendido y luego se echó a reír. Un segundo después estaban riendo los dos.
++++++++++++++++++++++++++++++++++
Dolor.
Un dolor tan
terrible que no podía, no debía ser real. ¿Cómo, en nombre de Dios,
podía existir un dolor tan intenso?
Voces.
“¡Esto no está
funcionando bien, Amo! ¡No es como usted dijo que sería!”
“Silencio”
“Pero, Amo...
¡Mírelo! ¡Está sufriendo!”
“Cállate, Nagini!
Espera y verás... Está tardando más que con Lykos porque es muy diferente,
aunque sea el mismo principio. La sangre no actúa igual en todos los casos”
“¿Y si muere?”
“Lo intentaremos
con alguien más. Hasta que salga bien”
“Bien...”
-¿Harry, estás
bien?
Harry abrió los
ojos para encontrarse con las caras preocupadas de Ron, Hermione y Henry.
Henry, en particular, tenía un aspecto extraño. Y la cicatriz de Harry ardía de
nuevo, como una quemadura reciente.
-¿Q-qué pasó?
-¿Cuántos dedos
ves? –preguntó Hermione, mostrándole una mano.
-Ocho.
-Uh... –Hermione
parecía preocupada.
-Será mejor que te
sientes –indicó Ron.
El dolor empezaba
a disminuir por fin. Harry los miró otra vez, tratando de averiguar qué era lo
que no encajaba con Henry. ¿Aparte de que no llevaba los anteojos? Ah, misterio
aclarado, era el cabello, lo tenía suelto, con lo que de repente se parecía
mucho a Sirius. Hasta entonces siempre lo había visto con la larga melena negra
sujeta firmemente con una delgada tira de cuero y había pensado que su cabello
era completamente lacio, pero ahora veía que tendía a ondularse. Probablemente
se erizaría igual que el suyo si no fuera porque el ser tan largo le daba
demasiado peso como para desafiar así la gravedad.
-Te pareces a mi
padrino... –murmuró Harry, todavía algo mareado.
Ron y Hermione
pusieron cara de “qué-estás-diciendo-y-a-quién-le-estás-hablando”. Henry
frunció el ceño y recogió la tira de cuero para volver a peinarse. ¿Cómo había
llegado la cinta al suelo?
-¿Qué fue lo que
pasó? –preguntó Harry.
-Una bludger se
salió del campo y te golpeó en la cabeza –explicó Ron.
Entonces lo
recordó. La bludger iba en línea recta hacia Hermione, Henry y él se habían
interpuesto para evitar que la golpeara. Los dos había recibido el impacto,
pero por lo visto Harry había llevado la peor parte, Henry sólo se había
despeinado.
-¿Qué pasó? ¿Están
todos bien?
Uno de los
aspirantes al equipo de Slytherin había llegado hasta ellos casi sin aliento y
tenía una verdadera cara de preocupación al descubrir a Harry en el suelo.
-Oh, cielos, ¿lo
alcanzó la bludger? ¡Lo siento mucho! ¿Se encuentra bien?
-Sí, estoy bien...
-¡Qué vergüenza!
¡Lo siento!
-¿Qué es lo que
sientes? ¿El haberlo golpeado o que se encuentre bien? –preguntó Ron.
El muchacho lo
miró con aire de sorpresa. Tenía el cabello castaño y los ojos de un verde
esmeralda que casi parecía imposible, todo ello junto con un aire de inocencia
tan evidente que parecía artificial.
-Caray, eso
debería meditarlo un poco, ¿no es cierto? –dijo al cabo de unos segundos,
dedicándoles una sonrisa encantadora, como si hubiera decidido que Ron estaba
tratando de bromear para liberar la tensión-. Ya, hablando en serio, lamento
mucho lo que pasó. Es fácil interceptar una bludger, pero no es sencillo
calcular a dónde va a ir... es la misma teoría que con la bola de billar, pero
con más variantes.
Hermione se quedó
boquiabierta por un instante. El chico casi estaba citando el libro sobre
quidditch que había leído ella en el primer año en Hogwarts.
-Veo que no pierde
el gusto por ser el centro de la atención, Potter –dijo el profesor Snape, que
se había sumado al pequeño círculo antes de que pudieran darse cuenta-. Vuelva
a su puesto, Anderson.
-Sí, profesor
Snape. De inmediato, señor –respondió el aludido, pero antes de marcharse se
dirigió de nuevo a Harry, Ron y Hermione-. Si hay algo que pueda hacer para
compensar esto, no duden en decírmelo. Soy Nicholas Anderson, Slytherin, cuarto
año.
-Sonó como un
soldado diciendo su nombre, rango y compañía –gruñó Ron, mientras ayudaba a
Harry a ponerse en pie.
-No es extraño
–apuntó Henry-, su padre es un general muggle.
-¿Tú conoces a ese
tipo? –preguntó Hermione.
-De vista, no más.
Fue Galahaad el que me lo comentó. Por cierto, creo que será mejor que nos
vayamos ahora, no me gusta cómo nos está mirando el profesor Snape.
-Paranoico, como
siempre –dijo Sonsioré.
Pero el caso era
que Snape sí los estaba mirando con mucha insistencia, a pesar de que se había
alejado de ellos unos cuantos pasos, y Harry, Ron y Hermione decidieron de
repente que ya habían prestado suficiente apoyo a Galahaad por ese día.
Hasta el último
momento de su vida, Draco estuvo seguro de que fue únicamente su orgullo lo que
lo sostuvo esa tarde. Y una buena dosis de terquedad.
Logró mantener una
actitud digna mientras abandonaba el campo, luego de confirmar que había sido
reemplazado en el puesto de seeker por un alumno nuevo, e incluso se felicitó a
sí mismo por no haber permitido que Lykos lo acompañara, ya que sin duda se
habría empeñado en tratar de consolarlo, con lo que sólo habría empeorado la
situación, pero estuvo a punto de derrumbarse cuando se encontró fuera de la
vista de los espectadores, sólo que ni eso le fue permitido.
-Espera un
momento, Draco.
Galahaad lo había
seguido.
-¿Qué es lo que
quieres ahora, Brightstar? No me digas que olvidé devolver la escoba o algo
así...
Galahaad hizo un
gesto de impaciencia completamente inesperado en aquel muchachito torpe que
tropezaba con todo el mundo.
-Podrías haber
esperado a que termináramos de hablar sobre la nueva situación del equipo.
-Eres el seeker, Brightstar. ¿Qué más hay que discutir?
-Soy un
seeker.
-No me digas que
ya cambiaron las reglas de Quidditch y ahora hay más de un seeker por equipo
–de alguna manera, Draco se las arregló para sonreír con burla.
-Las reglas siguen
siendo las mismas –replicó Galahaad, sin darse por enterado del sarcasmo del
otro-. Eres mi suplente.
-No entré a este
equipo para quedarme en la banca. Si quieren mi renuncia por escrito, la
tendrán por la mañana.
-¡Pero qué
dramático! –Galahaad corrió para alcanzarlo-. Creo que si te quedas callado un
momento tal vez consiga explicarte la situación. No jugaré todos los partidos.
Aquello despertó
levemente el interés de Draco, que miró de reojo al otro muchacho. Galahaad se
ajustó los antejos, satisfecho por haber conseguido su atención.
-Eres un pésimo
seeker...
-No hace falta que
me lo digas, ya lo sé –el interés de Draco se había desvanecido como por
encanto, y ahora reanudaba el camino a grandes zancadas. Galahaad tuvo que
apresurar el paso para mantenerse a su lado.
-Es por eso que
voy a entrenarte –continuó, como si no lo hubiera interrumpido.
-¿Entrenarme?
-¿Hay un eco aquí?
¿O estás desarrollando complejo de personaje de anime? Dije que no podré estar
en todos los partidos, y es cierto. Pero tampoco voy a permitir que el equipo
pierda sólo por mi ausencia. Si dependiera de mí, no faltaría ni una sola vez,
pero habrá una o dos ocasiones en las que no podré disponer de mi tiempo, y es
mi responsabilidad el que mi reemplazo sea capaz de cumplir con el trabajo, ergo,
no me queda más remedio que asegurarme de que puedas cumplir con tu parte, ya
que no hay más seekers que tú y yo en el equipo. Y, como te iba diciendo, eres
un pésimo seeker, pero a fuerza de terquedad y estrategia, se puede compensar
la falta de talento. Al menos en parte.
-¿Y por qué habría
de aceptar yo tu ayuda?
Draco se detuvo y
encaró a Galahaad, el chico de los lentes tenía que mirar hacia arriba para
verlo a la cara, pero sostuvo la mirada de Draco con tanto orgullo que éste
casi se vio obligado a desviar la vista.
-Primero está
Slytherin. O mejor dicho, primero está evitar que Gryffindor se lleve la Copa.
¿No es así?
Draco asintió
lentamente.
Severus Snape
contuvo un gruñido al reconocer a la persona que caminaba unos metros delante
de él por las calles de Hogsmeade. Imposible confundirlo. Y a pesar de la
repentina necesidad de dar media vuelta y regresar a Hogwarts, el profesor de
Pociones apresuró el paso para alcanzarlo.
-¡Lupin!
Remus lo miró con
sorpresa.
-Buenas tardes,
Severus...
-¿Cuánto llevas
aquí?
-¿En Hogsmeade? No
hace mucho que llegué...
Las cejas de Snape
estaban más fruncidas de lo habitual y su gesto era mucho más adusto de lo que
Remus hubiera esperado, por mucho que a Snape le disgustara encontrárselo. De
repente, Snape lo sujetó por un codo y lo obligó a entrar al restaurante más
cercano.
-Ven conmigo,
tenemos que hablar.
“¡Oh, no, no
aquí!” pensó Remus con desesperación.
-Sé que ahora
estás trabajando con el Ministerio de Magia –dijo Snape, yendo directamente al
grano, sin darle importancia al hecho de que Remus tenía todo el aspecto de
alguien que desea escapar lo más pronto posible.
-Yo... ¿Cómo es
que sabes eso? Se suponía que era un secr...
-Dumbledore me lo
dijo –interrumpió Snape-. O quizá fue el Hada de los Dientes, eso no importa.
Hay un problema serio y pensé que podría interesarte. ¡Cierra la boca y tal vez
terminemos más rápido!
Remus, que acababa
de abrir la boca para protestar, obedeció maquinalmente. Snape lo miró con algo
que parecía cercano a la aprobación.
-Ayer Hagrid
encontró un dragón muerto en el Bosque Prohibido. Un dragón de las nieves.
-¡Pero eso es
imposible! ¡Están extintos! –exclamó Remus.
-Ya sé que es
imposible, sin embargo tenemos a un dragón muerto y parece ser un auténtico
dragón de las nieves. Dumbledore ha mandado llamar a un experto.
-Bueno, ¿y qué
tiene que ver eso conmigo?
-“Jornada de
estudios en el mundo muggle” –replicó Snape-. ¿Recuerdas con qué comenzaba esa
novela?
Remus palideció un
poco más.
-Lykos Laffite y
tres de sus compañeros de aventuras encontraron un dragón muerto en el Bosque
Prohibido. Era un dragón de las nieves. Pero eso puede ser sólo una casualidad,
Severus.
-No había heridas.
El ejemplar no parece tener más de cuarenta años, al menos según la opinión de
Hagrid, habrá que esperar al experto, no había señales de enfermedad.
-Igual que con el
dragón del libro...
-Y Merlín
Brightstar está en Hogwarts.
-¿No estarás
insinuando que él...?
-No, sólo estoy
recordando *quiénes* ayudaron a convencerlo para que le diera información a
Alphonse Malfoy acerca de los dragones de las nieves y su relación con el
Corazón del Dragón.
-Oye, pero yo
no... ¿Qué interés podría tener nadie en matar a un dragón extinto?
-No creo que sea
por los dragones, sino por las familias del Pacto. ¿Recuerdas a Tobías
Crownwell? Desapareció hace una semana y nadie ha sabido de él desde entonces.
¿No es extraño que desaparezca un miembro de una de las familias del Pacto y
que aparezca un dragón muerto?
-¿Tú crees... que
alguien está obligando a las familias del Pacto a revelar dónde están los
dragones que juraron proteger?
Remus estaba tan
sorprendido por toda esa granizada de información que no tuvo tiempo de hacerle
señas al mesero para que no se acercara a ellos. Por la posición de la mesa que
había elegido Snape, el mesero no alcanzaría a verle la cara cuando llegara
junto a ellos...
-¿Puedo tomar su
orden? –preguntó, con su tono más educado.
-Dos capuchinos
–replicó Snape, antes de que Remus pudiera decir nada-, y si puedes tomarte un
descanso, tal vez quieras añadir un tercer capuchino y acompañarnos, Black,
tengo algo que contarte.
Cinco minutos
después, Snape sonreía abiertamente ante la expresión preocupada de Remus y la
falsamente indiferente de Sirius. Era una agradable novedad el saber que
estaban atrapados, al menos por el momento.
-La próxima vez
que estés huyendo, por lo menos trata de esconderte bien, Black. La idea no es
mala, tengo que admitirlo, *nadie* se fija en los meseros, pero esa melena es
difícil de pasar por alto.
-No voy a cortarme
el cabello –replicó Sirius con frialdad-. ¿Por qué no dejas de burlarte y
llamas a un Dementor de una buena vez? Sé que te estás muriendo por entregarme.
-Sería algo
realmente placentero, pero tal vez sería un error. Y si yo estuviera en tu
lugar, trataría de no provocar a alguien que puede enviarte a Azkaban con toda
la facilidad del mundo.
