ADVERTENCIA
Este fic contiene gran cantidad de spoilers,
es decir que si lo lees y no has leído los libros te echará a perder la
emoción. Te recomiendo primero leer los libros escritos por Rowling y después
leer los fics, pero si no te importa saber lo que sucedió en anteriores libros
sigue, pero yo te lo advertí primero.
por Daga
“Escuchad, nobles señores y gentiles damas, la canción de
este humilde bardo. Esta es la historia de un niño que decidió el destino de
reyes y reinos y tuvo en sus manos el poder de salvar el mundo o destruirlo.
Esta es la historia de Merlín el mago, nacido para el Mal por designios del
Enemigo de los Hombres, pero criado para el Bien por la gracia del Bautismo.
Es la Verdad quien habla por mi boca, que las leyendas de
antaño disipen las sombras de la noche y prendan un nuevo fuego en el corazón
de los jóvenes.”
Leyenda de Merlín, contada por Henry Hyde
Las manecilla del
minutero se encontró con la horaria al dar las doce. Harry sonrió. Acababa de
cumplir catorce años.
Hasta hacía poco
tiempo, su cumpleaños no era motivo de alegría, pero las cosas habían cambiado
mucho desde su entrada al colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Toda su vida
había cambiado para mejor, y su cumpleaños era un buen momento para contar sus
bendiciones.
Tenía buenos
amigos (Ron, Hermione, Hagrid, Neville, Dean, Seamus...), tenía a su lechuza
Hedwing, una magnífica escoba y, de tiempo en tiempo, las cartas de Sirius y
las de Remus.
Dondequiera que
Sirius se encontrara, por lo visto estaba a salvo y recuperándose de su
experiencia en Azkaban. Remus, por su parte, había estado viajando por todo el
mundo, sin quedarse mucho tiempo en ninguna parte, Hedwig había pasado por
verdaderos problemas para encontrarlo y darle las cartas de Harry.
-¡Harry!... ¡Eh, Harry!
La voz de Ron,
gritándole en el oído, lo obligó a despertar, había estado soñando con su
cumpleaños más reciente, y mientras tanto el tren que los llevaría a Hogwarts
se había puesto en marcha.
-¿Eh? ¿Qué?
-¿Piensas dormir
todo el camino?
-No sería una mala
idea, tuve uno que otro problema anoche, ¿sabes? Dudley pensó que sería una
buena broma encerrarme en mi cuarto para que perdiera el tren hoy y no podía
usar la magia para escaparme ni enviar a Hedwig por ayuda... Por cierto,
¿sabías que usar un alambre para abrir una cerradura es mucho más difícil que
como lo pintan en las películas?
-¿Las qué?
-Recuérdame que te
lleve a ver una película las próximas vacaciones —respondió Harry, con un
bostezo como punto final de la frase.
-¿No nos ibas a
contar lo que pasó en Diagon Alley cuando estuviéramos en el tren? —preguntó
Hermione.
-Ah, sí, es
cierto.
Harry se acomodó
un poco más en su asiento y empezó con su relato.
Los señores
Dursley estaban más que felices de deshacerse de su sobrino aunque fuera por un
rato y no pusieron ningún pero cuando Harry pidió permiso para ir a Londres
para comprar el material escolar de su cuarto año en Hogwarts. A decir verdad,
habían optado por ignorarlo en tal forma que Harry terminó por imaginar que el
silencio que siguió a su petición era una respuesta afirmativa, por aquello de
“el que calla, otorga”.
El caso es que
había ido solo a Londres y había entrado a Diagon Alley por el mismo camino que
habían usado Hagrid y él la primera vez, para encontrarse en medio del
bullicioso callejón. Lista en mano, empezó a recorrer las tiendas, y cuando iba
por la mitad de las compras, dobló una esquina sin fijarse por dónde caminaba y
chocó con alguien.
-¡Lo siento!
—exclamó el chico que había tropezado con él.
Harry no atinó a
responder de momento, la cicatriz le ardía como si tuviera un hierro al rojo
aplicado contra la frente y le resultaba difícil ver, pero el dolor pasó tan
rápido como había llegado y lo olvidó casi enseguida, parpadeó unas cuantas
veces para enfocar la vista y entonces descubrió que otro chico, que acompañaba
al primero, estaba ofreciéndole la mano para ayudarlo a levantarse.
-¿Estás bien?
-Sí, sí, no ha
pasado nada —dijo Harry mientras se sacudía el polvo-. Sólo ha sido un
encontronazo... Eh, hola, mucho gusto, soy Harry Potter.
El chico de
cabello oscuro enarcó una ceja y Harry tuvo la impresión de que intercambiaba
una mirada con el chico rubio (que era con el que había tropezado) antes de
contestar.
-Encantado. Mi
nombre es Henry Hyde. Él es mi primo, Galahaad Brightstar.
-Es un placer
conocerte —aseguró Galahaad con una sonrisa tímida-. ¡Vaya! Parece que también
estás de compras —añadió, mientras los tres recogían los paquetes desperdigados
por el suelo.
-La lista de
útiles para Hogwarts —explicó Harry.
-¿Hogwarts? ¡Qué
casualidad! Estamos en el mismo trance —dijo Henry, otra vez enarcando una
ceja, cosa que hizo sentir incómodo a Harry por alguna razón.
-Tal vez tú nos
puedas ayudar —la voz de Galahaad estaba tan llena de esperanza que casi
resultaba cómica- tenemos que encontrarnos con mis hermanos en un sitio llamado
Ollivander’s, pero estamos ligeramente extraviados.
-Yo diría
“completamente perdidos” —dijo Henry.
-¿Es la primera
vez que vienen a Diagon Alley? -preguntó Harry.
-Es nuestra
primera vez en Inglaterra, incluso. Llegamos ayer —dijo Galahaad.
-Somos de Avalon
—terminó de explicar Henry.
-¿De Avalon?
–exclamó Hermione.
-Sí, Avalon fue lo
que dijeron. Por cierto, Herm, ¿tú sabes dónde queda eso?
-¡Nadie lo sabe,
Harry! ¡Sólo los que tienen sangre de Avalon pueden encontrar la Isla! Y no
invitan a mucha gente que digamos para que los visiten. ¿No has oído de Avalon?
-Pues no...
-Es una isla
mágica, un país en el que sólo viven magos auténticos, hadas y seres
mitológicos. Ahí está la tumba del Rey Arturo, tú sabes, el Rey Arturo que era
dueño de Excalibur... se dice que él algún día despertará y reclamará el trono
de Inglaterra... Ah, y la familia real de Avalon está emparentada con Oberon y
Titania, ¿recuerdas “Sueño de una noche de verano”, de Shakespeare?
-Vagamente
–contestó Harry, que no tenía ni idea de lo que le estaba hablando Hermione,
pero sabía que Shakespeare escribía teatro y poesía.
-Pues sí,
descienden de ellos y también del segundo hijo del Mago Merlín. Tanoc, sí... El
primogénito se llamaba Vanoc y...
-Hermione
–interrumpió Ron-, ¿qué tal si dejas que Harry termine de contarnos lo que pasó
en Diagon Alley antes de que nos recites todo el árbol genealógico?
-Uh...
Minutos después
del encontronazo, el trío estaba frente al establecimiento del señor
Ollivander. Galahaad suspiró dejando los paquetes en el bordillo de la acera.
-Parece que
llegamos primero —observó.
-No por mucho
—Henry señaló a ambos lados de la calle. Un muchacho de cabello negro, algo
mayor que Harry, y una chica rubia y otra de cabello negro estaban llegando
desde distintas direcciones, todos cargando algunos paquetes.
Galahaad se
encargó de presentarlos y Harry se encontró con la sorpresa de que los hermanos
Brightstar eran dos parejas de mellizos: Arturo y Shikena, de 15 años, y
Galahaad y Sonsioré, de trece.
Los cuatro, junto
con Henry, entrarían ese año a Hogwarts y tenían que ponerse al día con
materiales y libros, así que habían repartido la lista entre los cinco con la
idea de reunirse finalmente en Ollivander’s para comprar las varitas.
-¿Qué? ¿No tenían
varitas? —preguntó Hermione.
-Eso me intrigó
mucho —dijo Harry-, porque Arturo y Shikena van a quinto año, Henry a cuarto y
Galahaad y Sonsioré a tercero, pero ninguno había tenido antes una varita.
-¿No estudiaban
magia en Avalon?
-Sí, iban al
Colegio Reina Titania, pero me dijeron que practicaban otro tipo de magia.
-Otro tipo de
magia... —murmuró Hermione, aquello ameritaba una larga investigación en la
biblioteca del colegio.
-Pero todavía no
he llegado a la parte interesante.
Nunca había visto
unos hermanos tan iguales y a la vez tan diferentes, y las varitas del señor
Ollivander parecieron estar de acuerdo. Arturo y Shikena obtuvieran varitas con
núcleo de pelo de unicornio, pero la de él era de encino y la de ella era de
roble; las de Galahaad y Sonsioré eran de endrino y sauce respectivamente, con
núcleo de plumas de fénix. Henry, por su parte, obtuvo una de ébano cuyo núcleo
era de fibras de corazón de dragón.
Iban saliendo de
la tienda, con los gemelos más jóvenes comentando con entusiasmo las cualidades
de sus primeras varitas cuando Galahaad tropezó con alguien. Parecía que era su
día de chocar con la gente. El problema fue que esa vez no se trataba de
alguien tan amable como Harry.
-¡Fíjate por dónde
caminas, idiota! —exclamó Draco Malfoy.
-¡Lo siento mucho!
—respondió Galahaad.
Draco se levantó
gruñendo y miró a Galahaad de arriba abajo. El chico rubio era bastante más
bajo que él... y Harry estaba un poco detrás.
-¿Otro de tus
amigos sangre sucia, Potter? ¿Todavía no ha aprendido suficiente magia como
para poder caminar derecho?
-¡Oye! —exclamó
Sonsioré, haciendo retroceder a Galahaad y encarando a Draco-. ¡Es a mi hermano
a quien estás insultando!
-¿Ah, sí? ¡Pues
repito lo que dije y lo sostengo!
Sonsioré parecía
estar a punto de comerse vivo a Draco, pero Arturo y Shikena la sujetaron al
mismo tiempo.
-No vale la pena
—dijeron ambos.
-Por supuesto que
no —respondió Draco, burlón- Si ese incapaz no puede defenderse por sí mismo
sino que se esconde detrás de una niña...
-No me escondo
—dijo Galahaad, frunciendo el ceño, pero sin moverse de su sitio.
-A mí me parece
que es justo lo que estás haciendo.
Harry calculó que
Crabbe y Goyle no debían estar muy lejos de ahí, para que Draco se dedicara a
provocar de esa manera y alzando tanto la voz. Sin duda lo estaba disfrutando.
-Ya basta, Malfoy,
déjanos en paz —dijo Harry, con su tono más severo.
-¡Habló Potter,
finalmente! La calle es pública. ¿Qué vas a hacer si no quiero callarme?
-¿Malfoy? El hijo
de Lucius Malfoy, supongo —dijo un caballero que acababa de acercárseles. Draco
lo miró con desconfianza.
-Sí. ¿Y usted
es...?
-Merlín Brightstar. Lord Wintergem.
Al escuchar el
título, Draco se puso pálido, tartamudeó algo y al final no consiguió decir
nada comprensible. El señor Brightstar dejó de prestarle atención y miró a
Harry.
-Me pareció
escuchar que tu apellido es Potter. ¿Tienes algún parentesco con James Potter?
-Era mi padre. Soy
Harry Potter.
Para sorpresa de
Harry, el señor Brightstar hizo una respetuosa inclinación de cabeza.
-Estudié en
Hogwarts en la misma época que tu padre, y aunque no estábamos en el mismo
curso, tuve el honor de que me considerara su amigo. Me alegra mucho volver a
saber de ti, Harry, no te había visto desde el día de tu bautizo, fue la última
ocasión que estuve en Inglaterra hasta ahora.
Fue entonces
cuando Harry lo reconoció, ¡en efecto, lo había visto en varias de las fotos de
su álbum! Un muchacho rubio, casi tan alto como Remus, y con una insignia de
prefecto, siempre aparecía junto a una muchacha de cabello negro que solía
llevar un collar con una extraña águila de oro.
-He visto
fotografías suyas con mis padres —dijo Harry alegremente-, pero no tenía idea
de cuál era su nombre, Lord Wintergem.
El señor Brighstar
sonrió, le aseguró a Harry que tendrían ocasión de conversar y compartir
anécdotas y le indicó a los nuevos amigos de Harry que ya era tarde y que la
señora Brightstar se disgustaba mucho con los atrasos.
Así que todos se
despidieron y Harry continuó con sus compras.
-¿Y Draco?
—preguntó Hermione.
-Se había esfumado
en algún momento entre “Lord Wintergem” y “tuve el honor de que me considerara
su amigo”.
Ron trató de
contener una carcajada cubriéndose la boca con la mano, no lo consiguió y
empezó a reír con todas sus fuerzas.
-¡¿Pero qué te
pasa?! —exclamó Hermione.
-Malfoy debe estar
buscando un agujero en donde enterrarse —logró decir Ron después de un buen
rato-. ¡Tanto presumir de ser sangre limpia y no se le ocurre nada mejor que
insultar a los hijos de Lord Wintergem! ¡Una de las familias de sangre limpia
más antiguas de las que se tiene noticia, descendientes directos del mago
Merlín!
-¿Del mago Merlín?
—Harry y Hermione abrieron mucho los ojos.
-Exactamente, como
la familia real. Wintergem es el condado más antiguo de Avalon, allí se
resguarda el Corazón del Dragón, la joya mágica que perteneció a Merlín, y los
Brightstar están emparentados con toda la nobleza mágica de Europa. Cuando
alguien recibe la Orden de Merlín, el documento oficial debe llevar el sello de
Lord Wintergem.
-Wow... ¿Y sus
hijos y su sobrino irán a Hogwarts? -dijo Hermione.
-Todo indica.
-¿Qué casa les
tocará?
-Yo diría que
Galahaad va derechito a Hufflepuff —dijo Harry con una sonrisa-, no recuerdo
haber visto a nadie tan tímido, pero tal vez los demás queden en Griffyndor.
-Bueno, ya
tendremos ocasión de verlo.
El cielo del salón
principal lucía de un azul profundo sembrado de estrellas durante el banquete
que daba inicio al curso lectivo en Hogwarts.
Harry, Hermione y
Ron habían escogido buenos lugares en la mesa que correspondía a Griffyndor,
desde donde podrían contemplar a gusto la ceremonia del Sombrero Seleccionador.
-Eh, miren —dijo
Harry-. El señor Brightstar está en la mesa de los profesores.
Así era,
efectivamente, y lo acompañaba una dama de cabello negro que sin duda era la
misma joven que aparecía junto a él en las fotos del álbum de Harry.
-¿Serán invitados
de honor? —aventuró Ron.
-Shh, ya van a
empezar —interrumpió Hermione.
Los nuevos alumnos
fueron llamados por orden alfabético para probarse el sombrero que les
indicaría cuál casa les correspondería mientras estuvieran en Hogwarts.
-¡Brightstar,
Arturo!
El mayor de los
cuatro hermanos no tardó mucho en tener su respuesta.
-¡Hufflepuff!
—exclamó el sombrero.
-¡Brightstar,
Galahaad!
Esta vez el
sombrero se demoró un par de minutos antes de anunciar el lugar que le
correspondía al muchacho.
-¡Slytherin!
Harry se
sorprendió como nunca al escuchar eso, jamás se hubiera imaginado a Galahaad en
la misma casa que Draco.
-¡Brighstar,
Shikena!
-¡Ravenclaw!
—exclamó el sombrero, luego de un par de segundos.
-¡Brighstar,
Sonsioré!
-¡Griffyndor!
—exclamó el sombrero casi en seguida.
Con una gran
sonrisa, Sonsioré fue a ocupar un sitio cerca de donde estaban Harry y sus
amigos. La lista de los nuevos estudiantes continuó un rato más.
-¡Hyde, Henry!
Esta vez el
Sombrero Seleccionador tardó un buen rato en decidirse.
-¡Griffyndor!
Henry fue a
reunirse con Sonsioré.
-Quedamos muy
repartidos —comentó al llegar-. Hola, Harry, nos volvemos a encontrar.
Sonsioré volteó a
mirarlo con cara de sorpresa.
-¡Harry! ¡No te
había visto! Perdóname, estaba muy concentrada en la selección, esperando que
llamaran a Henry.
-No te preocupes
—sonrió Harry.
Luego de unas
presentaciones, Sonsioré charlaba con Hermione y Ron como si los conociera de
toda la vida. Henry se limitaba a sonreír y asentir de vez en cuando.
-Este siempre es
un momento muy emocionante —dijo Hermione-, la duda, la inquietud de a dónde te
enviará el Sombrero Seleccionador...
-Y que lo digas.
¡Mi primo favorito y yo en la misma casa! Por lo menos no estaré sola —la
sonrisa de Sonsioré se desvaneció para ser reemplazada por un aire de
preocupación-, me pregunto si Galahaad estará bien en esa otra casa, me pareció
ver a aquel desagradable sujeto con el que tropezó en Diagon Alley en la mesa
de Slytherin.
-Él estará bien
—dijo Henry-, Galahaad es una persona de muchos recursos y el parecer indefenso
es sólo uno de ellos.
Sonsioré iba a
decir algo más, pero en ese momento el profesor Dumbledore pidió silencio para
decir algo importante: darle la bienvenida a dos nuevos maestros: el profesor
Merlín Brightstar, quien se encargaría de la clase de Derecho Interdimensional,
y la profesora Nakuri Brighstar, quien tendría a su cargo Defensa Contra las
Artes Oscuras.
Sonsioré y Henry aplaudieron a más y
mejor, riéndose un poco de las caras de sorpresa de Harry, Ron y Hermione.
-¿Ellos van a ser
nuestros profesores? —logró decir Hermione finalmente.
-Por eso fue que
nos mudamos a Inglaterra. El Ministro Fudge se comunicó con la reina Eleonor
porque no conseguía en Inglaterra a nadie para el puesto de profesor de Defensa
Contra las Artes Oscuras y la reina prometió enviar a Inglaterra a la persona
más calificada de Avalon. Mamá —dijo Sonsioré con una gran sonrisa.
-Pobre Snape
—comentó Ron con solemnidad-, esta vez sí que vino de lejos el golpe...
-Una cosa es
segura, este año será cualquier cosa menos aburrido —apuntó Hermione.
-¿Alguno lo ha
sido alguna vez? —Harry levantó su vaso de jugo de calabaza-. ¡Un brindis por
Hogwarts!
Continuará...
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dragón
Notas de la
autora: