No, nada llega tarde, porque todas las cosas
tienen su tiempo justo, como el trigo y las rosas;
s�lo que, a diferencia de la espiga y la flor,
cualquier tiempo es el tiempo de que llegue el amor.
No, amor no llega tarde. Tu coraz�n y el m�o
saben secretamente que no hay amor tard�o.
Amor, a cualquier hora, cuando toca a una puerta,
la toca desde adentro, porque ya estaba abierta.
Y hay un amor valiente y hay un amor cobarde,
pero, de cualquier modo, ninguno llega tarde.
Amor, el ni�o loco de la loca sonrisa,
viene con pasos lentos igual que viene a prisa;
pero nadie est� a salvo, nadie, si el ni�o loco
lanza al azar su flecha, por divertirse un poco.
As� ocurre que un ni�o travieso se divierte,
y un hombre, un hombre triste, queda herido de muerte.
Y m�s, cuando la flecha se le encona en la herida,
porque lleva el veneno de una ilusi�n prohibida.
Y el hombre arde en su llama de pasi�n, y arde, y arde
Y ni siquiera entonces el amor llega tarde.
No, yo no dir� nunca qu� noche de verano
me estremeci� la fiebre de tu mano en mi mano.
No dir� que esa noche que s�lo a ti te digo
se me encendi� en la sangre lo que so�� contigo.
No, no dir� esas cosas, y, todav�a menos,
la delicia culpable de contemplar tus senos.
Y no dir� tampoco lo que vi en tu mirada,
que era como la llave de una puerta cerrada.
Nada m�s. No era el tiempo de la espiga y la flor,
y ni siquiera entonces lleg� tarde el amor.