-Bien, ya nos
dijiste lo que está pasando...
-Todavía falta.
Una de mis alumnas de Slytherin, Pansy Parkinson, desapareció anoche.
-¿Parkinson? –dijo
Remus.
-¿Como Elías
Parkinson? –dijo Sirius.
-La nieta de Elías
Parkinson –concretó Snape-. Cuando tratamos de contactar con la familia,
descubrimos que su padre y su abuelo desaparecieron también. En fin, no sé
ustedes, pero yo tengo buenos motivos para empezar a preocuparme.
Lamentablemente, no tengo pruebas.
-¿Con respecto a
qué? –preguntó Remus.
Snape contempló
por unos instantes su capuchino.
-Era cosa sabida,
aunque de ello sólo se hablaba en voz baja, que uno de los planes de Lord
Voldemort era una venganza en contra de las familias del Pacto que se negaron
a... colaborar con él. Las familias del Pacto confiaban en sus respectivos
dragones guardianes, creían que con ellos sería suficiente para que Voldemort
los dejara tranquilos...
-Pero si los
dragones murieran, sería fácil exterminar a las familias que les brindaron
refugio durante mil quinientos años –dijo Remus.
-Y la forma más
sencilla de eliminar a un dragón de las nieves sin tener que recurrir a un
caballero en brillante armadura... –dijo Snape.
-Es el Corazón del
Dragón –completó Sirius-. ¿Se lo dirás a Merlín?
-No lo creo...
–dijo Snape, muy despacio.
-¿Por qué no?
–preguntó Remus.
-Merlín no me
dirige la palabra desde lo del baile de graduación...
-Oh, cielos
–murmuró Remus, mientras Sirius bebía precipitadamente el café, en un esfuerzo
por ahogar la risa.
-La verdad, no sé
de dónde vino eso –dijo Harry, inquieto más por las caras preocupadas de Ron y
Hermione que por las voces que había escuchado mientras estaba inconsciente.
-Pero tu cicatriz
te dolió –señaló Hermione.
-Y es la segunda
vez que ocurre estando cerca uno de los Brightstar.
-Era Henry Hyde
–corrigió Harry.
-Es lo mismo, ¿no?
Es sobrino del profesor.
-¿O de la
profesora? –preguntó Hermione.
-Creo que eso no
viene al caso –dijo Harry-. Aunque fue realmente desagradable, quisiera poder
recordar un poco más, tal vez así podría averiguar de qué se trata. Pero, como
ya les dije era algo sobre un hechizo para el que se requería sangre...
-Debe de haber
toneladas de hechizos que usen sangre de toda clase –dijo Hermione.
-Y no olvides las
pociones –añadió Ron.
-Sí –Harry
suspiró-. Supongo que tendré que conformarme y esperar que se aclare o que no
se repita.
-Tranquilízate,
debe haber sido algo pasajero. Además, una bludger acababa de golpearte en la
cabeza.
El pequeño grupo
abandonó la sección de la biblioteca que habían elegido para conferenciar. Un
segundo después, Nicholas Anderson bajó de la escalera donde se había quedado
cuando los tres amigos llegaron a hablar, mientras él trataba de localizar un
libro en el último estante.
Sería interesante
realizar una pequeña investigación acerca de hechizos propios de Voldemort y
sus seguidores que involucraran sangre.
Draco escuchó el
inconfundible sonido de un libro al ser depositado en la mesa.
-No –dijo, sin
molestarse en disimular su disgusto.
-¡Pero si ni
siquiera lo ha mirado, Amo Draco! –protestó Lykos.
-Es otro libro de
aventuras escrito por un muggle, no necesito verlo.
-Bueno, sí... es
un libro de Michael Ende y...
-Ya basta, Lykos,
llévatelo de aquí.
-Como usted
ordene, Amo Draco –murmuró Lykos, con aire decepcionado, pero enseguida se
repuso y siguió hablando como si nada-. ¿No piensa salir? ¡La tarde está
preciosa! Debería aprovechar y hacer un poco de ejercicio. ¡Está tan pálido! Me
parece que aquí no lo alimentan bien y...
-Ya cállate.
-Pero me parece
que le haría bien respirar algo de aire puro. ¡Pasa tanto tiempo encerrado
aquí! Eso no es propio de alguien tan joven, es demasiado pronto como para que
empiece a actuar como un ancianito enfermo. ¿Por qué no va a jugar con sus
amigos?
-¿“Jugar”? ¿Pero
qué edad crees que tengo?
-Catorce años. Oh,
es cierto, no tiene usted muchos amigos... Hace poco conocí a un chico muy
simpático que creo que le agradará a usted, se llama Neville y es un muchacho
muy amable. ¿Por qué no...?
-¿Neville
Longbottom? ¿Pero es que estás loco, Lykos?
-Claro que no,
viene de una buena familia, tal y como lo exige el Amo Lucius. Los Longbottom,
al igual que los Malfoy, forman parte del Pacto...
Draco tomó el
libro y miró a Lykos de manera que éste pudo darse cuenta de inmediato que
estaba calculando la mejor forma de atinarle con el libro en cuestión.
-Entiendo –dijo
Lykos, interrumpiéndose de repente para tomar el libro y dirigirse hacia la
puerta a toda velocidad.
Draco suspiró.
Lykos, en definitiva, se preocupaba mucho por él. Y seguía siendo tan
asfixiante como siempre.
-¿Pero por qué nos
cuentas todo eso? –preguntó Remus de nuevo.
-Pensé que tal vez
querrían ustedes vigilar un poco más a Potter –dijo Snape, entrecerrando los
ojos-. Su continua necesidad de llamar la atención podría meterlo en un
problema realmente serio esta vez. Ha salido demasiado bien librado los años
anteriores y tanta suerte no pude durar para siempre.
-No tienes por qué
hablar así de Harry –dijo Sirius con disgusto.
-¿No? –Snape se
puso en pie y dejó unas cuantas monedas junto a su taza vacía antes de
obsequiar a Sirius con una mirada dura-. Veo en ese muchacho exactamente el
mismo problema que tenía su padre. Está tratando de probar algo. ¿El qué? No
tengo idea. Tal vez quiera demostrar que tiene algún valor como persona. Y ya
que tú eres su padrino, te corresponde tratar de que llegue a la mayoría de
edad sin dejar demasiado de sí mismo por el camino.
Remus esperó a que
Snape saliera antes de hablar.
-¿Y si tuviera
razón?
Sirius respondió
con un sonido que estaba entre gruñido y risa ahogada.
-Padfoot, no
puedes descartarlo sólo porque no te agrada la persona que te lo dijo.
-Ya lo sé. Lo que
me molestó no fue que me lo dijera Snape, sino que ya había escuchado antes
algo similar.
-¿Ah, sí?
-¿Recuerdas que el
padre de James nunca iba a verlo jugar quidditch? Decía que no le gustaba verlo
arriesgándose en una forma tan insensata, que no entendía qué esperaba probar
James con eso. Espero sinceramente que no esté sucediendo algo así con Harry.
Espero que sólo sea que Snape encuentra al hijo tan parecido al padre que se
está confundiendo. Espero que Harry le dé una sorpresa. Espero que Snape tenga
que admitir que se equivocó. Y espero que tú dejes de mirarme de esa manera,
porque me estás poniendo incómodo y, no, no quiero escuchar nada acerca de mis
instintos paternales, ¿está bien?
-No iba a decir
nada.
-Como si no te
conociera.
-Bueno, yo espero
que no pierdas tu empleo por estar conversando con los clientes...
Sirius se puso en
pie de un salto, recogió las tazas y contó las monedas.
-¡Pero esto es
imposible! –exclamó.
-¿Qué cosa?
–preguntó Remus, alarmado.
-¡Snape me dejó
propina!!
Los cinco dragones
llevaban el día entero viajando sin rumbo. A decir verdad, el más joven estaba
convencido de que todo ese tiempo se habían movido en círculos, pero era
imposible saberlo en aquel bosque.
Cuando se
encontraron todos juntos, la noche anterior, y los Death Eathers descubrieron
ante ellos la Piedra del Testimonio, la primera reacción de los cinco fue huir.
Había otro más que no tuvo tanta suerte y cayó como fulminado ahí mismo, pero
ellos habían conseguido alejarse. Al menos por un tiempo.
El dragón más
joven se daba cuenta claramente de que los demás se estaban debilitando.
Advirtió con horror que habían escapado de una muerte rápida tan sólo para
recibir una lenta. Había tenido razón el más viejo, una vez que contemplas el
brillo de la piedra mágica creada por el Mago Merlín, a la que los humanos
llamaban irónicamente “el Corazón del Dragón”, no quedaba más remedio que resignarte
y morir.
Aquello no era
justo. ¿Qué habían hecho para merecer que los persiguieran de esa manera?
El dragón más
joven dejó escapar un grito de rabia y frustración, que fue escuchado incluso
muy lejos de donde se encontraba, pero no hubo nadie que pudiera reconocer esa
voz.
Continuará...
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dragón
Notas de la
autora: