Isabel Rubió
«Hay que ver al niño que está detrás del trastorno»
Preside, junto con su marido, la
fundación Adana,
que ambos crearon hace diez años. Tiene dos hijos hiperactivos y ella misma lo
es. Tuvo conciencia de ello, como otros adultos, cuando diagnosticaron a su
hija. Dice estar agradecida a ese diagnóstico, que le permitió entender su
pasado. Su experiencia, aunque dura, le ha servido para comprender mejor a sus
hijos y para defender a las personas con TDAH.
«Lo pasas muy mal. Yo tengo recuerdos de querer ser una niña buena y ser un
“trasto”. Se sufre mucho. Ahora lo digo así, de pasada, pero he vivido momentos
muy difíciles. Te consideras horrible. Incluso te odias, porque querrías ser
como los demás, sabes que puedes y: sin embargo, actúas completamente al revés
de lo que habías pensado)). Sentimientos que quedan ensombrecidos por la
conducta. Por eso hace hincapié en que «hay que ver al niño que está detrás de
los síntomas y ayudarle a desarrollar todo su potencial, que lo tiene».
A su hijo le dijeron —hace once
años, matiza— que no tenía capacidad para estudiar, y ya está en segundo de
carrera. Ella misma acabó Farmacia, eso sí, con mucho esfuerzo, porque hay que
compensar con estrategias alternativas el déficit de atención. Y también saber
sacar partido de lo bueno: «Muchos hiperactivos han resultado ser fantásticos
en el trabajo: somos muy eclécticos y muy espabilados para ver las cosas,
tomamos decisiones con rapidez y somos muy creativos».
Envía un mensaje esperanzador a los padres que en estos momentos se enfrentan
al diagnóstico de TDAH de sus hijos, consciente de que al principio se vive con
desconcierto y angustia: «Lo puedo decir porque la situación de mis hijos y mi
familia iba a la deriva. Mi marido y yo teníamos criterios distintos sobre cómo
educar a los niños. Pero cuando tuvimos el diagnóstico, buscamos ayuda y nos
preparamos como padres, supimos poner orden en el caos familiar».
Fulgencio Madrid
«Con la ayuda de todos»
Fulgencio Madrid, padre de un
niño hiperactivo y presidente de
Reivindican a
Las largas listas de espera retrasan el diagnóstico hasta dos años, con lo que
el tratamiento se pospone. Por el mismo motivo, las intervenciones psicológicas
son insuficientes y se tienen que llevar a cabo de forma privada.
En el ámbito educativo solicitan a las distintas Comunidades Autónomas
adaptaciones curriculares: «A veces tan simples como cambiar el sistema de
evaluación. Cuando pido a un profesor un examen oral para mi hijo, porque ambos
sabemos que conoce la materia pero no tiene capacidad para estar escribiendo
una hora, pienso que si tuviese una escayola en un brazo no estaríamos
discutiendo sobre ese tema».
El gran drama del TDAH, indica, es que cuando se interviene adecuadamente las
cosas van por su camino. En caso contrario, la situación puede llegar a ser muy
dramática. No en vano el lema del I Congreso Nacional de TDAH celebrado en
Valencia el pasado año fue «Con la ayuda de todos». Una ayuda que permitirá a
estos niños salir adelante.